Nuestro lema

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domingo, 19 de febrero de 2017

¿QUIERES CONOCER EL PAÍS QUE ESTARÁ DE MODA EL 2018? - SALÍ A CONOCER RUSIA

Verán, en la época de mi adolescencia pasé un muy buen período de tiempo leyendo. La timidez, más marcada en esta etapa de mi vida, me hizo refugiarme en los libros para encontrar en las letras los amigos que no tenía en la realidad y escapar a lugares lejanos con los qué soñar con visitar alguna vez en la vida. Leí todo tipo de libros, tuve aventuras increíbles en el fondo del mar y en la luna con Julio Verne, asistí a duelos mano a mano en el “Salvaje Oeste” americano con los “cowboys”, caminé por las calles de Macondo de la mano de Gabriel García Márquez, asistí a los funerales de la Mama Grande, habité la Antioquia de mis ancestros con los relatos de Tomás Carrasquilla, pero lo que más disfruté y en lo que centré con creces mis gustos, fue en las historias de espías de John Grisham, Trevanian, Sidney Sheldon y Robert Ludlum entre otros. 
Esto quiere decir que corrí, me escondí, huí y tuve mil aventuras en toda Europa, en especial en la llamada Europa del Este, o “Bloque del Este”, “enemigos del mundo libre y la democracia”, los temidos “comunistas” liderados por la poderosa Unión Soviética. Así pues que aunque no he visitado Europa aún, de alguna forma he estado allá, qué digo de alguna, de muchas y por eso a veces siento que no me son ajenas una muy buena cantidad de cosas, lugares, culturas y países.

Quiero por supuesto aclarar algo, si bien las historias que leí casi todas planteaban la típica confrontación épica entre el bien y el mal, el lado oscuro contra la iluminación, jamás creí o permití que eso influyera en mi pensamiento y me parcializara a favor o en contra de una u otra parte en la vida real, es decir, nunca creí que la CIA era la policía del mundo y que la KGB era el mal, y lo digo porque además de mis novelas también leía noticias y me llegaba información de otras latitudes en las que se demostraba que ninguno era bueno o malo, o que tal vez, ninguno era bueno… en fin; hago esta aclaración porque al final, mi alma de viajero anhela con igual ahínco conocer tanto al obelisco en honor a Washington del National Mall, como el Mausoleo de Lenin en la muralla del Kremlin de la Plaza Roja, me muero por conocer al Parque Yellowstone y a sus lobos, tanto como a las estepas de Siberia y a su emblemático y majestuoso tigre siberiano, me inquietan de igual forma el Yeti de los bosques de Alaska, como el “Almas” de Kemerovo… en fin, yo lo que quiero a fin de cuentas es comerme al mundo entero con los ojos.

Este “buen rollo” de los blogs, de escribir sobre experiencias gastronómicas y de viajes, mi programa de radio, y un espíritu aventurero que le gusta vivir cosas nuevas incluso a través de otros, me ha permitido continuar con esos viajes que inicié con los libros en la adolescencia; claro, algunos he podido emprenderlos en carne y hueso, respirar otros aires, andar por senderos que han pisado mis pies, bañarme con aguas de ríos, lagos y mares, pero también he ido más lejos con los relatos de otros seres humanos que al igual que yo, comparten ese gusto por cruzar fronteras. Así he logrado hacer muchos amigos, algunos que ni siquiera conozco en persona, es más, esto tal vez suene un poco “frikie” pero, me considero amigo de personas que tal vez no sepan que yo existo, y es que sus blogs, sus canales en youtube, sus cuentas en las redes sociales son canales abiertos para ir con ellos a descubrir lugares y personas; te conectan con sus vivencias, te permiten entrar en su mundo y vives junto con ellos sus mismas emociones a través de sus palabras y su imágenes.

¿A qué viene todo esto? seguro te preguntas, pues a que hace poco tuve la oportunidad de conocer un bloguero que me tiene simplemente enganchado a su pasión. Se llama Oriol, en sus videos se le escucha saludar romo “Yuri” o “Uri”, es un español que vive en Moscú hace algunos años y que está allá porque le tocó tomar la decisión más importante de su vida sin darse acaso cuenta, como decía Gabriel García Márquez, “las cosas importantes en la vida suceden por casualidad” y resulta que éste nuevo amigo que no conozco personalmente, en la universidad, un buen día que se fue a inscribir a un curso de inglés, terminó inscribiéndose al de ruso, porque ya no habían más puestos en el que había ido a buscar, de esa decisión dependió su vida y su futuro, pues hoy, unos años después, vive en la capital del país más grande en extensión territorial del mundo, al lado de una hermosísima mujer rusa que es su esposa y que conoció gracias a que la vida lo obligó a estudiar su idioma natal. La misión de Oriol hoy en día es pues, ser feliz al lado de su esposa y contarle al mundo hispanoparlante, cómo es vivir en Rusia.

No llevo ni dos semanas de haberme conectado con este “compañero de armas” del mundo de los blogs y ya he podido “recordar” algunas cosas de cómo es este país tan desconocido, exótico, misterioso y excitante. Por supuesto digo recordar por todo aquello que construí en mi mente con aquellos libros que me contaron de la Plaza Roja, del Kremlin, de la Catedral de San Basilio, de las “Siete Hermanas”; los rascacielos de Stalin, del tren metropolitano de Moscú, del lago Baikal; el más profundo del mundo, de las “Dachas”; fincas o granjas donde terminaban de vivir su vida los ex ̶ agentes de la KGB, en fin, no sé cómo describir el grado de conexión que he sentido con este bloguero y lo agradecido que estoy de haber tenido la oportunidad de contactarlo.

Su blog se llama russian lover (www.russianlover.net) y lo que hace básicamente es desmitificar a un país que aquí en occidente e incluso, en un occidente más cercano como España, es muy desconocido. Con sus letras y un estilo muy particular de narración en sus videos, llenos de comentarios inteligentes, a veces sarcásticos y con mucho humor, describe uno a uno, cuales son los ingredientes, circunstancias e incidentes de la vida normal del día a día de un humano en Rusia. Así pues, en poco tiempo me ha hecho estremecer de frío en sus caminatas por los impactantes bosques congelados de pinos en el Cáucaso (mira su video aquí: El baile eterno de la nieve https://www.youtube.com/watch?v=9ZtIEh7PY3w ), he redescubierto las dachas de descanso, unas granjas construidas por lo general por las manos de sus propios dueños, en las que se cultiva, se crían animales y se descansa, son los lugares donde se retiran los rusos para vivir sus últimos años de vida tranquilos y lejos de las ciudades (mira su video aquí: La dacha rusa: https://www.youtube.com/watch?v=Zi-tZnGxljI ), caminé con Oriol justo al despertar en una mañana de verano por la imponente Plaza Roja (mira su video aquí: Despertar en la Plaza Roja de Moscú: https://www.youtube.com/watch?v=_icWNR0azUs ) pero mi favorito de todos, el que más he disfrutado, el que más me ha puesto a soñar y que me sueño por vivir en carne propia es el del paseo por el museo subterráneo más grande del mundo, las estaciones del tren metropolitano de Moscú; cada estación es una obra de arte en sí, la arquitectura, las cúpulas, los murales, los mosaicos, la historia que tienen para contar, es absolutamente fascinante, por este y por supuesto por los demás videos, le doy infinitas gracias a Oriol, y lo felicito (Mira su video aquí: El Metro de Moscú: https://www.youtube.com/watch?v=dywH5uc3x30 ).

Bien, #SalíAViajar a Rusia sin moverme de casa, gracias a mi nuevo amigo Oriol, he descubierto y seguiré sin duda descubriendo más de ese país tan exuberante con el que desde ahora soñaré un poco más, y sabés qué, por eso te puedo decir a vos, Salí a conocer Rusia conmigo, bueno, con el Russian Lover, es un muy buen blog, trae muy buena información, es divertido, hay grandes imágenes para disfrutar, la propuesta es muy especial y sobre todo, da la posibilidad de conocer un país que para el año 2018 va a dar mucho de qué hablar, pues allí será donde se realice el Mundial de Fútbol y bueno, no está demás conocer unas cuantas cositas de Rusia, el país que va a estar de moda, pensá en la posibilidad de “descrestar” a más de uno de tus amigos con todo lo que podés aprender. Te invito pues a entrar al blog, a su canal de Youtube y a seguirlo en las redes sociales:

Twitter: @ORY85
Instagram: @russianloverofficial
Facebook: @Moscownocrisishere


Salí, porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.

sábado, 4 de febrero de 2017

EL PODER DE LA LLOVIZNA SOBRE MIS HOMBROS – SALÍ A HACER KAYAKING EN EL RÍO CARONÍ

Si bien el agua ha protagonizado mi primer día de visita en Venezuela al maravillarme con esa vista de ensueño en mi recorrido tranquilo por el parque La Llovizna, (ver aquí) lo que me tenía el destino guardado para el día siguiente haría que todo cobrara una dimensión de proporciones colosales.
Dicen por ahí que la mente es como un paracaídas, pues sirve sólo si se abre y la verdad es que yo, a pesar de ser muy metódico y a veces obsesionado con los detalles, he aprendido que esa frase es una certeza absoluta. Desde que compré el plan de viaje en Medellín sabía qué actividades más o menos llenarían los nueve días de mi estancia en Venezuela; Bueno, por algo se llama plan. Sin embargo, la naturaleza de las cosas es cambiante y las circunstancias hacen que todo eso para lo que estabas preparado en un principio, simplemente en cualquier momento sea susceptible de variar y se modifique. La ventaja de tener una mente abierta en este tipo de cosas es lo que termina determinando que la experiencia no se dañe e incluso, mejore.

Según la programación de mi viaje, yo debía partir hacia el Parque Nacional Canaima a mi tercer día luego del arribo. El segundo día estaba programado para hacer mi paseo en La Llovizna en la mañana y en la tarde pasear por algunos centros comerciales de la ciudad… así se cumplió. Al llegar en la noche a la posada, Grey, la encargada del lugar me dio la noticia de la modificación del plan, pues en Excusiones Kavac en el Parque Canaima no había disponibilidad para atenderme desde el miércoles, sino el jueves. Confieso que me decepcionó un poco la situación pero algo en mí me dijo que no era necesario, pues las cosas pasan por algo ¿no? —Frase de abuelita—.  Y aquí viene el “algo” del que les hablo, pues a modo de desagravio, Excursiones kavac me ofreció un día más de estadía en ese paraíso: primer punto para mí.

Ese día tres, que tendría que pasar en Puerto Ordaz era ahora necesario cubrirlo con alguna actividad, así que mi agente de viajes de Medellín: Marilyn Moscoso de Publi Travel y mis posaderos en Puerto Ordaz buscaron adelantar una opción que estaba programada para el día domingo, luego de mi llegada de conocer el Salto Ángel: la opción era un tour de navegación en catamarán por el río Orinoco y el río Caroní. Bueno, por ser miércoles y por estar atravesando por una coyuntura de orden político y económico, pues ese día debían salir de circulación los billetes de cien bolívares, que por casualidad eran los mismos que yo había llevado para solventar mis necesidades en el hermano país, pues bueno, esas circunstancias combinadas impedían que el catamarán saliera ese día. Encartados conmigo, a mis ángeles cuidadores en esta aventura se les ocurrió una opción que no habían contemplado: ¿Y qué tal si haces Kayaking en el río? Mi paracaídas se abrió entusiasmado ya a las 2 de la tarde de ese miércoles 14 de diciembre, estaba recibiendo mi chaleco salvavidas, mi remo doble y mi kayak a la ribera del río Caroní.

La excursión está disponible todos los días a las 8am y a las 2pm. Sale desde un hotel que otrora fuera de la cadena Intercontinental y que hoy es parte de Venetur, la empresa turística del Ministerio de Turismo de la República Bolivariana de Venezuela. Antes de iniciar el recorrido te dan las instrucciones y recomendaciones para hacerlo de la manera más segura posible: llevar ropa adecuada, bloqueador solar, una gorra para protegerse del sol, llevar una muda de ropa para cambiarse luego de la actividad acuática y llevar cámaras o celular a prueba de agua o protegidos por bolsas plásticas de tipo zip lock.

El sol a esa hora estaba picante y el cielo completamente despejado, las aguas oscuras del río a una temperatura muy agradable. Desde el lugar en que embarcamos se veía a lo lejos la caída de agua que me había impactado tanto el día anterior a unos dos kilómetros de distancia. Para poder realizar la experiencia era necesario que otra persona me acompañara, así que Carlos, el novio de Grey, la chica de la Posada Merú se ofreció acompañarme, gesto que agradezco porque por eso ahora tengo una gran experiencia que contar y un amigo venezolano al que siempre voy a llevar en el corazón. El guía nos ayudó a embarcar en Kayaks individuales, nos pidió que lo siguiéramos y enfiló su nave hacia el ancho río. En este lugar el Caroní crea una especie de enorme laguna y aunque circula en una dirección, en este caso a contracorriente, se ve como si el agua estuviera estática.

El ejercicio, el sol brillante y picante en un cielo que presentaba pocas nubes, el aire fresco, el agua oscura del río cuyo lecho rocoso hace que se vea más profunda y saber que me dirigía hacia ese lugar que el día anterior había hecho que me estremeciera ante su poderosa presencia, sólo con ver desde la seguridad del mirador, se combinaron todos para que con cada remada me fuera poniendo eufórico gradualmente. Cuando llegamos a los pies de la impresionante caída de agua La Llovizna, luego de que mis temores naturales al sentirme tan pequeño e indefenso se disiparon, al comprobar que al navegar tan cerca en una embarcación tan pequeña no iba a ser “tragado” por la furia de esas vigorosas aguas, cuando por fin puse los pies en las rocas que reciben el caudal y la hacen ver tan imponente y espumosa, entonces, estallé de alegría en un grito mezcla de triunfo, temor y respeto.

El guía nos mostró un camino por el cual bajar y posicionarnos debajo de la caída y bañarnos con su fuerza cayendo sobre los hombros, cabeza y espalda. ¡Qué poder brutal! ¡Qué sensación de fragilidad! ¿Saben?  Se me vino a la cabeza una expresión que tienen los locales de esta región para referirse a la naturaleza que los rodea, es un dicho que dice: “¿Tú sabes cómo queda un mojón (bollo) cuando cae al río Caroní?” por si no caen en cuenta de a qué se refieren, les voy a dar la respuesta aunque sé que chiste explicado no tiene gracia, pero…   la respuesta es que “el mojón se vuelve mierda”.
Nos adueñamos de los kayaks luego del disfrute por unos minutos más y fuimos a otra caída menor de las muchas que forma el caudaloso torrente; ésta, mucho más amable y más parecida a lo que yo estoy acostumbrado, me dejó disfrutar de sus aguas de una forma más tranquila, aunque sin previo aviso, nuestro guía nos demostró que este remanso es solo un punto dormido del río, pues cuando se crece demuestra su poder de otra manera. Me explico contándoles que este jovencito de 17 años, guía desde hade uno y medio, se subió a una roca de unos siete metros y se lanzó a un pozo de unos tres metros de diámetro pero que tiene una profundidad de unos cinco metros más o menos. Nos invitó a seguirlo, mi compañero aceptó, yo… bueno, yo ya estoy muy viejo para esas vainas tan divertidas pero tan peligrosas. Aprendí con Carlos de un poco de la historia de la ciudad, de la represa, de la región y del amor que sus habitantes sienten por Ciudad Guayana y por supuesto, por su país. Qué gente tan bonita, tan especial son los guayanenses, qué potencial tan increíble tiene Venezuela en sus habitantes… ¡Ay Venezuela! Cuando despiertes, el continente va a ser otra cosa.
#Salí con la mente abierta a buscar nuevas aventuras y logré sin duda una que recordaré con agrado toda mi vida. Fue tan emocionante y gratificante que estoy seguro, la relataré hasta que esté viejito y hasta el hartazgo. ¿Cómo la viste? ¿Te animarías? Salí a pasear, salí a conocer lugares desconocidos, a tener aventuras en lugares que ni siquiera sepás que existen, yo lo hice y he descubierto que éste es el camino. Salí, porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.