Nuestro lema

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sábado, 21 de noviembre de 2015

PARTE 2 - SALÍ A CONOCER A PUERTO RICO… EN JERICÓ

Bien, esta es la continuación de mi aventura de viaje por tierras antioqueñas con mi nuevo grupo de amigos de Puerto Rico. Si no has leído la primera parte de este viaje, haz click aquí para ponerte al día. Cuando comencé el relato quise hacer referencia a las frases de cajón y de lo molestas que son algunas veces cuando las escuchas, sin embargo también me vi en la obligación de defenderlas porque para escribir estas entradas me ha tocado usar varias y siento que me faltan un poco más. Pues bien, el viaje que estos turistas boricuas realizarían sería toda una maratón, pues vinieron a Medellín a conocer lugares interesantes en la ciudad y sus alrededores para construir y realizar planes turísticos para las agencias y operadores de turismo que representan en su país. El día que Salí con ellos el plan estaba partido en dos, en la mañana visitaríamos a Santa Fe de Antioquia, hermoso pueblo en el que nació Medellín y en la tarde iríamos a tener contacto cara a cara con la cultura cafetera, justo en la región en la que nació y creció el café que nos hizo famosos en el mundo.

El viaje hacia el suroeste antioqueño comenzó luego de que fuéramos a conocer el puente de Occidente. Desde ahí comenzamos a rodar por una carretera conocida como la marginal del Cauca que tiene una extensión de unos ciento diecisiete kilómetros hasta Peña Lisa, eso significa que pasaríamos unas dos horas y media entre curvas, sin embargo fue un poco más de tiempo por culpa de un derrumbe en medio de la carretera que nos retrasó una media hora más. ¿Qué les puedo decir de este trayecto?, pues que fue algo cansador, pero que al lado de un grupo de personas que goza de tanta energía no lo fue tanto. Es decir, siempre había una broma a flor de piel, la música alegraba el camino y uno que otro se cantaba alguna canción o pedía otra que los hacía casi que bailar. Claro, tuvimos que detenernos por unos minutos más para que un arriero y su rebaño de vacas nos dieran la oportunidad de tomarnos un par de fotografías de esas que sirven para postal.

Con esas más de dos horas de camino sobre la espalda… qué digo sobre la espalda, en las nalgas —lo siento pero no hay porqué buscar una forma bonita de expresar esto—, por fin llegamos al corregimiento Peña Lisa, lugar en el que nos dimos un merecido descanso para estirar las piernas, refrescarnos y comer algo. El estadero en el que nos detuvimos goza de mucho reconocimiento entre los viajeros de estas vías por su buena comida, por sus jugos naturales y por… no nos hágamos tarugos como decía “la Chimoltrufia”, porque sus baños son un remanso para el alma, y en especial para la vejiga. Este lugar es caluroso y húmedo y por eso no hay nada mejor que un jugo de frutas de la región; bebida que eligieron en especial las mujeres del paseo y por supuesto nuestro conductor Alejandro. 
Y como los caballeros las preferimos rubias, nos pedimos unas buenas cervezas nacionales. Cómo ya era hora del almuerzo y los estómagos estaban inquietos, se hizo la sugerencia de almorzar allí, sin embargo, Julio no lo permitió pues en Jericó nos tenían planeado un encuentro cultural con la comida típica de nuestros ancestros. Así pues que a la mesa llegó un tentempié también muy propio de la cultura paisa, las empanadas de iglesia, o también conocidas como “empanadas aseadas”, porque no tienen ni un mugre de carne, o “empanadas de carne de diablo”, y como el diablo no existe, pues entonces no tienen carne. 
Este entremés o mecato como lo llamamos aquí, es un envuelto de maíz frito que trae al interior papa cocida con hogao o guiso de tomate rojo con cebolla larga, se sirve con ají dulce o picante, limón y/ o guacamole para agregarle según el gusto del comensal; el ají para nosotros es una salsa que se hace con ají o pimiento, cebolla, limón, cilantro y otras cosas sabrosas dependiendo de la región en la que se prepare; se lo sirve frío o al clima y es muy apetecido para cambiar o agregarle sabor a muchos platos, en especial sopas como el mondongo, el sudao, el sancocho incluso a los fríjoles y fritos como las empanadas, las papas rellenas, los pasteles de pollo, la arepa de huevo, en fin; conozco a quienes se lo ponen hasta a la arepa. El encuentro cultural con mis amigos boricuas y esta comida típica lo voy a calificar como exitoso, pues vi muchas caras felices y sonrisas de aprobación.

Repuestos luego del descanso, abordamos de nuevo nuestra “Guagua” para continuar con el viaje, al que le faltaba todavía por lo menos unos cuarenta minutos más de camino...


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