Nuestro lema

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miércoles, 29 de junio de 2016

SALÍ CON GUILLOLA GONZÁLEZ

Eso de hacer ejercicio y de mantenerse en forma nos lo han vendido como si fuera una moda, algo que surgió con la modernidad, como parte de un mundo más materialista y light del que sabemos apenas hace unos años. Para algunos es banal eso de mantenerse en forma, aseguran que es sólo una uña más de las garras del snob, de ese mundo vacío y poco profundo en el que sólo importa lo físico y lo material, una línea más de la degradación del mundo actual.

Sin embargo, aquel que le gusta la historia, que lee un poco sobre las costumbres antiguas del ser humano puede darse cuenta de que sí bien, este línea ha sido tomada como una de las banderas del mundo moderno que tanto se critica, el ejercicio físico, el estar en forma es tan propio al humano, como lo es para cualquier especie animal del planeta.
Tal vez el problema radique en que desde que comenzamos a desarrollar el cerebro, que igual necesita ejercicio como un músculo cualquiera, porque si no se atrofia, algunos decidieron que estar en forma era para los que tenían que salir a cazar, mientras los otros se encargarían de otras actividades menos físicas, que exigirían el ejercicio del cerebro para desarrollar otras actividades productivas en beneficio de la tribu, el problema de hoy, es que ya hay algunos que ni siquiera eso recuerdan hacer por la manada. Quien lee un poco de historia verá que desde tiempos inmemoriales las antiguas civilizaciones le rindieron culto al ejercicio y al hecho de estar en forma, e idealizó a aquellos que lo lograban, los llamaron héroes: Sanzón, Hércules, Aquiles, Los faraones egipcios, no todos, y más adelante los campeones de las justas, los caballeros.

Estar en forma no es nuevo, ni se ha idealizado como parte de una banalidad moderna, no; la actividad física es tan importante al ser humano como lo es para cualquier animal que tiene que luchar contra la fuerza más poderosa y fundamental de la naturaleza, la gravedad. El que no puede estar en forma, se enferma, se muere.
Lejos de ser considerados héroes, hay por ahí un montón de personas que promueven el gusto y el placer por estar en forma. Si bien ese es su estilo de vida y para algunos es incluso una obsesión, todos estos seres tienen algo en común, les gustaría, promueven el hacer ejercicio a la medida necesaria para estar sano y sentirse bien, en cada ser humano.
Hoy tengo el orgullo de contar en el programa con una Heroína del mundo del fitness, una mujer poderosa, orgullosa y hermosa que entendió que su misión en la vida es inspirar a otros a hacer ejercicio y estar en forma, sólo por salud. Es fisicoculturista, su fortaleza física, sus músculos no son los de una persona del común, y es admirada y odiada por igual, no se sabe si por envidia o por falta de autoestima en quienes la critican, que no entienden que ese es su trabajo, pero pónganse a pensar, ¿quién recibiría consejos sobre hacer ejercicio?, ¿quién seguiría la rutina de un profesor con barriguita cervecera?

Guillola González es una entrenadora personal, fisicoculturista, una Fit influencer, tal vez la más importante y seguida de Medellín que inspira a miles de personas día a día por medio de sus redes sociales a vivir sanos, felices, a levantar la autoestima, que nos invita a querernos a nosotros mismos, a hacer cosas buenas por nosotros y por la manada, porque un miembro sano es un miembro menos por el que tenemos que pagar tratamientos en el sistema de salud. Quédate conmigo Salí a hacer ejercicio, Salí a vivir una vida sana con Guillola González 

No sé ustedes pero luego de hablar y sobre todo de ver a una mujer de estas, tan bella, tan inspiradora, pero en especial tan feliz, me hace sentir ganas de hacer más ejercicio, de quererme más a mí mismo, de hacer mucho más por mí y por la manada, a la final, la actividad física, hecha con responsabilidad, sin abusos, hecha a conciencia y en lo preferible guiada por un experto traerá a tu vida sólo cosas buenas. Espero que los hayamos inspirado al menos, a caminar media hora diariamente para que vivas más rico, para que seas más feliz. Gracias a Guillola por salir en Salí, por inspirarnos, y gracias a ustedes por escucharnos cada ocho días. Ahora te toca a vos, Salir a comer, a viajar, a vivir sanamente. 

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Escucha el programa dándo click a la siguiente imagen.



Si no puedes escuchar el programa dando click a la imagen anterior, sigue este link:

viernes, 10 de junio de 2016

EN EL MAR, LA VIDA ES MÁS SABROSA… Y LA COMIDA TAMBIÉN – SALÍ A TOLÚ

Si bien la comida es muy importante en este blog y es una parte muy especial en mi vida, he de ser enfático en que la mayoría de las veces, es la experiencia que acompaña al acto de comer lo que puede hacer que la comida más especial y deliciosa del mundo no sepa tan bien, que no llene las expectativas, y que por el contrario, el plato más humilde se pueda convertir en es manjar que se va a quedar en tu memoria gustativa, para siempre.
Así pues que esta vez lo que voy a hacer es centrarme en una experiencia que hizo de una comida sencilla, la más sublime.
Como especie hemos pasado por muchos estadios evolutivos con respecto a la comida y la forma en la que la consumimos. En algún momento fue muy importante para nosotros comer escondidos, con un techo encima de nuestras cabezas y protegiendo nuestra comida; éramos más vulnerables cuando nos alimentábamos y para ajustar, nuestra comida atraía a otros depredadores, lo que nos convertía a nosotros en su bocadillo. Bueno, eso ha cambiado un poco, claro, siempre y cuando estemos en nuestro hábitat natural, me refiero a las ciudades. Es más, ha cambiado tanto que una de las mejores actividades que podemos realizar es comer al aire libre. ¿O me van a decir que hacer un asado no es precisamente eso? ¿O una sancochada en un río? ¿Acaso no le llamamos picnic precisamente a esa actividad?
Pues bien, les voy a describir una experiencia al aire libre que voy a recordar para toda la vida… Playas de Tolú, Sucre, pasaban las dos y media de la tarde aproximadamente, era una tarde de playa perfecta pues el mar estaba cálido pero refrescante, el sol lo fundamentaba todo con su cara amarilla y rechoncha y hacía las delicias de todos los que teníamos la suerte de pasar esa tarde en ese bonito lugar de Colombia. Cuerpos expuestos a las radiaciones chirriaban mientras se cocían en sus propios jugos a diestra y siniestra, y lo que más me sorprende es que lo hacen a voluntad para luego lucir sus quemaduras de primer grado con orgullo en sus lugares de trabajo o estudio. Hay que ver lo inteligente que es la naturaleza… mis chiquipeludos se disfrutan al máximo este tipo de oportunidades, gozan del mar cuanto les apetece, fijan el calcio en sus huesitos exponiéndose a la vitamina D de los rayos solares, pero eso sí, buscan la sombra cuando es pertinente. Ya ellos habían almorzado, pero los papás no y no hay nada que estimule más a margarita, me refiero a la serpiente arrollada de diez metros que tengo en las tripas, para pedir comida, que hacer actividades acuáticas. ¿O no? Y además un par de cervecitas entre tanto y tanto también hace que la flora intestinal pida que la abonen.
Así pues que era hora de almorzar y la idea de ir a cambiarse o de caminar hasta un restaurante sinceramente no sonaba muy bien. Es más, alcancé a pensar que el momento estaba tan agradable ahí bajo una carpa playera, con cervezas frías, con la brisa del mar rozándome la cara y agitando mis crespos, que hasta sería capaz de aguantarme hasta la noche para comer algo importante y que más bien, iría hasta mi hotel, que quedaba justo a unos cien pasos del lugar en el que nos encontrábamos, para traer unos paquetes de papitas y un par de latas de salchichas para sostenernos hasta la noche.
Así lo expuse y fue aceptado por mi compañera quien también veía un inconveniente en perder nuestra posición en la playa. Me levanté para hacer lo dispuesto y entonces vi que en el hotel al lado del que me estaba quedando, tenían servicio de restaurante…  en el mío también, pero sinceramente, luego de un “desayunito” que nos comimos un día antes ahí mismo, no me quedaron ganas de saber cómo eran los “almuercitos”. Entonces nada más que por inercia me acerqué a preguntar por lo que ofrecían y resultó que era muy rico, de casita muy aseada, a buen precio y lo mejor de todo, era que me lo llevaban hasta la playa.
Un minuto más tarde me estaban poniendo mesa y cubiertos en plena playa…  no lo podía creer. Cinco minutos más tarde, un plato de caldo de pescado humeante, cargado, sabroso, levantamuertos estaba a mi disposición. Juro que en este momento tengo las papilas gustativas trabajando en pos de la memoria, me muero de ganas de comerme uno de esos en este momento… el olor, el sabor, la espesura de su consistencia, me babeo.
En breve me pusieron en la mesa el “seco”: arroz con titoté, es decir, el que conocemos los cachacos como arroz con coco, o arroz cocúo, patacones, una refrescante ensalada de lechuga, tomate y cebolla en mi opinión no requería de nada más y un buen pedazo de corvina frita. No sé si era el mar que se agitaba frente a mí, la brisa que me acariciaba el rostro, la arena suave bajo los pies y con la que jugaba mientras comía, ya saben, cerraba los dedos y los enterraba de puro placer; no sé si era la alegría de saberme en un lugar tan bello y especial como Tolú, la compañía de mis perros y de mi pareja, no sé si sólo algo, o todo combinado lo lograron, pero ese arroz equilibrado entre el dulce y la sal, hecho por las manos expertas de una matrona costeña, ese pescado crujiente en el exterior pero blando y jugoso por dentro, los patacones y la ensalada, me supieron a la mismísima gloria de estar vivo. Quien pasó y me vio comer ha de haber sentido envidia, porque la satisfacción me brotaba por los poros; la sonrisa no se me quitaba de los labios, el corazón se me quería salir de la emoción y la barriga me bailaba porque la boca estaba viviendo una fiesta.
Para SIEMPRE se me ha quedado esta experiencia en la memoria…  le hablaré a otros de ella en mi vejez, se quedará inmortalizada en estas letras y en tu mente porque leíste esto. Por eso te puedo decir con total seguridad, #SalíAComer a las playas de Tolú y obtuve sin más una experiencia sublime, sin buscarla, sin pretenderla; por eso te puedo decir a vos, que en el mar la vida es más sabrosa y si tenés los sentidos atentos, la comida también. Yo ya lo hice, ahora te toca a vos, Salí a comer, a viajar, a vivir.

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