Nuestro lema

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lunes, 16 de febrero de 2015

BARRIGA LLENA, CORAZÓN CONTENTO, ALMA EN LLAMAS - SALÍ AL CANASTO DE BARTOLO

Empezar esta entrada me ha hecho recordar de una manera muy particular a mi hermana Carolina. ¡Hola hermanita! Y es que ella tenía una forma muy particular de hacerme enojar cuando éramos niños y vivíamos con los papás. Era feliz diciéndome, o bueno, diciéndonos a mi hermano menor y a mí, que vivíamos “engorilados” y “enchirolados”. Ahora que soy un hombre de edad media, miro esas expresiones con un dejo de añoranza y de nostalgia; ojalá todos los insultos fueran así, ojalá la inocencia de esos años nos habitaran a todos todavía, qué fácil serían muchas cosas ¿no?

Tendrían que estar metidos en mi cabeza para entender la relación entre los insultos de mi hermanita y la idea que engatilló la escritura de esta salida. Sin embargo voy a tratar de explicárselo. Alguna vez en una entrada anterior, les hablé de que por mi apellido, en el colegio me había ganado el apodo de “torombolo”, (ver entrada de Archie’s) cosa que tampoco me gustaba mucho, porque la relación directa con esta palabra era, tonto, bobo, atembao (otra favorita de Carolina Toro), chirolo o bartolo. ¿Van entendiendo?

“El canasto de Bartolo”, nombre sonoro y muy original, un “sin tocayo” pensarán algunos es hermano de “Asados Bartolos”, un restaurante muy tradicional que desde hace muchos años, ha sido lugar de encuentros y reuniones importantes en el Parque de Envigado. Como siempre me ha llamado la atención el nombre de estos restaurantes, me puse a averiguar un poco y encontré que resulta que Bartolo es un apocope de Bartolomeo, como Bart, el de los Simpson, y hay un santo que cuenta con muchos devotos que se llama San Bartolomé, patrono de los talabarteros y de las enfermedades nerviosas; a sus fervientes seguidores se les llaman los Bartolos, y en Antioquia hay varias veredas que llevan el nombre de este santo; una de las más conocidas queda en el pueblo de Andes, así que mi hipótesis es que, probablemente de ahí venga el nombre escogido para los restaurantes, probablemente sea el gentilicio de sus fundadores. 
"Bartolo" - Enrique Guzmán
Para quitarme la espinita, también les voy a contar el porqué de la otra referencia que tengo desde pequeño para con el nombre, y es que en México hubo un cómico (Enrique Guzman, padre de Alejandra) que creó un personaje que se llamaba así y que era un poco tontín, por lo que para los" manitos", esta connotación es atribuida a las personas que son un tanto lentas. Volviendo pues a lo que en realidad nos atañe, resulta que estos restaurantes de Envigado son de la misma familia, una de esas que no pueden vivir lejos unos de otros, por lo que están, en el mismo barrio, casi que en la misma calle.

Foto tomada de
http://www.envigado.gov.co/
Para llegar sólo tienen que ir hasta el Parque de Envigado, subir por la calle principal y girar a la derecha a la primera oportunidad, es decir, doblar la esquina del Banco Agrario; a mitad de esa cuadra está El canasto de Bartolo, un restaurante que tenía muchas ganas de conocer desde hacía mucho tiempo, porque muchas veces pasé al frente de su puerta para ir a hacer una que otra diligencia, y al hacerlo, aunque los pies seguían la dirección correcta, la nariz me invitaba, me empujaba a cambiar el curso por los tantos aromas deliciosos que se me metían hasta el alma, ya que lo que hacían era recordarme algo que no podía precisar.

Pero un buen día me dio la loqueta y sin más excusas que la de pasar un medio día de un viernes con mi esposa almorzando si tener que haber cocinado, me fui a descubrir ese recuerdo de algo que no conocía. El lugar es muy agradable, elegimos una mesa al lado de un espacio que se convierte en las noches en un escenario para escuchar música en vivo. El decorado es sencillo, es más, poco a poco me fui dando cuenta de qué era eso que sentía que conocía, y es que el ambiente, tal y como lo reza el mismo menú, es muy familiar, parece la casa de la abuelita. La mueblería, la decoración es de ese estilo, lo que hizo un llamado inmediato a mis ancestros, y se me salió el montañero que todo buen paisa lleva por dentro. 

Si bien, este restaurante como dije viene de la familia de Asados Bartolo, en este también te ofrecen la posibilidad de comerte una buena punta de anca o un solomo asados, pero igual se pueden pedir, y aquí es dónde creo que radica la principal diferencia del restaurante del papá, unas salchipapas, unas pastas gratinadas o una hamburguesa.

Pero ese no era el propósito, porque yo ya tenía la recua de mulas esperando afuera, el poncho, el sombrero y el carriel terciados y a Margarita, la serpiente arrollada que tengo en las tripas, clamando por un típico antioqueño, de esos que lo dejan a uno “peyendo” hasta el otro día y con ganas de una siesta debajo de un platanal…  Perdón, les pido disculpas por la forma en la que expresé esta idea, se me salió el Tomás Carrasquilla, el Ciro Mendía que me habitan.


Así pues que cuando nos trajeron el güandolo de cortesía con el que le dan a uno la bienvenida ataqué a la mesera con la pregunta: ¿niña, ustedes no venden bandejita? Y con una mirada como de ¿a usted cómo se le ocurre preguntar semejante bobada? Me dijo, “claro señor, el plato del día es típico”; y estoy seguro de que pa’dentro se dijo: “¿Será que éste tiene malas las gülentinas que no nota que todo el restaurante huele a frisoles con garra y a chicharrón patudo frito?”. Y pa rematar dijo, tenemos el típico completo y el medio típico, que es apenas para una persona normal. ¿Qué me habrá querido decir con eso?, entonces yo me pedí uno entero y la Marce medio, pero cuando la mesera se volteó para irse a hacer el pedido en la cocina, mi esposa me dijo que cambiara el plato, que pidiera medio, porque sentía que no iba a poder con todo y me iba a terminar dando la mitad del de ella, si no era más, así que le hice caso… La inocencia si es muy bonita ¿no?


Yo ya estaba arrepentido de la decisión que me obligaron tomar, ya me imaginaba yo que iba a salir con hambre, o que me iba tocar ajustar con una mazamorra. Pero gracias a Dios estaba equivocado, porque en menos de lo que canta un gallo ya estaba el pedido en la mesa y lo tuvieron que traer dos camajanes que tienen encadenados en la parte de atrás (esto por supuesto es una exageración… que ahora entiendo que no tenía que aclarar). Bueno, la mesera nos trajo los platos con medio típico y lo primero que me pregunté fue, ¿y cómo será completo? Claro que es fácil de imaginar, a este platico le dicen medio típico porque el chorizo, la morcilla y el chicharrón vienen partidos por la mitad, pero los frijoles, el arroz, la ensalada del campo, el huevo, la tajada de maduro y las papitas, gracias a Dios sí venían completicos; a la final, un huevo partido por la mitad se ve como feito.

Nótese la celebración
anticipada atrás de Marcela
En fin, la comida es deliciosa, no sólo el lugar me recodó a la casa de la abuela por los muebles y el cuadro de la última cena en la pared, sino por la sazón, que es especial, de esas que tienen amor como parte de los ingredientes. La experiencia fue tal y cómo la requería ese antioqueño al que le corre tinta de fríjoles por las venas, cada granito de arroz me supo a mi tierra, y como para acabar de ajustar, ese día jugaba la Selección Colombia de Fútbol, pues hasta orgulloso me sentí de ser un buen colombiano.

Marta, Margarita, Juan, Santiago y Andrea...  Familia Salí
Sin embargo la experiencia fue mejor, mucho mejor más allá de la comida, porque en el restaurante había una mesa de “Salidos”. Para que me entiendan, me refiero así a unos seguidores de Salí que sin más, cuando me vieron tomando las fotografías para la entrada, se levantaron a gritar como si la selección hubiera metido un gol, a pedir, que digo pedir, a exigir, que les tomara una a ellos porque querían salir en el Blog. Ahí está pues, la familia Salí es cada vez más grande y ya nos encontramos en los restaurantes, cosa que aclaro, no es la primera vez, y algo me dice, que no será tampoco la última. Queriendo Dios ¿cierto?

Salí pues a “El canasto de Bartolo”, un restaurante de asados que además te da otras opciones deliciosas en caso de querer otro tipo de alimentos. 

Comí delicioso, a lo paisa, como nos gusta: bastante, bueno, bonito y barato. Salí lleno de la barriga, la Marce se comió todo, no me dejó sino la ensalada ¡Eh quiai! Pero a la final ni falta que me hizo que me cumpliera la promesa que me hizo de dejarme la mitad, sino, y ahí está lo mejor de todo, es que Salí con el alma llena, al encontrarme, yo, un pobre mortal, con el cariño de la gente que lee este blog. Para ellos y para todos ustedes, un Dios les pague y un abrazo pechichón, gracias por hacer a este niño feliz.


Por eso te puedo decir a vos también, Salí al Canasto de Bartolo, una opción para comer en Envigado, junto al parque principal, en el que estoy seguro, vas a quedar barrigón y contento. Lo sé, porque vale la pena, además a todos, nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

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