Nuestro lema

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sábado, 4 de febrero de 2017

EL PODER DE LA LLOVIZNA SOBRE MIS HOMBROS – SALÍ A HACER KAYAKING EN EL RÍO CARONÍ

Si bien el agua ha protagonizado mi primer día de visita en Venezuela al maravillarme con esa vista de ensueño en mi recorrido tranquilo por el parque La Llovizna, (ver aquí) lo que me tenía el destino guardado para el día siguiente haría que todo cobrara una dimensión de proporciones colosales.
Dicen por ahí que la mente es como un paracaídas, pues sirve sólo si se abre y la verdad es que yo, a pesar de ser muy metódico y a veces obsesionado con los detalles, he aprendido que esa frase es una certeza absoluta. Desde que compré el plan de viaje en Medellín sabía qué actividades más o menos llenarían los nueve días de mi estancia en Venezuela; Bueno, por algo se llama plan. Sin embargo, la naturaleza de las cosas es cambiante y las circunstancias hacen que todo eso para lo que estabas preparado en un principio, simplemente en cualquier momento sea susceptible de variar y se modifique. La ventaja de tener una mente abierta en este tipo de cosas es lo que termina determinando que la experiencia no se dañe e incluso, mejore.

Según la programación de mi viaje, yo debía partir hacia el Parque Nacional Canaima a mi tercer día luego del arribo. El segundo día estaba programado para hacer mi paseo en La Llovizna en la mañana y en la tarde pasear por algunos centros comerciales de la ciudad… así se cumplió. Al llegar en la noche a la posada, Grey, la encargada del lugar me dio la noticia de la modificación del plan, pues en Excusiones Kavac en el Parque Canaima no había disponibilidad para atenderme desde el miércoles, sino el jueves. Confieso que me decepcionó un poco la situación pero algo en mí me dijo que no era necesario, pues las cosas pasan por algo ¿no? —Frase de abuelita—.  Y aquí viene el “algo” del que les hablo, pues a modo de desagravio, Excursiones kavac me ofreció un día más de estadía en ese paraíso: primer punto para mí.

Ese día tres, que tendría que pasar en Puerto Ordaz era ahora necesario cubrirlo con alguna actividad, así que mi agente de viajes de Medellín: Marilyn Moscoso de Publi Travel y mis posaderos en Puerto Ordaz buscaron adelantar una opción que estaba programada para el día domingo, luego de mi llegada de conocer el Salto Ángel: la opción era un tour de navegación en catamarán por el río Orinoco y el río Caroní. Bueno, por ser miércoles y por estar atravesando por una coyuntura de orden político y económico, pues ese día debían salir de circulación los billetes de cien bolívares, que por casualidad eran los mismos que yo había llevado para solventar mis necesidades en el hermano país, pues bueno, esas circunstancias combinadas impedían que el catamarán saliera ese día. Encartados conmigo, a mis ángeles cuidadores en esta aventura se les ocurrió una opción que no habían contemplado: ¿Y qué tal si haces Kayaking en el río? Mi paracaídas se abrió entusiasmado ya a las 2 de la tarde de ese miércoles 14 de diciembre, estaba recibiendo mi chaleco salvavidas, mi remo doble y mi kayak a la ribera del río Caroní.

La excursión está disponible todos los días a las 8am y a las 2pm. Sale desde un hotel que otrora fuera de la cadena Intercontinental y que hoy es parte de Venetur, la empresa turística del Ministerio de Turismo de la República Bolivariana de Venezuela. Antes de iniciar el recorrido te dan las instrucciones y recomendaciones para hacerlo de la manera más segura posible: llevar ropa adecuada, bloqueador solar, una gorra para protegerse del sol, llevar una muda de ropa para cambiarse luego de la actividad acuática y llevar cámaras o celular a prueba de agua o protegidos por bolsas plásticas de tipo zip lock.

El sol a esa hora estaba picante y el cielo completamente despejado, las aguas oscuras del río a una temperatura muy agradable. Desde el lugar en que embarcamos se veía a lo lejos la caída de agua que me había impactado tanto el día anterior a unos dos kilómetros de distancia. Para poder realizar la experiencia era necesario que otra persona me acompañara, así que Carlos, el novio de Grey, la chica de la Posada Merú se ofreció acompañarme, gesto que agradezco porque por eso ahora tengo una gran experiencia que contar y un amigo venezolano al que siempre voy a llevar en el corazón. El guía nos ayudó a embarcar en Kayaks individuales, nos pidió que lo siguiéramos y enfiló su nave hacia el ancho río. En este lugar el Caroní crea una especie de enorme laguna y aunque circula en una dirección, en este caso a contracorriente, se ve como si el agua estuviera estática.

El ejercicio, el sol brillante y picante en un cielo que presentaba pocas nubes, el aire fresco, el agua oscura del río cuyo lecho rocoso hace que se vea más profunda y saber que me dirigía hacia ese lugar que el día anterior había hecho que me estremeciera ante su poderosa presencia, sólo con ver desde la seguridad del mirador, se combinaron todos para que con cada remada me fuera poniendo eufórico gradualmente. Cuando llegamos a los pies de la impresionante caída de agua La Llovizna, luego de que mis temores naturales al sentirme tan pequeño e indefenso se disiparon, al comprobar que al navegar tan cerca en una embarcación tan pequeña no iba a ser “tragado” por la furia de esas vigorosas aguas, cuando por fin puse los pies en las rocas que reciben el caudal y la hacen ver tan imponente y espumosa, entonces, estallé de alegría en un grito mezcla de triunfo, temor y respeto.

El guía nos mostró un camino por el cual bajar y posicionarnos debajo de la caída y bañarnos con su fuerza cayendo sobre los hombros, cabeza y espalda. ¡Qué poder brutal! ¡Qué sensación de fragilidad! ¿Saben?  Se me vino a la cabeza una expresión que tienen los locales de esta región para referirse a la naturaleza que los rodea, es un dicho que dice: “¿Tú sabes cómo queda un mojón (bollo) cuando cae al río Caroní?” por si no caen en cuenta de a qué se refieren, les voy a dar la respuesta aunque sé que chiste explicado no tiene gracia, pero…   la respuesta es que “el mojón se vuelve mierda”.
Nos adueñamos de los kayaks luego del disfrute por unos minutos más y fuimos a otra caída menor de las muchas que forma el caudaloso torrente; ésta, mucho más amable y más parecida a lo que yo estoy acostumbrado, me dejó disfrutar de sus aguas de una forma más tranquila, aunque sin previo aviso, nuestro guía nos demostró que este remanso es solo un punto dormido del río, pues cuando se crece demuestra su poder de otra manera. Me explico contándoles que este jovencito de 17 años, guía desde hade uno y medio, se subió a una roca de unos siete metros y se lanzó a un pozo de unos tres metros de diámetro pero que tiene una profundidad de unos cinco metros más o menos. Nos invitó a seguirlo, mi compañero aceptó, yo… bueno, yo ya estoy muy viejo para esas vainas tan divertidas pero tan peligrosas. Aprendí con Carlos de un poco de la historia de la ciudad, de la represa, de la región y del amor que sus habitantes sienten por Ciudad Guayana y por supuesto, por su país. Qué gente tan bonita, tan especial son los guayanenses, qué potencial tan increíble tiene Venezuela en sus habitantes… ¡Ay Venezuela! Cuando despiertes, el continente va a ser otra cosa.
#Salí con la mente abierta a buscar nuevas aventuras y logré sin duda una que recordaré con agrado toda mi vida. Fue tan emocionante y gratificante que estoy seguro, la relataré hasta que esté viejito y hasta el hartazgo. ¿Cómo la viste? ¿Te animarías? Salí a pasear, salí a conocer lugares desconocidos, a tener aventuras en lugares que ni siquiera sepás que existen, yo lo hice y he descubierto que éste es el camino. Salí, porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.

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