Nuestro lema

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miércoles, 7 de septiembre de 2016

SALÍ A PONERME TRISTE EN PUERTO ALEGRÍA - PERÚ

Al tachar de mi lista uno de esos lugares que tenía que ver antes de morir, el Amazonas, con todo lo que sabía que me pasaría, lo que menos esperé fue que me iba a pegar una llorada como la que me pegué.
Y es que una de las actividades turísticas que te ofrecen para realizar mientras estás allí, es la de atravesar el río para llegar al Perú y pasar un par de horas en una población que se llama Puerto Alegría. La gran atracción es ver cosas que esperas ver en el Amazonas y que probablemente si no es así no vas a poder lograr. Al desembarcar hay que pagar un impuesto de diez mil pesos por cabeza para entrar y te hace pasar a un lugar en el que te dan la bienvenida con chicha morada, bebida nacional del país hermano. 
Sin embargo la mejor bienvenida nos la dio la Victoria regia, la flor de los mil pétalos, conocida como flor de loto, espléndida en un lago que bordea la construcción en la que te explican lo que pasará a continuación. Recuerdo que las palabras claves fueron, preservación y protección, pero al final terminé por sentir que todo era un cuento.

Y entonces en mi opinión personal comenzó el horror, porque la construcción hace parte de una especie de bioparque, eso está bien porque es necesario, sin embargo el problema que le vi, es que los animales que contiene, tienen contacto directo con los humanos que lo visitan. Así pues que por supuesto todo el mundo quiso una foto con el bebé manatí que vive en una piscina de plástico, y al que por pedido de desesperación de las personas, tienen que sacar a la fuerza del agua para que lo puedan tocar, darle tetero y hasta cargar… juzguen ustedes, pero desde ahí, yo sentí que las cosas iban mal.

Luego pasamos a unas jaulas de madera y metal en el que había otras especies, como el ocelote, adorable animalito al que me pude acercar tanto que casi me quita la cámara, y sin embargo, a otro personaje menos cauto y en su afán de tocarlo, casi le arranca la mano.
Hasta aquí estábamos “amparados” bajo el concepto de bioparque, en el que te explican eso de hacer lo mejor y bla bla bla, para la conservación de las especies bla, bla, bla… y estoy siendo despectivo y me van a perdonar porque en realidad lo que vi fue un afán por tener las especies a la vista del turista más que en pos de la preocupación de su bienestar.

De ahí fuimos a lo que podríamos llamar el centro del pueblo, en dónde ya se había congregado una buena cantidad de los pobladores. Nos dieron una charla inductiva sobre la tribu indígena a la que pertenecen y nos hicieron una muestra de danza y música típica con la cual invitaron a todos a bailar y hacer parte. Luego, nos explicaron que íbamos a ver cómo las personas del pueblo habían adoptado algunos animales de la región como mascotas y que nos permitirían acercarnos a ellos para tocarlos y darles algo de dinero por permitirse tomar algunas fotografías con ellos. Empezó entonces el horror, porque se acercaron hombres y mujeres de todas las edades con algún animal en los brazos, manos, sobre los hombros o encadenados. Había varias especies de monos, osos perezosos, babillas, serpientes, puerco espines, guacamayas, loritos, tortugas… en fin. Su afán era que te les acercaras para que les pidieras una fotografía y poder pedirte dinero…  muchos de nosotros no quisimos prestarnos para el juego, recuerdo a un par de ciudadanas españolas que al ver mi cara de desaprobación, quisieron compartir conmigo su inconformidad, alegando que si hubiesen sabido de lo que se trataba todo, pues, simplemente no lo hubieran hecho. La mayoría de los turistas indiferentes, ignorantes y felices, gritaban de alegría, pedían dando saltitos que les obligaran al animal elegido sobre los hombros para tomarse una foto y poder demostrar que habían estado en el Amazonas.


Yo, me tuve que ir a llorar a un lado, lo confieso y no me avergüenza, y prometí contar esto para que se sepa. No se está haciendo nada ilegal, repito, esto es en Perú, justo al frente de Colombia, en dónde sí está prohibido, y además, está amparado por ambos gobiernos, el Peruano y el Colombiano como método de apropiación y empoderamiento de los habitantes de la región, y como modo de recaudación de recursos para las madres cabeza de familia de la comunidad peruana de Puerto Alegría. Sin embargo, lo denuncio a modo de toma de conciencia, está en tu libre albedrío sí vas o no a hacer este recorrido, si lo disfrutas o no. Yo por lo menos, salí a ponerme triste en Puerto Alegría y no se lo recomiendo a nadie, y así me lo confirmaron no sólo las turistas españolas con quienes hablé ahí mismo, sino con muchos otros turistas colombianos con quienes tuve contacto en el hotel y me expresaron lo mismo. Sí te podés negar y aportar un grano de arena cuando vayás, yo, los micos, el puerco espín mutilado, la babilla encadenada, el bebé manatí que vive en una piscina plástica de dos metros de diámetro y el ocelote que duerme en una jaula de madera y alambre, te lo agradeceremos… tal vez no sea mucho, pero algo es algo.

Yo al menos #Salí a ponerme triste en Puerto Alegría y no se lo recomiendo a nadie.
Mira el video aquí:

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