Nuestro lema

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viernes, 20 de enero de 2017

LO QUE ME PASÓ A 1.903.7 KILÓMETROS DE MEDELLÍN – SALÍ AL PARQUE LA LLOVIZNA EN PUERTO ORDAZ, VENEZUELA

Estamos constituidos en un setenta por ciento de agua. Nuestra materia tiene más que ver con este líquido vital que con cualquier otro elemento. Nos sentimos atraídos por naturaleza al agua, en torno de ella gira nuestra vida como individuos y nuestra historia como civilización. Si bien el hecho de que sea tan importante en nuestro día a día puede hacer parecer que la relación que tenemos con ella es “normal” y no se note cuán atraídos y dependientes somos, sólo hace falta una pequeña falla en el suministro para que todo cobre un sentido superior. Noten por ejemplo que muchos de nosotros a la hora de planear nuestras vacaciones, tendemos a dar el primer lugar en prioridad a la presencia del agua en ellas; sea por supuesto como parte de acceso para las funciones diarias, o en la mayoría de las veces, como punto principal en el que giran las actividades a realizar en el paseo. Pronunciar las palabras piscina, quebrada, río, charco, lago, laguna, mar, hace que de inmediato el cerebro genere dopaminas por su relación directa con el descanso, el entretenimiento y la felicidad, claro está en la mayoría de casos y personas. Pues bien, las vacaciones más importantes de mi vida, hasta el día de hoy que escribo esta entrada, giran por supuesto en torno al agua; sin embargo lo que yo no me esperaba, era la dimensión del protagonismo que adquiriría todo.

Camino al Salto Ángel, que es la caída de agua más alta del mundo, visión con la que me sueño desde que era un niño, el sitio de tránsito para llegar a este maravilloso lugar es una ciudad llamada Guayana Puerto Ordaz. Esta ciudad fue considerada alguna vez como la más bonita y avanzada de Venezuela; es la segunda en orden de importancia del estado Bolívar luego de la capital que se llama Ciudad Bolívar. Este Estado, el más grande de los veintiséis que componen al hermano país, está ubicado al occidente y tiene límites inmediatos con la Guayana Inglesa y con Brasil. Por todos es sabido que Venezuela es un país rico en petróleo y poco se sabe de otros recursos naturales, pero al llegar me di cuenta de algo que casi nadie sabe por fuera y es que este sector occidental no tiene petróleo y sin embargo Bolívar es el Estado más rico de todos pues es increíblemente fecundo en oro, diamantes, hierro, aluminio, pero en especial en agua. La ciudad fue fundada estratégicamente en el lugar en el que desemboca el poderoso torrente del río Caroní, en el caudaloso río Orinoco, por lo que en Ciudad Guayana hay dos hidroeléctricas funcionales y está en construcción la tercera por una compañía china.

Esta ciudad, conformada por dos comunidades, la de San Félix con unos seiscientos mil habitantes y la de Puerto Ordaz con unos cuatrocientos mil, se creó precisamente como parte del plan de desarrollo para la región, basando su fundación en un campamento minero establecido a mediados del siglo XX por una compañía minera canadiense que explotaba el oro. Al estar ubicada en un delta y por la enorme cantidad de ramificaciones del río, los diseñadores de la ciudad, tuvieron la oportunidad de entregarles a sus habitantes un lugar de ensueño para la relajación, disfrute y entretenimiento, ese lugar se llama: Parque La Llovizna.
Este hermoso lugar se construyó en un aglomerado de pequeñas islas rocosas separadas por hilos y a veces mucho más que eso, de agua, que forman laberínticos y caprichosos recorridos a los que se tiene acceso por puentes y caminos flotantes, lo que hacen más divertido el paseo. El acceso al parque es gratuito y se llega en carro. Hay un camino principal asfaltado por el que pueden entrar vehículos grandes y sin embargo no permiten que los particulares ingresen, así que hay un parqueadero inmenso en la entrada. El camino principal por el que comienza el trayecto es muy claro, pero no más comienzas a caminar te vas encontrando con decenas de tentaciones a dejarlo. La bienvenida oficial al lugar no te la dan los guardias de la Guardia Nacional que vigilan la entrada, en realidad  esa está a cargo de los monitos ardilla que te siguen con la mirada desde los árboles, o por tierra si es que traes comida en las manos.

Enormes extensiones de praderas te dan una idea de hacer picnics, jugar a la pelota o correr como un loco solo o con la mascota. Un teatro de piedra de enormes dimensiones te hace pensar en la posibilidad de hacer eventos de ciudad de tipo musical o teatrales. Kioskos para resguardarte del clima y pasarla en familia o con amigos, y uno que otro local comercial en el que te ofrecen helados, bebidas y frutas frescas redondean la experiencia y por supuesto, el circuito pavimentado ofrece un escenario que ni pintado para trotar y hacer ejercicio en bicicleta cualquier día de la semana. Sin embargo el rasgo particular y que en mi opinión es el atractivo principal de todo esto, es aquello que le da el nombre al parque, la cascada La Llovizna, un poderoso accidente natural que te hace estremecer por su magnificencia.

Esta caída de agua tiene una altura de unos diez metros, tal vez más; la cantidad de agua que cae con estrépito y se estrella con las salientes de roca es brutal y lo hace con tanta violencia que se vaporiza colapsada por su propio peso, lo que genera una bruma espesa y que gracias al viento se esparce varios metros a la redonda haciendo parecer que cae una llovizna que lo impregna todo.

El sonido que genera el golpeteo del agua es ensordecedor, es tan grueso y bajo que lo sientes retumbar en tu pecho. El río es tan caudaloso que le alcanza para caer en esta bella monstruosidad y partirse en otras dos columnas, una más amable y armoniosa a la derecha, electrizante y estética, pero también una demoniaca y mortal a su izquierda; un tirabuzón en embudo que gira bruscamente en un ángulo de noventa grados y se traga a sí misma de manera furiosa. El mirador que queda justo sobre este recodo te permite tener una perspectiva del mismo apocalipsis, la visión, combinada con el sonido te da una idea de cómo debe ser el fin del mundo.

(mira este video tomado desde el mirador y escucha el potente rugir de sus aguas siguiendo este link: https://www.facebook.com/andres.toro.737/videos/10154933239296004/

El toque gastronómico claro, no puede faltar en esta experiencia, así que busqué redondear mi caminata con una muestra de las delicias locales, así que me acerqué a uno de los puestos de helados que hay en el parque y luego de revisar mis opciones, opté por la más extraña que me encontré...  mi espíritu aventurero me hizo señalar el sabor cuyo nombre me sonó más ajeno: helado de "PARCHITA", ese era el que quería, pagué quinientos bolívares por mi vasito, hundí la cucharita en el cremoso manjar que tenía en frente, me lo llevé a la boca esperando que me estallara en las papilas gustativas un exótico sabor desconocido y...   ahí estaba, el maracuyá, nombre con el que yo conozco a la parchita. Bueno, la experiencia fue deliciosa, tanto como para atreverme a pedir otro más, sin embargo ya todos los sabores me los conocía, sólo que no combinados como el que me entregaron al final, limón con tamarindo, rico, ácido, refrescante, apenas para completar mi caminata por este maravilloso lugar.



#Salí pues a descubrir la belleza y el poder de la naturaleza en un lugar que no sabía que existía. Tengo la sensación de que hay mil bellezas escondidas en Venezuela y en todo el mundo esperando por ser descubiertas, lugares que no se conocen por mil circunstancias distintas pero que tienen acceso sin tanto complique y es aquí donde siento el llamado…  Salí a descubrir un lugar maravilloso pero especial, salí a hacer que vos lo conocieras también, ahora te toca a vos, salir a conocer, a comer, a viajar, a vivir.


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