Nuestro lema

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miércoles, 24 de agosto de 2016

SALÍ A MI BUÑUELO Y SALÍ COMO UN BUÑUELO, ¡FELIZ!

Para nadie es un secreto ni es desconocido que el desayuno es muy importante. Varias teorías lo proponen como la comida que no se debe saltar si se quiere ser saludable y comenzar bien los días; ya sea por nutrición, energía o porque es la primera oportunidad de comerse algo rico luego de un ayuno de cerca de doce horas por lo general. No muchos prestan atención a esta recomendación y dejan pasar la ocasión de consentirse y de darle la bienvenida a un nuevo día en su vida con una buena primera comida. Los abuelos sí que sabían de buenos desayunos… yo recuerdo cuando me iba a pasar las temporadas de vacaciones con los míos a la finca cafetera que tenían en el suroeste antioqueño. La levantada era muy temprano, cuando todavía no había salido el sol y a esa hora se tomaban “los tragos”: un chocolate hecho en aguapanela, pan o pandequeso, quesito y arepa con mantequilla. Con este tentempié se comenzaban a organizar los chapoleros entre chistes y chismes y agarraban camino para los cafetales a comenzar con el desgrane del café. A eso de las nueve de la mañana todos estaban otra vez en la mayoría o casa del capataz pidiendo su verdadero desayuno; aquí si no se perdonaban los huevos revueltos, la carne y el calentao de los fríjoles que quedaron de la noche anterior, obviamente se aceptaba otra tajadita de quesito y su “menca” de arepa tela para pasar con una tazada de chocolate espumoso. ¡Ah! Qué días aquellos, hasta por eso será que a veces me hace falta desayunar dos veces.

Está bien que el agite de los días de la vida actual no permita que este tipo de… estilo gastronómico se pueda seguir a diario, y por estilo, me refiero no a desayunar dos veces, si no a hacerlo BIEN. Han de estar de acuerdo conmigo con que al menos una vez a la semana hay que darse un desquite, dejar de lado esa comida de pajarito que se inventaron para toda la semana, llena de granos, caldos incoloros y… ¡frutas! Me dan escalofríos con solo pensarlo. Obviamente estoy exagerando un poco, comer sano es necesario, pero es aún más necesario en mi opinión, pegarse una desayunada de esas de padre y señor mío con marcada frecuencia, rendirle honor a nuestros antepasados, sentirse antioqueño desde los tuétanos y de una manera fácil y deliciosa.

Como ya no comemos frisoles todos los días, es más, ni siquiera una vez a la semana, eso de saborearse un buen calentao por la mañana en la casita, es una costumbre que se nos está diluyendo en las arenas del tiempo. No sé si han de estar conmigo, pero creo que es necesario hacer algo porque no se nos pierda este hábito. Hay que comer más frisoles, hay que pegarle más al calentao por las mañanas, hay que hacer que nuestros abuelos se sientan orgullosos de nosotros por pretender hacer pervivir nuestra esencia, nuestra herencia.

En ese orden de ideas y como la idea es predicar pero porque practico a diestra y siniestra, a mí sí se me antoja muy seguido consentirme. Pa’qué son bobadas pero yo creo que no hay nada mejor que levantarse un domingo, comer hasta quedar redondito y que no queden más ganas que de volverse a acostar a dormir para hacer la correspondiente digestión. Rico poder hacer uno mismo los frisolitos de vez en cuando, pero cómo no se puede tan seguido como se quisiera, entonces hay que recurrir al viejo truco de ir a dónde un amigo que los haga bien buenos. Y en Medellín, todos tenemos un amigo desde hace casi treinta años que se puede encargar de mandarlo a uno para la casita a dormirse la siesta después de un buen desayuno.
El que sea de Medellín y no haya comido alguna vez en Mi Buñuelo, es un medellinense chiviado pues. Esta marca se ha encargado a través de los años de mantener viva una buena parte de la cultura gastronómica paisa con sus más amados y apetecidos fritos: Buñuelos, empanadas, papas rellenas, pasteles de pollo, tortas de carne o de pescado, palitos de queso y por su puesto los horneados pandequesos, pandebonos y pandeyucas. Súmele a eso las salsas para combinar y enriquecer los sabores; el ají dulce y el picante, la salsa rosada, la tártara, la kétchup, las mermeladas de piña o de mora… ahora trague saliva, porque si no se antojó leyendo, o es que acaba de comer y está llenito, o fue que “me le faltó una palabrita en bautizo mimijo”.
Ahora vamos a la segunda parte de la antojada, a la del llamado a la acción, a quitar el antojo. Para eso te propongo ir a Mi Buñuelo 7C, que tiene dos sucursales, una en la avenida ochenta, dos cuadritas después de la glorieta de la 30, y otra en la avenida setenta, justo al frente de la segunda entrada del parque Juan Pablo Segundo. Justo allí fue donde me di un gustico, qué digo gustico un gustazo que me dejó listo para esperar el almuerzo de ese domingo, pero bien tarde.
El desayunito de esta mañana para empezar bien el día y para recordar a mis abuelos consistió en, unos inigualables buñuelitos recién hechecitos, esponjosos, suaves, perfectos. Pandequeso, que parecía hecho con algodón, jugo de naranja, recién exprimido, arepa con quesito y mantequilla de la buena, de la de verdad, huevito revuelto, carne de res asada y una buena porción de calentao, que sin querer llegar a más, me transportó a la finca de mis abuelos, cuando era niño y me comía esos frisoles montañeros, calados a la perfección y una tazada de chocolate espumoso hecho en leche. No les puedo decir mentiras, comí como un rey y quedé más contento que marrano estrenando lazo. La sonrisa que me acompañó todo el día se debió sin dudas a la felicidad extrema a la que me llevó esta comidita deliciosa, consentidora que me hizo viajar y recordar a ese montañero que llevo dentro.

Ahí te dejo la inquietud, el antojo. Con los socios Sergio y Óscar David estuve en el programa de radio y conversamos un buen rato sobre todo lo que hacen y de cómo lo hacen y me dieron la oportunidad de regalarle dos pases a dos oyentes para que fueran a estas dos sedes para comprobar lo que estoy relatando…  bueno, a reconfirmar, les fue mejor que a mí por lo que me contaron. Sí quieres saber más sobre el programa, busca los links en mi FanPage de Facebook y aquí en Salí en Radio.


Antojáte de salir a desayunar como un rey, como te lo merecés, andáte a rendirle homenaje a nuestros ancestros y decí como yo #SalíAComer a Mi Buñuelo 7C…  ¡ah! Y saben qué, les tengo un dato importantísimo…  en ambas sedes son PET Friendly, es decir, amigos de las mascotas y podés ir a desayunar con tus mejores amigos, o tus hijos peluditos, como llamo a los míos para que te acompañen…  no les van a dar buñuelo, pero si agüita, galleticas para perros y una que otra caricia. Al que quiera más, que le piquen caña. Yo Salí a Mí Buñuelo 7C y me encantó, ahora te toca a vos, Salí a comer, a viajar, a vivir.

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