Nuestro lema

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domingo, 22 de febrero de 2015

SALÍ EN RADIO - SALÍ A DAR LA VUELTA AL MUNDO EN UN VELERO

Todos conocen esa frase que dice que todo ser humano antes de morir debe de tener un árbol, plantar un libro y escribir un hijo…  o algo así, y sin embargo creo que todo ser humano debería de tener por obligación derecho a una aventura colosal, no hacerlo debería ser un delito, para con uno mismo.

Franco Ospina ya hizo realidad tres increíbles aventuras: hacer la ruta de la conquista de Cristobal Colón desde España hasta américa en un velero de 6 metros de largo, se llamó El caminante del viento I, ésta fue la primera y estuvo en el mar 115 días.

Su segunda aventura fue comprobar que Suramérica se puede atravesar de punta a punta, navegando por ríos y caños interconectados; Expedición Natibo-Visa 2006 fue bautizada. Y así fue, partió desde Meta, Colombia y terminó en la Patagonia, Argentina, pero como si fuera poco, para devolverse se subió en un barco y navegó de regreso a Colombia siguiendo a las ballenas jorobadas. Ocho meses de aventura en un apasionante trayecto que pueden ver capitulo por capítulo aquí.

La tercera, más grande y loca aun, fue la de darle la vuelta al mundo en un velero. Partió de Santa Marta un buen día y tres años después atracaba en el mismo puerto, con más de 65.000 kilómetros recorridos por los mares de cuatro continentes. Y como él mismo lo dijo, lo único que necesitó fue la determinación.
Este es uno de los videos que resumen esta aventura:

Soñar y hacer realidad los sueños, por locos que sean, depende nada más de nosotros mismos, no caben terceros. Espero que este programa los inspire, Salí a darle la vuelta al mundo como Franco, Salí a escalar una montaña, Salí a conquistar el espacio, Salí a cumplir tu sueño, pero Salí, porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

Escucha el programa completo sólo dando click en este link:

Si no puedes reproducirlo desde el enlace anterior, copia y pega en la ventana de buscador el siguiente enlace Soundcloud: https://soundcloud.com/frecuenciau/sal-2015-02-19-a-dar-la-vuelta

lunes, 16 de febrero de 2015

BARRIGA LLENA, CORAZÓN CONTENTO, ALMA EN LLAMAS - SALÍ AL CANASTO DE BARTOLO

Empezar esta entrada me ha hecho recordar de una manera muy particular a mi hermana Carolina. ¡Hola hermanita! Y es que ella tenía una forma muy particular de hacerme enojar cuando éramos niños y vivíamos con los papás. Era feliz diciéndome, o bueno, diciéndonos a mi hermano menor y a mí, que vivíamos “engorilados” y “enchirolados”. Ahora que soy un hombre de edad media, miro esas expresiones con un dejo de añoranza y de nostalgia; ojalá todos los insultos fueran así, ojalá la inocencia de esos años nos habitaran a todos todavía, qué fácil serían muchas cosas ¿no?

Tendrían que estar metidos en mi cabeza para entender la relación entre los insultos de mi hermanita y la idea que engatilló la escritura de esta salida. Sin embargo voy a tratar de explicárselo. Alguna vez en una entrada anterior, les hablé de que por mi apellido, en el colegio me había ganado el apodo de “torombolo”, (ver entrada de Archie’s) cosa que tampoco me gustaba mucho, porque la relación directa con esta palabra era, tonto, bobo, atembao (otra favorita de Carolina Toro), chirolo o bartolo. ¿Van entendiendo?

“El canasto de Bartolo”, nombre sonoro y muy original, un “sin tocayo” pensarán algunos es hermano de “Asados Bartolos”, un restaurante muy tradicional que desde hace muchos años, ha sido lugar de encuentros y reuniones importantes en el Parque de Envigado. Como siempre me ha llamado la atención el nombre de estos restaurantes, me puse a averiguar un poco y encontré que resulta que Bartolo es un apocope de Bartolomeo, como Bart, el de los Simpson, y hay un santo que cuenta con muchos devotos que se llama San Bartolomé, patrono de los talabarteros y de las enfermedades nerviosas; a sus fervientes seguidores se les llaman los Bartolos, y en Antioquia hay varias veredas que llevan el nombre de este santo; una de las más conocidas queda en el pueblo de Andes, así que mi hipótesis es que, probablemente de ahí venga el nombre escogido para los restaurantes, probablemente sea el gentilicio de sus fundadores. 
"Bartolo" - Enrique Guzmán
Para quitarme la espinita, también les voy a contar el porqué de la otra referencia que tengo desde pequeño para con el nombre, y es que en México hubo un cómico (Enrique Guzman, padre de Alejandra) que creó un personaje que se llamaba así y que era un poco tontín, por lo que para los" manitos", esta connotación es atribuida a las personas que son un tanto lentas. Volviendo pues a lo que en realidad nos atañe, resulta que estos restaurantes de Envigado son de la misma familia, una de esas que no pueden vivir lejos unos de otros, por lo que están, en el mismo barrio, casi que en la misma calle.

Foto tomada de
http://www.envigado.gov.co/
Para llegar sólo tienen que ir hasta el Parque de Envigado, subir por la calle principal y girar a la derecha a la primera oportunidad, es decir, doblar la esquina del Banco Agrario; a mitad de esa cuadra está El canasto de Bartolo, un restaurante que tenía muchas ganas de conocer desde hacía mucho tiempo, porque muchas veces pasé al frente de su puerta para ir a hacer una que otra diligencia, y al hacerlo, aunque los pies seguían la dirección correcta, la nariz me invitaba, me empujaba a cambiar el curso por los tantos aromas deliciosos que se me metían hasta el alma, ya que lo que hacían era recordarme algo que no podía precisar.

Pero un buen día me dio la loqueta y sin más excusas que la de pasar un medio día de un viernes con mi esposa almorzando si tener que haber cocinado, me fui a descubrir ese recuerdo de algo que no conocía. El lugar es muy agradable, elegimos una mesa al lado de un espacio que se convierte en las noches en un escenario para escuchar música en vivo. El decorado es sencillo, es más, poco a poco me fui dando cuenta de qué era eso que sentía que conocía, y es que el ambiente, tal y como lo reza el mismo menú, es muy familiar, parece la casa de la abuelita. La mueblería, la decoración es de ese estilo, lo que hizo un llamado inmediato a mis ancestros, y se me salió el montañero que todo buen paisa lleva por dentro. 

Si bien, este restaurante como dije viene de la familia de Asados Bartolo, en este también te ofrecen la posibilidad de comerte una buena punta de anca o un solomo asados, pero igual se pueden pedir, y aquí es dónde creo que radica la principal diferencia del restaurante del papá, unas salchipapas, unas pastas gratinadas o una hamburguesa.

Pero ese no era el propósito, porque yo ya tenía la recua de mulas esperando afuera, el poncho, el sombrero y el carriel terciados y a Margarita, la serpiente arrollada que tengo en las tripas, clamando por un típico antioqueño, de esos que lo dejan a uno “peyendo” hasta el otro día y con ganas de una siesta debajo de un platanal…  Perdón, les pido disculpas por la forma en la que expresé esta idea, se me salió el Tomás Carrasquilla, el Ciro Mendía que me habitan.


Así pues que cuando nos trajeron el güandolo de cortesía con el que le dan a uno la bienvenida ataqué a la mesera con la pregunta: ¿niña, ustedes no venden bandejita? Y con una mirada como de ¿a usted cómo se le ocurre preguntar semejante bobada? Me dijo, “claro señor, el plato del día es típico”; y estoy seguro de que pa’dentro se dijo: “¿Será que éste tiene malas las gülentinas que no nota que todo el restaurante huele a frisoles con garra y a chicharrón patudo frito?”. Y pa rematar dijo, tenemos el típico completo y el medio típico, que es apenas para una persona normal. ¿Qué me habrá querido decir con eso?, entonces yo me pedí uno entero y la Marce medio, pero cuando la mesera se volteó para irse a hacer el pedido en la cocina, mi esposa me dijo que cambiara el plato, que pidiera medio, porque sentía que no iba a poder con todo y me iba a terminar dando la mitad del de ella, si no era más, así que le hice caso… La inocencia si es muy bonita ¿no?


Yo ya estaba arrepentido de la decisión que me obligaron tomar, ya me imaginaba yo que iba a salir con hambre, o que me iba tocar ajustar con una mazamorra. Pero gracias a Dios estaba equivocado, porque en menos de lo que canta un gallo ya estaba el pedido en la mesa y lo tuvieron que traer dos camajanes que tienen encadenados en la parte de atrás (esto por supuesto es una exageración… que ahora entiendo que no tenía que aclarar). Bueno, la mesera nos trajo los platos con medio típico y lo primero que me pregunté fue, ¿y cómo será completo? Claro que es fácil de imaginar, a este platico le dicen medio típico porque el chorizo, la morcilla y el chicharrón vienen partidos por la mitad, pero los frijoles, el arroz, la ensalada del campo, el huevo, la tajada de maduro y las papitas, gracias a Dios sí venían completicos; a la final, un huevo partido por la mitad se ve como feito.

Nótese la celebración
anticipada atrás de Marcela
En fin, la comida es deliciosa, no sólo el lugar me recodó a la casa de la abuela por los muebles y el cuadro de la última cena en la pared, sino por la sazón, que es especial, de esas que tienen amor como parte de los ingredientes. La experiencia fue tal y cómo la requería ese antioqueño al que le corre tinta de fríjoles por las venas, cada granito de arroz me supo a mi tierra, y como para acabar de ajustar, ese día jugaba la Selección Colombia de Fútbol, pues hasta orgulloso me sentí de ser un buen colombiano.

Marta, Margarita, Juan, Santiago y Andrea...  Familia Salí
Sin embargo la experiencia fue mejor, mucho mejor más allá de la comida, porque en el restaurante había una mesa de “Salidos”. Para que me entiendan, me refiero así a unos seguidores de Salí que sin más, cuando me vieron tomando las fotografías para la entrada, se levantaron a gritar como si la selección hubiera metido un gol, a pedir, que digo pedir, a exigir, que les tomara una a ellos porque querían salir en el Blog. Ahí está pues, la familia Salí es cada vez más grande y ya nos encontramos en los restaurantes, cosa que aclaro, no es la primera vez, y algo me dice, que no será tampoco la última. Queriendo Dios ¿cierto?

Salí pues a “El canasto de Bartolo”, un restaurante de asados que además te da otras opciones deliciosas en caso de querer otro tipo de alimentos. 

Comí delicioso, a lo paisa, como nos gusta: bastante, bueno, bonito y barato. Salí lleno de la barriga, la Marce se comió todo, no me dejó sino la ensalada ¡Eh quiai! Pero a la final ni falta que me hizo que me cumpliera la promesa que me hizo de dejarme la mitad, sino, y ahí está lo mejor de todo, es que Salí con el alma llena, al encontrarme, yo, un pobre mortal, con el cariño de la gente que lee este blog. Para ellos y para todos ustedes, un Dios les pague y un abrazo pechichón, gracias por hacer a este niño feliz.


Por eso te puedo decir a vos también, Salí al Canasto de Bartolo, una opción para comer en Envigado, junto al parque principal, en el que estoy seguro, vas a quedar barrigón y contento. Lo sé, porque vale la pena, además a todos, nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

sábado, 14 de febrero de 2015

SALÍ EN RADIO - SALÍ AL ECUADOR

Cuando estudiamos historia por allá en la primaria, nos cuentan que el libertador Simón Bolivar se soñaba una gran nación conformada por el territorio que hoy son seis países, Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Perú y Panamá, y nos cuentan que esa es la razón por la que les llamamos patrias hermanas, porque tenemos el mismo padre. No sé ustedes pero siempre me he preguntado qué hubiera pasado si ese sueño del libertador se hubiera materializado, si hoy la gran Colombia fuera una realidad y todos estuviéramos bajo el mismo manto. No sé si sería mejor o peor, lo que sí sé es que por más que se le mire, tenemos más cosas en común que diferencias, tal y como somos con nuestros hermanos biológicos, compartimos más cosas en común de lo que nos imaginamos y venimos siendo harina, de otro costal pero la misma harina. Desde pequeño en lo personal, me sueño haciendo el recorrido que se hizo papá Simón, desde la isla de Jamaica hasta Bolivia. Siempre he sentido que esa debe ser una de esas mil cosas que hacer antes de morir, conocer los seis países que hacen parte de nuestro ADN histórico, reconocerme en esas otras culturas en las que como dije antes, estoy seguro, tienen más cosas en común que diferencias.
El programa de hoy pretende acercarlos a este pensamiento, vamos a hacer un pequeño recorrido por Ecuador, a través de la experiencia de Claudia Maya, una viajera aventurera que pasó unas cortas pero interesantes vacaciones en dos pueblos ecuatorianos que según sus palabras, vale toda la pena del mundo conocer, Cuenca y Montañitas. Quédate pues con nosotros y Salí al Ecuador, a conocer su gente, su cultura, su gastronomía… Este programa sin dudas te va a gustar, porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.

Claudia Maya en las ruinas
de Ingapirca, Ecuador
CUENCA, oficialmente Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca, es una ciudad del centro sur de la República del Ecuador y es la capital de la provincia delAzuay y de la Región 6. Está situada en la parte meridional de la Cordillera andina ecuatoriana. Su Centro Histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1999.
Es llamada la Atenas del Ecuador por su arquitectura, su diversidad cultural, su aporte a las artes, ciencias y letras ecuatorianas y por ser el lugar de nacimiento de muchos personajes ilustres de la sociedad ecuatoriana.
(FUENTE Wikipedia)
Historia del sombrero Panama Hat

Las obras del canal de Panamá fueron iniciadas en su primer momento por Francia, quienes abandonaron su construcción por la inviabilidad del proyecto, pero logran hacer una excavación que utiliza Estados Unidos para terminar la construcción del actual canal. Esta ruta interoceánica entre el mar del Atlántico y Pacífico fue inaugurada un 15 de agosto del año 1914. ¿Qué importancia tiene el sombrero panamá hat en medio de esta construcción?

El presidente Roosevelt se da cuenta de la gran deshidratación que sufren los trabajadores de este canal por la intensidad del calor y decide importar más de 50.000 sombreros del Ecuador, específicamente del pueblo de Cuenca. Al finalizarse la obra, el presidente Roosevelt viaja para la inauguración de la obra y posa en una fotografía, junto a todos los trabajadores de este canal con uno de estos sombreros. A partir de ese momento el mundo asume que éstos eran fabricados en este país. Cuando en Ecuador quisieron cambiarle el nombre ya era tarde, pues todo el mundo los conocía como los Panama Hat, o sombrero panameño.

MONTAÑITA: Es una comuna de la Parroquia Manglar alto, en las costas ecuatorianas y en el cantón Santa Elena de la provincia del mismo nombre y por donde pasa la carretera de la Ruta del Sol o "Ruta del Spondylus". A 200 Km de la ciudad de Guayaquil. Montañita toma su nombre por estar ubicada en una ensenada rodeada por cerros, y vegetación al pie del mar, actualmente es un balneario turístico. Sus olas derechas perfectas que llegan hasta los 2.5 m atraen a turistas de todo el mundo para practicar el Surf.
En los años 1960s, el lugar se convirtió en un punto de encuentro para gente, usualmente extranjera, vinculada al Surf y otros movimientos alternativos, para la diversión, el descanso y el contacto con la naturaleza.
(FUENTE Wikipedia)
Claudia Maya, con
Cuenca atrás
Ecuador, patria hermana de la que sabemos poco y no debería ser así. La experiencia de viaje compartida por la profesora Claudia es apenas el ejemplo de dos lugares que vale la pena conocer. Apuesto a que muchos de ustedes al igual que yo, ni siquiera se habían imaginado que había dos destinos tan interesantes para ir a pasar unas vacaciones en Ecuador. El mundo es muy grande y hay tantos lugares por conocer que me hace pensar en que la vida es muy corta y no nos va alcanzar para coleccionar suficientes aventuras. Pero bueno, para eso existe Salí, para viajar a través de las experiencias de personas tan interesantes como la invitada a este programa. Esperamos haber logrado que el gusanito de la curiosidad por conocer Ecuador los haya picado y que a partir de hoy Cuenca y Montañita, aparezcan en su radar de viajeros como nuevas y próximas posibilidades para salir, a comer, a viajar, a vivir.

Escucha el programa  dando click aquí

miércoles, 11 de febrero de 2015

ATAQUE DE TIBURÓN EN PLAYAS DE BOCA GRANDE. SALÍ A CARTAGENA.

Cartagena está grabada en mi corazón de viajero con tinta indeleble. Me enamoré de esta ciudad perdidamente y la añoro con ansias, quiero volver, una y otra vez a enamorarme en sus calles coloniales, detrás del corralito de piedra, de su gastronomía, de su gente.

Experiencias como las que viví allí harán que jamás la pueda olvidar, como por ejemplo el día que estaba en plan romántico con mi esposa, caminando por la playa con los pies desnudos, dejando en la arena nuestras huellas, hasta que ¡Zuaz!, nos atacó un tiburón.

Se llamaba Pepe, un cartagenero que se gana la vida recorriéndose la playa da abajo a arriba, buscando presas para pegarles su buen mordisco.

Al saludar deducen de qué parte del país o del mundo sos; apenas Pepe se dio cuenta de que eramos paisas, intentó imitar el acento para darnos la bienvenida a su ciudad. Inmediatamente nos ofreció su producto, ostras. Con la mirada cómplice de Marce le dije que sí me quería comer una, y le pregunté el precio. Y entonces inició la venta. Ya que le había dado el quiebre, se dejó venir con sus argumentos de venta y me dijo:
 ̶ Mira, a los gringos yo se las vendo a cinco dólares, pero a tí te las dejo a cuatro mil barritas.

Y entonces apareció ese ancestro que llevo en la venas y que aparece sólo en este tipo de situaciones, el turco, el negociante, el que regatea, y le pedí la rebajita. Sin darme cuenta ya tenía una ostra en la mano con sumo de limón. Y así, ya me había comido varias porque sin saber cómo, me aparecía otra en las manos. Varias veces advertí, "Pepe, yo no tengo plata, te puedo comprar unas pocas, porque si no te vas a tener que enojar conmigo" y él me contestaba con ese acento sabroso, "Hombe amigo, qué va, plata se necesita es para comprar un apartamento". 

Se preguntarán porqué le puse este nombre a la entrada, pues, porque cualquier parecido con la realidad, no es pura coincidencia, estos muchachos saben hacer su trabajo muy bien, son unos vendedores de raca y mandaca, muerde el primero y como los tiburones, cuando sienten olor a sangre, un segundo y hasta un tercero van a por su pedazo y ¡zuas!
Aquí no hay paisa que valga, eso es un cuento, ¡pa vendedores y enredadores éste par de tiburones!, mientras uno me distrae, el otro me sigue mordiendo, y la cuenta va subiendo, esto es en serio, hay que estar cuatro ojos y llevando la cuenta, porque son buenos conversadores, hacen chistes, son divertidos, pero están trabajando.

Aquí no hay paisa que valga, eso es un cuento, ¡pa vendedores y enredadores éste par de tiburones!, mientras uno me distrae, el otro me sigue mordiendo, y la cuenta va subiendo, esto es en serio, hay que estar cuatro ojos y llevando la cuenta, porque son buenos conversadores, hacen chistes, son divertidos, pero están trabajando. Finalmente es una muy buena experiencia, una de la que no salís lleno, pero sí te pueden dejar el bolsillo vacío. Este par de tiburones son unos bacanes, Pepe y Pedro se ganan la vida gracias al mar, y son uno de esos tesoros con los que uno se encuentra en toda la ciudad. 

Me divertí mucho, comiendo y luego regateando, porque les cuento que me salvó que estábamos grabando y lo teníamos todo en video. Bueno eso presumo, porque ellos cuentan distinto cuando van a cobrar, su evidencia es cada concha, y cuentan por dos, tapa y contratapa; el de las jaibas cobra por pata, pero a la hora de cobrar, cuenta las articulaciones individualmente… en fin, el regateo hace parte del juego y a la final, terminé dándoles unos doce dólares para que se repartieran entre los dos. Me abrazaron y me dijeron: "Tu eres paisa, tu eres negociante" y se fueron nadando hacia el horizonte, en busca de otra presa.

Salí pues a Cartagena, gracias a Colombia Travel Operator que me organizó el viaje con todos los juguetes, Así que Salí a caminar por las playas de Bocagrande, justo al frente del Hotel Almirante y fui atacado por un par de tiburones que aunque hicieron su mejor esfuerzo por arrancarme un buen pedazo del bolsillo, me dieron un mordisco apenas justo, hicieron lo suyo, quedaron contentos y yo más. Me atreví y me encantó y por eso te puedo decir a vos: Salí a Cartagena, a vivir experiencias como esta en la que un pequeño riesgo vale mucho la pena, porque es una historia más para contar, a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir. 

Disfruten el video de esta experiencia, que sin más, está espectacular y divertido: