Nuestro lema

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miércoles, 28 de diciembre de 2016

#SALÍACOMER A BRASIL - COMIDA AL PESO EN TABATINGA




La ciudad de Tabatinga está ubicada justo al lado de Leticia, la capital del departamento del Amazonas. Me moría por tener una experiencia gastronómica en Brasil como ésta que les cuento en el video. Por eso cuando me pintaron el panorama de ir a comerciar a esta ciudad, pero con inicio de la actividad en un restaurante en el que la comida se paga de acuerdo al peso del plato que llevas a la caja registradora, no me importó soportar un par de horas caminando por las enormes calles llenas de zapaterías, cacharrerías y almacenes de todo tipo bajo el inclemente sol de la selva amazónica. 

¡Te invito a vivir conmigo esta experiencia!
Si te gusta el video, por favor coméntalo y si te gusta mucho, mucho, entonces dale click al botón rojo debajo de la ventada de visualización y sucríbete a mi canal de Youtube, en el que tengo una y mil propuestas más para invitarte a salir a comer, a viajar,a vivir.







lunes, 28 de noviembre de 2016

COMÍ ARISH, TRÍPOLI Y YABRAK - SALÍ A SHAWARMA

La cultura árabe tiene un encanto muy particular, quizás pocos lo reconozcan pero la influencia que tiene en la vida diaria es tremenda. Su aporte en el mundo de las matemáticas, sólo empezando con los números, es decir, con la forma en la que los escribimos hoy podría ser suficiente; pero enamorados de la perfección de la naturaleza lograron con su estudio profundo a través del cálculo, el álgebra y la física a aclarar y entender muchas cosas del universo. Los árabes se enamoraron del cielo y las estrellas y estudiaron los astros juiciosamente, se apasionaron por la física hasta el punto de que el primer hombre que intentó volar fue un árabe que luego imitara Leonardo Da Vinci; se enamoraron de las letras y escribieron hermosos poemas e historias que todavía escuchamos y con los que soñamos. Su música y danza perviven en el hoy en sus tonalidades originales en instrumentos de percusión y de vientos, pero también en las notas de culturas más modernas como el flamenco y de cantantes actuales como David Visbal y Shakira. Nuestro idioma está lleno de aportes de esta cultura, más de cuatro mil palabras tienen su origen en él: albóndiga, alcohol, alcachofa, bellota, elixir, escabeche, guitarra, hola, jabalí, jarabe, limón, máscara, naranja, sandía, toronja, toronjil, zanahoria… esto sólo por enunciar unas cuantas y ni siquiera son las más comunes. Pero el aporte que más me gusta, y que ya han de sospechar cuál es, es el de la comida.
Empanada…  ¡polémica! Pues he escuchado varias veces que su origen árabe es un mito, al menos el de la palabra y resulta que sí, y que no, porque eso de envolver la comida en pan, es tan antiguo y propio de infinidad de culturas y los árabes tienen su propia versión, que evolucionó y viajó hasta Europa y que luego llegó a las Américas.

El quibbe, la pita, el pan arracimo, sin levadura o árabe, los fríjoles que son más orientales pero que por su cercanía también tuvo su aceptación en el medio oriente antes que en nosotros los occidentales, las habas, los garbanzos, los yogures… mejor dicho, esta aldea global de la que estamos disfrutando hoy en día y que nos ha convertido en habitantes de un mundo más pequeño por decirlo de alguna forma, está bañado por innumerables posibilidades de disfrutar de estas delicias propuestas por esa cultura tan rica e importante.
Recuerdo que en mi época de estudiante universitario, hace unos añitos ya, en algún momento de esos en los que había que estudiar largas horas en la casa de un compañero, se nos dio por esa mala costumbre de tener hambre. Se venía una noche larga y había que comer algo. Le encomendamos la misión a una compañera para que buscara algo de comer en la calle mientras los demás avanzábamos con las labores académicas. Cuando llegó la comida, recuerdo, me entró una pequeña duda: la compañera fue a comprar unos envueltos de pan que traían carne y vegetales por dentro y que se veían especialmente pequeñitos, bueno, para un universitario tragaldabas como yo; traía además unas bolitas de carne apanadas y unas salsas raras de ajo y de cilantro. Me comí mi porción de esa comida que no conocía con un gusto anormal, pues olían y sabían delicioso. Lo único con lo que lo pude comparar para esa época en la que no estábamos tan abiertos gastronómicamente hablando fue con la comida mejicana, pues parecían unas fajitas y a la vez no lo eran, porque su concepción era distinta. Pregunté por el nombre de lo que habíamos comido y sinceramente, era tan extraño para mí que no fui capaz de guardármelo en la memoria y aun así, le agradecí a mi compañera por haberme dejado descubrir algo de la comida árabe, pues venía de un restaurante que ella conocía porque quedaba cerca de su casa, por ahí en el Mall de la Visitación en el Poblado.

Hoy, unos quince años o más, sé a ciencia cierta qué fue lo que comí porque ya lo reconozco, el envuelto de carne y vegetales que comimos era un Shawarma, y las bolas de carne apanadas, eran quibbes. ¿Y por qué lo sé tan a ciencia cierta?  Pues porque este año se celebraron los 20 años de uno de los restaurantes pioneros en este tipo de comida en Medellín y me invitaron a la celebración. Mientras miraba a lado y lado y conversaba con mis compañeros de mesa, otros representantes de periódicos y blogs gastronómicos de la ciudad simplemente fui recordando cosas de esa experiencia efímera, pero luego, cuando tuve la oportunidad de entrevistar a la dueña del restaurante, a la pionera Tata Abisaad Hanna, di con la neurona que me faltaba; tuve un momento de flash back.
En el evento tuve la oportunidad de comer muchas cosas deliciosas, pero como estábamos en medio de una experiencia de tipo informativo, en el que la interacción con los compañeros y con los exponentes me mantuvieron algo distraído de los sabores y sensaciones, pues tuve que armar plan para unos días después con el fin de esta vez sí, vivirla con toda.

Así pues que en esta ocasión quise abarcar varias cosas del menú que me habían gustado y otras que no había tenido la oportunidad de probar. Al final, la mesa estaba abarrotada con un festín digno de los relatos que me hicieron soñar alguna vez, narrados en las mil y una noches. Había pues pan árabe para poder tomar los alimentos, pues esto se come con la mano, queso arish que es una bola de queso conservado en aceite de oliva y que según me contó Tata, cuando están bien hechos logran conservarse por incluso, hasta cincuenta años. Ya saben, esa es una respuesta a la conservación de los alimentos en el desierto. Este queso es como un yogurt salado y viene en dos presentaciones una solito y otra con unas especias que lo cargan de sabor y de olor.
En otro plato había Tabule que es una ensalada que sirve muy bien para limpiar el paladar entre plato y plato. Sus elementos están muy bien picados lo que la hace muy liviana y deliciosa, tiene tomate, cebolla, perejil, pepino, pimentón, zanhoria, jugo de limón y aceite de oliva.

El otro plato trahía varios tahines que se llama “tripoli”, el tahine es una especie de puré y es de garbanzos y dependiendo de los otros ingredientes que traiga se le llama humus. Uno trahía ajo, ajonjolí y aceite de oliva, el otro pimentón y el otro berenjena. Son espectaculares, bien combinados con el tabule…  se me hace agua la boca.
Para seguir, en otro plato había quibbes que son unas bolitas fritas de trigo con carne o con otros ingredientes como ahuyama por ejemplo… son espectaculares.
Y para terminar un plato con varios Yabrak, que son los padres de los conocidos “indios de repollo” que existen en muchas regiones del país. Estos son unos “tamalitos” cuyo envuelto se puede comer y que se hace con hojas de parra; están rellenos de arroz y carne unos, y arroz con lentejas los otros. Son cocinados y vienen en un caldo que es mezcla del líquido que soltaron al cocinarse con un poco de aceite de oliva y especias. No me hagan acordar lo deliciosos que estaban porque me dan ganas de irme ya mismo por una buena porción de esas.


La experiencia podría ser más redonda si tuvieras  que defenderte sólo con tu pan árabe para comerte todas estas delicias, lo que me recuerda que por lo general hay que pedir siempre más pan porque la idea es limpiar los platos y hay que pedir más sí o sí, pero por supuesto, en Shawarma te entregan cubiertos para que puedas comer cómo te gusta, cómo estás acostumbrado. La comida es excepcional, tanto que muchos comensales que vienen precisamente de la tierra que la inventó han felicitado a la dueña y es más, me contó Tata que alguna vez, incluso hasta se han enamorado de ella y le han pedido la mano para casarse y llevársela para Libia ¿Qué tal?  Así que ahí tienen una razón más para ir y probar si es que nunca lo han hecho, comida árabe, vale toda la pena del mundo, es ¡Deliciosa! Yo ya Salí, recordé lo que es, lo disfruté al máximo y te lo recomiendo de verdad: #SalíAComer a Shawarma.

lunes, 21 de noviembre de 2016

SALÍ CON EL HABITANTE MAYOR

La mamá de mi papá era conocida como la “mona Lucero”; era rumbera, le gustaba el aguardientico, fumaba desde que se levantaba hasta que se acostaba, sabía leer el tarot, le encantaba la música; recuerdo que tenía una afinidad especial con el flamenco español y sabía hacer con la lengua un chasquido muy parecido al de las castañuelas; cocinaba delicioso, todavía me acuerdo de los diciembres con ella porque era de la que preparaba dulces de todos los habidos para que en la mesa del comedor siempre hubiera donde meter el dedo, y cuando hacía natilla, la hacía en fogón de leña y con mecedor, de esa que se demoraba unas cuatro horas en estar; también se le medía a hacer la morcilla ella misma…  todavía la recuerdo sentada en la cocina, con las piernas abiertas y una olla inmensa entre ellas, llena de sangre, arroz, empella, cebolla y empujando todo eso en una tripa de cerdo con las manos rojas y brillantes, como las de un asesino serial…  la recuerdo con esos ojos vivarachos, sonriendo o contando chistes mientras hacía la rellena y pedía a gritos que alguien le pusiera un cigarrillo en los labios y se lo quitara cuando ya había dado unas cuantas caladas, y que luego le mandaran una copa llenita de aguardiente para ponerse más sabrosa mientras hacía lo suyo. Si, la abuela Lucero me dejó marcado en muchos aspectos y hasta le podemos echar la culpa de muchos de mis amores y desamores por la comida y por el trago. Otra característica que tenía y que la definía era que vivía en “horario Tokio”, es decir, era más trasnochadora que un verraco y dormía hasta tarde.
Algunas veces, en las vacaciones, me invitaba a quedarme con ella un par de días para vivir una que otra aventura entre abuela y nieto y bueno, recuerdo muchas cosas que hacíamos: enseñarme a cocinar fue una, ella fue quien me enseñó a hacer empanadas por ejemplo, otra actividad era llevarme a las maquinitas a jugar pacman o invasores espaciales, o a comer helado, pero la que me trae a escribir esta entrada de hoy en realidad es una que tiene que ver con trasnochar, y de lo lindo. Ella era muy activa y “más rebuscadora que un diablo”, siempre se inventaba varias para levantarse el billetico, como les dije, leía el tarot, así que a veces uno la veía prendiendo velas y quemando incienso y luego me decía que me fuera a ver televisión y que no me apareciera por la sala porque iba a atender a unos clientes, o empezábamos desde temprano a moler maíz, a amasar, a hacer hogao y a armar empanadas, porque a las seis de la tarde se sacaba la freidora para atender a los clientes que siempre, por más empanadas que se sacaran, quedaban insatisfechos, les quedaba haciendo falta más. Eran famosas las empanaditas de San Juan con la 76. En ese rebusque del que les hablaba, mi abuela se consiguió por un tiempo, un contrato con una empresa que hacía ropa interior que ya se estaba empezando a dar a conocer que hoy se llama Leonisa, que necesitaba unas cajitas de cartón con una ventanita de acetato para que se pudiera ver la prenda empacada sin necesidad de abrir la caja; pues bien, el trabajo de mi abuelita era pegar con colbón las ventanitas de acetato, y le entregaban cinco mil, diez mil o más para entregar en un tiempo determinado. Mi abuela Lucero y mi tía Claudia se sentaban en las noches, a eso de las diez, más o menos, no les gustaba antes, a hacer el trabajo y les gustaba a esa hora porque empezaba un programa de radio que las acompañaba en su labor hasta las tres o cuatro de la mañana. Como les dije antes, a mí me invitaron algunas veces a hacer parte de la línea de producción, seleccionaba, pegaba y organizaba en muebles, mesas, camas y cualquier superficie que encontrara las cajas que ya tenían su ventanita pegada, para que se secaran y luego las organizaba y empacaba en una caja contenedora por decenas, centenas y millares.

Mientras trabajábamos conversábamos, nos reíamos, y nos entreteníamos con la forma tan particular de hacer radio de un señor que se hacía llamar el habitante mayor, pues es quien dirigía el programa “Los Habitantes de la noche”. Alonso Arcila Monsalve un señor locutor con un vozarrón poderoso y agudo que con su particular humor, su carísma y con la ayuda de una corneta no permitía que la trasnochada trabajando fuera ni un solo minuto aburrida. ¡Tremendos recuerdos tengo! Me acuerdo del trabajo duro, la sensación de sentirme importante por estar ayudando a mi abuela, tendría yo unos seis o siete años, lo entretenido que era pasar ese tiempo, las historias que escuchaba en la radio y claro, las meriendas parveadas que se hacía mi abuela para no pasar hambre.

De eso hace ya unos añitos, no les voy a decir cuántos para que no hagan cuentas, pero resulta y sucede que en estos días, esos recuerdos se me vinieron a la cabeza de una manera tan potente, que tuve que escribir esta entrada. Resulta que hice un programa de radio con una exaluma que es bloguera y que tiene una historia muy bonita e impactante de superación para contar. Tata Gómez creó hace poco un blog que se llama “no más sopa mamá”, en él cuenta las historias diarias de su labor de ser mamá, todo lo bueno, lo gracioso, lo difícil que le pasa con Valeria, su hija de dos años y medio, y en especial, o duro que fue su experiencia con el cáncer y tener que se guir siendo mamá. La invité pues a Salí en radio para que nos contara sobre su experiencia y fue un éxito, pues tuvimos muchos oyentes que se interesaron por su historias y su forma de ver la vida.
Al terminar el programa recibí la sorpresa de la vida, pues entre los muchos comentarios a las fotos que hacen los oyentes del programa para con mis invitados o con Salí, encontré uno en el que le decían a Tata, que la habían escuchado en el programa de radio Salý, que la felicitaba por su historia, por su fuerza y por la manera tan bonita y valiente de enfrentar la vida, y en el que la invitaba a su vez a hacer parte de su programa de radio “Los Habitantes de la noche”; comentario enviado por Alonso Arcila Monsalve. Sí, el señor que yo escuchaba con mi abuela por las noches cuando era niño, una leyenda viva de la radio antioqueña, director y locutor de uno de los programas más tradicionales y antiguos de la radio colombiana, escuchó mi programa y comentó una de mis publicaciones.

Y eso no es lo mejor, lo verdaderamente chévere de este asunto es que por medio de la invitación de Tata, me hizo llegar a mí, la invitación para hacer parte del programa también. Así pues que ese viernes yo, Andrés Toro, hice parte de los 41 años de historia que tiene el programa “Los habitantes de la noche”, ya no como oyente, sino como invitado. No se imaginan el orgullo y la sensación de felicidad indescriptible que me invadieron durante la trasnochada con “el habitante mayor” en su programa. Tuvimos una charla amable sobre lo que significa Salí, hacer radio, construir contenido para la internet, compartir la pasión por la radio y varias cosas más, entre ellas comer picada invitada por uno de los oyentes del programa. Eso me recordó lo que significa hacer radio nocturna cuando tuve mi programa “el nochero de Veracruz” en la emisora Veracruz Estéreo.
Le doy gracias a Salí, a la vida, a Dios, al universo, y en especial a todos ustedes los seguidores de este sueño que poco a poco, va pasando de ser un hobbie, para convertirse en lo más importante de mi vida. Yo Salí en radio, en el programa del Habitante mayor, yo, ya puedo decir, Salí en Habitantes de la noche.

Si quieres escuchar el programa, te invito no solo a escucharlo sino también a verlo por este link de Youtube:


miércoles, 9 de noviembre de 2016

SALÍ A SER EL PRIMERO EN TOMARME UN CAFÉ, EN LA PRIMERA TIENDA STARBUCKS DE MEDELLÍN

Salí cada día que pasa le da a esta carnita y a estos huesitos nuevas satisfacciones. Eso de ser sorprendido de manera constante y desde puntos de los cuales no te lo imaginas creo, es la esencia de la vida para ser feliz. La forma en la que entra la luz por la ventana un día cualquiera, un ataque de amor de tu mascota, un triunfo en la cocina cuando tu experimento culinario resulta tal como te lo imaginaste o mejor aún, una llamada de alguien que extrañas, una mirada de un desconocido(a) que te atraviesa de lado a lado, es a lo que me refiero, sólo hay que estar atento y entonces te das cuenta de que la vida, como dice la canción, es bonita y es bonita. Yo en lo personal tengo a Salí, un hobbie que poco a poco se ha ido convirtiendo en algo más, por ejemplo en una fuente de sorpresas chéveres.
Esta entrada está dedicada precisamente a una de esas, porque hace poco, simplemente, me ha llegado una invitación a ver cómo se hacía historia en la ciudad; lo único que recuerdo es que vi mi nombre al lado de un logo que es famoso en todo el mundo y que siempre me ha causado mucha curiosidad como publicista, pues es una sirena que tiene dos colas y está relacionada al café. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Mis ansias de saber me llevaron a varias historias que lo justifican y todas llevan a una ilustración normanda del siglo XV, que sin más, le pareció chévere a su creador por allá en 1971 y que luego, al ser comprada por el actual dueño, un hombre de negocios llamado Howard Shutz, migró a una historia más mística en la que se pensó en esta ilustración intentando capturar la tradición de navegación de los antiguos comerciantes de café, y terminó relacionado de alguna manera con los antiguos vikingos normandos. Si pudieran verme en este momento, verían mi sonrisa de incredulidad, pero bueno, lo que sí hay que reconocer es el trabajo intenso que ha hecho la marca por posicionarse en la mente de consumidores de café en todo el mundo, hasta el punto que incluso nosotros, que no hemos tenido más contacto con ella que en un par, si no es un ciento de películas de Hollywood, la reconozcamos y en cierta forma la apreciemos…

Y voy a retomar estos puntos suspensivos porque tal vez sea todo lo contrario. Encontré mucha resistencia y reticencia en ciertos sectores al hablar de la marca, y hasta cierto punto logré contaminarme de algo por ahí, pues algunos de los argumentos en contra, era que nos iban a poner a tomar café de otras partes del mundo, sabiendo que vivimos en un país cafetero; otro argumento que me dolía era que las marcas nuestras, se verían afectadas porque el café colombiano tiene muchas desventajas en el mercado y al yo venir de una familia que otrora fuera cafetera, pues la verdad veía con desdén que en Bogotá por ejemplo, cuando se abrió la primera tienda, se hubieran hecho filas enormes de consumidores deseosos de arrasar con todo lo que tuvieran, mientras que a Juan Valdez o a Oma, o a otras menos conocidas pero tan buenas o incluso mejores que las mencionadas, es más, que la marca de la sirena, no tuviera tanto reconocimiento por parte de nosotros los colombianos.

Pues bien, ansioso y con la mente abierta me fui a cumplir mi cita, a hace efectiva esa invitación que me llegara, al lanzamiento de apertura de la primera tienda de Starbucks en Medellín. Y entonces los ojos se me abrieron más y los oídos más y la boca más, pues empecé a encontrar un montón de cosas que en vez de dolerme o molestarme más, hicieron todo lo contrario, gustarme mucho y mucho más.

Fuera de la gente bonita, bien vestida, mujeres bellas, hombres elegantes, periodistas distinguidos, uno que otro lagarto y más de un mamerto, el evento fue en pocas palabras “una verraquera”. Música en vivo, mucho café, mucha comida pero lo mejor de todo, fue que obtuve mucha información. Esta tienda, es la primera que se abre en Medellín, es la número once en el país, es a la vez la número mil que se abre en Latinoamérica y se inauguró el primero de septiembre. Starbucks nació en 1971 y hasta hoy, hace presencia en más de 70 países. El sesenta y cinco por ciento (65%) del café que conforma su stock de productos, es café colombiano, lo que la convierte en el principal comprador de café colombiano en el mundo. La marca está en Colombia mucho antes de abrir sus tiendas pues tiene un programa agrario, nos sé si se pueda expresar así, en el que instruye y facilita tecnología y tecnificación a un grupo de cafeteros, para que mejoren su producción y así garantizar la calidad que requieren en el producto que ofrecen; esto significa pues, que hay un montón de campesinos cafeteros y agricultores colombianos, que han estado creciendo como productores y como empresa gracias a esta alianza con la marca… esto lo escuché de los labios de doña Maria Elena, una cafetera de Concordia, Antioquia, quien expresó su felicidad y agradecimiento frente a todos los que estábamos en el evento.

Así pues que el primer fin de semana de septiembre, efectivamente vi largas filas de consumidores que querían conocer la marca, y vi cómo los criticaban, y cómo el desdén se sumaba en las redes sociales para con la marca, pero yo ya no lo vi así, mi mirada cambió por muchas razones, el hecho de que una marca de este tamaño se fije en Medellín como mercado, lejos de muchos prejuicios, habla de eso que tanto hemos escuchado últimamente, esta ciudad va en crecimiento, está dejando de ser provincia pues es más atractiva para hacer negocios y de los grandes. Otra es que una marca como está haciendo presencia en el mercado, obliga a la competencia a ponerse las pilas, a reaccionar, a proponer, a lucharse ese público consumidor y entonces, es ahí donde nos vemos beneficiados nosotros, los que queremos un buen producto, con un buen servicio, es decir, los que queremos experiencias de consumo. 
Tengo amigos en el mundo del café, marcas que producen, tuestan, y/o preparan, que hacen que todo lo que gire en torno a lo que hacen, sea precisamente eso, una delicia no sólo al paladar, sino a todos los sentidos y a ellos les doy mi parte de tranquilidad, lo que están haciendo, está bien, muy bien y hay que seguirlo haciendo, Starbucks llegó, sí, y lo hace como puede y lo sabe hacer, como un gigante, con enormes presupuestos en publicidad, pero ellos son los que tienen que conquistar el mercado, ustedes, lo tienen que cuidar, porque es suyo, y potencializar, como lo dije antes, lo bueno, es para nosotros los consumidores, que vamos a ir es a donde nos den un buen café, un buen servicio, una gran experiencia.

Salí al lanzamiento de Starbucks en Medellín, fui de los primeros, tuve el privilegio de tomarme varios cafecitos muy ricos, unos con aguardiente, bebida caliente deliciosa, otro con whisky, bebida fría, un frapuchino delcioso, un café con leche, canela y anís, comí de sus deliciosos sánduches de roastbeef, de cordon bleu, de queso y jamón, comí tartas de limón, de lima y de zanahoria y #Salí feliz, porque tenía la barriga llena, el corazón contento y la certeza de que este evento al que fui invitado, hace parte de la historia de esa Medellín de la que se va a hablar en el futuro, la que todos queremos, a la que le estamos aportando. Yo #SalíAStarbucks y me encantó, ahora te toca a vos, salir a comer, a viajar, a vivir.

martes, 11 de octubre de 2016

AHORA SÉ QUE SINTIÓ CRITOBAL COLÓN – SALÍ A DESCUBRIR QUE ES UN BRACO

No sé si sea común a todos nosotros, si ese espíritu de aventurero y descubridor nos haya tocado a todos alguna vez en la vida o nos domine en algún aspecto en el día a día. Pero yo recuerdo que mis juegos de pequeño tenían mucho que ver con la aventura, la acción, los mundos ajenos que necesitaban de un explorador con muchas agallas y con un hambre incontrolable por desvelar secretos. Me encantaban las historias de vaqueros en el lejano oeste, o las de piratas que surcaban los siete mares, o de mundos perdidos en lo más profundo del océano o de un volcán, ¿Qué tal esas de viajeros espaciales que atravesaban el universo para encontrarse en planetas extraños y con unas condiciones totalmente extrañas para nosotros los terrícolas? La vida real se encarga de aterrizar y a veces hasta de enterrar esas aspiraciones infantiles, muchos de esos sueños terminan diluyéndose en el tiempo y se quedan en recuerdos de una infancia feliz. Es por eso que admiramos tanto a esos niños que lograron sobrevivir al adulto responsable y básico en el que te quiere convertir la sociedad.

Mi determinación, al menos desde hace poco, es la de volver a hacerle caso a ese niño, ¡Vaya cosa tan dura! Y a la vez tan sencilla. Sí, Salí es mi oportunidad, Salí es mi propuesta, con ella pretendo lograrlo y a la vez, tal vez, inspirar a alguien para que lo haga también.

En el ámbito de la gastronomía hay que ser aventureros, y en especial cuando perteneces a una cultura tan arraigada y tradicionalista como la paisa. Sí, hemos avanzado y las generaciones nuevas han dado muestras de estar más atentas, más despiertas, más proclives a romper esa red que nos ha tenido atrapados entre estas montañas y se están arriesgando más. No lo hemos logrado del todo, es increíble, pero los antioqueños somos extremadamente “jodones” con la comida… me parece horrible, pero es verdad, todavía se escucha mucho esa expresión que me enseñaron a “odiar” desde pequeño: “Gassss”.

Bien, hace poco le hicieron un llamado a mi aventurero interno, le propusieron a ese niño interno que se pusiera su mejor traje de explorador de otros mundos, que empacara el látigo, cuerdas, el sombrero, un trasnspodedor de frecuencias magnéticas, el sable de ninja, los guantes que me permitirían subir a cualquier superficie como el hombre araña, mis botas con cohetes incorporados y mi sombrero de ala ancha para emprender una nueva misión: Saber qué es un Braco, como se come, a qué sabe.

Viernes en la noche, abordo la Enterprise y el capitán Kirk dirije el curso de la nave hacia una esquina del universo conocida por su ubicación longitudinaria y latitudinaria: Avenida 37 No. 78 – 31: velocidad luz de viaje y estamos allá en unos minutos.

El restaurante es muy bello y acogedor, verán que es fácil de encontrar porque tiene un aviso que aunque no es inmenso, es muy vistoso, pues el sector es muy residencial y no tienen mucha competencia alrededor como para desubicarte. La decoración es muy sencilla y sobria, la iluminación perfecta, las mesas poca y cómodas, y de una vez les digo porque creo que tendré que hacer énfasis en esto, el servicio es “de maluquera”, y ¿cómo no? Si siempre te tienen a la vista y están a tu disposición para lo que quieras o necesites.
Santiago, su creador, el padre de la idea, el “maldito genio loco de la cocina” al que se le ocurrió la idea y le puso este nombre a su invento; BRACO, es un soñador de esos que necesita el mundo para que éste sea mejor. La pasión y la filosofía con que hace cada uno de sus deliciosos productos, inunda cada rinconcito del lugar, pero los “rinconcitos” más especiales a los que me refiero son los corazones de todos y cada uno de los que tiene que ver con BRACOS. Los chicos que trabajan con él están contagiados de eso que significa esa palabra… “AMOR”, “PASIÓN”, “SERVICIO”, “ALEGRÍA”, “SABOR”… y no estoy exagerando. El otro “rinconcito” que se inunda con todo eso, es el comensal. Es increíble, pero es cierto, aquellos que hemos ido a Bracos, hemos salido pensando distinto, hemos salido felices, satisfechos.

La primera página de la carta del menú trae una frase que lo resume todo, que te dice todo lo que se propone este lugar, lo que le propone este lugar a Medellín y a sus comensales.
¿Qué es un braco pues? Lo intenté averiguar luego de dar tres o cuatro vueltas por el menú, con un BRACO MOGAV, unas papas en cascos y unos tomates de la cocina; para maridar, pedí una bebida de la casa hecha con soda, maracuyá, menta y creo que zumo de limón.

Cuando el pedido llegó a mi mesa me enfrenté al momento de descifrar qué es un BRACO: Es una increíble combinación de ingredientes muy bien preparados, deliciosos, tratados con cariño y servidos con amor en tu mesa. Se puede comer de dos maneras, una es con el tenedor y el cuchillo que te ponen para tal acción y que se ha de usar si te quieres ver muy sofisticado y de buena familia; la otra forma es la que te permite conectarte con el niño que tienes dentro: con las manos, porque un Braco, aunque no es un sánduche, o una hamburguesa, trae un pan artesanal muy suave y sedoso que contiene adentro mil maravillas, en mi caso: solomo de res marinado en cerveza, queso doblecrema, tomates y pimientos al horno, cebolla caramelizada y todo bañado en una salsa cuya base es el cilantro… ¡Por Dios! ¡Qué belleza! ¡Qué sabor!

Fuera de eso lo combinas con tu bebida de maracuyá o la de sandía, sabor que nunca ha sido de mi agrado pero que probé en pos de la aventura y se ganó el crédito como la más refrescante que he probado en mi vida.

El acompañamiento es también una locura, pues las papas en cascos son cocinadas a fuego lento en aceite de oliva y al servir le ponen mucho queso parmesano, ¡Deliciosas! Pero los tomates confitados con albahaca y queso de búfala se llevaron el protagonismo de todo lo que me pusieron en la mesa…  así de sencillo, sería capaz de volver a este lugar, sólo, únicamente y nada más, que por un buen plato de estos tomates. ¡WOW!

¡Qué aventura! El explorador que vive en mí se dio un gusto de lo lindo al permitirse descubrir este concepto innovador de Santiago y su gente. Él quiere iniciar una nueva era de la comida rápida, eso me dijo en el programa de radio que puedes escuchar dando click aquí para que conozcas más de esta experiencia, Santiago se considera y así lo comprobé como el creador de una nueva categoría en comidas, un Braco es…  UN BRACO, no hay nada más qué decir, eso es lo que yo logré comprobar cuando Salí a descubrirlo y lo recomiendo una y mil veces, y no sólo yo, entren a su Fanpage, y verán que lo que han logrado conmigo, lo hacen con quienes van en pos de su aventura.

Yo ya Salí a Bracos y me encantó, ahora te toca a vos, Salí a comer, a viajar, a vivir.

lunes, 3 de octubre de 2016

SALÍ A VIAJAR AL SALTO ANGEL VENEZUELA - SALÍ EN RADIO

Hace algunos años me conmoví profundamente con una película animada de Disney llamada UP, y sí, aunque la historia es muy linda, Carl y Rush son dos personajes hermosos y Dug, el perro, es una cosita hermosa que me gustaría que existiera de verdad, o bueno, al menos el collar que traduce a palabras humanas lo que quiere decir, que me lo sueño para Gertrudis y Jacobo, mis dos hijos peluditos; una de las cosas que más me llamó la atención y me tocó en lo profundo del alma, es que la meta final de Carl era llevarse su casa, volando con miles de globitos de colores, hasta las cascadas Paraiso, ¿y saben qué? Ese sueño lo comparto con estos personajes de ficción, hasta el más mínimo detalle, porque las “Paradise Falls” de la película son la representación animada de una de las maravillas naturales del mundo, una caída de agua que tiene casi un kilómetro de altura que descubrí cuando era pequeño, y que me hizo soñar con conocerlo algún día. Me lo prometí, me lo juré a mí mismo, tendría unos ocho o nueve años cuando leí sobre ellas. Se llaman en realidad Salto Ángel, así le pusieron en el siglo XX cuando fue descubierta por un Norteamericano de apellido Ángel en la década de 1930, pero que los nativos de la región, los pemón, la llamaban desde cientos de años antes Kerepakupai Vená, que significa “salto del lugar más profundo”. Están en Venezuela y sinceramente me sueño con verlas, con tocarlas y alguna vez, así como los personajes de UP, por qué no, vivir en ellas. Esto no es posible, gracias a Dios, porque es parte de una reserva nacional y patrimonio de la Humanidad, si no fuera así…  no quiero ni pensarlo. Pues bien, desde muy adentro de mí, siento que es hora de cumplirle la promesa a ese niño, tengo que llevarlo, llevarme a conocer este lugar del mundo. 


Así pues que me voy para Venezuela y desde ya estoy planeando mi viaje, por eso el programa de hoy invité a una persona que Dios me puso en el camino para ayudarme a materializarlo. Marilyn Moscoso y su esposo, son venezolanos, viven en Medellín hace poco tiempo y sus vidas giran en torno al turismo y uno de sus paquetes tiene como fin, ir al Salto más alto del mundo. Quedate escuchando el programa, conocé conmigo los pormenores de la preparación del viaje a uno de esos lugares que hay que ver antes de morir, antojáte y si querés y te animás, veníte conmigo, vámonos juntos para que al final de año digamos juntos Salí al Salto Ángel en Venezuela. 


¿Qué te parece? ¿Te gustaría ir conmigo a conocer este lugar? ¿Soñamos juntos? Yo ya estoy listo, le invierto energía mental y física a este sueño desde ya y estoy ahorrando desde hace unos cuantos días,  porque quiero ir, voy a ir, tengo que ir a conocer este lugar y la verdad, me gustaría ir acompañado porque esa experiencia ha de ser tan sobrecogedora, que va ser necesario que alguien me sostenga para no desmayarme cuando la vea. Marilyn y José Ricardo, dos soñadores y aventureros, se han encargado de enamorarme más de esta meta, a ellos les doy las gracias porque pronto voy a decir, Salí a viajar al Salto Ángel en Venezuela, anímate y nos vamos juntos, porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir. 






Escucha el programa dando click en la siguiente imágen:

Si no lo logras al darle click a la imágen, copia la siguiente dirección en tu ventana de búsqueda: https://soundcloud.com/frecuenciau/sali-2016-06-30-a-salto-angel

Si quieres saber más sobre este viaje entra a: http://viajeacanaima.blogspot.com.co/

lunes, 26 de septiembre de 2016

SALÍ A COCINAR - DERRETIDO DE CUATRO QUESOS

El desayuno es la comida más importante del día, eso lo hemos escuchado decir por mucho tiempo y tiene su justificación científica. Sin embargo también existe la justificación...  llamémosla espiritual, porque no nos digamos mentiras, cuando uno se pega su buen desayuno, los ojos bailan porque el alma está de fiesta ¿o qué?

Los domingos son dias especiales, se pueden utilizar para lo que uno más le gusta: dormir hasta tarde o levantarse temprano para la ciclovía, irse a pasear, caminar, salir a comer cosas ricas, dedicárselo a la persona que se ama, para jugar con los hijos, pegarse la rodadita por el parque con los chiquipeludos y comerse un helado, ivernar como un oso, en fin. Por eso yo creo que por lo menos el desayuno de un domingo debería de ser especial, y por especial, no me quiero referir a elaborado o que demande mucho tiempo hacerlo, aunque a veces un buen calentao con todas las de la ley si lo justifica, pero a lo que me refiero es que, hay que darse un gustico, con un sabor diferente, bien delicioso; Pues bueno, aquí les dejo una receta fácil, delciosa y divertida para darse un gustico de esos de domingo:
"Sánduche derretido de cuatro quesos"
Yo lo hice de cuatro, pero se puede hacer de uno, de dos o hasta de diez, ya el nivel de consentimiento depende de cada uno.
En este caso utilicé Queso crema, Queso mozzarella, Queso President y Queso para asar.
En una plancha caliente puse un poco de mantequilla, luego doré el pan mientras el queso se derretía en la plancha. Al voltear el pan lo cubrí con el queso crema, luego agregué los otros tres quesos que ya estaban derretidos, en su punto, uní ambas partes y Voilà, un sánduche derretido de cuatro quesos, crujiente al morder, jugoso al interior, cremoso en el paladar, sabroso para el alma.
Atrévete, no te vas a arrepentir, lo podés hacer con el tipo de queso que se te ocurra y te va a quedar bailando el alma.

#SalíACocinar un derretido de queso y todavía se me hace agua la boca cuando pienso en él...  ni que decir con ver el video.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

SALÍ A PONERME TRISTE EN PUERTO ALEGRÍA - PERÚ

Al tachar de mi lista uno de esos lugares que tenía que ver antes de morir, el Amazonas, con todo lo que sabía que me pasaría, lo que menos esperé fue que me iba a pegar una llorada como la que me pegué.
Y es que una de las actividades turísticas que te ofrecen para realizar mientras estás allí, es la de atravesar el río para llegar al Perú y pasar un par de horas en una población que se llama Puerto Alegría. La gran atracción es ver cosas que esperas ver en el Amazonas y que probablemente si no es así no vas a poder lograr. Al desembarcar hay que pagar un impuesto de diez mil pesos por cabeza para entrar y te hace pasar a un lugar en el que te dan la bienvenida con chicha morada, bebida nacional del país hermano. 
Sin embargo la mejor bienvenida nos la dio la Victoria regia, la flor de los mil pétalos, conocida como flor de loto, espléndida en un lago que bordea la construcción en la que te explican lo que pasará a continuación. Recuerdo que las palabras claves fueron, preservación y protección, pero al final terminé por sentir que todo era un cuento.

Y entonces en mi opinión personal comenzó el horror, porque la construcción hace parte de una especie de bioparque, eso está bien porque es necesario, sin embargo el problema que le vi, es que los animales que contiene, tienen contacto directo con los humanos que lo visitan. Así pues que por supuesto todo el mundo quiso una foto con el bebé manatí que vive en una piscina de plástico, y al que por pedido de desesperación de las personas, tienen que sacar a la fuerza del agua para que lo puedan tocar, darle tetero y hasta cargar… juzguen ustedes, pero desde ahí, yo sentí que las cosas iban mal.

Luego pasamos a unas jaulas de madera y metal en el que había otras especies, como el ocelote, adorable animalito al que me pude acercar tanto que casi me quita la cámara, y sin embargo, a otro personaje menos cauto y en su afán de tocarlo, casi le arranca la mano.
Hasta aquí estábamos “amparados” bajo el concepto de bioparque, en el que te explican eso de hacer lo mejor y bla bla bla, para la conservación de las especies bla, bla, bla… y estoy siendo despectivo y me van a perdonar porque en realidad lo que vi fue un afán por tener las especies a la vista del turista más que en pos de la preocupación de su bienestar.

De ahí fuimos a lo que podríamos llamar el centro del pueblo, en dónde ya se había congregado una buena cantidad de los pobladores. Nos dieron una charla inductiva sobre la tribu indígena a la que pertenecen y nos hicieron una muestra de danza y música típica con la cual invitaron a todos a bailar y hacer parte. Luego, nos explicaron que íbamos a ver cómo las personas del pueblo habían adoptado algunos animales de la región como mascotas y que nos permitirían acercarnos a ellos para tocarlos y darles algo de dinero por permitirse tomar algunas fotografías con ellos. Empezó entonces el horror, porque se acercaron hombres y mujeres de todas las edades con algún animal en los brazos, manos, sobre los hombros o encadenados. Había varias especies de monos, osos perezosos, babillas, serpientes, puerco espines, guacamayas, loritos, tortugas… en fin. Su afán era que te les acercaras para que les pidieras una fotografía y poder pedirte dinero…  muchos de nosotros no quisimos prestarnos para el juego, recuerdo a un par de ciudadanas españolas que al ver mi cara de desaprobación, quisieron compartir conmigo su inconformidad, alegando que si hubiesen sabido de lo que se trataba todo, pues, simplemente no lo hubieran hecho. La mayoría de los turistas indiferentes, ignorantes y felices, gritaban de alegría, pedían dando saltitos que les obligaran al animal elegido sobre los hombros para tomarse una foto y poder demostrar que habían estado en el Amazonas.


Yo, me tuve que ir a llorar a un lado, lo confieso y no me avergüenza, y prometí contar esto para que se sepa. No se está haciendo nada ilegal, repito, esto es en Perú, justo al frente de Colombia, en dónde sí está prohibido, y además, está amparado por ambos gobiernos, el Peruano y el Colombiano como método de apropiación y empoderamiento de los habitantes de la región, y como modo de recaudación de recursos para las madres cabeza de familia de la comunidad peruana de Puerto Alegría. Sin embargo, lo denuncio a modo de toma de conciencia, está en tu libre albedrío sí vas o no a hacer este recorrido, si lo disfrutas o no. Yo por lo menos, salí a ponerme triste en Puerto Alegría y no se lo recomiendo a nadie, y así me lo confirmaron no sólo las turistas españolas con quienes hablé ahí mismo, sino con muchos otros turistas colombianos con quienes tuve contacto en el hotel y me expresaron lo mismo. Sí te podés negar y aportar un grano de arena cuando vayás, yo, los micos, el puerco espín mutilado, la babilla encadenada, el bebé manatí que vive en una piscina plástica de dos metros de diámetro y el ocelote que duerme en una jaula de madera y alambre, te lo agradeceremos… tal vez no sea mucho, pero algo es algo.

Yo al menos #Salí a ponerme triste en Puerto Alegría y no se lo recomiendo a nadie.
Mira el video aquí:

miércoles, 24 de agosto de 2016

SALÍ A MI BUÑUELO Y SALÍ COMO UN BUÑUELO, ¡FELIZ!

Para nadie es un secreto ni es desconocido que el desayuno es muy importante. Varias teorías lo proponen como la comida que no se debe saltar si se quiere ser saludable y comenzar bien los días; ya sea por nutrición, energía o porque es la primera oportunidad de comerse algo rico luego de un ayuno de cerca de doce horas por lo general. No muchos prestan atención a esta recomendación y dejan pasar la ocasión de consentirse y de darle la bienvenida a un nuevo día en su vida con una buena primera comida. Los abuelos sí que sabían de buenos desayunos… yo recuerdo cuando me iba a pasar las temporadas de vacaciones con los míos a la finca cafetera que tenían en el suroeste antioqueño. La levantada era muy temprano, cuando todavía no había salido el sol y a esa hora se tomaban “los tragos”: un chocolate hecho en aguapanela, pan o pandequeso, quesito y arepa con mantequilla. Con este tentempié se comenzaban a organizar los chapoleros entre chistes y chismes y agarraban camino para los cafetales a comenzar con el desgrane del café. A eso de las nueve de la mañana todos estaban otra vez en la mayoría o casa del capataz pidiendo su verdadero desayuno; aquí si no se perdonaban los huevos revueltos, la carne y el calentao de los fríjoles que quedaron de la noche anterior, obviamente se aceptaba otra tajadita de quesito y su “menca” de arepa tela para pasar con una tazada de chocolate espumoso. ¡Ah! Qué días aquellos, hasta por eso será que a veces me hace falta desayunar dos veces.

Está bien que el agite de los días de la vida actual no permita que este tipo de… estilo gastronómico se pueda seguir a diario, y por estilo, me refiero no a desayunar dos veces, si no a hacerlo BIEN. Han de estar de acuerdo conmigo con que al menos una vez a la semana hay que darse un desquite, dejar de lado esa comida de pajarito que se inventaron para toda la semana, llena de granos, caldos incoloros y… ¡frutas! Me dan escalofríos con solo pensarlo. Obviamente estoy exagerando un poco, comer sano es necesario, pero es aún más necesario en mi opinión, pegarse una desayunada de esas de padre y señor mío con marcada frecuencia, rendirle honor a nuestros antepasados, sentirse antioqueño desde los tuétanos y de una manera fácil y deliciosa.

Como ya no comemos frisoles todos los días, es más, ni siquiera una vez a la semana, eso de saborearse un buen calentao por la mañana en la casita, es una costumbre que se nos está diluyendo en las arenas del tiempo. No sé si han de estar conmigo, pero creo que es necesario hacer algo porque no se nos pierda este hábito. Hay que comer más frisoles, hay que pegarle más al calentao por las mañanas, hay que hacer que nuestros abuelos se sientan orgullosos de nosotros por pretender hacer pervivir nuestra esencia, nuestra herencia.

En ese orden de ideas y como la idea es predicar pero porque practico a diestra y siniestra, a mí sí se me antoja muy seguido consentirme. Pa’qué son bobadas pero yo creo que no hay nada mejor que levantarse un domingo, comer hasta quedar redondito y que no queden más ganas que de volverse a acostar a dormir para hacer la correspondiente digestión. Rico poder hacer uno mismo los frisolitos de vez en cuando, pero cómo no se puede tan seguido como se quisiera, entonces hay que recurrir al viejo truco de ir a dónde un amigo que los haga bien buenos. Y en Medellín, todos tenemos un amigo desde hace casi treinta años que se puede encargar de mandarlo a uno para la casita a dormirse la siesta después de un buen desayuno.
El que sea de Medellín y no haya comido alguna vez en Mi Buñuelo, es un medellinense chiviado pues. Esta marca se ha encargado a través de los años de mantener viva una buena parte de la cultura gastronómica paisa con sus más amados y apetecidos fritos: Buñuelos, empanadas, papas rellenas, pasteles de pollo, tortas de carne o de pescado, palitos de queso y por su puesto los horneados pandequesos, pandebonos y pandeyucas. Súmele a eso las salsas para combinar y enriquecer los sabores; el ají dulce y el picante, la salsa rosada, la tártara, la kétchup, las mermeladas de piña o de mora… ahora trague saliva, porque si no se antojó leyendo, o es que acaba de comer y está llenito, o fue que “me le faltó una palabrita en bautizo mimijo”.
Ahora vamos a la segunda parte de la antojada, a la del llamado a la acción, a quitar el antojo. Para eso te propongo ir a Mi Buñuelo 7C, que tiene dos sucursales, una en la avenida ochenta, dos cuadritas después de la glorieta de la 30, y otra en la avenida setenta, justo al frente de la segunda entrada del parque Juan Pablo Segundo. Justo allí fue donde me di un gustico, qué digo gustico un gustazo que me dejó listo para esperar el almuerzo de ese domingo, pero bien tarde.
El desayunito de esta mañana para empezar bien el día y para recordar a mis abuelos consistió en, unos inigualables buñuelitos recién hechecitos, esponjosos, suaves, perfectos. Pandequeso, que parecía hecho con algodón, jugo de naranja, recién exprimido, arepa con quesito y mantequilla de la buena, de la de verdad, huevito revuelto, carne de res asada y una buena porción de calentao, que sin querer llegar a más, me transportó a la finca de mis abuelos, cuando era niño y me comía esos frisoles montañeros, calados a la perfección y una tazada de chocolate espumoso hecho en leche. No les puedo decir mentiras, comí como un rey y quedé más contento que marrano estrenando lazo. La sonrisa que me acompañó todo el día se debió sin dudas a la felicidad extrema a la que me llevó esta comidita deliciosa, consentidora que me hizo viajar y recordar a ese montañero que llevo dentro.

Ahí te dejo la inquietud, el antojo. Con los socios Sergio y Óscar David estuve en el programa de radio y conversamos un buen rato sobre todo lo que hacen y de cómo lo hacen y me dieron la oportunidad de regalarle dos pases a dos oyentes para que fueran a estas dos sedes para comprobar lo que estoy relatando…  bueno, a reconfirmar, les fue mejor que a mí por lo que me contaron. Sí quieres saber más sobre el programa, busca los links en mi FanPage de Facebook y aquí en Salí en Radio.


Antojáte de salir a desayunar como un rey, como te lo merecés, andáte a rendirle homenaje a nuestros ancestros y decí como yo #SalíAComer a Mi Buñuelo 7C…  ¡ah! Y saben qué, les tengo un dato importantísimo…  en ambas sedes son PET Friendly, es decir, amigos de las mascotas y podés ir a desayunar con tus mejores amigos, o tus hijos peluditos, como llamo a los míos para que te acompañen…  no les van a dar buñuelo, pero si agüita, galleticas para perros y una que otra caricia. Al que quiera más, que le piquen caña. Yo Salí a Mí Buñuelo 7C y me encantó, ahora te toca a vos, Salí a comer, a viajar, a vivir.

sábado, 13 de agosto de 2016

#SalíAVivir EL ESCUADRÓN SUICIDA - #SALÍ A CINE 4DX

#SalíAvivir el #escuadronsuicida en las salas 4DX de @procinal @mayorcamegaplaz ¿Qué les puedo decir? Luego de tanta espera y tanto deseo reprimido por verla, puedo decir que me divertí mucho tocándole las pompis a Harley Queen y a Katana en la foto, y con la experiencia de 4D de la sala: movimiento sincronizado de las sillas, aire y agua en la cara si había lluvia, o por las aspas de los helicópteros... ¡ah! Sí y porque en la película sale el Batimóvil.
Verán, tal vez fue la enorme expectativa, o que el cómic está lleno de clichés visuales que si no son bien interpretados se ven mal, o que se siente mal que un metahumano se muera tan facilmente, o que haya personajes inflados por la publicidad y que luego ves en la peli y te decepciona que sólo sean un adorno que al final justifican con un acto pendejo y poco heróico que pudo hacer cualquier otro, o tal vez porque Will Smith sea un favorito que no le favorece ser un personaje del cómic... no sé. Lo que sí les puedo decir es que #Salí enamorado, perdido por Harley Queen, soñé con ella toda la noche y no me importa, ojalá haya muchas mañosas disfrazadas de ella este 31 de octubre...
No me malinterpreten, la película es divertida, me la sollé completa, pero me dejó con varios sinsabores.
Eso sí, me encantó la sensación -nueva para mí- del cine en 4D; recomendada pero no aconsejable para personas que sufran de mal de vértigo, no es broma.
Yo ya Salí, ahora te toca a vos, salir a comer, a viajar, a vivir.

viernes, 12 de agosto de 2016

“EL AGUA FRÍA ES PARA LAS MATAS” - SALÍ A LOS TERMALES DE SANTA ROSA

“El agua fría es para las matas”, “ni porque me paguen me baño con agua fría”, “primero muerto antes que bombardeado por un chorro de agua fría”; estas frases son muy comunes, se las he escuchado a más de uno y estoy seguro de que quien lee esto o las ha escuchado, las ha dicho alguna vez o está moviendo la cabeza afirmativamente justo en este momento en aprobación. Hay todo tipo de justificaciones, estadísticas y estudios serios que defienden la teoría de que bañarse con agua fría es más saludable, beneficioso para el medio ambiente y ni qué decir sobre el bolsillo de quien paga las cuentas; sin embargo, el sólo pensar en levantarse un día normal de trabajo, luego de estar calientito bajo las cobijas, y pensar en el agua fría bajando por la espalda simplemente es de esas ideas que tu cerebro rechaza de manera inmediata, eso sin pensar en sumarle que sea un día de invierno. Ahí entonces te pones a pensar, que el agua caliente, sin importar las cuentas, es más barata que un psicólogo o un traumatólogo muscular, digo por lo de la contracción de la espaldita ¿o no?
Pero, también he escuchado una frase más contundente que las anteriores y esa es: “la naturaleza es sabia” tan sabia que existe el agua caliente natural, lo que es en resumidas cuentas la respuesta perfecta para aquellos que tratan de influir en tu opinión al decir que es antinatural bañarse así…  créanme, esa es la mejor forma de mandar a callar a esos “hippies machucalatas” que les gusta bañarse con agua fría. ¡Termales! Aguas termales, venidas de lo profundo de la madre tierra, tibias, calientes o hirvientes son una bendición. Aquel que ha tenido la oportunidad de disfrutar de un baño en una fuente natural de este tipo tiene que coincidir conmigo en que esta es una prueba fehaciente de que Dios existe y de que nos ama: si no pregúntenle a los “Macaca Fuscata” de Japón, esos monos que viven en una montaña muy fría del país asiático y que se mantienen en calor sumergidos en grupo en aguas termales.
Por eso uno de los mejores planes que pueden existir a la hora de buscar una opción para viajar y hacer algo excepcionalmente placentero, es ir a una fuente termal. Cerca de Pereira, a unos escasos veinte minutos, este país hermoso, que tiene de todo y para todos los gustos, nos ofrece una de las mejores opciones que he conocido: Los termales de Santa Rosa de Cabal. Este lugar que otrora fuera una finca cualquiera con una bonita caída de agua, luego de una gran idea y visión de futuro, se convirtió en una próspera empresa turística, ejemplo para la región por la calidad de su servicio y por dar opciones de empleo a un muy buen número de personas, que le ofrece al que visita no sólo la posibilidad de disfrutar de una de las maravillas naturales más celestiales, el agüita caliente que brota de la tierra en 3 deliciosas piscinas muy bien acondicionadas, sino que tiene tres opciones diferentes de alojamiento, un SPA en el que al que le guste que lo sobe y manosee un desconocido se lo disfrute, una tienda de recuerdos, caminatas ecológicas, avistamiento de aves y por supuesto, un restaurante en el que se pueden disfrutar de varias exquisiteces típicas de la región.
A los termales se puede ir en varios planes, están los de alojamiento, para quedarse una noche, un fin de semana o un puente, por ejemplo: el romántico que tiene un tratamiento especial para pasar un momento mágico con la pareja. Hay un plan empresarial para esas reuniones de trabajo que merecen un espacio propicio para la creatividad y la tranquilidad. El familiar para disfrutar de unas merecidas vacaciones con los tuyos con todas las comodidades. Pero también está ese plan de día de sol o pasadía que es una de esas opciones buenísimas para cuando uno está de paseo por el triángulo del café o está realizando la #rutadelcafe y sólo quiere bañarse, tomar el sol, comer algo rico y seguir su camino hacia otro de los maravillosos lugares que tiene esta región… por ejemplo, seguirse para Salento…  no me voy a cansar nunca de ese lugar.
La naturaleza que rodea el lugar es exuberante, inspiradora, y hay que destacar que los administradores del balneario han sabido diseñar los espacios aprovechando de la mejor manera todos los recursos de que disponen; además de que se han responsabilizado conscientemente de su papel como protectores del medio que aprovechan y vigilan desde arriba, desde el nacimiento de agua, de manera permanente, como parte de la seguridad de sus instalaciones para evitar cualquier eventualidad.
Recomendación de viajero… no se les vaya a ocurrir venirse de Santa Rosa sin comerse un chorizo santarrosano y mucho menos, sin traerse uno, dos o tres paquetes de chorizos para hacer en la casa. Eso sería imperdonable.
#SalíAViajar a los termales de Santa Rosa de Cabal y quedé fascinado con todo, absolutamente todo lo que lo compone como atractivo turístico: la naturaleza que la rodea, las instalaciones perfectamente dotadas para garantizar la comodidad de quien los visita, el servicio ofrecido por cada uno de los que compone el personal, la deliciosa comida y por supuesto, la placentera sensación del agua termal al sumergirse en ella. Así que tengo plena potestad para decirte: Salí a los termales de Santa Rosa, si querés descansar, si querés relajarte, si querés saber que Dios existe, si querés sentirte como un macaca fuscata y que el agua caliente es tan natural y buena para bañarse, no lo dudés y armá paseo YA.

Esta salida la hice gracias a mis amigos de Colombia Travel Operator, una de las operadoras de turismo más destacadas del país, con quienes te puedes contactar para desarrollar una salida a los termales o a cualquier sitio de interés de Colombia, con la tranquilidad de estar en las mejores manos. También le quiero dedicar estas palabras a esas maravillosas personas que tuve la oportunidad de conocer en este maravilloso #famptrippereira. Los llevo en el corazón. Gracias a todos y como decía mi abuelo, “arrieros somos, en el camino nos encontramos”.

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