Nuestro lema

Nuestro lema

viernes, 11 de diciembre de 2015

¡QUÉ BUEN RESTAURANTE! - SALÍ A ROMERO

El plan de salir a un restaurante me emociona siempre hasta un punto casi infantil. Cuando tengo claro que en mi futuro próximo voy a disfrutar de una experiencia en un restaurante, me es imposible no sufrir de algún grado de ansiedad; y me voy a atrever a llamarla, sana ansiedad.


Yo tengo claro desde hace mucho tiempo que comer es un acto importante, siempre. Cuando estaba pequeño recuerdo que mi mamá se esforzó por que las comidas tuvieran una hora fija para ser servidas. Cuando nos sentábamos a comer, normalmente lo hacíamos juntos mis hermanos y yo y comíamos mirándonos a los ojos; no había elementos que nos distrajeran como la televisión al sentarnos a la mesa, mucho menos celulares o tablets, es más, si el teléfono (del qué recuerdo como si fuera hoy que era de esos de disco de marcado y lucía un color rojo brillante) sonaba, simplemente se ignoraba o en el peor de los casos, se le empujaba una perillita que traía debajo para callar la molesta campanita hasta que se terminara de comer. Por lo general no le ponía problema a lo que fuera que me pusieran en el plato; doña Victoria no tuvo que pelear conmigo para que me le tomara la sopita, sin embargo y en eso aún hoy puede contar con que la voy a desobedecer, jamás he sido ni seré capaz de comerme algo que tenga un asomo de remolacha. 
(...)

(...)En fin, al llegar a eso de las ocho de la noche, lo primero que me impresionó fue la bonita decoración del lugar; la iluminación es perfecta para tener un encuentro íntimo con la buena comida y la compañía. Los elementos decorativos se me antojaron sobrios e impactantes y la mueblería es muy atractiva y cómoda. Tan sólo entrar, fuimos abordados por una señorita que nos llevó a nuestra mesa para dos, previamente reservada vía telefónica. El lugar elegido para nosotros no podía ser más perfecto, pues la mesa estaba apuntalada al frente de un ventanal con vista a la calle; y aunque cómo dije, era una noche fría, la vista de unos árboles, la iluminación exterior, la madera de la ventana y el pequeño balcón, me hicieron transportarme a otro lugar…  no sé cómo explicarme, pero no me sentía en Medellín, en realidad estaba lejos, muy lejos.

El lugar estaba lleno, nosotros no teníamos afanes y le dijimos a nuestra mesera que se relajara con nuestro pedido; no lo queríamos rápido, deseábamos disfrutar, disfrutarnos con paciencia. Pedimos una jarra de sangría y nos tomamos la primera copa lentamente. Quisimos acompañarla con una entrada: Cazuelita maremonti, una exquisitez que me hace agua la boca con sólo recordarla. Esta delicia trae camarones en su punto, unos cuantos aromáticos y sabrosos mejillones, tomaticos cherry que con su acidez equilibraron muy bien los quesos madurados derretidos y combinaron muy bien con las especias y la salsa que llevaba un toque dulzón, nada invasivo. Para acompañar la cazuelita, o mejor, para untársela, el plato trae unas rodajas de pan francés tostadas al horno, humedecidas con aceite de oliva y salsa pesto...

¿Quieres leer la experiencia completa?, pásate por la página web en dónde encontrarás ésta y muchas más experiencias gastronómicas y de viaje. Sigue este link:

No hay comentarios:

Publicar un comentario