Nuestro lema

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martes, 28 de abril de 2015

SALÍ CON LOS HUNTERS MEDELLÍN - PROGRAMA DE RADIO

Hace muchos años nos hablan de una aldea global, de ese concepto de que somos ciudadanos del mundo, de que somos un mismo pueblo. Entonces entendemos más o menos el concepto, porque la tecnología nos permite conversar con alguien que está al otro lado del mundo de manera instantánea y hasta gratuita. Porque tenemos acceso a los medios de comunicación de otros países, porque los niños ya aprenden dos y hasta tres idiomas en el colegio, y sí, eso es globalización no hay duda, pero finalmente parece tan lejano, se ve tan… detrás de las pantallas. 
Otra cosa es cuando nos golpea en el rostro la realidad de la verdadera globalización y se hace evidente de maneras tan coloridas y extrañas, voy a atreverme a llamarla así, cuando vas pasando indiferente por la cancha de un barrio cualquiera de Medellín, como por ejemplo, Belén Rincón y ves que en la tradicional cancha del barrio hay mucha actividad deportiva; hasta ahí todo va bien, sin embargo comienzas a ver que los deportistas que invaden el terreno, no se mueven de manera convencional y con esto me refiero a que no corren detrás de un balón y tratan de meterlo en una de las porterías, si no que hacen cosas muy distintas, y además llevan cascos y unas hombreras enormes; entonces te toca entornar los ojos para enfocar mejor y descubrir que aquí, en un rincón de Medellín, en un barrio dónde se esperaría ver las nuevas figuras del fútbol colombiano, el reemplazo de James o de Falcao, hay unos sesenta o setenta camajanes, aprendiendo y disfrutando de un buen partido de football americano, gritando cosas extrañas como cornerback, mariscal, avanzar yardas y entonces no sabes si pasaste por un extraño túnel de gusano que te llevó a una de esas universidades de Estados Unidos y estás viendo una práctica de uno de sus deportes nacionales, o si estás ante una de las mejores evidencias de que es verdad y no puede haber ninguna duda de que vivimos en una aldea global.


Búscalos en twitter como:
@huntersmedellin
Por eso este programa está dedicado a un grupo de ciudadanos del mundo que comen arepa con quesito y fríjoles con arroz, chicharrón y aguacate, y que practican este deporte que ya no es tan lejano, ni tan propio de otras culturas, Nos llevamos para la cabina a unos representantes del equipo de football americano de Medellín, los Hunters, que nada más, ni nada menos, son bicampeones nacionales. No se despeguen para que conozcan más sobre este interesante tema, porque hoy Salí con los Hunters. 


El fútbol americano es un deporte de conjunto. Nació hace más de 100 años en Estados Unidos de América como una evolución del rugby inglés. Es uno de los deportes de contacto más competitivos de Estados Unidos y que se practica actualmente en más de 60 países.2 Este deporte requiere de una gran disciplina, entrenamiento físico y preparación mental. La mayor manifestación competitiva y mediática de este deporte se da en la National Football League (NFL), la liga de fútbol americano profesional de Estados Unidos.(FUENTE Wikipedia)

Tienes que ver este video:


¿Quieres saber más sobre los Hunters?
https://www.facebook.com/huntersmedellin?fref=ts
Somos ciudadanos del mundo, por grande que parezca, gracias a la tecnología de las comunicaciones y de los medios de transporte, ya no lo es como lo fue antes. Gracias al esfuerzo de un par de locos por ahí que se empeñan en demostrarnos que prácticas que parecían tan ajenas a nosotros, como por ejemplo el football americano, se pueden hacer perfectamente en nuestra ciudad y además que nos podemos destacar en ellas, son la prueba fehaciente de que en realidad, los seres humanos necesitamos menos muros, menos fronteras y más puentes, para identificarnos como un solo grupo, una sola raza. 
Escuchen pues a varios de los Hunters de Medellín, unos apasionados por su deporte, con una concepción del mundo más amplia gracias a que abrieron la mente y hoy pueden decir que son buenos y que quieren mejorar. Aprendan con nosotros un poquito, y esperamos que se interesen en conocer un poco más sobre los Hunters y el football americano que se está practicando en nuestro país. A lo mejor te animás y salís a jugar también con ellos, porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.

Para escuchar el programa dale click a la imagen

Sí no lo puedes escuchar así, copia el siguiente link en la barra de direcciones de tu navegador: https://soundcloud.com/frecuenciau/sali-con-los-hunters-medellin 

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sábado, 25 de abril de 2015

SALÍ CON SALÍ A HACER EL GRAFFITOUR


Viajar, esta palabra es una de esas que en concepto, es tan antigua como la de hombre mismo. A lo que me refiero es que nos hicimos hombres cuando comenzamos a viajar, a trasladarnos de un lado para otro en busca de comida, en pos de las manadas. Se han puesto a pensar en qué nos diferenciamos a la hora de salir de viaje, del primate aquel que una vez bajó de un árbol y emprendió una aventura más allá de la llanura para buscar comida.

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el parque de los nevados

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Creo que no me equivoco al decir que a todos nosotros nos gusta salir. Seguimos siendo una especie de nómadas, caminantes, viajeros a diferentes escalas. A unos les gusta irse muy lejos, a otros más cerca. A unos les gustan los planes full menú, dedo parado y cero sufrimiento, a otros les gusta definirse como guerreros y salir a sufrir porque maluco también es bueno. Hay planes con el amor, con la familia, con los amigos, con el perro, hasta con uno mismo. Unos salen a pasear, otros a comer, algunos a caminar, algotros a mirar por el balcón, pero finalmente a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

http://colombiatraveloperator.com/
Por eso creo que es hora de poner en práctica más que nunca esa filosofía con ustedes, la familia de seguidores de Salí. Los quiero invitar a salir, mejor dicho, empaquen que nos vamos, tenemos  propuestas para que se embarquen con nosotros en varias aventuras, salidas para todos los gustos y presupuestos. Salí con nosotros a hacer turismo de la mano de Colombia Travel Operator. ¿Qué dicen, se le apuntan?

Fotografía de Daniel Calle
Salir a hacer el Graffitour sin miedo a equivocarme ha sido una de las experiencias más enriquecedoras y enamoradoras de mí ciudad que he podido vivir. Son tres horas de caminata por las entrañas de una de las comunas de Medellín, que si bien en el pasado fue la protagonista de uno de los capítulos más aterradores que como ciudad tuvimos que vivir, hoy es uno de los lugares que ha logrado una de las más espectaculares transformaciones sociales en el mundo; y no estoy exagerando, así lo confirman todas las semanas miles de turistas de todos los continentes, que están viniendo a verlo con sus propios ojos, a vivirlo en sus propias pieles y que se están yendo a contarle al mundo, que efectivamente, Medellín es la ciudad más innovadora del mundo.

Tienda Casa Kolacho
Los muchachos de Casa Kolacho, un grupo de jóvenes de la Comuna 13 que se dedican al arte y a celebrar la vida, son los creadores del Graffitour, un recorrido para ver nuestra ciudad con unos ojos diferentes y que está causando sensación entre los turistas de otras partes del mundo que vienen en búsqueda de eso que nos compone, de lo que nos hace orgullosos pero que nos da miedo o pena reconocer, la enorme capacidad de salir adelante a pesar de las dificultades.

Ya estás invitado y sólo falta que te decidás a hacer el grafitour con Salí y Colombia Travel Operator. Son 25.000 pesitos con los que les vas a ayudar a un grupo de muchachos que están haciendo más por la ciudad que muchos de nosotros, con ese dinero ellos le están enseñando a cientos de niños y jóvenes de la comuna 13 que hay un camino seguro, lleno de vida, música, arte, para su futuro, un futuro mejor para toda la ciudad. Además de eso vas con nosotros, con la familia Salí Colombia Travel Operator, por tanto la diversión está asegurada, vas a hacer amigos, vas a conocer nuevas perspectivas de tu ciudad, vas a poder ser testigo de lo increíbles que somos los paisas y de por qué nos merecemos ese apelativo de ser Verracos y Echados pa’lante. Sólo tienen que  estar pendientes de la información que vamos a estar publicando e inscribirse por Facebook Twitter con nosotros. Ahora más que nunca, Salí con Salí, porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

Escucha aquí el programa con la invitación, dale click a la fotografía.

Si no puedes escuchar el programa dando click en la fotografía, copia y pega la siguiente dirección en la barra de direcciones: 
https://soundcloud.com/frecuenciau/sali-2015-03-19-de-parche

COMO NOS FUE

¡Y salimos! Ese sábado San Pedro estaba como “piedro” (enojado) y nos pasó por agua desde temprano. Al abrir el ojo a las siete de la mañana me di cuenta de que era un día de esos en los que sientes que de alguna manera, un ser divino te puso pegamento en todo el cuerpecito y por más que lo intentas no te puedes despegar las cobijas. Estaba haciendo tanto frío que me dieron ganas de estrenar cobija, Ya saben, tener una cobija nueva encima y una vieja debajo.

En fin, salimos de la casa bajo un aguacero de padre y señor mío. Llegamos al punto de encuentro unos quince minutos antes de la hora acordada: 9 Am, y para serles sincero, parado ahí, con mi sombrillita, ya sabía cuál era “el agua que me mojaba”.

Con los pocos asistentes que aceptaron el reto nos fuimos de tour. Conocimos a Sebastián Castro, un muchacho emprendedor, líder nato, persona de esas que vale la pena conocer y de la que se puede preciar ser amigo, quien nos dirigió en el camino. Sebas, está comenzando con su empresa de turismo comunitario y en conjunto con los chicos de Cada Kolacho, le está apuntando a la transformación de la Comuna 13 como una opción de vida. Guía con el corazón, que no con la palabra, a través de su visión, por lo que es su mundo.

Sebastián tiene veintiún años y siempre ha vivido en la Comuna, a la que siente parte de sí, a la que le debe todo. No les puedo contar lo que lo hace vibrar a uno con su manera de llevarlo por los recónditos paisajes de su vida, esos en los que estudió, jugó, le hizo líder y hoy empresario del turismo.

El agua dejó de caer al poco tiempo y el recorrido se hizo mucho más agradable. Caminamos por las calles, parques, canchas, por las vidas de los habitantes de la Comuna con una sonrisa en los labios, felices, maravillados, impactados por la alegría y tranquilidad que se respira en un lugar que le fue arrebatado a la violencia y en el que hoy sólo se ve esperanza y deseos de paz. Sebastián nos contagió con una energía especial cuando pasamos por la placa deportiva que con mucho esfuerzo y apoyo de la comunidad, logró que se hiciera para el disfrute de chicos y adultos. Nos habló de su gestión con los integrantes de las barras bravas de los equipos para entendieran este lugar, como un sitio de comunión y juntos pintaron sus escudos, en el mismo lugar, para demostrar que sí se puede.

En la foto, de izquierda a derecha
Maty, María (turista brasilera), Andrés y Kábala
Kábala, el rapero, el parcero se nos unió más tarde, andaba agripado y el clima no estaba colaborando. Caminó con nosotros, integró al recorrido su visión, una versión diferente de la misma realidad. Nos contó de sus graffitis, de su música, el hip hop, de su pasión por vivir, por enseñarle a los niños de la Comuna el camino de la libertad que da el arte, el color…

Verán, esta perspectiva les puede parecer viciada, pero sólo hace falta hablar con alguien más que haya hecho el tour. María, una brasilera que hizo con nosotros el recorrido nos dijo en sus propias palabras, que el recorrido es ¡fantástico!, estaba feliz, y aunque fuimos nosotros quienes le sugerimos la comparación con las favelas en Río, nos dijo que no tenían nada que ver, que este recorrido le había gustado más, porque se evidenciaba una mayor carga social y de transformación. Ahí tienen pues.
 
Ustedes no se pueden perder este recorrido, hay que hacerlo, hay que caminar por esos callejones, hablar con los habitantes, extasiarse con su sonrisa espontánea y cristalina, y sobre todo hay que comerse una crema de mango hecha por las manos de la abuela de Sebastián. ¡Son las mejores del mundo! No estoy exagerando. Te la entregan en un vasito lleno de zumo de limón con sal para que la sumerjas en ella y cada llevada a la boca sea una ¡LOCURA!


¿Quieres salír con nosotros a hacer el Graffitour?
Escribe un comentario y en pocos días nos ponemos
en contacto para que salgas con nosotros.
Pendientes pues, nos vamos otra vez ¿querés venir con nosotros? Suma un comentario al final de esta entrada, vamos a armar un grupo y nos vamos en pocos días. Salí con nosotros a hacer el Tour que están realizando miles de extranjeros cada mes…  Esto no puede ser privilegio de los de afuera, esto es nuestro y tiene que ser para nosotros. Salí a hacer el Grafffitour, con Salí y Colombia Travel Operator.

domingo, 12 de abril de 2015

RECETA – SALÍ A HACER MINI HAMBURGUESAS DE SALMÓN

Asado familiar en San Carlos
No sé si esto sea común a todos ustedes, pero una de las cosas más satisfactorias que me pueden pasar es ver la sonrisa de satisfacción de las personas luego de comer algo que les he cocinado.
Todos somos un aglomerado de circunstancias, somos producto de las decisiones que hemos tomado y es mi filosofía personal, estar agradecido por todo lo que me ha sucedido en la vida, lo bueno y lo malo. Hoy por hoy, luego de hacer el camino que he recorrido, cuando miro en retrospectiva, me doy cuenta de que tal vez en algún punto de mi vida, debí reflexionar un poco sobre lo que me gustaba y me hacía feliz y pude haber tomado la decisión de estudiar gastronomía. Lo más gracioso de todo es ver que esa decisión que hoy creo debí haber tomado, la tengo tan clara, es gracias a las decisiones que tomé y al camino hoy recorrido.

Relleno de pavo para
cena navidenña
Todo esto viene a que me gusta mucho cocinar y me gusta más cuando se me ocurre hacer cosas “locas”, experimentos culinarios que salen de un impulso de un día cualquiera, que al materializar le saca expresiones de admiración e incluso hasta reproches a mis comensales, por hacer algo tan delicioso y por no hacerlo más seguido.

Hoy le dedicaré esta entrada a una de esas ocurrencias que se me reveló un día de mercado, con tan solo ver en la sección de pescadería un producto muy particular: Unos medallones de salmón de unos tres, tal vez cuatro centímetros de diámetro, empacados al vacío. No sé por qué pero lo asocié de manera inmediata a la posibilidad de hacer unas delicadas mini hamburguesas para pasar la noche con mi esposa, sentados en el balcón, a la vez que nos tomábamos unas copas de vino. Y así fue.


Ingredientes
300 gramos de Bocados de salmón
100 gramos de Cebolla blanca
50 gramos de Pimentón rojo
40 gramos de azúcar morena
Mantequilla
Queso crema
Aceite de oliva
Pan tajado
Queso mozzarella en lonjas
Laurel
Sal y pimienta al gusto


Preparación
Rodajas de pan tajado, cortados
en rodajas con un vaso 
El primer desafío con el que me encontré fue con el pan, pues el tamaño de la preparación que tenía en mente por supuesto no es normal y aunque estoy seguro de que se pueden encontrar unos perfectos para tal fin, pues en la villa del señor de todo se ve, al ser ésta una ocurrencia de último minuto no tuve tiempo de dedicarme a una búsqueda adecuada, así que lo resolví de una forma casera y práctica. Tomé varias tajadas de pan y con un recipiente con el diámetro perfecto (en este caso fue un pequeño vaso) procedí a sacar 24 bocados redondos del pan.

Queso mozzarella en rodajas
Con esta misma técnica saqué las lonjas redondas de queso necesarias para armar las hamburguesas.

Cebollas caramelizadas
con azúcar morena
Pasé luego al fuego; luego de cortar la cebolla en julianas, puse un poco de aceite de oliva en una sartén precalentada, y las quebré por unos pocos minutos. Luego procedí a rociarle unas dos cucharadas de azúcar morena y las saqué del fuego sólo cuando vi que tomaron ese precioso color caramelo. Por cierto, esta mezcla huele delicioso y perfuma la cocina de tal forma, que quienes estaban en la casa en ese momento, no se resistieron y tuvieron que ir a averiguar qué era lo que estaba haciendo.
Pimentón rojo sofrito

Acto seguido, en la sartén limpia, vertí otro poco de aceite de oliva para sofreír el pimentón, que previamente había cortado en julianas. En este caso usé pimentón rojo porque tiene un olor y un sabor que en mi poco conocimiento culinario, logra combinar muy bien el dulce de las cebollas caramelizadas.

Rodajas de salmón sellándose
Después de limpiar de nuevo la sartén, puse una cucharada de mantequilla y unas gotas de aceite de oliva, esto para que la mantequilla no se queme, y en la mezcla sellar las rodajas de salmón a las que sazoné con un poco de laurel, sal y pimienta. Para sellar el salmón no hacen falta más que dos minutos por cada lado de las rodajas.

Ahora que tenía todos los ingredientes listos y procesados, viene la armada y el horno para finalizar.
Cubrí la bandeja del horno con papel aluminio y sobre ésta dispuse las rodajas de pan, no sin untarlas de mantequilla en la base. Luego apliqué una cucharadita pequeña de queso crema y puse las julianas sofritas de pimentón. 

Seguí con los bocados de salmón sobre el pimentón y el queso crema, el queso encima para que se derritiera sobre el pescado, acto seguido puse las cebollas caramelizadas y por último la rodaja de pan que corona las mini hamburguesas, asegurándome de cubrir con un poco de mantequilla cada una, para que al momento de hornear se doraran. 
Armadas y listas me las llevé al horno que estaba a unos 120 grados centígrados por unos diez minutos y ¡Voila! Listas para comer las mini hamburguesas de Salmón.

Una copa de vino, unas buenas malas intenciones en la cabeza, una esposa con hambre y ganas de que la consientan, uno que otro metido que llega en buen momento para comerse una que otra de las hamburguesas, y el orgullo y la satisfacción de salirme con la mía, al lograr el éxito en un experimento culinario que vale la pena repetir y en especial compartir con ustedes para que se atrevan a realizarlo.


Salí pues a hacer una deliciosa comida que se me ocurrió tan sólo con ver un ingrediente en el mercado; unos bocados de salmón empacados al vacío que no me costaron más de siete mil pesos ($7.000). Me tomó unos treinta minutos hacerla, toda una noche de agradecimientos por asumir el riesgo y un orgullo eterno por lograr una receta personal que puedo compartir con ustedes. Por eso te puedo decir a vos, Salí a hacerte unas mini hamburguesas de salmón que podés compartir en una velada romántica, para descrestar a unos amigos que te hagan la visita o simplemente porque te dio por mecatear. Dale, Salí, arriésgate y no te arrepentirás. Porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

domingo, 5 de abril de 2015

SALÍ A TOLÚ - SALÍ A COMERME UN COCTEL DE CAMARONES

Cebiche en playas de Cartagena
Una vez despejada la duda sobre la correcta escritura de la palabra cebiche en la entrada anterior, en la que les he relatado mi experiencia al comerme uno en las playas de Cartagena, (Ver aquí) considero que esta es la oportunidad perfecta para contarles sobre otro particular encuentro con este platillo tan común, apetecido y me atrevo a asegurar, tan desconocido por muchos, en las playas de Tolú.

Uso el adjetivo “desconocido” porque entre más me adentro en el tema, más comprendo que sabemos muy poco de un plato como éste, que si bien reconocemos como típico de la zona costera, la mayoría de nosotros no sabe mucho sobre su procedencia exacta ni de sus múltiples variaciones. Es más, a varias personas que he preguntado me han dicho que el cebiche que reconocen como tal, es típico de la costa atlántica y que ha de tener salsa rosada; y pues bien, el cebiche es común históricamente hablando a los países centroamericanos y suramericanos que tienen costa en el océano pacífico, y la salsa rosada es considerada por algunos como un adefesio, un “sacrilegio gastronómico” que se comete sólo en Colombia.


En conversaciones pasadas con cocineros profesionales que han pasado por el programa de radio (Lucero Vilches y Óscar Gónima) que han estudiado y tenido un contacto más profundo con nuestra gastronomía, me contaron que la cocina del pacífico colombiano es la más rica que tiene el país y que entre los platos más deliciosos, completos y autóctonos que tiene Colombia para mostrar al mundo es el cebiche; y ojo, según el maestro Gónima, es incluso más sabroso, más exquisito por mucho, que el peruano; ¡ah! y no creo que tenga que aclarar, que éste cebiche que hacen los afrocolombianos pacíficos no tiene salsa rosada, sino una maravillosa combinación de productos frescos del mar y frutos y verduras de la selva pacífica colombiana.



Por mi parte me quiero adentrar más y más en este fascinante mundo del cebiche que me tiene asombrado y extasiado, ya se irán enterando, y por la decisión tomada de trasegar por este fascinante mundo, les quiero contar sobre mi experiencia en Tolú hace poco.

Coveñas y Tolú son un par de sitios turísticos que se vienen a la mente de cualquier “cachaco” (término acuñado por los habitantes caribeños para referirse a los habitantes del centro del país) cuando quieren vacaciones con playa, brisa y mar. Claro, en realidad la primera ciudad que se viene es Cartagena, pero como hay que ser consecuentes con la realidad económica del asalariado común colombiano, pues, digamos que hay que acomodar las expectativas a un modelo más asequible; y por favor, no quiero que interpreten la anterior referencia a un sentido despectivo y menos valioso, ¡Cuidado!

En playas de Tolú
Pues bueno hace poco fui a conocer a Tolú, cosa que para muchos coterráneos suena un tanto extraño, pues a este par de sitios antes mencionados, es a dónde llevan a  la mayoría de los cachacos a conocer el mar. Pues bien, para aclarar, yo conocí el mar a los diez años y en ¡Antioquia papá!, en Urabá, pero eso ya es harina de otro costal. Al fin y al cabo, pasé cinco días maravillosos en estas tierras del departamento de Sucre. Fue uno de esos arranques que le dan a mi esposa de un momento para otro, benditos arranques a los que no me quiero acostumbrar y que tanto amo, que siempre resultan convertidos en la mejor forma de disfrutarse la vida.

En fin, una noche cualquiera, de esas en las que se tiene que seguir con esa mala costumbre de comer, salimos a caminar mi esposa, Gertrudis, Jacobo y yo por la carrera primera, que es la que va a lo largo del mar; vía que por esa misma condición se considera la principal del pueblo y es la que concentra una mayor atracción para los turistas y por tanto un número superior de opciones comerciales de todo tipo, por tanto era la opción más natural para conseguir algo para comer. Desde que salimos del hotel nos sentimos atraídos por el bullicio de una esquina en particular que concentraba una cantidad importante de personas, el cruce de la carrera primera con la calle que lleva al parque, creo que es la 18 ó 19; sin embargo quiero aclarar algo, usé la palabra “atraídos” por la idea de que eso significaba que era justo allá en dónde iban a estar las alternativas gastronómicas más suculentas, mas no por la aglomeración personas que por lo general me expele. En fin, dimos una vuelta entre la multitud mirando locales de comidas rápidas y puestos de comidas callejeras, para encontrarnos con lo mismo de siempre, perros calientes, hamburguesas, pollo frito, chuzos… con decirles que lo más exótico que vimos eran las arepas rellenas y me imagino que por eso, la fila de espera era de unos veinte cupos por delante.

Desilusionado, lo confieso, incluso abatido, le propuse a mi esposa que nos devolviéramos hacia el hotel. En vista de que no se nos había antojado nada, le dije que hiciéramos uso del plan B, que echáramos mano del botín de reserva que armamos para todo viaje. Este es un buen consejo que les puedo hacer ya que nos ha salvado de muchas situaciones imprevistas en múltiples oportunidades. En este caso, nos habíamos preparado y llevábamos varios mecatos para sostenernos en cualquier situación especial, como trancones en la carretera, tardes o noches de playa sin querer movernos mucho, madrugadas de hambre, en fin. El botín consistía en papitas pringles de diferentes sabores, tarritos de salchicha, una lata de jamoneta, pan tajado, salsas, cervezas y gaseosa.

Arrastrando los pies con una especie de indignación ajena, no sé cómo explicarles, comenzamos a recorrer hacia el sur la carrera primera en camino de nuestro hotel, y sin más, una luz se nos presentó en el camino. Esa maña cerebral que tenemos todos de ignorar de forma consciente lo que es paisaje, nos había hecho pasar de largo sin darnos cuenta, por un modesto puesto de comida callejera. “La coctelera El Porra” es uno de esos pequeños lugares que tanto vemos en todo Colombia, que cuentan con una pequeña superficie para asar, freír, sofreír, raspar, cortar, almacenar y exhibir cualquier tipo de producto, cuando no es todas la anteriores, que no tiene más de un metro cuadrado de área, cuyo dueño o dependiente es uno de esos tantos colombianos de edad media, trabajador incansable, de procedencia humilde, y del que depende toda una familia completa. Gracias a estos “chucitos” cientos, miles de personas, comen, estudian, pagan servicios públicos, se transportan, se visten, se entretienen… y la lista sigue. Si eso no es maravilloso, no sé qué otra cosa sería.

Total, no habíamos visto la coctelería El Porra, porque durante el día permanece cerrado y estaba ubicado al lado de otro muy similar en el que mientras hay luz del sol, venden frutas picadas: coco, mango y otras tantas, por tanto, al pasar vimos lo mismo que siempre, sólo que nos engañó el cerebro y lo volvimos paisaje, porque ya de noche no era igual. Sin embargo mi esposa fue quien despertó del letargo y me preguntó si quería comerme un coctel de camarones. La ilusión volvió a mi rostro al ver al señor tras el puesto que siempre estuvo vacío, quien con lentitud preparaba uno para un comensal que esperaba pacientemente por un pedido de tres.

Nos acercamos, hice la pregunta que siempre hay que hacer, por supuesto luego de saludar: ¿A cómo los vende?, el señor me respondió que a “cinco mil barras”, pedí uno y esperé pacientemente. Les voy a hacer una apreciación desde mi perspectiva personal de la cultura del servicio que he notado de manera marcada al salir de mi terruño y que siento que es importante bajo muchas circunstancias. Vender es un negocio, y los negocios son relaciones, toda relación requiere de una serie de convenciones que por pequeñas e insignificantes que parezcan, afectan la experiencia completa. Saludar, sonreír, despedirse, agradecer, establecer efímeros contactos visuales, generan empatía y mejoran la relación que por corta que sea, comprar y vender, es importante, de esto depende en gran parte de que se quiera repetir la experiencia o no. No quiero sonar regionalista, pero en los cada vez más constantes viajes que estamos realizando con mi esposa por el país, nos hemos venido dando cuenta de que esas premisas no son muy claras por fuera de Antioquia. Todo esto viene a que no recuerdo que el señor me haya mirado más de una vez, cuando le pagué, nada más; siempre lo vi trabajar, como les digo, muy pacientemente, como si tuviera todo el tiempo del mundo, con la sabiduría que dan los años de experiencia y no supe que estaba haciendo mi pedido hasta que me lo entregó. Entretenido como estaba viéndolo trabajar, tratando de adivinar en qué recipiente tenía guardados los caracoles chipi chipis, las ostras, los limones, en fin, todos los ingredientes de las delicias que las paredes pintadas a mano de su modesto negocio prometen, no me di cuenta de que el comensal que estaba antes de mí, me había cedido su turno y le pidió al señor que me atendiera primero.
 
El coctel, que en realidad es un cebiche de camarones pequeño, me pareció excepcional; estaba fresco, por tanto la textura era perfecta al morder, pues se sentía ese crujido sano entre los dientes. La cebolla roja finamente picada le aportaba un sabor dulce y otra textura más para disfrutar con la carne del camarón. Traía la típica salsa rosada hecha con kétchup y mayonesa, un poco de ají industrial y un poco de limón con el que se cocieron en un principio. Por supuesto traía su respectiva galleta de sal partida en dos, compañera inseparable que afianza los sabores que vienen en esa pequeña copita. Me lo disfruté de verdad, me encantó y me prometí comprarme otro si al terminar no quedaba satisfecho…  no lo necesité. Quedé contento y por ese día no quise más.

Salí a caminar por las calles de Tolú en búsqueda de una aventura gastronómica una noche cualquiera y cuando había perdido la esperanza de encontrar algo que me estimulara más allá de lo normal, me encontré con la cara de los sabores propios de un pueblo: un coctel de camarones hecho por las manos de un hombre que sin duda alguna, ha combinado cítricos con frutos del mar por muchos años para sostener una familia y que fue capaz de alegrarme no solo una noche, sino una vida entera con la experiencia, que si bien pudo ser mejor desde el aspecto del servicio, no creo que fuera así más allá de los sabores que estallaron en mi boca con cada cucharada. Sí, el cebiche o coctel de camarón se está convirtiendo en uno de mis platos favoritos, por eso quiero experimentar más y así será. Por eso te puedo decir a vos, Salí a Tolú a comerte un coctel de camarones donde El Porra, es tan rico, está tan cargado de sabor y de cultura, que estoy seguro de que te va a encantar, no te vas a arrepentir. Porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.