Nuestro lema

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martes, 31 de marzo de 2015

SALÍ EN RADIO - SALÍ A MÉXICO SIN SALIR DE MEDELLÍN

Somos iguales pero distintos, nos gusta lo mismo pero no es igual, tenemos culturas parecidas pero somos tan diferentes. Latinoamérica es una gran familia y como en todas las familias, los hermanos tienen similitudes y aunque sean criados por los mismos padres contrastan en gustos, formas de afrontar las cosas, incluso en el aspecto físico, tienen un parecido, algo familiar, pero no dejan de ser individuos. Desde México hasta la Argentina aquellos a los que nos llaman latinos, nos consideramos una gran familia porque compartimos además del idioma, un montón de cosas en las que somos afines. 
Ariana y Ana Isabel
Comunicación - Administración
Sin embargo, y en este aspecto voy a hablar desde mi perspectiva personal, no hace falta sino hablar con un latino de una nacionalidad distinta a la nuestra, para darse cuenta de que aunque es verdad que compartimos muchas cosas, nos podemos sorprender con pequeñas diferencias culturales. México y Colombia últimamente han estado muy unidos, cada vez se sabe de más intercambios entre las naciones: no visa para los visitantes, beneficios arancelarios para el comercio, planes turísticos más jugosos para conocer mejor al país que se visita, pero finalmente los verdaderamente beneficiados somos aquellos que podemos tener contacto intercultural. 
Gabriel -
Maestrando en Finanzas
Éste programa les va a ofrecer a nuestros oyentes precisamente esa oportunidad, tenemos un grupo de invitados muy especiales que vienen de Ciudad de México, que están de visita en nuestra ciudad haciendo un intercambio académico por un semestre. Nos contarán de su cultura y de cómo les ha ido con la nuestra. Nos invitarán a través de sus palabras, a viajar a México, sin salir de Medellín. No se lo pierdan.

Yasiel
Ingeniería de Sistemas
Tan parecidos, tan distintos, tan familiares, tan latinos todos. Esto suena cliché pero finalmente es cierto, tenemos más similitudes que diferencias y eso es lo que vale la pena resaltar. Bienvenidos a los amigos mejicanos, "bienidos" todos aquellos que tienen la fortuna de poder viajar a este país maravilloso que sentimos tan cercano gracias a la televisión y hoy en día, gracias a estos intercambios tan valiosos para acercarnos más. 
Sin más creo que hoy viajamos un poco a México a través de las palabras de estos viajeros que tenemos hoy en Medellín. Felices quedamos con saber que les ha gustado nuestro país y que se van a llevar unos gratos recuerdos. Salí a México sin salir de Medellín, porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

Escucha el programa dando click sobre la imagen:

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domingo, 29 de marzo de 2015

SALÍ A CARTAGENA Y Y ME COMÍ UN CEBICHE ¿O ES SEBICHE? ¿O SEVICHE? ¿O CEVICHE?- SALÍ AL KIOSKO DEL BONY

Sí, confieso que para comenzar a escribir esta entrada me vi en la confusa situación de no saber de forma cierta, cómo se escribe el nombre de este delicioso plato que se hace de pescado, o camarones, o mariscos y hasta frutas, cocinados con el ácido de limones o naranjas agrias que existe en todos los países latinos que tienen costa en el Océano Pacífico. Al consultar comencé a encontrarla escrita de todas las formas posibles y lejos de confundirme lo que descubrí me hizo enamorarme cada vez más de este concepto culinario.

Así pues que se puede escribir de cualquier manera y estará correcta, pues cada una de las formas tiene una etimología más suculenta si se puede que el mismo platillo.
Miren ¡qué lindo! es el español y lo rico que puede llegar a ser a la hora de la justificación de una simple palabra:

Cebiche es la forma más usada e incluso, la aceptada por la RAE para referirse a este plato. Su escritura puede venir de dos caminos diferentes, el primero es que uno de los ingredientes que sí es común a todos y que no puede faltar independiente de qué tipo de pescado o marisco se use, es la “Cebolla”. Pescado “encebollado” fue una de las primeras formas en que fue identificado por los españoles cuando se lo ofrecieron los indígenas peruanos, así o pescado “encebichado”, que luego evolucionó a cebiche.  La otra posible razón de escribirlo así es por aquella relación “mitológica” que tiene la comida de mar con “la palanca de cambios” para rememorar al vendedor de ostras que me encontré en Cartagena (ver video aquí). No nos hágamos tarugos, todos conocemos de sobrada manera esa creencia popular de que los mariscos y el pescado de mar son afrodisiacos; pues bien, el cebiche  con C y B puede venir de  Cebo y Cebar, para referirse al hecho de que las mujeres le daban a sus hombres cebiche para tenerlos cebados y siempre listos como los escouts, para las artes amatorias. ¿Cómo les parece? ¡A mí me encanta!

Sebiche con S y B tiene una historia más interesante aun y menos aceptada por algunos sectores. Esta forma de escribirlo parece tener una procedencia más humilde, incluso discriminatoria, pues parte de la palabra “sebo”, de grasa. Se relacionaba con la comida de los negros, mulatos e indios que hacían esta preparación con Bonito, un pescado barato que se usa para cebo de pesca y que es más aceitoso, por tanto menos elegante, así que ellos comían era “sebiche seboso”.
Otra historia de los comienzos del uso de la palabra con S y B tiene que ver con los marineros ingleses que comenzaron a arribar a Suramérica y que llegaban a los puertos a comer “Sea Fish”, lo que evolucionó a “sibich” por pronunciación popular y por tanto terminó en sebiche.

Sin embargo la más divertida para mi gusto tiene que ver con los mismos marineros ingleses que al comer lo que había en los puertos luego de sus largos viajes, vinieron a dar con este suculento plato en Perú, dónde les ofrecían un plato de pescado cocinado por el ácido de la naranja agria y el picante del ají peruano, reconocido por lo fuerte e impactante al paladar. Dichos lobos de mar al sentir el ardor exclamaban con sus sucias bocas de marineros; “Son of a Bitch”, lo que hizo que entre los humildes vendedores se relacionara poco a poco esta expresión con el plato y se lo ofrecieran a sus comensales como “sofabich” y eventualmente sebiche. Escojan la que más les guste.

Ceviche tiene otra historia interesante, es una etimología que tuerce la manera de escribirla en algún momento pues encontré en varias partes en las que investigué un poco para poder escribir esta entrada, que parece provenir del vocablo árabe “SIBECH”, que significa “comida ácida”; las mujeres moriscas que viajaban en calidad de esclavas con los navegantes españoles que llegaron a Suramérica, tenían una preparación muy parecida a la de los indígenas y para diferenciarla la llamaban “civech” que los españoles comenzaron a llamar ceviche.

Seviche con S y V me gusta mucho en lo personal porque tiene algo que ver con Colombia, o con lo que antes de la conquista española era su territorio. Los Chibchas, pobladores prehispánicos de estas tierras tenían una palabra muy especial para denominar la ternura de las cosas: “Siwichi” que se usaba para decir que algo estaba muy pequeño o muy tierno; esta palabra evolucionó hasta el español de hoy y nosotros la utilizamos eventualmente. En Colombia no nos comemos “un mango tierno o inmaduro” nos comemos “un mango VICHE”. Seviche pues, parece tener su nacimiento en el vocablo chibcha para referirse a un pescado crudo o tierno.

Me encanta el español, estoy enamorado de mi lengua y estoy enamorado del cebiche. Es decir, ¿cómo no? Si no hay nada más apetitoso para un latino continental que ir al mar, y la ida al mar no está completa si no se come comida de mar, y no sé si esto sea inherente a mí pero  comerse un cebiche en la ciudad es una forma de recordar el mar y todo lo que representa.

Fotografía de
http://colombiatraveloperator.com/
Pues bien, cuando estaba planeando mi viaje a Cartagena con Julio Casadiego de Colombia Travel Operator, él me dijo que mi travesía no estaría completa si no me comía un delicioso cebiche, usando sus propias palabras “el mejor de toda la ciudad”. Según sus indicaciones sólo tenía que salir del aeropuerto hasta la calle principal y caminar media cuadra hasta llegar al sitio. Pues bien, así lo hice y no lo pude encontrar, me caminé toda la principal de arriba abajo y de abajo a arriba y no pude dar con el mejor cebiche según Julio, el local estaba cerrado ese día, y como no me quería ir sin esa experiencia, me busqué “mi mejor cebiche” yo mismo. ¡Y lo encontré!

http://web.hotelalmirante-cartagena.com/
A escasa hora y media de arribar a Cartagena, luego de refrescarnos en el Hotel Almirante y de tomarnos una deliciosa limonada de coco, salimos a caminar para buscar algo de comer y aunque no me lo crean, a tan solo dos cuadras por la playa, dimos con un negocio que nos llamó fuertemente la atención. El sitio se llama El Kiosko del Bony. El lugar es más que pintoresco pues tiene banderas ondeantes al viento por todos los costados. Una bandera de Colombia inmensa cubría la parte frontal del techo y eso me hizo sonreír de patriotismo. Estaba a reventar pues era medio día y la gente que disfrutaba de la playa, hambrienta por el descanso al sol y el baño de mar, atiborraba el lugar en busca del almuerzo. No había lugar para sentarse a comer y la verdad por el cansancio del viaje, no era lo que quería pues andaba en búsqueda de algo ligero, para después mecatearme algo más. 

El Kiosko del Bony es muy famoso en Boca Grande, que digo, en toda Cartagena. Es muy tradicional pues está abierto desde 1976 y su dueño el señor Bonifacio Ávila, es un ex boxeador que le dio gloria y distinción al país en las olimpiadas del 72. Tiene un comedor interno, mesas en un deck externo que se pronuncia hacia la playa y en el antejardín de la fachada, en dónde hay también una ventana en la que atendían a las personas que se acercaban en traje de baño o envueltos en toallas.

Nos acercamos con curiosidad a la ventanita de atención y descubrimos que allí despachaban la comida rápida que ofrece el restaurante y para mi buena suerte el plato que más salía era el cebiche. Teniendo en cuenta que ya venía con la tripa picada por la promesa de Julio Casadiego y por no haberla podido cumplir, pues en realidad era lo que estaba deseando comer. Los había de tres precios, diez, quince y veinte mil pesos, y lo podías pedir de pescado, de camarones o de pulpo. Para saciar el hambre y el antojo pedimos dos de camarones, uno de quince y otro de veinte.

No puede evitar quedarme mirando hacia adentro con el afán de descubrir algún secreto. En tanto pasaban hacia las mesas una, dos, tres y más exquisiteces que no hacían más que abrirnos el apetito y la curiosidad por la comida del Kiosko. En la mesa de al lado del lugar en el que me hallaba parado, un señor se estaba comiendo un plato que parecía más una ponchera llena de un suculento sancocho de pescado en el que flotaba un huevo duro, y se veía a duras penas el ñame, la papa y quien sabe que otras cosas más; Digo que a duras penas, porque el trozo de pescado era del tamaño del plato. En la mesa del lado pusieron un pescado frito de por lo menos cuarenta centímetros de punta a cola, no estoy exagerando, porque la cara de la señora a la que se la llevaron era de estupefacción y de incredulidad. Todo se veía tan rico, todo olía tan delicioso que nos prometimos volver a comer luego otra cosa. Y así fue, ya se los relataré en otra entrada.

Mientras tanto, las habilidosas manos de la señora que nos preparaba el cebiche, volaban de aquí para allá agregando ingredientes y más cosas a los vasos que serían nuestros. Cebolla finamente picada, camarones, limón, salsas, ají. Luego con unas cucharitas de plástico, de una manera que sólo la experiencia que da hacerlo durante muchos años, cientos de veces en el día, comenzó a mezclar los ingredientes envolviendo y revolviendo una y otra vez hasta que todo quedó perfectamente adicionado. Aquel que reconocemos como el cebiche colombiano tiene dos particularidades que son propias de nosotros, la salsa rosada que da de la mezcla de la salsa kétchup y la mayonesa y las galletas de sal, acompañante inseparable que se entrega por separado envueltas en una servilleta.

Me los entregó y no veía la hora de hincarle el diente a esos olorosos y sabrosos camarones que tanto prometían. Como no había lugar para sentarse, caminamos hasta la sombra más cercana; nos la ofrecían unos árboles sembrados en el CAI de la Policía Nacional que queda justo en la esquina frente al Bony. Ahí, sentados en el césped cual turistas despreocupados, dimos cuenta del cebiche más rico que me he comido nunca. Para serles sincero no traía nada especial o distinto a lo que puede tener otro, pero la mera sensación de estar en Cartagena, con el mar al frente, la brisa acariciándonos el rostro, estar con la mejor compañía del mundo y comiendo con una buena hambre un delicioso y fresco producto de mar, hecho por las manos de una verdadera matrona cartagenera, me da la potestad para hacer tal afirmación.


Salí pues a comer cebiche al Kiosko del Bony en Cartagena y me encantó. Me comí un producto sincero, hecho por una señora que aunque no me sonrió, ni me dio muestras de servicio más allá de lo esencial, no me dejó de atender como me lo merecía. Me lo disfruté hasta el último camarón y la última harinita de galleta como si fuera un niño. Por eso te puedo decir a vos, Salí a comer cebiche, a tragarte una ciudad entera en cada bocado, a vivir una experiencia similar a la de los marineros que vinieron a estas tierras hace cientos de años y comete un cebiche de son of a B… porque a todos nos gusta salir, a comer cebiche, a viajar a, a vivir.

domingo, 22 de marzo de 2015

SALÍ A VIVIR LA MEJOR EXPERIENCIA GASTRONÓMICA DE MI VIDA – SALÍ A RAFAELLO BISTRÓ MEDITERRANEO

COSIACA
Tomado de la página:
http://www.bibliotecapiloto.gov.co/sala-de-prensa/1227-cosiaca
Cuenta el cuento más o menos, que a una fonda de Andes entró un día cualquiera un foráneo con cara de tener sed. Cosiaca, que era dicharachero y marrullero por naturaleza, personaje muy famoso de la antigua Antioquia, de esa reconocida por los arrieros y los paisas enredadores y negociantes, que estaba sentado tomándose un frasco de anisao seguramente invitado por alguno de aquellos que le “goteriaban” nada más que por escucharle alguna de sus ocurrencias, le puso el ojo encima para esperar a que le dieran “tiro” para hacer una de las suyas.
“Un aguardiente doble con cara de triple” pidió el recién llegado, mientras se quitaba el sombrero de ala ancha para rascarse la cabeza, y poder echar una mirada alrededor sin que nada le estorbara. El fondero se lo sirvió; lo tomó con prisa y de un solo trago se lo mandó enterito para calentar la garganta y preguntar con la voz aguardientosa, fuerte para que todos los presentes lo escucharan:
—Alguno de los presentes me puede hacer el favor de decirme, ¿Qué se necesita para ir de aquí a Manizales? —Cosiaca no necesitó esperar más, porque con esta se la dejaron servida. Agarró también una copa llena de la mesa a la que estaba sentado, la levantó y apuntándosela al hombre que había hecho la pregunta, le respondió:
—Yo le respondo mi Don con mucho gusto—. Y con eso bastó para que todos los que estaban en la fonda se callaran y se voltearan para prestar atención a lo que estaba a punto de pasar. El foráneo asintió con la cabeza para indicar que estaba prestando atención y para invitar al amable poblador a que le satisficiera la necesidad de saber qué tenía que hacer, ansioso por continuar con su viaje de negocios. Cosiaca no se hizo esperar, y asegurándose de hablar lo suficientemente fuerte para se le escuchara claro en todo el recinto, le respondió:
—Pa’ir de aquí hasta Manizales, se necesitan una mula y dos culos—. Y con el coro de las carcajadas de los presentes, sin más, Cosiaca se mandó la copa a la boca para tragarse su anisao.

Yo soy un montañero de pura cepa, eso lo he dicho y lo repito hasta el cansancio. Me siento orgulloso no sólo de dientes para afuera por haber nacido entre estas montañas, pero también soy consciente de que esas mismas montañas me han ocultado por mucho tiempo un mundo inmenso que hay más allá. Siempre me ha gustado y me ha interesado mi cultura, todo lo que representa ser paisa me ha causado curiosidad y asombro. Las historias de personajes como Cosiaca y Ñito Restrepo me fascinan y por eso me atreví a contar mi versión de una de las que más me gustan de uno de ellos para iniciar esta entrada. Me leí cuando era pequeño los cuentos e historias escritos por mi suegro abuelo Tomás Carrasquilla y Ciro Mendía, literatos costumbristas, para que me aproximaran más a esas historias de la Antioquia de antaño, de la que venían mis abuelos y ahora me sueño con escribir de la Antioquia de hoy para que generaciones futuras sepan cómo somos.

Fanpage de Facebook Rafaello:
https://www.facebook.com/rafaellobistromediterraneo?fref=ts
Sin embargo la motivación para escribir esta entrada no es Cosiaca sino en el lugar en el que está. La fonda, sitio de “sano esparcimiento” de los ancestros en los que se reunían  a tomar bebidas espirituosas y ponerse al día en los recientes acontecimientos. Las fondas en Antioquia nacieron para darle un alto a los caminos, para que los arrieros y los viajeros tuvieran un lugar en dónde descansar, en dónde comer, beber y dormir algo para continuar con energías renovadas después. Cada veinticinco kilómetros había una, esa es la distancia que se lograba recorrer a lomo de “bestia” por día en aquellos tiempos; es por eso los pueblos de hoy tienen más o menos esa distancia entre ellos, ¿Captan?
El concepto de fonda está vigente aún, y aunque no es lo mismo, sigue siendo igual; es un lugar para restaurar energías. Es en las fondas adónde podemos ir a comernos un buen típico o una bandeja paisa, un sancocho o un mondongo bien carnudo, es a la fonda a dónde se va cuando se quiere rumbear a lo montañero, a tomar “guaro” escuchando música parrandera, guasca o mariachi, es dónde se arman los concursos de trovadores, es el lugar en el que nos conectamos con el paisa que tenemos dentro.

Aun así ese concepto no nos pertenece como cultura de manera exclusiva, fondas hay en todo el mundo y han existido desde tiempos inmemoriales, sólo que con otros nombres: Hostales, hostelerías, posadas, fonduqs, y entre muchos otros, bistrós. Así que no es de extrañar el por qué una de mis mejores experiencias gastronómicas vividas hasta ahora, la haya tenido en un bistró, es decir, en una fonda: en Rafaello Bistró Mediterráneo.

A este restaurante llegamos en buena hora a celebrar un evento muy importante para nuestra familia, porque su dueño y jefe de cocina, el reconocidísimo Chef Óscar Gónima, un Cocinero Profesional que pertenece a la exclusiva congregación de los Cordon Bleu, estuvo en Salí el programa de radio, pues aceptó la invitación de David Alvarado para hablar con nosotros sobre la gastronomía colombiana y la educación gastronómica que están recibiendo los futuros cocineros de Antioquia. El programa fue un éxito; las declaraciones del Chef fueron muy reveladoras y dejaron muy mal paradas a las escuelas gastronómicas de la ciudad. Lo que dijo fue tan impactante que tan sólo unos días después del programa, el Ministerio de Educación vino a la ciudad a hacer unas cuantas preguntas e intervenciones a varias de ellas.
¿Quieres escuchar el programa? Click aquí.
El Chef Óscar Gónima es muy reconocido no sólo en la ciudad, porque su cara ha estado en las pantallas de los televisores de muchos colombianos. Él es el conductor del programa de televisión gastronómico “En boca de todos” click para ver. Por lo tanto fue un honor tenerlo en el programa y un privilegio poder disfrutar de la comida que crea en su restaurante.

La experiencia
Después de una amable conversación con el Chef, hice una reservación para cuatro personas en su restaurante para un lunes a las ocho de la noche. Llegamos puntuales y les confieso que estaba muy ansioso, primero porque quería que mi esposa, quien era la ojimeniada, perdón, la homenajeada, de ese día, tuviera una experiencia inolvidable, y sabía en mi interior que así sería; en segundo lugar porque estaba a punto de tener una experiencia que me soñaba desde que despertó en mí la concepción de que la comida, es un arte que requiere de técnicas y de ciencia que no todo el mudo puede dominar, así que sentía que estaba a punto de experimentar un tipo de vivencia, a un nivel del que no había estado consciente nunca.

Rafaello estaba a nuestra entera disposición y con esto quiero decir que éramos los únicos comensales esa noche a esa hora. El chef nos recibió en la puerta, una distinción que nos hizo entender de su parte que éramos importantes, pero si quieren que sea sincero, creo que eso es inherente al Chef para con todos los que visitan su restaurante. Él mismo nos escogió la mesa, la reservó porque era una bonita noche y comer en la terraza al aire libre potenciaría la experiencia…  ¿Qué les puedo decir?

El lugar es realmente bello, sobrio, respira buen gusto, te transporta a otro lugar a otro estado; la decoración del bar es muy bella y la del salón principal contiene unas imágenes del mediterráneo que cumplen con esa misión de hacerte viajar al sentarte a comer. La iluminación es indirecta, moderada, moderna y da ese toque íntimo que se necesita para pasar una buena velada con la mejor compañía, sean amigos o tu pareja.
 
Sentados a la mesa, llegó la hora de decidir lo que íbamos a pedir. En primer lugar quisimos las bebidas, una jarra de refrescante sangría rosa y para el conductor elegido, es decir, este pechito, un delicioso jugo de frutos rojos.

El concepto de Rafaello es la comida mediterránea, deliciosa, saludable, sabrosa y, para este noble servidor, novedosa. Su creador quiere que con el menú el visitante recorra la gastronomía mediterránea desde el norte de África, pasando por la península Ibérica, Italia, hasta llegar a Grecia. Se me ha de quedar algo por fuera y por esto el Chef me perdonará. 
Lo que sí es claro es que la filosofía de la cocina de Óscar Gónima es: simpleza, calidad, sabor sincero y perfección. Las opciones son tan variadas como asombrosas y me refiero a que al ver una y desearla hasta morir, lees la siguiente y tienes un dilema, y luego multiplicas eso por varias hojas más de la carta.

Para poder decidirnos por el plato fuerte, hicimos el primer pedido, una entrada que mi esposa no puede dejar de pedir en dónde la encuentra: pan de maíz, con vinagre balsámico, aceite de oliva y una deliciosa crema agria. Pero queríamos algo más y nos decidimos por otra entrada, pero no es cualquier entrada, para que me entiendan, es LA ENTRADA. Lo siento pero no voy a dejar de expresarlo como me viene a los recuerdos: simplemente es ¡Espectacular!
Se llama “Pulpo baby Rafaello”. El plato consta de tres pulpitos grillados, es decir, asados a la parrilla, que han sido marinados en albahaca y ajo y que vienen con una “galleta” de queso parmesano. Extremadamente suaves al morderlos, dulces como se ha de esperar de un molusco, sabrosos y con una sensación de frescura por la técnica del marinado, absolutamente apetitosos por la impecable presentación.

El plato fuerte, o mejor dicho, los platos fuertes fueron una locura, ya se podrán imaginar luego de la calidad del primer momento. Como familia, tenemos una especie de pacto, que consiste en que ninguno pide el mismo plato, con la condición de darle a probar a los otros del tuyo para completar una gama amplia de los sabores que llegan a la mesa y finalmente determinar entre todos, quién pidió el mejor. Esta vez la tuvimos difícil, creo que ni siquiera pudimos ponernos de acuerdo.

El plato de la agasajada fue un filete de Salmón Sahara; consistía de dos trozos de Salmón rebozados en frutos secos con una salsa de manzana y coco, acompañados de un puré de arvejas y un pastelito de vegetales asados. El pescado estaba en su punto, los frutos secos y las frutas de la salsa le daban un sabor sutil y provocador, la textura era perfecta y el detalle enamorador era el chicharrón crocante hecho con la piel que venía clavado en el puré de arvejas, que sin temor a equivocarme, estaba tan rico como el pescado mismo. El muffin de vegetales estaba delicioso. Un plato perfecto para la ocasión que estábamos celebrando.

Los platos de los muchachos, que pude probar en una proporción menor al de mi esposa, eran de “muerte lenta” como decía mi abuelita. El “risotto de frutos del mar al limón, estaba cremoso, lleno de sabores equilibrados entre lo dulce de la carne de los calamares, camarones y langostinos, lo salado, y el cítrico del limón. Las texturas maravillosas. Sin embargo hubo algo mal…  pero no con el plato, o bueno, sí, pero en realidad todo tiene que ver con el comensal, porque éste fue pedido nada más y nada menos que por el tragaldabas de la casa, el barril sin fondo, el agujero negro de las neveras, por tanto, estaba tan rico que le fue insuficiente. Para ser justos, a Daniel nada le alcanza, porque la porción en que viene servido es perfecta, para una persona normal como usted y una casi normal, como yo.

El otro “chiquito” de la casa se pidió un “lomito de res Rafaello”. ¡Yom yom! A aquellos que les guste la carne más que nada en el mundo a la hora de comer, se van a sentir muy complacidos con este plato. Un buen filete de carne de res asado a la grillé al término deseado, suave, sabroso, delicado, con un olor abrasador que lo impregnaba todo, rico, espléndido y venía acompañado con un puré de papas criollas y un muffin de vegetales como el que les describí antes.

Mi plato, para completar la gama de sabores, traía cerdo. Su nombre es “Rack de cerdo citronelle”. Obviamente me puedo apropiar más en la descripción de este plato que en cualquiera de los otros; por eso voy a decir que pude ir al cielo de la gastronomía y lamentablemente tuve que volver a la realidad cuando lo acabé. Se viaja cuando se come, eso lo he dicho muchas veces, pero con este plato volé y fue en cohete. La carne de cerdo fue cocida lentamente, lo que le dio la propiedad de deshacerse con sólo ponerle el cuchillo encima para trozarla, en la boca parecía que se derretía y me quería ahogar en un delicioso mar de jugos especiados y cítricos. Tenía piel, chicharrón que texturizaba cada bocado… se me hace agua la boca con sólo recordarlo. El muffin de vegetales sabía muy bien y servía para limpiar el paladar para el siguiente bocado. Los fetuccine a la crema estaban deliciosos. Alguna vez dije que las pastas no son mi comida favorita, porque les pierdo el interés muy rápidamente, se me hacen hartas pues luego de un tiempo me saben igual y me aburro además de que se enfrían muy pronto. En este plato, vienen en el recipiente en que son preparadas, bueno, eso intuyo, y por tanto conservan la temperatura y el sabor de una forma especial. Me encantaron, la crema que traen y el queso las hace muy sabrosas y al combinarlas con la carne y los vegetales se me antojaron angelicales. Muy buen toque maestro, ¡Qué delicia!

Creyendo estar satisfechos, felices, con la barriga llena y el corazón contento, el maestro Gónima se dejó venir con otro detalle enamorador, con uno de esos toques que se pueden considerar la estocada maestra. Como detalle de su parte, nos invitó al postre ¿Se lo pueden imaginar? Yo no me lo habría imaginado y sin embargo no me lo creía tampoco cuando nos puso sobre la mesa, una deliciosa y preciosa muestra de tres de sus mejores postres: Un “Pecan pie” lleno de sabor, según nos explicó está hecho con sirope de agave, ¡agave! Con lo que hace el mescal o el tequila. Un “Profiterol” que es como un pastelito hueco dulce relleno de una crema suave y mantequillosa que hace que tus papilas vuelen a un universo paralelo de sabor, lo mejor de todo es que descansaba sobre un espejo de salsa de chocolate, a este punto si no te has muerto de la dicha, ya va siendo hora. Y por último un trozo de tartaleta de chocolate, mi favorita, con un sabor celestial, enamorador, sexy, ligeramente alicorado, magnánimamente sebador. Apague y vámonos.

Cuando les dije que habíamos sido mejor que bien recibidos, y que fuimos unos privilegiados no estaba exagerando, porque el mismo Chef Cordon Bleu, el maestro Óscar Gónima fue quien nos hizo los platos y además nos los llevaba él mismo a la mesa, lo que nos daba la oportunidad de que nos explicara cómo los hacía y los servía. No sé si me alcancen a entender, pero esta experiencia, además de por la deliciosa comida, se convirtió en la más completa de todas las que he tenido; por eso soy capaz de decir sin miramientos que Salí a Rafaellos Bistró Mediterráneo a vivir la mejor experiencia gastronómica que he tenido. 
Lo mejor de todo es que no soy yo el único que lo afirma, y no lo digo sólo por mi familia, sino por la innumerable cantidad de personas y personalidades que lo buscan y lo siguen a dónde vaya. 

Por eso te lo recomiendo y lo hago con toda la sinceridad de que soy capaz, Salí a Rafaello Bistró Mediterráneo, tenés que hacerlo, ese privilegio de comer de manos de un Chef de estas calidades no debe ser de pocos, ha de ser de muchos y vos tenés que estar ahí. Salí a tener la mejor experiencia gastronómica de la vida. Porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

lunes, 16 de marzo de 2015

SALÍ EN RADIO - SALÍ A HABLAR DE MASTER CHEF CON EL CHEF ÓSCAR GÓNIMA

Con la llegada de los realities a la televisión, se han inventado formatos de todo tipo que proponen desde protagonizar una novela, pasando por ser un Gran Hermano, dar una deliciosa prueba en una cuchara, hasta convertirse en un Master Chef. Ha dado para todo y ha sido para todos los gustos. El mundo de hoy anda tan rápido y furioso que estos formatos de televisión son la mejor opción que tienen muchos de llegar rápido a un lugar que a otros, a los que han estudiado, han sido juiciosos, constantes y disciplinados les ha tomado mucho tiempo y sacrificio. 
Hay quienes condenan este tipo de televisión y lo desprecian, hay otros que lo adoran y defienden. Sin embargo no se puede negar, y esta es la justificación de su existencia y de que “genios creativos” sigan inventando nuevas formas de realities, que son un hit en consumo entre los televidentes colombianos y desde el punto de vista de la producción, son muy rentables para los canales de televisión. El último experimento que ha dado un muy buen resultado por cierto, de los canales de televisión del país, ha sido el de los realities gastronómicos, cuyos altos raitings y el uso de tema de conversación en muchas situaciones casuales del ciudadano común, demuestra que, y quiero aclarar que esto es una opinión personal, los colombianos estamos en un proceso de despertar gastronómico, que queremos aprender más y sobre todo mostrarle al mundo sobre nosotros y lo que comemos.


Inspirados en este precepto, amantes de la gastronomía, consumidores de televisión de este tipo, testigos del despertar gastronómico que está viviendo el país, en Salí nos hemos preguntado qué pensarán los expertos sobre el tema; así que le hemos pedido a un amigo de la casa que acepte la invitación a hablar de este tipo de programas. Quien mejor que el chef Cordon Bleu Óscar Gónima, un hombre que nos puede hablar objetivamente desde los dos puntos importantes de este tema, pues ha sido también director y conductor de programas de televisión gastronómicos, para que nos cuente de su percepción sobre los realities que han marcado tendencia últimamente en el país. Por eso, quisimos ponerle a este programa de radio: Salí con el chef Óscar Gónima a hablar de Master Chef.


Estemos de acuerdo o no con este tipo de formatos televisivos, hay que reconocer que la gastronomía colombiana y nuestra percepción sobre ella sí está cambiando; nos estamos haciendo cada vez más conscientes de que hay un valor cultural e histórico importante en lo que se prepara en las cocinas de todas las regiones del país cada día y por lo menos eso, podemos rescatar de este tipo de televisión que estamos viendo. Ahí tienen pues lo que opina un experto colombiano en gastronomía sobre este tipo de televisión, eso era lo que queríamos saber en Salí, y queremos destacar una cosa muy importante que es una verdad infalible, entre gustos no hay disgustos porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

Para escuchar el programa completo da click sobre la imagen:


Si no lo puedes escuchar desde el blog, copia y pega el siguiente link en tu ventana del navegador:
https://soundcloud.com/frecuenciau/sali-2015-03-12-a-hablar-con-el-chef-gonima-de-master-chef

sábado, 7 de marzo de 2015

SALÍ EN RADIO - SALÍ A VOLAR CON ALEX VILLA

Fotografía tomada del Fanpage de Alex Villa
Volar ha sido un sueño tan viejo como el hombre mismo. Tener alas está en las historias más antiguas, en los mitos y las leyendas de seres voladores como Cupido, Hermes, e Ícaro de la antigua Grecia, en los ángeles que bajaban del cielo con estruendo de miles de caballos de la biblia, o los querubines representados en el renacimiento como bebés con alas. 
Abbas Ibn Firnas
Varios hombres en la historia quisieron ir más allá y dejaron de soñar para intentar hacerlo de verdad, en el año 887 antes de cristo, en Andalucía, el matemático, astrónomo, poeta y loco, Abbas Ibn Firnas, se ganó el título del primer hombre que voló con una primitiva ala delta de madera, claro, también se ganó uno que otro hueso roto. 
Ilustración tomada de Gettyimages.es
se respetan todos sus derechos
El intento lo replicó un siglo después en Inglaterra, un monje Benedictino llamado Elimer, quien se subió a una torre de 24 metros de altura y al mejor intento de Ícaro y Dédalos, con unas alas de madera y plumas de ganso se lanzó al vacío, sobrevivió, perturbó la tranquilidad del monasterio, lugar de silencio y reflexión, con los gritos de dolor por las magulladuras y el tobillo roto, pero lo logró.
Imagen tomada de Blog
El siguiente fue Leonardo Davinci, quien por observación logró diseñar en el papel, una estructura con la que luego científicos del siglo veinte se inspiraron para construir el primer helicóptero. Historias no oficiales dicen que Davinci sí pudo volar con un prototipo de ala delta inspirada en el halcón, cuyos dibujos fueron encontrados en un archivo que estuvo perdido hasta hace poco tiempo. Fue hasta el año 1903 cuando los hermanos Wright, lograron que un aparato, más pesado que el aire, pudiera volar unos 26 metros. De ahí en adelante, el cielo se nos quedó pequeño y el hombre, a hoy, ha volado incluso hasta los 348.000 kilómetros de distancia que nos separan de la luna. Sin embargo ese sueño de despegar los pies de la tierra y conquistar el aire, ya no es para unos pocos privilegiados, ahora está al alcance de muchos más con el cometismo, el paracaidismo, el parapentismo y otras opciones más que le ofrecen la oportunidad de vivir ese sueño de tantos, a ese sueño tan viejo, a miles de personas en todo el mundo, día a día. 

Esta vez en Salí tenemos a uno de esos hombres pájaro que tienen más aire que sangre en las venas, un colombiano que vuela en parapente desde hace casi diez años y que es reconocido como uno de los mejores en el mundo. Alex Villa, conocido como el Jakie Chan colombiano, vive para volar, y por eso nos representa como país en la carrera más exigente del mundo, la Red Bull X-Alps 2015. Para eso está aquí, para contarnos sobre sus aventuras, sobre su perspectiva del mundo, desde arriba, desde un parapente. Hoy Salí a volar con Alex Villa.






Los X-Alps 2015

Para saber más entren a
 http://www.redbullxalps.com/

Red Bull X-ALPS 2015, la competencia más difícil y retadora en la modalidad de parapente, es un duro circuito en los Alpes, donde solo participarán los mejores, haciendo un recorrido de más de 1.000 Kilómetros, combinando el vuelo y el tarilrunning. Esto será el 13 de julio de 2014. Para esta edición fueron aceptados 25 equipos de diferentes partes del mundo, representado su nación. El equipo lo conforman solo dos integrantes, piloto y asistente.


Soñar vale la pena, apostarle a los sueños es lo único a lo que se le debería meter energía en la vida, sin desperdiciar tanta en cosas que no te van a hacer feliz. Alex Villa, desde chico se soñó con volar y hoy es uno de los mejores parapentistas del mundo. Claro, no se quedó con sólo soñar, luchó, tuvo constancia, disciplina y miren en dónde está. 
Salí quiere inspirarlos a que le apuesten a sus sueños, ahí tienen a otro colombiano aventurero que hace lo que le hace feliz, le pagan por hacer lo que más le gusta y es reconocido por todo el mundo por hacerlo bien. 
Dale, soñá, Salí a cumplir tus sueños, porque te lo mereces y además de vos, el mundo lo necesita. Salí a volar como Alex Villa, porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.




Para escuchar el programa, CLick AQUÍ

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https://soundcloud.com/frecuenciau/sal-2015-03-05-a-volar-con?in=frecuenciau%2Fsets%2Fsal