Nuestro lema

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lunes, 29 de diciembre de 2014

¡EH MIJO PERO VIVÍS COMO UN PACHÁ! SALÍ A TABÚN

Desde que los humanos nos consideramos civilizados, hemos dado valores adicionales a las actividades del diario vivir para convertirlas en experiencias mejoradoras de la calidad de vida. Comer es una de esas necesidades vitales que incluso se han convertido en un placer. Por esa razón el acto mismo de comer ha pasado a ser una experiencia en la que no sólo la comida, su sabor, olor, color y nivel nutricional son suficientes, pues suman también a la hora de calificarla como buena o mala, todo aquello que estimula a los demás sentidos: el ambiente, la compañía y el servicio.

Desde pequeñito me han fascinado las historias en las que hay grandes banquetes. Esas que narran cómo viajeros llegan a lejanos reinos y son impresionados por sus anfitriones con platillos exóticos y exquisitos; se me viene a la mente uno que estoy seguro me servirá de referencia universal, ¿recuerdan Indiana Jones y el Templo de la Perdición? ¿Recuerdan la apetitosa sopita de ojo? ¿O qué me le opinan al plato de la boa constrictor rellena de sanguijuelas vivas? Yo como soy de mente abierta no entiendo por qué tanto alboroto, si pasan derechito por la garganta… hay que ver las ventajas en todo, al menos no hay que hacer mucho esfuerzo para tragar, ellas caminan solitas hasta el estómago. El momento que si no me gustó mucho fue el del postre, eso de los sesos de mono helado sí confieso me dan un poco de estupor… tener la cabecita del monito ahí enfrente, mirándote, no sé, es que son tan parecidos a más de uno que conozco.

Hablando en serio, siempre vibro con los relatos de aquellos autores que recrean esos festines de otras culturas, de las técnicas de cocina de los antiguos griegos, o los romanos, las presentaciones magnánimas de los alimentos en rituales orgiásticos en los que lo único malo de todo es que no se está allá de verdad. Tal vez por eso existe este blog, por aquella necesidad de vivir y hacer vivir esas experiencias que leí en Marco Polo, en los relatos de Stevenson o de Santiago Posteguillo. Pero para seguir sincerándome, siempre me soñé con los convites de los reyes persas, hombres que vivían en la abundancia, comían delicias mientras unas mujeres hermosas (también muy abundantes) con los vientres desnudos bailaban al son de los tambores; me casi obsesioné en algún tiempo con la gastronomía del Medio y lejano Oriente y con su cultura abundante en la que un solo hombre tenía muchas mujeres, como Darío I, que tenía quinientas concubinas; eso es una mujer distinta para cada día por casi dos años. Ahora que lo pienso bien, si me obsesioné con eso era porque estaba joven y era impresionable, hoy por hoy, me sigo soñando con los banquetes, claro, ¿por qué no? Pero eso sí, con eso de varias mujeres, con eso NO ¡No me crea tan pendejo! Si una sola “jode” así, ¿vos te imaginás QUINIENTAS?, noooo, y lo peor, ¿te las imaginás amangualadas pa’joder?  Deje así no más.

Ese estilo de vida, el de los lujos y la abundancia, en el que se esperaba que las concubinas, más los sirvientes hicieran todo por vos, mientras te dedicabas a imaginarte mil formas de disfrutarte tu reino, dio origen a un dicho que mi abuela utilizaba cuando me veía por ahí haciendo nada y pidiendo comida, para ella, ese estilo era el del “pachá”. Por eso los viejitos paisas cuando ven a alguien muy cómodo, o disfrutándose la vida como si nada le pesara, le dicen: “ahí estás vos como un pachá ¿no? Vos si sos muy vida buena”.

Sin querer alargar más el cuento, hace poco tuve la oportunidad de volver a revivir esas palabras, vivir la vida buena, pasármela como un pachá. Aquí en Medellín hay un restaurante que sin querer exagerar, ofrece una experiencia gastronómica tan profunda, que me ha llevado a viajar a otros mundos, a otras épocas, sin moverme de mi ciudad natal, puedo decir sin miedo que he estado en otra parte del mundo.

Tabún es un restaurante de comida étnica del Medio y lejano Oriente que está en el sector Provenza del barrio El Poblado. Su oferta es la de hacerte experimentar la gastronomía árabe, con platos libaneses, israelíes, turcos, e iraníes, y la gastronomía hindú con algunos platos vegetarianos y otros con pollo, pescado, o cordero. Todo esto, en un ambiente de ensueño que te envuelve desde que pones el primer pie adentro. Se puede escoger entre dos tipos de experiencia, sentados en mesas tradicionales con sillas, muy occidental, o en unos salones alfombrados con mesas bajas y en los que te sientas sobre unos cómodos cojines. Todo el tiempo estás escuchando una música suave y exótica, a veces se le puede reconocer como Hindú, otras es árabe, pero habría que ser más cercano a esas culturas para diferenciarlas con mayor eficiencia, y luego, cada cierto tiempo, comienza una demostración en vivo de danza árabe o hindú, ejecutada magistralmente por mujeres voluptuosas con los vientres desnudos y los rostros ocultos detrás de velos, que bailan al ritmo de tambores aporreados rítmicamente por uno o varios músicos. Se los confieso, pocas veces me he sentido más excitado en todos los sentidos en una experiencia gastronómica.

A Tabún he ido varias veces, y quiero volver varias más. Esta oportunidad de la que les hablo, estábamos celebrando una fecha especial. Fuimos tres personas, el número mágico para este restaurante, pues los platos son, para dos o para tres comensales. El pedido para festejar fue un “mixto Hindú grande” que se compone de tres momentos:

El primero está compuesto por un pan sin levadura llamado Naan, tiene un diámetro de unos treinta centímetros  que te traen a la mesa con ocho o diez pequeños recipientes que contienen diferentes ensaladas y salsas, a cual más deliciosa. Unas son dulces, otras agrias, otras saladas, maravillosas todas y con la posibilidad de combinarlas a tu gusto. La idea es comer con las manos, así que el pan sirve para tomar las ensaladas húmedas con los dedos sin ensuciarte. Por ahí, ya vamos ganando, porque comer con las manos tiene su encanto infantil.

El segundo momento es el de los envueltos, que nosotros conocemos como empanadas. Pues bien, este plato está compuesto por tres tipos, las samosas, que están rellenas de verduras, son muy suaves al gusto, la textura de la masa frita y de las verduras cocidas en el interior las hace muy livianas y agradables. Otras tres samosas, estas de pollo, por tanto más sabrosas, cargadas del sabor del pollo saborizado con especias fuertes. Y tres makkas de maíz, que son más como unos buñuelitos dulces, cuyo sabor se me asemejó mucho a esa masa con la que mi mamá envuelve el plátano para hacer sopa de tortilla, o de oreja, como la conocen algunos. Estas empanadas vienen acompañadas de salsa chutney de menta y de mango, aunque esta vez me tumbaron y no me llevaron sino una. La menos divertida, la de mango.

El tercer momento es el del plato fuerte si se quiere, pues es el que trae la carne. Te lo sirven en cuatro recipientes, tres bowls cada uno con un tipo de carne cocinada con una salsa o especia distinta. La primera tiene albóndigas de carne de cordero con curry en leche de coco, con sólo escribir esto se me hace agua la boca de nuevo, es sencillamente espectacular. El segundo recipiente trae pollo con durazno y curry, cuyo sabor es muy fuerte y de los tres, el que menos me gusta, sin dejar de decir que es muy, pero muy bueno. El tercer bowl contiene pollo en ahuyama con curry, de los tres, el que tiene el sabor más suave, más amable con el paladar, pues la ahuyama se encarga de suavisar un poco al curry, que de por sí es muy empalagoso y golpea fuerte a las papilas gustativas. El cuarto recipiente trae una porción de arroz basmati, que contiene unas deliciosas pintas de algo que creo es pimienta, y unas papas que llaman aloo madrasi, que como su nombre lo indica, es una receta hindú, y eso quiere decir, que son muy condimentadas. Para que les voy a decir mentiras, luego de esta comida nada frugal, se suda la gota gorda, porque no hay corazón para dejar ni un poquito de nada en ningún plato, y en segunda instancia, está condimentada hasta el punto de que la temperatura corporal, sube porque sube y se te ponen calientes las orejitas y la nariz, pero es tan deliciosa, tan fabulosa, que no puedes pensar en otra cosa distinta que en volver.

Sin embargo, a la hora de acompañar con bebidas estos apetitosos platos, no podés “tirarte en la batica de cuadros”, como decía mi abuelita, tomándote una gaseosa. Para eso te dan una muy buena lista surtida de bebidas con el mismo gusto viajero. Limonadas con hierbabuena, jugos de diferentes frutas mezclados a la perfección, refrescantes tés fríos o calientes, en fin, un surtido montón de opciones para no desentonar en la experiencia. 

Voy a decirlo y estoy seguro de no equivocarme, al fin y al cabo es basado en mi experiencia que lo digo, Salí a Tabún de nuevo, y definitivamente, es uno de los mejores restaurantes a los que he ido en mi vida. La comida es de un nivel excepcional, el ambiente te transporta a otra parte del mundo, o si lo quieren a otra época, a una de esas que me han descrito en libros de aventuras y viajes por antiguos reinos de maharajas y pachás, de odaliscas de vientres perfectos que te bailen seductoras mientras comes abundantemente. Sí, sin dudas este restaurante me ha dado una de las mejores experiencias gastronómicas que he tenido y por eso te lo puedo decir a vos, Salí a Tabún, date un gustico, viví la experiencia y después me contás cómo te pareció, eso sí, luego de ir a Tabún te atenés a que te digan: Ehhh, mirá pues a éste o ésta, viviendo como un pachá.


No dejes de ver el video de la experiencia en el restaurante dando click en el siguiente link:

domingo, 21 de diciembre de 2014

SALÍ A CELEBRAR UN DÍA MUY ESPECIAL Y CELEBRO HABER SALIDO

El día de los enamorados, el día de San Valentín, el día del amor y la amistad como se le conoce en Colombia, aunque no nos digamos mentiras, digan lo que digan en realidad es el día de “hacerle el amor a la amistad”, es sin duda una de esas fechas en las que a los simplones, a los “avaros” y a nosotros los desmemoriados no se nos puede quedar sin celebrar. Voy a aclarar que yo soy de los de la tercera categoría mencionada, aunque si le preguntáramos a la generala, con toda seguridad sin ningún reparo, me metería en la primera. Sin embargo en mi defensa quiero aclarar unas cuantas cositas, la primera, es que de todas las mujeres, yo escogí a la más bella, la más enamoradora, la más mamita linda, ricura, mi amor (con esto ya me gané un escalón menos en el ranking de simplón, escaño de romanticón, ¡allá voy!) que a la vez es la más consentida y que por más que se le haga, por muy cursi que uno se vuelva, siempre va a ser poquito (acabo de bajar dos escaños como mínimo).

Otra cosita que quiero aclarar es que este pechito tiene dos pecados, ser buen mozo e inteligente… estoy jugando por supuesto pero si mi querido lector se la creyó, por favor no cambie de opinión, no vamos a pelear por eso. No, los dos pecados en realidad son: preguntarme por todo y ser publicista de profesión. Por eso me hago unos cuestionamientos muy interesantes que les traslado a ustedes ¿Por qué el día para celebrar el amor es sólo uno? ¿Por qué no son todos?, pero si les parece muy “chocoloca” mi posición, entonces me pregunto ¿Acaso la gente no se da cuenta de que el día del amor y la amistad siempre es en quincena? ¿No ven acaso de que cada vez tiene una connotación más comercial que sentimental? Pero las preguntas más importantes en realidad son, ¿por qué el día del amor y la amistad normalmente cae el día de mi cumpleaños? Y ¿Por qué por lo general salgo “tumbado” con los detallitos? O es uno o es otro, digo, ¿por qué no son dos tortas, una por el cumpleaños y un cupcake de día del amor y la amistad? Por ejemplo, ¿o dos regalitos?, ¿o dos moteliadas?, una por la mañana y otra por la noche. ¿Será que me exageré?

En fin, en lo que sí vamos a tener que estar de acuerdo es que aquel que se precie de estar enamorado, por más querido y detallista que sea los trecientos sesenta y cuatro días del año, si se le pasa la conmemoración de esta fecha, se puede estar quedando sin celebrarla del todo. Así pues que este año no fue la excepción, se me olvidó, no mentiras, celebramos con toda el día del amor y la amistad. Mi esposa quería salir a ventearse y se antojó de almorzar chucherías, así que se nos vino a la cabeza visitar un lugar de la ciudad que no importa el día, ni la fecha, siempre va a ser especial: El Jardín Botánico de Medellín.

Lo mejor de todo es que para esa fecha, el jardín estaba lleno de hojas…  Pero si es un jardín ¿eso no es obvio microbio?, pues sí, pero es que estaba lleno de hojas pero de papel, porque se estaba celebrando la fiesta del libro y la cultura… ¡Me los papié!

Este espacio de la ciudad siempre ha tenido un lugar muy importante en el corazón de los medellinenses. Nos sentimos orgullosos y son muchos –estoy seguro- los que han sentido en muchas ocasiones, que el Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe es la finca de los que no tienen finca. Hay verde, aire puro, gansos, tortugas, pájaros cantarines, un lago, espacio al aire libre para jugar al frisbie o con la pelota de letras, pero lo mejor de todo, es que ofrece alternativas. 
Desde hace un tiempo, se dieron cuenta de que articulándolo con el Parque Norte, el Planetario y los “nuevos” espacios, Parque de los Enamorados y Parque Explora, este sector al norte de la ciudad le iba a entregar a los ciudadanos eso que tanta falta nos hace, espacios para apropiarnos de Medellín y sentirla nuestra. Por eso se hacen constantemente eventos  interesantes para todos los gustos y lo mejor de todo, es que algunos son gratuitos, como la feria a la que llegamos a buena hora.

Salimos poco después del mediodía. El clima estaba fresco y amenazando con lluvia pero aun así, nos fuimos en Metro, excelente decisión porque les confieso, conducir tan cerca del centro es caótico y estresante. ¡Qué experiencia maravillosa! No la de montar en Metro, esa no me lo parece tanto, sino la de la tarde de amor y amistad con dispersión cultural. Al llegar nos recibió el primer corrientazo de cultura, pues notamos que justo en la entrada había una exposición de la obra de Daniel Mordzinski, el fotógrafo de los escritores.  Este artista argentino es llamado así porque desde que Jorge Luis Borges accedió a dejarse tomar una foto, cuando él, Daniel, contaba con unos dieciocho años, se casi obsesionó con la idea de fotografiar maestros de las letras en su ambiente y eso vino a hacer a Medellín. Así que justo a la entrada de la feria, estaban varias de sus fotos tomadas a escritores colombianos, en su mayoría antioqueños. Había varias de Gabo, también Fernando Vallejo, Alonso Salazar, Fernando González, Fernando Rendón, incluso me encontré con la agradable sorpresa de ver a mi Decano en la universidad, Esteban Carlos Mejía.

La bienvenida a la feria me pareció genial y divertidísima, pues como primer paso de acercamiento a los visitantes los organizadores propusieron una galería de juegos de todo tipo. La literatura es un mundo de sueños que alguien tuvo y decidió compartirlos expresados en letras; así pues que propusieron jugar y soñar. 
Tomarse fotografías en una silla voladora, escribir sueños a modo de minicuentos para que se los tragara una máquina tragasueños, jugar al “simón dice”, un juego de trivias parecido a “quien quiere ser millonario”, versiones variadas de los cuentos de los hermanos Grimm , incluso a modo de teatro. En realidad, maravilloso.

Cuando entramos al jardín notamos el alcance del evento, pues aunque estaba temprano todavía y estaba comenzando a lloviznar, ya había un río de personas alimentando los corredores de los estands de las editoriales y librerías más representativas del país.
El ambiente aunque muchos se sientan escépticos, es de total fiesta, se veían caras sonrientes y se sentía flotando en el aire un espíritu mágico contador de historias que lo inundaba todo. No hice más que antojarme y cuando veía un libro que me gustaba volteaba a mirar y veía otro mejor. En el primer pabellón finalmente encontré un libro maravilloso que tenía que comprarle a la Marce para que se diera cuenta de que ese pensamiento loco que se me había venido alguna vez a la cabeza, o a las fosas nasales, no recuerdo bien, era verdad. Tenga su prueba irrefutable.

La  verdad es que eso de caminar entre tantas tentaciones convertidas en buenas historias es un trabajo agotador y produce mucha sed. Afortunadamente en esta feria tenían la conciencia de este hecho y muy convenientemente justo en el lugar más necesitado, pusieron una estación de “Tres Cordilleras”, una de esas marcas de cerveza artesanal que se ha logrado posicionar muy bien en el mercado local. Así que sin pensarlo más, nos acercamos al lugar y nos dejamos llevar por la necesidad de mojar las ganas con una “amarguita”, que al beber, y esto es lo interesante de este tipo de cervezas, es que una si era amarga, con mucho sabor a lúpulo y la otra era dulzona, con mucho sabor a cebada. Una roja, una negra ¡una delicia!

La experiencia completa fue un éxito, con muchas opciones para todos los gustos. Fue un descubrir y un redescubrir sensaciones que no tenía desde que era pequeño. Cuando crecemos se nos comienzan a olvidar un montón de cosas que nos hacen vibrar con una pasión extraña, eso es lo malo de crecer, y que cuando somos adultos se nos activan con ciertas aficiones o circunstancias especiales y esporádicas. Es decir, extraño mucho de cuando era niño, esas mariposas en el estómago, el temblor involuntario de las manos, el corazón acelerado, el insomnio ansioso que me provocaban la espera de un paseo con los compañeritos del colegio a las piscinas de “Comfama”, o la espera del 31 de octubre para disfrazarme y el mismo día de navidad para rezar la novena y luego esperar los aguinaldos. A lo que me refiero es a que este tipo de eventos en cierta forma me producen en algo una sensación parecida, aunque sea por unos pocos minutos, y eso es lo que me gusta. Además les confieso algo, a esa sensación le he de agregar, que me sueño un día cualquiera, estar dentro de uno de esos estands, bueno, no yo, sino uno de mis libros…  Pronto Andrés, pronto.

Está por demás expresar que esa actividad fue mejor porque andaba con la otra naranja por supuesto, que se la gozó desde el principio hasta el fin; qué más podía hacer, ya tenía su libro asegurado, ese el de las princesas, ya saben. 
Caminamos un rato más entre pabellones, miramos libros, cómics, nos maravillamos con una que otra cosa de nerds que me gustaría tener pero que mejor se quedaron en el stand para mantener las apariencias, en fin, fue una grandiosa forma de pasar una tarde lluviosa de amor y amistad.

A pesar de la lluvia una enorme cantidad de personas salieron a disfrutar de los espacios que ofrece este sector de la ciudad. El Jardín botánico con la feria, el parque explora que es otra de esas maravillosas opciones de diversión y aprendizaje para pasar en familia, el planetario con su programación científica, el parque de los deseos con sus espacios para el arte y el disfrute de conciertos y proyecciones habituales de cine, todo completamente  gratuito para el disfrute de los ciudadanos.

El recorrido lo terminamos comiendo algo. En la feria había un par de opciones que no aprovechamos porque había tanta gente que sinceramente se nos “desantojó” el ánimo. El país invitado a la feria era México así que las opciones eran comidas rápidas mejicanas, que se veían ricas, pero que de rápidas sinceramente no tenían mucho pero por la enorme afluencia de público. Así que terminamos comiendo una de mis opciones menos preferidas en la vida por un par de experiencias previas no muy gratificantes: 
Perros Dogger. En este caso, los compramos en el mal de comidas rápidas del complejo del parque de los deseos que se nos presentó como una de las opciones más ágiles debido a la enorme cantidad de gente que se preparaba para un concierto del grupo Suramérica que comenzaría en pocas horas en este lugar. Qué les puedo decir del perrito que me he comido…  bueno, que esta vez no me decepcionó, de las cuatro o cinco veces que me he atrevido con esta marca antioqueña de comidas rápidas, esta es la segunda que me va bien. El pan estaba bien, la salchicha aceptable y lo que más me gustó fue el chile jalapeño y la salsa de queso con la que pretendí bañar el perro caliente.

Pero la aventura no podía terminar aquí, mi esposa y yo queríamos mejorar la experiencia por lo menos en lo gastronómico, así que cuando llegamos a casa, empacamos a los dos peluditos de la casa en el carro y nos fuimos para el alto de las palmas a hacernos felices con un par de buenas meriendas. Un buen pedazo de carne asada de cerdo para mí, acompañado de arepa con queso, ensalada y papa cocida, y un poderoso chorizo antioqueño de medio kilo para la doña, con ensalada, papa y arepa con queso. 
Para completar la felicidad y un día perfecto en pareja, los pasamos con un par de chocolates calientes con queso derretido que a la final, fue el pretexto por el que subimos y se los digo sin miedo a equivocarme, seguiremos subiendo, porque no hay experiencia más deliciosa y gratificante, que tomarte un chocolate cargadito de queso en el frío de una noche medellinense a 2000 metros de altura.

Salí pues con mi esposa a celebrar un día muy especial y me encontré que lo especial finalmente es todo lo que se hace con esa persona que es especial para ti, sin importar que la actividad sea romántica per se, o no. Me sentí como un niño otra vez, me antojé más de lo que compré, obtuve más de lo que esperé y terminé el día con la barriga llena y el corazón contento. Valió toda la pena del mundo. Por eso mi invitación para vos es: Salí con tu media naranja a hacer cualquier cosa, pero no esperes a que sea un día especial para hacerlo, porque no es necesario, lo verdaderamente importante no es lo que se hace, sino que se haga con la persona más especial para ti. Salí y no te vas a arrepentir, porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.