Nuestro lema

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martes, 23 de junio de 2015

NO ME CONTUVE Y ME FUI PARA LOS CONTENEDORES DE ENVIGADO - SALÍ A “EL VILLERO”

¡Un yogurt!
Esa era mi respuesta cada vez que salía con alguno de mis tíos a hacer algún “mandado” a la tienda cuando estaba pequeñito y me decían que podía pedir lo que quisiera. ¿Qué les puedo decir? Había que sacar provecho y en medio de lo abrumado que me sentía al ver tantas “cositas” por ahí colgadas y exhibidas, tantos colores, texturas y sabores para elegir, en lo que siempre terminaba cayendo mi atención, era en lo que había en el enfriador: Yogurt o kumis. ¿Por qué? Pues son dulces, los empaques parecen un juguete, estaban fríos y eran caros. Con esto tenía siempre la sensación de haberme salido con la mía y déjenme decirles, varias veces goleaba, en especial con las tías, cuando se quedaban viéndome esta, aún tierna carita de ternero degollado y me decían que pidiera otra cosa para acompañar…  añañay, ¿Qué me dijeron? Deme un Chocorramo pues.

Ya de adulto, esa sensación lejana y perdida entre las nieblas del tiempo, la he podido revivir en pocas ocasiones, por ejemplo cuando me dicen que el desayuno es tipo buffet en el hotel en el que me estoy quedando… esas palabras, esas dulces palabras son como música para mis oídos y por lo general, cosa curiosa hay yogurt y no lo pido. Sin embargo, algo se puede alcanzar a sentir cuando me dicen que pida lo que quiera en un restaurante en el que estoy invitado. Me tiemblan las manos, sudorosa la frente, me comienzan a bailar los ojos por el menú buscando esa pieza que le falta al rompecabezas del placer para ser completado, por lo menos por esa ocasión.

En esta entrada que hoy les relato me pasó lo mismo, y lo primero que se me vino a la mente fue: Salmón…  y todo, en un restaurante de asados argentinos ¿Cómo la ven?

Cuando paso por la avenida Las Vegas en Envigado siempre volteo a mirar con una mezcla de envidia, nostalgia y emoción hacia un sector que otrora fuera un terreno baldío de una industria, y que hoy es conocido como “Los contenedores de Envigado”; porque siempre parece haber una fiesta ahí, casi siempre, está lleno. Este sector dio un giro tan drástico gracias a este concepto, que lo puso en la mira de nuevo de los citadinos, que se lo devolvió a los envigadeños, pues antes, era oscuro, sombrío, daba hasta miedo pasar por ahí. Muchos no estarán de acuerdo conmigo pues dirán que antes de los contenedores, en ese sector comenzaron a funcionar un par de negocios que atraían a cientos de personas a sus canchas sintéticas para jugar fútbol, pero lo siento, el fútbol no mueve la misma cantidad de personas que la comida, y tampoco a las mismas horas, que en el caso de los contenedores, pareciera que son todas.

Esta invitación a comer rico, fue un día domingo en el que como cosa rara tenía mucha hambre. Nos fuimos temprano para los contenedores porque siempre los he visto llenos y no quería que fuéramos a perder la oportunidad del desquite, y como estaba invitado, me estaba soñando un plato que me dejara “nocaut”. Inteligente decisión, aunque a cualquier hora parecen tener buen movimiento, las tardes y noches son las más apetecidas y es cuando se hace difícil encontrar un buen lugar. Cuando llegamos había gente, pero no la suficiente como para no poder dar un par de vueltas, tranquilos, para revisar las opciones que tiene el conglomerado.

Verán, el concepto arquitectónico del lugar es muy novedoso y logra un impacto significativo entre los comensales al llegar porque genera mucho dinamismo e invita a la  circulación, pero creo que lo que más gusta, por lo menos al subconsciente de los visitantes, es que al ser unos contenedores de carga, de esos en los que se transporta mercancía en buques a través de los mares, dispuestos armónicamente de una manera muy inteligente y nada al azar, logra un perfecto pandemónium, y han de entender este concepto, como un lugar ruidoso, caótico, pero divertido y perfecto para ver y ser visto.
El área que compone el complejo es muy amplia y como la infraestructura es relativamente simple, nada robusta, te da una sensación de “Aire libre” y libertad muy especial. Me sentí casi en un parque de diversiones. Tiene una buena cantidad de parqueaderos, pero como lo he dicho varias veces, se llena rápido y es normal ver una enorme fila de vehículos a la entrada un viernes en la noche, esperando por un espacio.

En los contenedores de Envigado vas a encontrar por oferta, un restaurante de sushi; otro que te ofrece comida muy sana, desde vegetariana hasta panne cooks; uno de hamburguesas, del que les hablaré en otra entrada; uno que te ofrece pastas y pizzas; otro que te da una experiencia mexicana y El Villero, del que les hablaré hoy, que te ofrece parrilla argentina.

Dimos pues una vueltecita y entre los tres que íbamos a comer, decidimos que la tarde era apropiada para una buena proteinosis por carne. Elegimos una buena mesa bajo techo pero con la iluminación natural perfecta para sentirse al aire libre, además de que no hay paredes y la brisa de la tarde nos acariciaba con el ánimo de amañarnos y no dejarnos ir. 
La atención fue inmediata, nos dejaron la carta y nos tomaron la orden de las bebidas. Dos cervezas y una limonada de yerbabuena. ¿Adivinen para quién conductor elegido de siempre era la limonada? Aunque no me puedo quejar, estaba deliciosa.

Al rato hicimos el pedido, del que ya les hablaré, pero mientras esperábamos, la Generala que estaba pitando del hambre tuvo una gran idea, pedir una ensalada de la barra a modo de entrada. Así fue. Te entregan un bowl y te das un paseo por una barra que contiene entre catorce y quince ingredientes frescos. Podés tomar los que querás y eso luego te lo suman a la cuenta. 
Hay tomates de dos clases, lechugas, aceitunas, zanahoria rallada, pepinillos, cebolla, aceitunas deshuesadas, queso, pimienta, algunos aderezos, en fin, una primavera completa para dar y convidar. Marcela la puso en la mesa y no dio ni un brinco. Deliciosa como estaba, así de rápido se fue.

Entonces, como el caso era de hambre, se me prendió una idea en la cabeza   ̶ ¿Y qué tal si nos comemos otra cosita mientras tanto? Pero que no sea ensalada  ̶ . Tuve que hacer la aclaración, porque sí, yo me estaba quejando, pero con la ilusión de comerme otra cosita, algo más…  sustancioso. Bueno, ya entrado en gastos me voy a confesar, desde que vi en la carta que había “provoleta”, mi alma no iba a estar en paz hasta tenerla y como estaba de invitado no me podía poner de pedigüeño, por eso di brincos de alegría cuando Alejandro, el hijo mayor, dijo que la ensalada le había abierto el apetito y que quería algo más. Sugerencia hecha por este pechito sin que se notara mucho… 
  ̶  Mijo, pida una provoleta­ ̶  Y a la mesa llegó con premura, y con más premura atacamos.
Aquí si no hay pierde, o sí lo hay porque partido para tres, toca más poquito. Este plato más que antojador consta de un buen pedazo de queso provolone asado, que queda como una galleta salada crocante por fuera y con el centro derretido…  se me hace agua la boca. Te lo ponen en la mesa con pan baguete, aceitunas y ¡Voilá!

Al tiempo llegó el plato principal a la mesa. El pedido fue el siguiente. Un solomito para la Doña. Este corte tierno de carne de res es tan jugoso que se deshace con solo mirarlo. A Marce le gusta en especial porque es muy magro, no le gusta encontrarse con un mínimo “gordito” porque le da de todo, por tanto, éste estaba perfecto para ella. Me dio a probar, claro y con ver que al ponerle el cuchillo para cortar no había que hacerle fuerza, presentí lo que era obvio… para ellos que pidieron carne: va a estar tan bueno, que me puedo arrepentir de lo que pedí. Pues bien, masticar era tan innecesario como hacerlo cuando te comes un algodón de azúcar. Los jugos generosos me estallaron en la boca y me hicieron feliz…  también dudar, pero yo seguía firme. El sabor no podía ser más auténtico, era carne, de res y de excelente calidad, asada con amor, con gusto, con respeto. Es un muy buen plato.

El pedido de Alejandro fue más avezado si se puede decir, se pidió un “bifé de chorizo”, que es grueso y por eso requiere de un proceso de asado diferente al solomito. Este corte en todo el mundo lo conocen como entrecot (del francés entrecote - entre costillas), ya que éste es un músculo que viene entre las costillas de la res; pero en el país de Messi le llaman así, porque tiene de ancho el tamaño ideal de lo que para ellos debe tener un chorizo casero, unos cuatro dedos. Se conoce así en Argentina, como bifé de chorizo y poco a poco se ha ido aceptando el nombre por toda Latinoamérica. Este chisme se los cuento, porque se lo oí a un experto argentino que tiene un delicioso programa de asados en el canal Gourmet, que se llama Ariel Rodríguez.
Este corte de carne es menos tierno que el solomito, por eso requiere de más cuidado al madurarse y un mayor tiempo al asarse, para garantizar sabor y textura. Estaba delicioso, a un término bajito, porque a Alejo le gusta la carne casi en sello azul, mejor dicho, le gusta que chille cuando le meta el tenedor, pero esto garantiza que va a tener mucho jugo y mucho sabor.

Mi plato pues fue un “salmón a la parrilla”. Ya sé que muchos han de estar meneando la cabeza a lado y lado con una mueca de desaprobación para con este servidor…   ̶ ¿va a un restaurante de asados argentinos y se pide un salmón? ̶  Pero para su información en este país, en la Argentina, se pesca uno de los mejores salmones del mundo, y comérselo asado a la parrilla es uno de los mejores planes que se pueden hacer en Mar del Plata, luego de un buen viaje turístico de pesca…  ¿Cómo les quedó el ojito?
La saqué barata, yo la que no pierdo la empato, eso del que anda entre la miel, algo se le pega me aplica perfecto. En fin, mi plato estuvo delicioso, yo sabía que iba a probar las carnes que mis compañeros comensales pidieran, y no quise pedir lo mismo, así que me atreví un poco y la verdad me alegro de haberlo hecho. El pescado es asado con la piel y me imagino que a muy baja temperatura porque no estaba seco, por el contrario; tampoco fue necesario usar el cuchillo, el tenedor se hundía como si fuera mantequilla y estaba adobado con especias, que si no me engaña la memoria gustativa tenía entre otras, algo de romero y también limón. Me comí hasta la piel, que por lo general se queda en el plato y lo acompañé con una papa al vapor con crema blanca. Todos los platos se pueden acompañar con este tipo de papa, o con papa rústica, es decir, en cascos.
 

Salí y Salí ganando por todos los lados, pues me comí un muy buen plato de salmón a la parrilla, comí carne porque la Generala no se comió todo lo suyo y me dejó el “sobradito”, así que completé el círculo, me deleité con la buena comida que sirven en El Villero, en los Contenedores de Envigado, disfruté de la compañía, comí queso… mejor dicho, fue una tarde perfecta. Por eso te puedo decir a vos con toda confianza, Salí vos a buscar aventuras gastronómicas en los Contenedores, antojate de una experiencia que te haga viajar al país de Maradona y date un gustico de esos que valen la pena, seguro que no te vas a arrepentir… porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.


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1 comentario:

  1. Los valet parquing son educados en especial el señor mayor pero la cajera del parqueadero es muy grosera me insulto cuando le recorde la devuelta

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