Nuestro lema

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lunes, 21 de noviembre de 2016

SALÍ CON EL HABITANTE MAYOR

La mamá de mi papá era conocida como la “mona Lucero”; era rumbera, le gustaba el aguardientico, fumaba desde que se levantaba hasta que se acostaba, sabía leer el tarot, le encantaba la música; recuerdo que tenía una afinidad especial con el flamenco español y sabía hacer con la lengua un chasquido muy parecido al de las castañuelas; cocinaba delicioso, todavía me acuerdo de los diciembres con ella porque era de la que preparaba dulces de todos los habidos para que en la mesa del comedor siempre hubiera donde meter el dedo, y cuando hacía natilla, la hacía en fogón de leña y con mecedor, de esa que se demoraba unas cuatro horas en estar; también se le medía a hacer la morcilla ella misma…  todavía la recuerdo sentada en la cocina, con las piernas abiertas y una olla inmensa entre ellas, llena de sangre, arroz, empella, cebolla y empujando todo eso en una tripa de cerdo con las manos rojas y brillantes, como las de un asesino serial…  la recuerdo con esos ojos vivarachos, sonriendo o contando chistes mientras hacía la rellena y pedía a gritos que alguien le pusiera un cigarrillo en los labios y se lo quitara cuando ya había dado unas cuantas caladas, y que luego le mandaran una copa llenita de aguardiente para ponerse más sabrosa mientras hacía lo suyo. Si, la abuela Lucero me dejó marcado en muchos aspectos y hasta le podemos echar la culpa de muchos de mis amores y desamores por la comida y por el trago. Otra característica que tenía y que la definía era que vivía en “horario Tokio”, es decir, era más trasnochadora que un verraco y dormía hasta tarde.
Algunas veces, en las vacaciones, me invitaba a quedarme con ella un par de días para vivir una que otra aventura entre abuela y nieto y bueno, recuerdo muchas cosas que hacíamos: enseñarme a cocinar fue una, ella fue quien me enseñó a hacer empanadas por ejemplo, otra actividad era llevarme a las maquinitas a jugar pacman o invasores espaciales, o a comer helado, pero la que me trae a escribir esta entrada de hoy en realidad es una que tiene que ver con trasnochar, y de lo lindo. Ella era muy activa y “más rebuscadora que un diablo”, siempre se inventaba varias para levantarse el billetico, como les dije, leía el tarot, así que a veces uno la veía prendiendo velas y quemando incienso y luego me decía que me fuera a ver televisión y que no me apareciera por la sala porque iba a atender a unos clientes, o empezábamos desde temprano a moler maíz, a amasar, a hacer hogao y a armar empanadas, porque a las seis de la tarde se sacaba la freidora para atender a los clientes que siempre, por más empanadas que se sacaran, quedaban insatisfechos, les quedaba haciendo falta más. Eran famosas las empanaditas de San Juan con la 76. En ese rebusque del que les hablaba, mi abuela se consiguió por un tiempo, un contrato con una empresa que hacía ropa interior que ya se estaba empezando a dar a conocer que hoy se llama Leonisa, que necesitaba unas cajitas de cartón con una ventanita de acetato para que se pudiera ver la prenda empacada sin necesidad de abrir la caja; pues bien, el trabajo de mi abuelita era pegar con colbón las ventanitas de acetato, y le entregaban cinco mil, diez mil o más para entregar en un tiempo determinado. Mi abuela Lucero y mi tía Claudia se sentaban en las noches, a eso de las diez, más o menos, no les gustaba antes, a hacer el trabajo y les gustaba a esa hora porque empezaba un programa de radio que las acompañaba en su labor hasta las tres o cuatro de la mañana. Como les dije antes, a mí me invitaron algunas veces a hacer parte de la línea de producción, seleccionaba, pegaba y organizaba en muebles, mesas, camas y cualquier superficie que encontrara las cajas que ya tenían su ventanita pegada, para que se secaran y luego las organizaba y empacaba en una caja contenedora por decenas, centenas y millares.

Mientras trabajábamos conversábamos, nos reíamos, y nos entreteníamos con la forma tan particular de hacer radio de un señor que se hacía llamar el habitante mayor, pues es quien dirigía el programa “Los Habitantes de la noche”. Alonso Arcila Monsalve un señor locutor con un vozarrón poderoso y agudo que con su particular humor, su carísma y con la ayuda de una corneta no permitía que la trasnochada trabajando fuera ni un solo minuto aburrida. ¡Tremendos recuerdos tengo! Me acuerdo del trabajo duro, la sensación de sentirme importante por estar ayudando a mi abuela, tendría yo unos seis o siete años, lo entretenido que era pasar ese tiempo, las historias que escuchaba en la radio y claro, las meriendas parveadas que se hacía mi abuela para no pasar hambre.

De eso hace ya unos añitos, no les voy a decir cuántos para que no hagan cuentas, pero resulta y sucede que en estos días, esos recuerdos se me vinieron a la cabeza de una manera tan potente, que tuve que escribir esta entrada. Resulta que hice un programa de radio con una exaluma que es bloguera y que tiene una historia muy bonita e impactante de superación para contar. Tata Gómez creó hace poco un blog que se llama “no más sopa mamá”, en él cuenta las historias diarias de su labor de ser mamá, todo lo bueno, lo gracioso, lo difícil que le pasa con Valeria, su hija de dos años y medio, y en especial, o duro que fue su experiencia con el cáncer y tener que se guir siendo mamá. La invité pues a Salí en radio para que nos contara sobre su experiencia y fue un éxito, pues tuvimos muchos oyentes que se interesaron por su historias y su forma de ver la vida.
Al terminar el programa recibí la sorpresa de la vida, pues entre los muchos comentarios a las fotos que hacen los oyentes del programa para con mis invitados o con Salí, encontré uno en el que le decían a Tata, que la habían escuchado en el programa de radio Salý, que la felicitaba por su historia, por su fuerza y por la manera tan bonita y valiente de enfrentar la vida, y en el que la invitaba a su vez a hacer parte de su programa de radio “Los Habitantes de la noche”; comentario enviado por Alonso Arcila Monsalve. Sí, el señor que yo escuchaba con mi abuela por las noches cuando era niño, una leyenda viva de la radio antioqueña, director y locutor de uno de los programas más tradicionales y antiguos de la radio colombiana, escuchó mi programa y comentó una de mis publicaciones.

Y eso no es lo mejor, lo verdaderamente chévere de este asunto es que por medio de la invitación de Tata, me hizo llegar a mí, la invitación para hacer parte del programa también. Así pues que ese viernes yo, Andrés Toro, hice parte de los 41 años de historia que tiene el programa “Los habitantes de la noche”, ya no como oyente, sino como invitado. No se imaginan el orgullo y la sensación de felicidad indescriptible que me invadieron durante la trasnochada con “el habitante mayor” en su programa. Tuvimos una charla amable sobre lo que significa Salí, hacer radio, construir contenido para la internet, compartir la pasión por la radio y varias cosas más, entre ellas comer picada invitada por uno de los oyentes del programa. Eso me recordó lo que significa hacer radio nocturna cuando tuve mi programa “el nochero de Veracruz” en la emisora Veracruz Estéreo.
Le doy gracias a Salí, a la vida, a Dios, al universo, y en especial a todos ustedes los seguidores de este sueño que poco a poco, va pasando de ser un hobbie, para convertirse en lo más importante de mi vida. Yo Salí en radio, en el programa del Habitante mayor, yo, ya puedo decir, Salí en Habitantes de la noche.

Si quieres escuchar el programa, te invito no solo a escucharlo sino también a verlo por este link de Youtube:


2 comentarios:

  1. Uffffff, tremendo artículo, te felicito Andrés, esa foto me llevó a unos grandes recuerdos de tus abuelos... Un fuerte abrazo para vos y tu papá.

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    1. Gracias Juan Camilo, por leer, por comentar y por la energía familiar que nos une. Un abrazo para vos también.

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