Nuestro lema

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martes, 29 de diciembre de 2015

SALÍ A VIVIR UNA NOCHE… PICANTE

Un silbido muy particular que sale de mi teléfono acciona una parte de mi cerebro y se  dispara un mensaje de alerta. Es imposible no mirar la pantalla para verificar que todo esté bien. Por supuesto, encuentro un mensaje:
̶ ¡Profe! ¿Ya viste esto? ̶  Le sigue un link: https://www.youtube.com/watch?v=Bef2VMVehTw


El mensaje lo enviaba Pepe, novio de una ex alumna a quien conocí gracias a un proyecto llamado “el Día 28 de la Publicidad” que él lideró en compañía de otro grupo de loquitos, en el que como publicista invitado, dicté una conferencia sobre la radio publicitaria. Por eso lo de profe.
Ahora mi cerebro, luego de calmar las alarmas, pues he verificado que no es algo urgente, es decir, como el 99.9% de todos los mensajes a los que precede el dichoso silbidito, siente curiosidad, mucha curiosidad y entonces, algo me dice que tengo que ver ese video y que tiene que ser ahora. Es una invitación a concursar en un evento de comida picante. Pepe quiere que me inscriba, me reta y me pone una cita.

Llegué el día acordado y acobardado. Bueno, en realidad nunca consideré entrar al concurso, lo que quería en realidad era hacer parte de él pero de otra forma. Las ideas que tienen “Los Monarettos”, el grupo creativo de Pepe y Juangui, dos entusiastas de la publicidad que se están convirtiendo en expertos creadores de eventos locos y creativos, desde mi parecer personal, como entusiasta de la publicidad, me atraen profundamente y se me hacen irresistibles.
La cita era a las ocho de la noche en Trattoría Sixtina, un restaurante de comida italiana que está ubicado en la circular segunda con la setenta y dos. El dueño del restaurante ya nos conoce de antemano y está acostumbrado a las locuras de este grupo, así que se le midió sin más, desde su experticia, a cambiar por ese día su menú y hacer comida texmex, digna de un “manito” amante del picante, y para serles sincero, les salió muy, pero muy bien.

El evento comenzó a eso de las nueve. Se retrasó un poco porque esto es Colombia y las ocho en realidad son faltando un cuarto para las nueve por lo general; así que nos tocó esperar a que llegaran los últimos participantes inscritos, que en total fueron doce. Como les dije antes, yo no quise participar del concurso porque en realidad lo que quería era hacer esto, verlo desde afuera, cubrirlo y contarles a ustedes lo que pasó. Además, con la marca de mi blog, quise aportar a modo de regalo para los ganadores, un par de regalitos que constaban de una camiseta y un mug de www.sali.com.co Así que entré a hacer parte del grupo de patrocinadores del evento junto con la cerveza Corona, que les dio a los poseedores del paladar más aguantador una Corona Bucket llena de cervezas, detalle encantador; la tienda para adultos Alí Babá, que les dio a los dos primeros puestos unos buenos kits para otro tipo de noches picantes; Encuadrarte marquetería creativa que les dio unos cuadros muy bellos para adornar sus habitaciones y Trattoría Sixtina que les dio cenas para dos en el restaurante. Cabe anotar que Cerveza Corona a los que no participamos nos dio una promoción especial de seis cervezas por $25.000 pesos, Alí babá regaló algunos kits personales muy inclusives y el restaurante creó un combo delicioso para la noche por un precio muy especial también. Es decir, la noche estaba dada para ser perfecta.

El concurso fue así: se dispuso una mesa en la que se sentaron los doce participantes, bajo la mirada curiosa, morbosa, sádica, inquisidora, burlona, pero también de apoyo de los espectadores. A todos les servirían cuatro platos que se veían deliciosos pero que traían el diablo por dentro, lo que haría que indefectiblemente, uno a uno y a veces de a varios, los concursantes pidieran la baja. Cada plato tenía un grado cada vez más alto de capsaicina, ese componente químico que al ser ingerido cobra peaje a la entrada y sin duda alguna también a la salida. Aquel que tomara agua, comiera pan, pidiera leche, se levantara al baño, exigiera que le trajeran a la mamá o se incendiara en combustión espontánea quedaba de inmediato eliminado. Eso sí, se valía llorar, sonarse los mocos, pegarse palmadas en la cara o a la mesa y decir groserías.

Arrancó pues la competencia con un furioso plato de nachos bañados en salsa picante y trozos tamaño “no joda, ¿en serio?” de varios ajíes picantes...

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viernes, 11 de diciembre de 2015

¡QUÉ BUEN RESTAURANTE! - SALÍ A ROMERO

El plan de salir a un restaurante me emociona siempre hasta un punto casi infantil. Cuando tengo claro que en mi futuro próximo voy a disfrutar de una experiencia en un restaurante, me es imposible no sufrir de algún grado de ansiedad; y me voy a atrever a llamarla, sana ansiedad.


Yo tengo claro desde hace mucho tiempo que comer es un acto importante, siempre. Cuando estaba pequeño recuerdo que mi mamá se esforzó por que las comidas tuvieran una hora fija para ser servidas. Cuando nos sentábamos a comer, normalmente lo hacíamos juntos mis hermanos y yo y comíamos mirándonos a los ojos; no había elementos que nos distrajeran como la televisión al sentarnos a la mesa, mucho menos celulares o tablets, es más, si el teléfono (del qué recuerdo como si fuera hoy que era de esos de disco de marcado y lucía un color rojo brillante) sonaba, simplemente se ignoraba o en el peor de los casos, se le empujaba una perillita que traía debajo para callar la molesta campanita hasta que se terminara de comer. Por lo general no le ponía problema a lo que fuera que me pusieran en el plato; doña Victoria no tuvo que pelear conmigo para que me le tomara la sopita, sin embargo y en eso aún hoy puede contar con que la voy a desobedecer, jamás he sido ni seré capaz de comerme algo que tenga un asomo de remolacha. 
(...)

(...)En fin, al llegar a eso de las ocho de la noche, lo primero que me impresionó fue la bonita decoración del lugar; la iluminación es perfecta para tener un encuentro íntimo con la buena comida y la compañía. Los elementos decorativos se me antojaron sobrios e impactantes y la mueblería es muy atractiva y cómoda. Tan sólo entrar, fuimos abordados por una señorita que nos llevó a nuestra mesa para dos, previamente reservada vía telefónica. El lugar elegido para nosotros no podía ser más perfecto, pues la mesa estaba apuntalada al frente de un ventanal con vista a la calle; y aunque cómo dije, era una noche fría, la vista de unos árboles, la iluminación exterior, la madera de la ventana y el pequeño balcón, me hicieron transportarme a otro lugar…  no sé cómo explicarme, pero no me sentía en Medellín, en realidad estaba lejos, muy lejos.

El lugar estaba lleno, nosotros no teníamos afanes y le dijimos a nuestra mesera que se relajara con nuestro pedido; no lo queríamos rápido, deseábamos disfrutar, disfrutarnos con paciencia. Pedimos una jarra de sangría y nos tomamos la primera copa lentamente. Quisimos acompañarla con una entrada: Cazuelita maremonti, una exquisitez que me hace agua la boca con sólo recordarla. Esta delicia trae camarones en su punto, unos cuantos aromáticos y sabrosos mejillones, tomaticos cherry que con su acidez equilibraron muy bien los quesos madurados derretidos y combinaron muy bien con las especias y la salsa que llevaba un toque dulzón, nada invasivo. Para acompañar la cazuelita, o mejor, para untársela, el plato trae unas rodajas de pan francés tostadas al horno, humedecidas con aceite de oliva y salsa pesto...

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