Nuestro lema

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lunes, 17 de noviembre de 2014

SALÍ Y RAYÉ UNA PARED - SALÍ A HACER EL GRAFFITOUR

Los paisas tenemos la reputación de vender hasta una loca preñada, y para comprobar que esto va más allá de la fama, no hay sino que ir a conversar con el tipo que vende las limonadas más refrescantes del desierto del Sahara en el Cairo, porque el saludo es un “¡eh ave María hombre! que sed tan verraca ¿no? ¿Querés una limonadita?”, o si no, por más gracioso que les parezca, hay un maestro que tiene el record de venta de neveras en Canada en temporada de invierno, argumento de venta: las vende para calentarse las manos. No estoy charlando, esto es totalmente cierto. No hay nada más paisa que decir que se es paisa por este aspecto o por cualquier otro y nos llenamos la boca con esa herencia que aseguramos nos habita todavía las venas. Pero a veces, al mirar ciertos aspectos, como el del turismo por ejemplo, parece que ese precepto se nos estaba olvidando para vender a la ciudad. Somos y estamos orgullosos de lo que somos, de lo que tenemos y de lo que hacemos, pero es muy gracioso darse cuenta de que a veces somos ciegos o nos hacemos los sordos, ante una realidad que nos golpea en los rostros y que por más fuerte que nos da, no nos hace despertar; pareciera que no nos aceptamos como somos, a la final, no nos queremos del todo.

Así se ve Medellín desde la
Comuna 13
Somos contradictorios y paradigmáticos en nuestros amores. Adoramos al arriero del que venimos, ese de sombrero, carriel, mulera y mula al lado, pero nos ofendemos cuando nos dicen montañeros ¿no es Medellín la capital de la montaña pues? Queremos ser habitantes del mundo, abrir las fronteras, las mentes, ser cosmopolitas, pero cuando salimos a pasear pedimos frijoles con garra ¿a la final entonces qué, sí o no? Amamos la historia que nos compone como cultura, pero escasamente sabemos algo de Tomás Carrasquilla, de Ciro Mendía, de Marco Fidel Suárez. Los paisas antioqueños, adoramos a Medellín, decimos que es lo mejor del mundo, que es la ciudad más bonita de todo Colombia, pero eso sí, quítele el norte, las comunas, partes del centro y déjenle dos o tres cositas más que no sean el centro de convenciones, el pueblito paisa, el metro y la milla de oro, ¡papito, Medallo es más que eso!

Esta es una entrada con la que pretendo mostrarles y demostrarles que ese es uno de tantos paradigmas que los paisas tenemos que cambiar. Hace poco me hicieron una invitación a la que me fue imposible decir que no. Julio Casadiego de Colombia Travel Operator, fue invitado por la Secretaría de Turísmo de la Alcaldía de Medellín, junto a otros operadores turísticos, a conocer un programa de turismo intraurbano muy novedoso que se inventaron unos muchachos en la Comuna 13; el Graffitour. Salí se metió por un ladito con el ánimo de contarle al mundo de qué se trata este cuento. Y aquí va.

Muy temprano en la mañana nos citaron a todos para encontrarnos en Plaza Mayor, lugar en el que nos recogió un bonito y cómodo Turibus. Ya adentro nos dieron la bienvenida por parte de la Alcaldía y sin más nos encaminamos hacia la famosa Comuna 13. La fama a la que me refiero, y esto es para quienes tal vez no conocen su historia, no es de las buenas, es de esas de las que a nadie le gusta hablar, de esa que los paisas seleccionamos para omitir a la hora de definirnos. Fama producto de actos violentos, actos violentos producto de circunstancias causadas por esa misma historia que no nos gusta.

La bienvenida al paseo nos la dio Jaramillo —Nombre paisa del sol, al que también se le conoce como “el mono”— que no nos desamparó ni un minuto en toda la caminata. Nos dieron hidratación a modo de presagio de lo que se nos venía acto seguido y tras unas palabras cortas de presentación propia del típico discurso de la transformación y la inclusión que el gobierno municipal del momento y bla, bla, bla… por fin comenzamos a caminar por las callecitas que hace un tiempo, a nadie se le habría ocurrido que recorrerían con tanta pasión y ahínco, día por día, cientos de viajeros de todas partes del mundo, dispuestos a conocer desde más adentro, esa historia nuestra, propia que no es tan propia y que en el resto del mundo consideran que es muy atractiva.

El color lo inunda todo a diestra y siniestra, y no es cualquier color. Se ve hermoso, se entiende como se tiene que entender, como arte, no como pintura tirada a las paredes de cualquier manera. El graffiti por mucho tiempo se ha entendido como una práctica vandálica, como un acto de rebeldía que tiene por objeto ensuciar las paredes a modo de protesta, y aunque mucho del que se ve en las calles sí lo es, este que tuvo la oportunidad de ser formulado desde el sentir de verdaderos artistas, de jóvenes deseosos de contar su historia a través de su talento, le dan a esas callecitas, a esas fachadas, y sobre todo el que lo mira, una sensación de libertad que no podrían dar ni en mil años, esas mismas paredes desnudas.

Luego de una corta caminata en subida, se llega a la base de las que son las primeras escaleras eléctricas al aire libre, propuestas como solución para la movilidad urbana de una comunidad en el mundo. Este espacio es muy particular y llamativo. En un principio, se nota que es una especie de “puerto” en forma de rotonda, pues es el último lugar hasta el que pueden llegar vehículos pequeños. De ahí en adelante antes de que existieran las escaleras eléctricas, se podían contar hasta cuatrocientos escalones para llegar hasta una segunda base más arriba, en la que los escalones continúan. Aquí los dibujos, los colores, la temática, la técnica con la que fueron pintados, son la mejor bienvenida y sin duda la mejor explicación de lo que una pequeña loca idea puede impactar a una comunidad, e incluso a una ciudad entera.

El juicio, el cariño, el empeño en cuidar lo que sienten suyo por parte de los habitantes del barrio “Las independencias” son un ejemplo a seguir. Las escaleras eléctricas no sólo son una solución de movilidad que los niños, ancianos, los hombres y mujeres que cansados luego de un día de arduo trabajo deben de agradecer con mil bendiciones cada día al poder subir y bajar sin tanto esfuerzo, sino que son un pequeño motorcito que los impulsa más arriba en su amor propio, en su concepción como parte de la sociedad de Medellín, los está poniendo en un lugar en el mundo. Eso sin mencionar que las ha convertido en un polo de atracción económica que incluye cada vez más el aspecto turístico como componente principal. 
Ya las escaleras, las fachadas y techos de sus casas no sólo son bellas para ellos, se han dado cuenta de que son atractivas para los alemanes, rusos, estadounidenses, puertorriqueños, franceses, en fin, ciudadanos de todo el mundo que los está visitando y que con sus cámaras fotográficas, frases en idiomas ininteligibles para ellos, por ahora —Esto es un augurio—, y con sus sonrisas de gratitud por dejarlos entrar en sus casas, les está dando otra perspectiva de lo que la vida significa y del puesto que les corresponde en el planeta.

El Graffitour para nosotros comenzó en la parte alta de las escaleras, en el último descanso, en el lugar en el que a los que viven en la parte alta les toca terminar de subir a punta de fuerza muscular.  Hasta ahí habíamos estado en manos de la Alcaldía, como les dije, con el discurso aprendido y casi obligado de los funcionarios, que si bien también son conscientes del impacto social que se ha logrado, no dejaba de ser ese discurso ajeno, exógeno, que carece de esa profundidad entrañable de la comunidad.
Nos presentaron a Dairo, mejor conocido como “Kbala” y a su pequeño hijo, que según recuerdo, nunca dejó de sonreírnos orgulloso de su papá y de lo que representa, de su héroe. Desde ese momento todo cambió, porque la perspectiva ya era interna, profunda, venía desde los mismos proponentes del proyecto, de los que protagonizaron la historia que no nos gusta, y estoy seguro de que a ellos tampoco, y que ahora son los protagonistas, los impulsores de este cambio que ahora admiramos y que nos beneficia a todos.
Entonces el tour tomó la dimensión que todos estábamos esperando. De ahí en adelante todo fueron historias interesantes, no todas bellas, pero si sentidas, no todas ejemplares, pero sí marcadoras. Historias sobre las hechos que inspiraron las ideas que lo están cambiando todo, sobre las paredes y los techos pintados y por pintar, sobre lo que sienten y dicen los habitantes, los visitantes, los propios y los extraños. Nos contaron sobre personajes importantes de la comunidad, lugares históricos que tuvieron su protagonismo en la vida del económica y política del país. Nos hablaron de espacio, de tiempo, de vida, de muerte, de lágrimas de tristeza y de felicidad.

Caminamos tres horas y media intensas, pero no por la caminata, sino porque hay tanto para ver, para escuchar, para aprender y hasta para hacer, que no hay como aburrirse ni pensar por un segundo en nada más. Uno de los mejores momentos fue en el que nos dieron la oportunidad de aprender sobre el graffiti, y nos dejaron hacer el nuestro. Hasta yo tuve mi momento con una lata de pintura en aerosol en las manos y les dejé mi obra de arte en un muro. Ese muro lo declararon patrimonio del barrio, pero esa es otra historia que luego les cuento.

Estos muchachos desde su saber, desde el hacer, son capaces de dejar al que hace el Grafitour, cambiado para toda la vida. Una pequeña gran idea que está cambiando al mundo de a un corazón por vez. Todo comenzó con Casa Kolacho, sede que visitamos casi el final del recorrido, un espacio en el que como ellos mismos lo afirman, los niños y jóvenes de la Comuna 13 encuentran la
Sede de Casa kolacho en San Javier
Comuna 13
 oportunidad de “parcharse”, a prender desde la perspectiva de la cultura Hip Hop, a hacer música, a aprender sobre las funciones del DJ, del Break Dance, del Rap, y del Graffiti, que con sueños, amor y ganas, se puede ejecutar esa frase acuñada por Arquímedes, “dame un punto de apoyo y te moveré el mundo”.

No te pierdas el video que hice sobre la experiencia para complementar la información de la delicia de tour que todo el mundo, en especial los paisas tenemos que hacer, para aprendernos a querer más como somos, por lo que somos. Nada les va a ilustrar mejor esa filosofía de la que tanto nos ufanamos, ahí se van a dar cuenta de verdad de lo verracos que somos los paisas, en especial para afrontar las malas situaciones y para convertirlas en algo bueno. 

Salí e hice el Graffitour, me di la oportunidad de ir a conocer, que digo conocer, a reconocer un lugar de la ciudad, que si bien me era familiar —pues viví la mayoría de mi vida en la América— y aprendí a ver con otros ojos, de una manera más profunda ese sector de la ciudad. Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras en cuanto al entendimiento de lo que significa la política de inclusión, sobre el significado de escuchar con atención hasta las ideas más extrañas y locas para solucionar problemas simples. 
Terminé feliz porque entendí que el amor y el talento combinados pueden hacer de éste, un mundo mejor. Salí vos también, no te podés perder esta oportunidad de conocer más a Medellín, de aprender a conocernos más como cultura, como parte del mundo. Salí y no te vas a arrepentir, porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.


Si quieres hacer el Graffitour, te puedes contactar con Julio Casadiego en Colombia Travel Operator http://www.colombiatraveloperator.com/ y él se encargará de que también te toquen el alma y salgás feliz luego de esta experiencia que hoy por hoy, la están viviendo con mayor intensidad los extranjeros que los propios habitantes de la ciudad.

Video de la experiencia Salí al Graffitour.


3 comentarios:

  1. Hola Andrés, saludos de u compañero de colegio. William Torres

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  2. Hola Andrés, saludos de u compañero de colegio. William Torres

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    1. ¡Hey hola Willy"
      Mi viejo ¿Cómo vas? Qué gusto leer tu comentario mano, gracias por el saludo.

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