Nuestro lema

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martes, 29 de diciembre de 2015

SALÍ A VIVIR UNA NOCHE… PICANTE

Un silbido muy particular que sale de mi teléfono acciona una parte de mi cerebro y se  dispara un mensaje de alerta. Es imposible no mirar la pantalla para verificar que todo esté bien. Por supuesto, encuentro un mensaje:
̶ ¡Profe! ¿Ya viste esto? ̶  Le sigue un link: https://www.youtube.com/watch?v=Bef2VMVehTw


El mensaje lo enviaba Pepe, novio de una ex alumna a quien conocí gracias a un proyecto llamado “el Día 28 de la Publicidad” que él lideró en compañía de otro grupo de loquitos, en el que como publicista invitado, dicté una conferencia sobre la radio publicitaria. Por eso lo de profe.
Ahora mi cerebro, luego de calmar las alarmas, pues he verificado que no es algo urgente, es decir, como el 99.9% de todos los mensajes a los que precede el dichoso silbidito, siente curiosidad, mucha curiosidad y entonces, algo me dice que tengo que ver ese video y que tiene que ser ahora. Es una invitación a concursar en un evento de comida picante. Pepe quiere que me inscriba, me reta y me pone una cita.

Llegué el día acordado y acobardado. Bueno, en realidad nunca consideré entrar al concurso, lo que quería en realidad era hacer parte de él pero de otra forma. Las ideas que tienen “Los Monarettos”, el grupo creativo de Pepe y Juangui, dos entusiastas de la publicidad que se están convirtiendo en expertos creadores de eventos locos y creativos, desde mi parecer personal, como entusiasta de la publicidad, me atraen profundamente y se me hacen irresistibles.
La cita era a las ocho de la noche en Trattoría Sixtina, un restaurante de comida italiana que está ubicado en la circular segunda con la setenta y dos. El dueño del restaurante ya nos conoce de antemano y está acostumbrado a las locuras de este grupo, así que se le midió sin más, desde su experticia, a cambiar por ese día su menú y hacer comida texmex, digna de un “manito” amante del picante, y para serles sincero, les salió muy, pero muy bien.

El evento comenzó a eso de las nueve. Se retrasó un poco porque esto es Colombia y las ocho en realidad son faltando un cuarto para las nueve por lo general; así que nos tocó esperar a que llegaran los últimos participantes inscritos, que en total fueron doce. Como les dije antes, yo no quise participar del concurso porque en realidad lo que quería era hacer esto, verlo desde afuera, cubrirlo y contarles a ustedes lo que pasó. Además, con la marca de mi blog, quise aportar a modo de regalo para los ganadores, un par de regalitos que constaban de una camiseta y un mug de www.sali.com.co Así que entré a hacer parte del grupo de patrocinadores del evento junto con la cerveza Corona, que les dio a los poseedores del paladar más aguantador una Corona Bucket llena de cervezas, detalle encantador; la tienda para adultos Alí Babá, que les dio a los dos primeros puestos unos buenos kits para otro tipo de noches picantes; Encuadrarte marquetería creativa que les dio unos cuadros muy bellos para adornar sus habitaciones y Trattoría Sixtina que les dio cenas para dos en el restaurante. Cabe anotar que Cerveza Corona a los que no participamos nos dio una promoción especial de seis cervezas por $25.000 pesos, Alí babá regaló algunos kits personales muy inclusives y el restaurante creó un combo delicioso para la noche por un precio muy especial también. Es decir, la noche estaba dada para ser perfecta.

El concurso fue así: se dispuso una mesa en la que se sentaron los doce participantes, bajo la mirada curiosa, morbosa, sádica, inquisidora, burlona, pero también de apoyo de los espectadores. A todos les servirían cuatro platos que se veían deliciosos pero que traían el diablo por dentro, lo que haría que indefectiblemente, uno a uno y a veces de a varios, los concursantes pidieran la baja. Cada plato tenía un grado cada vez más alto de capsaicina, ese componente químico que al ser ingerido cobra peaje a la entrada y sin duda alguna también a la salida. Aquel que tomara agua, comiera pan, pidiera leche, se levantara al baño, exigiera que le trajeran a la mamá o se incendiara en combustión espontánea quedaba de inmediato eliminado. Eso sí, se valía llorar, sonarse los mocos, pegarse palmadas en la cara o a la mesa y decir groserías.

Arrancó pues la competencia con un furioso plato de nachos bañados en salsa picante y trozos tamaño “no joda, ¿en serio?” de varios ajíes picantes...

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viernes, 11 de diciembre de 2015

¡QUÉ BUEN RESTAURANTE! - SALÍ A ROMERO

El plan de salir a un restaurante me emociona siempre hasta un punto casi infantil. Cuando tengo claro que en mi futuro próximo voy a disfrutar de una experiencia en un restaurante, me es imposible no sufrir de algún grado de ansiedad; y me voy a atrever a llamarla, sana ansiedad.


Yo tengo claro desde hace mucho tiempo que comer es un acto importante, siempre. Cuando estaba pequeño recuerdo que mi mamá se esforzó por que las comidas tuvieran una hora fija para ser servidas. Cuando nos sentábamos a comer, normalmente lo hacíamos juntos mis hermanos y yo y comíamos mirándonos a los ojos; no había elementos que nos distrajeran como la televisión al sentarnos a la mesa, mucho menos celulares o tablets, es más, si el teléfono (del qué recuerdo como si fuera hoy que era de esos de disco de marcado y lucía un color rojo brillante) sonaba, simplemente se ignoraba o en el peor de los casos, se le empujaba una perillita que traía debajo para callar la molesta campanita hasta que se terminara de comer. Por lo general no le ponía problema a lo que fuera que me pusieran en el plato; doña Victoria no tuvo que pelear conmigo para que me le tomara la sopita, sin embargo y en eso aún hoy puede contar con que la voy a desobedecer, jamás he sido ni seré capaz de comerme algo que tenga un asomo de remolacha. 
(...)

(...)En fin, al llegar a eso de las ocho de la noche, lo primero que me impresionó fue la bonita decoración del lugar; la iluminación es perfecta para tener un encuentro íntimo con la buena comida y la compañía. Los elementos decorativos se me antojaron sobrios e impactantes y la mueblería es muy atractiva y cómoda. Tan sólo entrar, fuimos abordados por una señorita que nos llevó a nuestra mesa para dos, previamente reservada vía telefónica. El lugar elegido para nosotros no podía ser más perfecto, pues la mesa estaba apuntalada al frente de un ventanal con vista a la calle; y aunque cómo dije, era una noche fría, la vista de unos árboles, la iluminación exterior, la madera de la ventana y el pequeño balcón, me hicieron transportarme a otro lugar…  no sé cómo explicarme, pero no me sentía en Medellín, en realidad estaba lejos, muy lejos.

El lugar estaba lleno, nosotros no teníamos afanes y le dijimos a nuestra mesera que se relajara con nuestro pedido; no lo queríamos rápido, deseábamos disfrutar, disfrutarnos con paciencia. Pedimos una jarra de sangría y nos tomamos la primera copa lentamente. Quisimos acompañarla con una entrada: Cazuelita maremonti, una exquisitez que me hace agua la boca con sólo recordarla. Esta delicia trae camarones en su punto, unos cuantos aromáticos y sabrosos mejillones, tomaticos cherry que con su acidez equilibraron muy bien los quesos madurados derretidos y combinaron muy bien con las especias y la salsa que llevaba un toque dulzón, nada invasivo. Para acompañar la cazuelita, o mejor, para untársela, el plato trae unas rodajas de pan francés tostadas al horno, humedecidas con aceite de oliva y salsa pesto...

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lunes, 23 de noviembre de 2015

SALÍ A “ENCHULAR MI MÁQUINA”

Resulta que esto que leen a continuación lo he escrito luego de realizar el programa con Jota. Por eso el Post Data. Resulta que en realidad Salí a enchular mi máquina a Envilujos. Cansado de la inseguiridad y luego de escuchar los beneficios de la polarización de los vidrios del carro, decidí ir dónde mi querido amigo y procedimos con el proceso de mejora de mi carro. Nos sentamos a conversar y mientras me adentraba más en el mundo de los lujos de los vehículos, un mago de esos que trabaja con él, se encargó poco a poco de hacerme un sueño realidad.

Yo muy curioso comencé a andar por el almacén y a preguntar como un niño sobre todo lo que veía y no comprendía, así me di cuenta de mil cosas que hay en este apasionante mundo y que desconocía totalmente. Me mostró unas plumillas de silicona que son más flexibles, a la vez que hacen más efectiva la limpieza del parabrisas, además de que hace que se vea más... deportivo. Me llamaron mucho la atención. Pasé luego a otra estantería y me encontré con artículos para cambiar la apariencia interior del carro: desde cobertores de la cabrilla y de las palancas de cambios y de freno de mano personalizadas con colores y materiales para todos los gustos, hasta aromatizadores para mantener oliendo bien el interior del auto. Pasamos luego a los aparatos electrónicos, equipos de sonido para escuchar no sólo radio, sino para bajar tu música desde una Flashdirve USB, hasta equipos de video DVD con pantallas Hi Definition para ver y esuchar tu música favorita.

Estos equipos se pueden conectar a tu Celular via Bluetooth y amplificar tus llamadas...   maluco para los que tienen amiguitas y contestarles con la doña al lado ¿o qué? Me mostró un equipo muy apetecido por los conductores jóvenes: un parlante conectado a un micrófono para hablarle al del carro de adelante. Luces para hacer ver tu vehículo como una nave espacial, plantas para amplificación del sonido, sellos de seguridad para los empaques de los espejos retrovisores y de los vidrios laterales. Obviamente rines de lujo y llantas especiales, calcomanías con motivos desde muy femeninos, hasta las llamas y calaveras dignas del Hell Rider... en fin, es un universo completo en el que un hombre adulto, amante a los carros, se puede convertir en un pequeñín en una tienda de dulces.



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sábado, 21 de noviembre de 2015

PARTE 2 - SALÍ A CONOCER A PUERTO RICO… EN JERICÓ

Bien, esta es la continuación de mi aventura de viaje por tierras antioqueñas con mi nuevo grupo de amigos de Puerto Rico. Si no has leído la primera parte de este viaje, haz click aquí para ponerte al día. Cuando comencé el relato quise hacer referencia a las frases de cajón y de lo molestas que son algunas veces cuando las escuchas, sin embargo también me vi en la obligación de defenderlas porque para escribir estas entradas me ha tocado usar varias y siento que me faltan un poco más. Pues bien, el viaje que estos turistas boricuas realizarían sería toda una maratón, pues vinieron a Medellín a conocer lugares interesantes en la ciudad y sus alrededores para construir y realizar planes turísticos para las agencias y operadores de turismo que representan en su país. El día que Salí con ellos el plan estaba partido en dos, en la mañana visitaríamos a Santa Fe de Antioquia, hermoso pueblo en el que nació Medellín y en la tarde iríamos a tener contacto cara a cara con la cultura cafetera, justo en la región en la que nació y creció el café que nos hizo famosos en el mundo.

El viaje hacia el suroeste antioqueño comenzó luego de que fuéramos a conocer el puente de Occidente. Desde ahí comenzamos a rodar por una carretera conocida como la marginal del Cauca que tiene una extensión de unos ciento diecisiete kilómetros hasta Peña Lisa, eso significa que pasaríamos unas dos horas y media entre curvas, sin embargo fue un poco más de tiempo por culpa de un derrumbe en medio de la carretera que nos retrasó una media hora más. ¿Qué les puedo decir de este trayecto?, pues que fue algo cansador, pero que al lado de un grupo de personas que goza de tanta energía no lo fue tanto. Es decir, siempre había una broma a flor de piel, la música alegraba el camino y uno que otro se cantaba alguna canción o pedía otra que los hacía casi que bailar. Claro, tuvimos que detenernos por unos minutos más para que un arriero y su rebaño de vacas nos dieran la oportunidad de tomarnos un par de fotografías de esas que sirven para postal.

Con esas más de dos horas de camino sobre la espalda… qué digo sobre la espalda, en las nalgas —lo siento pero no hay porqué buscar una forma bonita de expresar esto—, por fin llegamos al corregimiento Peña Lisa, lugar en el que nos dimos un merecido descanso para estirar las piernas, refrescarnos y comer algo. El estadero en el que nos detuvimos goza de mucho reconocimiento entre los viajeros de estas vías por su buena comida, por sus jugos naturales y por… no nos hágamos tarugos como decía “la Chimoltrufia”, porque sus baños son un remanso para el alma, y en especial para la vejiga. Este lugar es caluroso y húmedo y por eso no hay nada mejor que un jugo de frutas de la región; bebida que eligieron en especial las mujeres del paseo y por supuesto nuestro conductor Alejandro. 
Y como los caballeros las preferimos rubias, nos pedimos unas buenas cervezas nacionales. Cómo ya era hora del almuerzo y los estómagos estaban inquietos, se hizo la sugerencia de almorzar allí, sin embargo, Julio no lo permitió pues en Jericó nos tenían planeado un encuentro cultural con la comida típica de nuestros ancestros. Así pues que a la mesa llegó un tentempié también muy propio de la cultura paisa, las empanadas de iglesia, o también conocidas como “empanadas aseadas”, porque no tienen ni un mugre de carne, o “empanadas de carne de diablo”, y como el diablo no existe, pues entonces no tienen carne. 
Este entremés o mecato como lo llamamos aquí, es un envuelto de maíz frito que trae al interior papa cocida con hogao o guiso de tomate rojo con cebolla larga, se sirve con ají dulce o picante, limón y/ o guacamole para agregarle según el gusto del comensal; el ají para nosotros es una salsa que se hace con ají o pimiento, cebolla, limón, cilantro y otras cosas sabrosas dependiendo de la región en la que se prepare; se lo sirve frío o al clima y es muy apetecido para cambiar o agregarle sabor a muchos platos, en especial sopas como el mondongo, el sudao, el sancocho incluso a los fríjoles y fritos como las empanadas, las papas rellenas, los pasteles de pollo, la arepa de huevo, en fin; conozco a quienes se lo ponen hasta a la arepa. El encuentro cultural con mis amigos boricuas y esta comida típica lo voy a calificar como exitoso, pues vi muchas caras felices y sonrisas de aprobación.

Repuestos luego del descanso, abordamos de nuevo nuestra “Guagua” para continuar con el viaje, al que le faltaba todavía por lo menos unos cuarenta minutos más de camino...


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domingo, 8 de noviembre de 2015

PARTE 1 - SALÍ A CONOCER A PUERTO RICO… EN SANTA FE DE ANTIOQUIA

¿Qué tal son ustedes para las frases de cajón? Apuesto a que muchos las aborrecen, les parecen falsas, que no terminan de expresar lo que realmente está sintiendo quien las pronuncia. Sin embargo si se llaman así es porque son usadas de manera muy general justo en circunstancias que son comunes y, finalmente se terminan usando porque tratar de precisar de una manera diferente o novedosa, algo que ya está más que definido no parece necesario. De entre miles que existen hay unas que son campeonas, por ejemplo, una que es muy normal escuchar en radio es: “Gracias por invitarme a tu programa, es un honor estar aquí contigo, les mando un saludo a todos tus oyentes y por supuesto a la mesa de trabajo”. —Aquí es dónde me permito la primera bobada del día— ¿Cómo así que a la “mesa de trabajo”? ¿Por qué no saludan mejor a los micrófonos que tienen más que ver con la comunicación? ¿No?

Otra frase de estas y que clasifica como una de las que preferiríamos no escuchar, es aquella que pronunciaría el encargado de una entrevista de trabajo para la que nos hemos preparado y en la que tenemos todas nuestras esperanzas puestas, cuando ésta termina: “Muchas gracias por venir, ya nos comunicaremos con usted… por favor no nos llame, nosotros lo llamamos”. No joda, ¿no me digan que es más bien desesperanzadorcita la frasecita?

Pero les tengo otra que no sólo desesperanza sino que hasta duele escucharla. Esta frase de cajón es para ese tipo de situación en la que se ha elegido un bonito lugar, o en su defecto uno alejado para que los gritos desgarradores de la víctima no se escuchen; todo está tranquilo, se siente una tensa calma, esa típica antes de que se desate la tormenta, el victimario toma las manos de quien debe escucharla para hacerle sentir que no tiene nada que temer y entonces se deja venir la frase: “Créeme, no eres tú, soy yo…”   ¡Aggggghhhhrrrrhrrhrhrhrh! Déjenme aquí quietico no más.

Total, frases de cajón hay muchas y como dije al principio es probable que no suenen muy sinceras, pero hay ocasiones en las que es uno mismo el que se ve obligado a usarlas porque es lo más sincero que puede decir. Yo mismo me estoy viendo en la obligación de usar algunas que terminarán de expresar justo lo que quiero para esta entrada. Y es que por invitación de Julio Casadiego de ColombiaTravel Operator tuve la oportunidad de hacer un interesantísimo viaje con un grupo de “personas maravillosas”: ocho puertorriqueños a cuál más amable, divertido y “buena gente”, que vinieron a Medellín en representación de varias agencias de viaje y operadores de turismo de su país, a conocer una nueva propuesta ideada por Julio para que sus compatriotas, que cada vez más están prefiriendo a Colombia como destino, vengan a conocer no sólo la ciudad, sino varios de los hermosos pueblos antioqueños de los que nos podemos sentir orgullosos y debemos complaceros en mostrarle al mundo.

Este grupo de Boricuas tenía menos de una semana para hacer un delicioso pero agotador recorrido por los sitios turísticos de Medellín y algunos pueblos cercanos; irían al pueblito paisa a conocer esta réplica de un típico pueblo de Antioquia construido en el Cerro Nutibara que está en medio de la ciudad; conocerían el Parque de Los Pies Descalzos, pasearían en la Línea J del Metrocable, se extasiarían con las obras del maestro Fernando Botero en la Plaza que lleva su nombre y vivirían el arte urbano y la transformación social en la comuna 13, con sus graffitis para la vida y sus escaleras eléctricas comunitarias. Después de esa intensa jornada citadina conocerían a Santa Fe de Antioquia, su historia, su cultura, sus calles empedradas y sus casas coloniales, para empatar después con una experiencia en la que vivirían en carne propia la cultura cafetera en Jericó, famoso por poseer los mejores cafés especiales del mundo y por último viajarían a Guatapé a empacharse del color de sus zócalos, de la cultura alrededor de uno de los cuerpos de agua más importantes del país y por supuesto vivir la aventura de subir a la piedra a mirar desde su tope cómo se ve una de las tierras más fértiles y bellas de la región.

Salí, fue invitado a acompañarlos en la jornada dos, la de Santa Fe de Antioquia y Jericó. No fue poco lo que esperé a que llegara el día, y con esto me refiero a que si igual me hicieron la invitación con una semana de anterioridad, la verdad la ansiedad hizo que me parecieran dos. Con decirles que la noche anterior al día de salida casi no duermo, así como cuando eras pequeño y tenías paseo del colegio. Finalmente llegó el día y los conocí una mañana fresca al bajarse de la “Guagua”, como llaman ellos al transporte que nosotros conocemos como busetas (microbús); por cierto, a los amigos brasileros que leen mi blog, miren que aquí la escribimos con “S” no con “C”, así que no es una grosería.

Fotografía de Manuel Alberto Jiménez
Tomada de su perfil de Facebook.
Saludé tímido, con una sonrisa en los labios, las expectativas vivas y unas ganas enormes por empatizar pronto con ellos. Agarramos carretera y supe que todo eso iba a convertirse en una experiencia inolvidable. Para explicarme les cuento que desde que el vehículo arrancó a rodar, comenzó a sonar la música que les gusta. Se preguntarán ¿qué escuchaban ocho Boricuas y tres paisas a buen volumen durante un paseo en una guagua? Apuesto a que se imaginan algo un tanto estereotipado como: Merengue a full, Salsa, tal vez reggaetón…  pues bien, se cantaban a viva voz las canciones de Fonseca y cuando terminaba una decían que querían el CD, luego se escuchaba una de Carlos Vives y hasta yo las palmeaba con ellos, después un vallenato de Jorge Oñate, en fin, sinceramente se conquistaron mi corazón colombiano al enaltecer la música de acá, oímos mucha otra y de variado género, incluida por supuesto la de su país, pero la verdad fue muy bonito sentirlos tan cerca a través de la música.

Mientras andábamos por la carretera que conduce al occidente, preguntaron y escucharon atentos todo lo que se tenía para contarles acerca de cómo se construyen y mutan los barrios periféricos de la ciudad. Aprendieron de historia, consultaron sobre política pues se maravillaron con el Parque Biblioteca Fernando Botero de San Cristobal; en el túnel de Occidente como se les fue la señal para escuchar música, decidieron que lo mejor era cantar, la verdad el corazón me vibraba con tanta energía y alegría.

Encuentro con un Arriero, o Vaquiano en carretera
Poco a poco mientras hablaban entre ellos me fueron incluyendo en la conversación, ¿y adivinen cuál fue el tema para romper el hielo? Pues mis crespos. Agarré confianza y entonces como buena Wikipedia comencé a lanzar datos y me le metí al rancho a Julio que era quien hacía el papel de guía. —Perdón por eso Julius—. Ahora quiero anotar algo que a este corazón colombiano y mal educado no se le pudo escapar…  resulta que cada vez que nuestro conductor, Alejandro, quien conduce muy bien y especialmente de manera muy responsable, tenía que adelantar en carretera, y vuelvo a recalcar, sólo en lugares en los que se puede hacer y de la manera más responsable y respetuosa posible, todos nuestros amigos de Puerto Rico gritaban a todo pulmón y de manera auténtica.

Se me ha quedado en la memoria algo muy particular que nunca voy a olvidar, con todo cariño, y lo recuerdo con esa pronunciación tan dulce de los nativos de Puerto Rico, esa que es cantada a ritmo caribeño y con la pronunciación de la letra “r” como si fuera una “L”; Pedro Cuevas, uno de ellos, decía una frase muy particular: “Cristo redentor, Jesús Sacramentado” —Y señalaba a Edna, una de sus compatriotas que estaba sentada en la silla del copiloto junto a su compañero de viaje Manuel—  “Edna, Edna, pregúntame tú ahí que hay que hacer para gestionar este negocio”; con esto se refería a hablar con el conductor para que le bajara al afán y evitara adelantar a otros vehículos. Tal vez se me escapen las palabras precisas, pero vuelvo e insisto, este corazón colombiano maleducado en la vías de Colombia, acostumbrado a recorrer largas distancias en las manos de uno que otro animalito vial, muy diferente y para nada tan respetuoso y responsable como Alejandro, no podía dejar de recalcar esos momentos que rememoro con una sonrisa.

Santa Fe de Antioquia nos abrazó con su clima cálido a modo de recibimiento a eso de las nueve y media de la mañana. En cuanto pusieron los pies sobre el empedrado de la plaza mayor de uno de los pueblos más bonitos y emblemáticos del país, mis nuevos amigos hicieron lo que mejor saben hacer, disfrutar y dejarse sorprender. 
Con cámaras en mano y una sonrisa en el rostro iniciaron su recorrido apoyados en la guianza de Julio, quien nos llevó a tener el primer contacto cultural de impacto: tomarse un jugo de tamarindo. No todos se atrevieron a pedirse uno completo, eso sí, de los pocos que lo hicieron, todos quisieron probar al menos un sorbo. Su opinión en general fue positiva, les gustó, eso me pareció.

En la fotografía Arlene, Lola y Enid.
Luego de refrescarnos caminamos por la callecita de acceso a la Plaza Menor desde la Mayor. Sus casas coloniales, con esas fachadas de portalones grandes y ventanas enmarcadas no fueron indiferentes para los lentes de sus cámaras; se quisieron tomar fotografías en cada esquina interesante y estuvieron atentos a leer las placas conmemorativas e informativas que se encuentran en casi toda pared del pueblo, ¿cómo no hacerlo en el pueblo donde nació Medellín, el que contiene toda la historia de lo fuimos, de lo que somos, si allí hasta las piedras tienen algo que contar?

Julio nos guió hasta el Hotel Mariscal Robledo, muy reconocido en la región y pidió que nos dejaran entrar. Ya adentro uno de los empleados del hotel se nos puso a disposición y se encargó de hacernos una visita guiada llena de datos interesantes sobre la arquitectura, el diseño, algunos de los huéspedes ilustres que lo han visitado; nos mostró un espacio dedicado a rendirle homenaje al Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia, uno de los más notables de Latinoamérica; nos llevó hasta la piscina y ahí nos contó una que otra historia sobre los antiguos habitantes del lugar. Este espacio tiene una magia especial que invita a descansar o por lo menos, a tomarse una buena fotografía grupal para llevarse un buen recuerdo.

Fotografía tomada en la piscina
del Hotel Mariscal Robledo

En Santa Fe el viaje duraría poco, pues la experiencia que se les había prometido a nuestros visitantes era la de tener contacto con la cultura cafetera y eso sería en Jericó Antioquia. Así pues que un par de fotografías más, una pequeña caminata por la plaza mayor y un poco de contacto con los vendedores de artesanías y dulces que hicieron las delicias de boricuas y colombianos con su mercancía colorida y sabrosa. Por cierto, no se imaginan la sensación que causaron, —especialmente en Manuel— unas panelitas de coco que se ha sabido comprar. Con decirles que era un tarro plástico que podría contener tranquilamente unas treinta o cuarenta embelesadoras  bolitas y duraron, lo que nos demoramos caminando desde el frente de la Catedral Basílica hasta la Iglesia Jesús Nazareno, que queda a tres cuadras abajo en línea recta… lugar al que los llevé buscando la Iglesia Jesuita de Santa Bárbara… Julio todavía se está burlando de mí por ese pequeño detalle.

De ahí, fuimos a uno de los lugares más simbólicos y que no se puede perder ningún visitante que venga a Santa Fe de Antioquia; el puente colgante de Occidente, una “maravilla” de la ingeniería antioqueña del finales del siglo XIX. ¿Por qué la catalogo como maravilla? Pues porque cumple este 2015 nada más y nada menos que 120 años de haber sido construido, desafiando además de a las fuerzas físicas del universo, a la creencia de muchos, si no eran todos en su época, de que no soportaría ni siquiera el primer paso de los habitantes de Olaya hacia Santa Fe o viceversa. La historia del puente es tan fascinante como el mismo. 

Fue diseñado y construido por el ingeniero José María Villa Villa, al que le gustaba bastante el “Güarilaque”, es decir, el aguardiente y a quien cargaron en hombros luego de pasar de lado a lado con su familia y cuarenta cabezas de ganado para demostrarle a los habitantes de ambos pueblos, que el puente sí resistiría. Cuando lo lanzaban hacia el aire lo vitoreaban y decían en coro: “¡Qué viva el ingeniero Villa! ¡Qué viva!” y él les contestaba a viva voz: “NO, qué viva NO, qué Beba el ingeniero Villa, ¡Qué beba!”

Este puente que se suspende sobre el -Por lo general y cuando no hay sequía generalizada en el pais- caudaloso río Cauca, les ofreció a mis nuevos amigos de Puerto Rico, un escenario fantástico para tomarse una buena selfie grupal. No alcanzo a recordar cuánto tiempo, ni cuantas veces le rogaron a Julio que los llevara hasta allá para recorrerlo por ellos mismos, pero ese reloj implacable marcaba casi el medio día y todavía faltaba atravesar de occidente a oriente el departamento para llevarlos a recolectar café a las montañas de Jericó. Así que nos empacaron en el microbús y agarramos camino hacia el suroeste antioqueño.

Eso quiere decir que hasta aquí este relato, por lo tanto, si quieren saber más sobre la experiencia de Salí con este grupo de boricuas, me toca ponerles ese mensajito que tanto se usa en estos casos, otra de esas frases de cajón que me veo obligado a usar, no se preocupen porque: “Esta historia, continuará”.

Saludos a mis amigos de Puerto Rico: Manuel Alberto Jiménez, Edna Joan Toro, Edna Edit Díaz, Pedro Alonso Cuevas, Luis M, Lucas Colón Colorado, Lola Mercado Mellado y a Arlene Mendez desde Colombia, ha sido un placer conocerlos y compartir con ustedes este grato día de aventuras…  y a mis lectores, si quieren saber por qué le puse ese título a esta entrada, es decir, si todavía no lo intuyen, pues no se pierdan la segunda parte, que va a estar mejor.


Yo ya lo hice, ahora te toca a vos, Salí a comer, a viajar, a vivir.

sábado, 7 de noviembre de 2015

SALÍ A HACER PAELLA... Y ME LA COMÍ YO, CON ELLA TAMBIÉN

El que espera con paciencia tiene al mundo a sus pies.
Verán, como comilón profesional -aún no sé si me merezca ese apelativo, pero de que le estoy dando la pelea, se la estoy dando- Uno de esos platos que me imaginé siempre disfrutando y esperé por una oportunidad para hacerlo fue "La Paella". Mi espera fue larga, nunca se me había presentado la oportunidad hasta el año pasado en un cumpleaños en el que mi esposa me dio de regalo enfrentarme por fin a ese sueño reservado... ¿Y saben qué? ¡Me fascinó! Y la verdad esperaba con ansias enfrentarme de nuevo a ese plato para darme ese gusto y recordar lo vivido ese día tan especial.
Sigue este link para ver el video de la experiencia

Hoy soy estudiante de gastronomía y los ojitos me brillaron al escuchar esas palabras tan anheladas al ser pronunciadas por el profe: "Muchachos, vamos a hacer paella"
Y miren la belleza que logré con la ayuda de mi grupo. Ahora lo que viene es replicarla para los que amo, y sé que me va a quedar mejor, porque al prepara por primera vez, se me vinieron un par de ideas locas que quiero poner a prueba...  Ya verán.
¿Me quedó hermosa verdad? Porque deliciosa sí quedo, admirada por el profe y luego deglutida sin compasión por mi esposa y bueno, por mí, que me pude comer un poquito que me dejaron.
#SalíAComer Paella, hecha por mí mismo y me tuve que decir a mi mismo: "Mí mismo, te felicito, te quedó del piuts"

miércoles, 4 de noviembre de 2015

SALÍ A ANTOJARTE - SALÍ A COMER AREPA DE CHOCLO A MONTEBELLO

No creo que haya publicado una fotografía más sugestiva que ésta aquí en Salí. ¿Cómo les parece?

La cara de felicidad de la fotografía opaca un poco -o por lo menos esa es mi esperanza- el obvio despeluque. Pero en mi defensa voy a decirles que aunque sí, estaba recién levantado, desayunar bañado es para la semana, no para los fines de semana en los que se está paseando.
Un amigo, Jota, me invitó a pasar un fin de semana con Marcelita y mis chiquis a su finca en Versalles Antioquia.
Relajo, descanso, paz, aire puro, felicidad...  en resumidas cuentas, justo lo que uno se merece.

El último día, lunes festivo, nos levantamos en medio de una lluvia "mojabobos" constante. -Quiero que conste que a mí no me mojó nadita- Hacía un frío de padre y señor mío, la niebla se negaba a dejar la montaña, en fin, estaba paramosa, para tener encima una cobija bien piernona y bien gritona.

Jotica nos invitó a desayunar, nos pidió que nos pusieramos las "arrastraderas" empacaramos a los chiquis y nos llevó a comer arepa de choclo y torticas de choclo con cebolla. Aquí empieza una de las experiencias máximas de la vida desayunando, la mejor de mi vida.

Lo primero a lo que le echamos mano cuando llegamos fue a las torticas de choclo, en total, entre cuatro pagamos veintiseis (26) de éstas...  ¡No friege! qué cosa tan buena!

Ahora sí, hablemos de lo que vinimos a hablar, de la arepa.
Y si les cuento que me la comí en uno de esos típicos caspetes a lado de carretera hecho con palos, tejas de zinc y de lata... que estaba lloviendo, que hacía mucho frío porque nos envolvía una niebla espesa, que teníamos mucha hambre, que doña Maria Elena la dueña del lugar nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja y con esas palabras dulces y abrazadoras que sólo un campesino antioqueño tiene para quien lo visita... y si les sigo contando que esta arepa estába hecha con puro choclo y el quesito era campesino y que estaba calientita, humeante porque la masa había sido acabada de moler...  y si para acabar de ajustar les cuento que me la comí con unas ganas tan grandes que en este momento se me hace agua la boca con sólo recordar...  y si para terminar les cuento que me la pasé con un chocolate caliente al que le había metido una buena porción de quesito adentro para que al morderlo me chirriaran los dientes...

¿Les hago sentir envidia? pero de la buena por supuesto, eso espero.
#SalíAComer Arepa de choclo con quesito y chocolate en un caspete de carretera, a unos cinco kilómetros de la entrada hacia Montebello Antioquia. Ha sido una de las experiencias más ricas que he tenido, porque estaba con mi esposa, mis chiquis Jacobo y Gertrudis, con mi amigo Jota y su esposa Vanesa y estabamos en medio de un muy buen paseo de fin de semana. ¡Esto es vida!
Ahora te toca a vos; Salí a comer, a viajar, a vivir.
  

sábado, 24 de octubre de 2015

UNA TARDE PARAMOSA, SALÍ A HACER PAN PARA MI ESPOSA

Si hay algo que me haga más feliz que cocinar es ver las caras de asombro y satisfacción de aquellos a quienes les cocino. Para serles sincero no recuerdo bien en qué momento algo me hizo click en la cabeza con respecto a la cocina. Es decir, si bien siempre he tenido una relación especial con la comida, con cocinar la cosa es más reciente. 

Es muy extraño pero hacerlo me relaja, me descansa. Verán, en la cocina hay que pasar ratos largos de pie, moviendo mucho las manos, yendo y viniendo, llevando y trayendo, te pone a sudar por la actividad física y también por el calor de los fogones, pero de manera extraña, para mí, hacerlo me deja tranquilo, relajado y feliz. Además a eso hay que sumarle la satisfacción que me causa ver la felicidad en el rostro de los que quiero al comerse algo a lo que le he dedicado tanto trabajo y amor. Ahora voy a confesarles algo más, para mí usar un cuchillo bien afilado para pelar, rebanar, trozar, cortar, hermosear me produce placer, me da hasta escalofríos... ¿Qué creen que signifique eso? ¿Será que si me pongo a buscar por ahí en el árbol genealógico me encuentro con Jack? Ya saben, el médico de Londres del siglo XIX que conocía muy bien a las mujeres... por dentro.
En fín, la lluvia de hoy en la tarde me inspiró para meterme a la cocina a darle un regalo a mi esposa y por ahí derecho para mí... me dio por hacer pan. Estaba entre eso o dormir una siesta dejándome arrullar por el golpeteo del agua en la ventana. Opté por lo primero, tal vez no terminé tan descansado, pero definitivamente sí inmensamente más feliz. Me puse manos a la obra, Busqué la harina que tenía guardada para una ocasión especial ¿Qué mejor que esta? aproveché que en uno de mis recientes viajes a Jericó Antioquia me dio por meter las narices en una tienda especializada para panaderos y me había comprado una muy buena levadura, pesé en mi báscula un poco de margarina, unos gramos de sal, azúcar, busqué un huevo, un poco de agua y arranqué. 
Si me hubieran venido a ver, me hubieran visto con las manos en la masa...  literalmente. Le pegué una buena amasada a esta mezcla de la que les he hablado, dejé reposar cuando sentí que todo estaba a punto y dejé reposar por un rato sobre el horno que estaba precalentando, para que la levadura hiciera su trabajo. Cuando todo estuvo listo, saqué unos buenos pedazos de la masa inflada, hice unas bolitas, les puse huevo por encima para que al hornear se pusiera brillante, le puse unas semillitas de ajonjolí y las llevé al horno, de ahí salieron estas bellezas doradas y sabrosas. Luego amasé con el rodillo otras cuatro bolitas, las estiré para hacer una "lengua" de masa y con ella envolví una salchicha que previamente había abierto por la mitad para meterle por dentro un poco de queso mozarella. Luego de hornear en dos tandas por unos treinta minutos cada una, obtuve estas linduras que ustedes pueden apreciar en las fotografías: Pan redondo para abrirlo y meterle su buena porción de mantequilla y quesito, y un pan "marranita" con salchicha y queso mozarella por dentro.

No puedo ni acercarme a la verdad ni un poquito, al tratar de describirles sólo con palabras el aroma con el que se perfumó el apartamento por un rato; era simplemente maravilloso. Luego de que estuvieron listos, se los serví a mi esposa con quesito de hoja y un chocolate caliente y...¡Casi la mato! Ahora le puedo pedir lo que yo quiera, se jodió porque quedó en deuda. ¿Cómo la vieron? ¿Cómo me les quedó el ojito?
‪#‎SalíAComer pan hecho por mí mismo, estoy ¡muy orgulloso! y quisiera que ustedes lo pudieran probar conmigo, pero como todavía no se han inventado el internet con sabores y con olores, les tocó imaginárselo. Yo salí he hice mis propios panes, ahora te invito a vos, Salí a divertirte con algo tan sencillo como esto, algo tan mágico como cocinar tu propio pan, va a ser una experiencia que te va a hacer sentir, que no volverás a ser el mismo... por lo menos eso es lo que me ha pasado a mí. 

lunes, 19 de octubre de 2015

ME TOMÉ EL MEJOR CAFÉ DE ANTIOQUIA - SALÍ A JERICÓ A TOMAR CAFÉ LA NOHELIA

"Es mejor tener amigos que plata"
Esta frase tan particular, tiene otra particularidad que le es propia por naturaleza, la contundencia. Este fin de semana que ha pasado me invitaron a volver a un lugar de Antioquia del que sinceramente no me gustaría ni siquiera tener que salir: Jericó. Pueblo hermoso del Suroeste que sin poder decirlo de otra manera, siempre se las arregla, por más veces que vaya, para que me enamore más.
Ya les ampliaré la experiencia completa de todo lo que viví esta vez, sin embargo, no me podía quedar con ésta, tenía que contarles sobre una cosa, solo una cosa maravillosa de las tantas que me pasaron.
Me llevaron a conocer a John, un jericoano al que se le voló la chaveta un día cualquiera y decidió seguir haciendo lo que su papá le enseñó, pero mejor. Cultivar café, pero no cualquiera, sino el mejor del mundo...  ¡¿Hombe y cómo es que lo logra?!
Sí señores, se ganó un concurso de cafés en el que se lo ratifican. Con un orgullo de esos de los que no le caben a uno cuando lo siente, nos mostró su certificado mientras nos contaba de su locura, de la idea que se le inoculó un día en esa cabeza inquieta de construir una cabaña-hotel inusual, hermosa, enamoradora, en la que le quería contar a sus visitantes sobre el maravilloso proceso del café. Mientras tanto, nos fue preparando con paciencia y sabiduría, esa que dan los años y el amor por lo que se hace, un café del suyo, recién tostado, recién molido ahí frente a nuestros ojos, sólo con la ilusión de vernos disfrutarlo. Así lo hizo, así fue y sinceramente ha sido una de las experiencias al rededor de una tasa de café, de esas, que se nos van a quedar en la memoria, para toda la vida.
Salí a Jericó por invitación de Julio Casadiego de Colombia Travel Operator, dizque a hacer una vuelta de esas en las que aprovecharíamos para pasear y cambiar de ambiente y terminé tomándome la mejor tasa de café del mundo, de mi vida; una tasa de café La Nohelia. Quedé enamorado, mi corazón está todavía latiendo en las montañas cafeteras de Jericó y anhela con que volvamos, a tomarnos no una, ni dos, sino todas las que se nos antojen. Yo #SalíAVivir una experiencia maravillosa en Jericó, y por eso te invito a vos para que hagas lo mismo. Esta, de verdad, no te la podés perder.

miércoles, 7 de octubre de 2015

SALÍ A TOMARME UNA REFRESCANTE MICHELADA EN UN LUGAR PROHIBIDO

Quien iba a pensar que la felicidad costaría $2.000 pesitos. 

Últimamente he visto con horror que los alumnos en la universidad de Medellín, se estaban entrando a las clases con vaso lleno de hielo, un refrescante líquido verdoso y sal al borde de dicho vaso. Lo describo usando para calificar el hecho con el adjetivo "horror", porque el licor no está permitido dentro de las instalaciones universitarias, así que confieso que me escandalicé. Entonces me dio por indagar y me he encontrado con la sorpresa de que no es licor, es una opción muy refrescante que se han inventado en la tienda de la facultad de comunicaciones, para refrescar la monstruosa sed de la que hemos tenido que ser víctimas por estos días, de cuenta de los calores infernales que estamos padeciendo en la ciudad de la eterna primavera.
Se llama "michelada de Quatro" La venden en el kiosko de la UdeM y sinceramente me tiene extasiado y feliz. Zumo de limón, hielo, gaseosa Quatro toronja, sal en el borde y listo,es nada más ni nada menos que la respuesta para estos días calurosos que estamos viviendo en Medallo de cuenta del fenómeno del niño. 
Por mi parte creo que me hice fan de este invento, y ya me dijeron que lo probara con Montain Dew y con Sprite. Estoy más que dispuesto y cuando lo haga, también se los cuento.
Tomen nota señores de las ventas y del mercadeo; no sé que tan sana sea esa combinación de la sal, el limón y la gaseosa, pero lo que sí sé, es que me ha gustado y que una vez de vez en cuando, no me hará mucho daño. 
‪#‎SalíAVivir la refrescante sensación de una Quatro michelada. Recomendadísima.