Nuestro lema

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domingo, 26 de octubre de 2014

SALÍ A CARTAGENA - SALÍ A MONTAR EN "BU" EN CARTAGENA


Cartagena es inolvidable por donde quiera que se le mire. Es una ciudad maravillosa por su arquitectura colonial, por sus hoteles, por su comida pero en especial por su gente. Si se quiere conocer un lugar hasta lo más profundo, dicen los que saben, hay que ir a los lugares en los que te vas a encontrar con su gente, hay que comer lo que come, bailar lo que baile, hay que untarse de pueblo. Por eso cuando le dijimos a María Patricia Pitre, encargada de la dependencia de atención al cliente del Hotel Almirante, maravilloso lugar en dónde estábamos hospedados, que queríamos ir hasta la Ciudad Amurallada desde Boca Grande en bus, abrió los ojos incrédula y atropelló las palabras para preguntarnos sí había escuchado bien.

Finalmente entendió que lo que queríamos era ese tipo de aventura y nos dio las indicaciones necesarias y precisas. —Suban dos cuadras desde aquí y esperen una buseta verde que dice “La Ternera”— y eso fue suficiente. Luego de una parada técnica en una farmacia para comprar un sixpac de cervezas —apuesto a que ese dato no se lo esperaban— pues sí, en una farmacia... agárrense este detalle que no les voy a durar toda la vida, pues descubrí que en Cartagena, el mejor lugar para comprar cerveza es en las farmacias, y el porqué es que primero que todo son lugares cuyo fin comercial no está en obtener ganancias por la venta de licor, ya le ganan suficiente al acetaminofén, por tanto el sixpac de una cerveza como el águila, vale los nueve mil pesos oro (unos cuatro dólares) que Bavaria sugiere al público, y no los cuatro mil o cinco mil por lata (unos dos dólares) precio de ventero ambulante en la playa.

Por tanto, el primer mejor tip de viaje que les puedo dar es contar con una nevea portátil plegable entre el equipaje que lleves a Cartagena, para guardar y conservar frías las cervezas que puedes comprar en las farmacias, porque todas tienen enfriador y te las venden ¡heladitas!, fuera de eso, es que las farmacias, al menos las de Boca Grande, tienen aire acondicionado, así que parecen un oasis en medio del calor cartagenero.

Continúo pues con mi relato; así pues que luego de la parada técnica, nos paramos a esperar a la “Ternera” y entonces apareció en el horizonte. Al llegar a nuestra altura un jovencito se bajó para darnos la bienvenida y casi empujarnos al interior, así que como buen desconocedor de las costumbres —más la cara de turista bien administrada que traía— le he sabido preguntar si la buseta nos dejaba en la ciudad amurallada. El gesto en el rostro, el “hombe” pronunciado tan naturalmente como le puede salir a un cartagenero natural y el amable empujón al interior del vehículo fue la respuesta que necesitábamos recibir; definitivamente, a buen entededor pocas palabras.
El transporte público representa de forma muy profunda al ciudadano común, pues en él se ve reflejada "in situ" su cultura, su cosmogonía estética, su visión de la realidad. Al subirnos notamos entonces varias cosas que obviamente no vamos a encontrar en el transporte público de ninguna otra parte. Primero, los autobuses, (buses y busetas), no tienen registradora a la entrada; el registrador es el muchacho que colgado de la puerta anuncia a gritos “si va o no va”. Aquí estuvo el segundo choque cultural cuando al entrar le extendí la mano al conductor para pagarle los pasajes y el hombre se me volteó extrañado por la osadía de tratar de distraerlo mientras ejercía su labor. Ahí entró en acción el “registrador” quien con su sabor de costa me dijo —Ya relájate mi bro que ahora me pagas—. Y así fue, luego de un rato de estar andando, el hombre pasó puesto por puesto, cobrándonos el valor del pasaje.

Ya sentados la Marce y yo, pues estaba casi vacía la buseta y fue fácil elegir lugar, pudimos poner los cinco sentidos en orden para captar lo que nos estaba sucediendo alrededor. Primero, contrario a lo que pensé me iba a encontrar, el busetero venía escuchando música pero a un volumen respetuoso, lo siento si consideran este comentario muy Cliché, pero esperaba subir hasta la ciudad amurallada al son inaudible de un vallenato, y no fue así, cosa que me alegró. Los colores internos de la mueblería, pisos y techo se me antojaron más coloridos que los que vi en Medellín, Bogotá o Pereira, ciudades en las que he tenido la oportunidad también de usar el transporte público; pues los de las dos busetas que tomé, una para subir a la Ciudad Amurallada y otra para volver, eran vivos, alegres, casi chillones, así que ese aspecto si fue tal y como me lo esperaba, y me agradó mucho.

Lo siguiente es que las ventanas de este tipo de vehículos tienen dos componentes: primero la parte abatible que está a la altura de las sillas para que el pasajero disponga a su gusto de abrirlas o cerrarlas según su preferencia o necesidad y tienen otras fijas, en lo alto, para iluminar el interior de manera más directa. Pues bien, en ciudades como la mía en las que el sol es radiante pero no tanto como en Cartagena, con una película polarizadora oscura es suficiente para atenuar la luz y el calor, sin embargo en una ciudad costera, en estos buses acostumbran unas cortinas ondulantes, en tela gruesa satinada, de un color que combina con el de la carrocería exterior y la silletería interior, y que trae borlas en tonos plateados o dorados en los bordes, cuyo trabajo es bloquear definitivamente la entrada del sol al interior del vehículo. La misma tela es usada de techo a piso, para separar la cabina del conductor incluyendo la silla delantera para un posible acompañante, de la cabina de pasajeros. Debo reconocer que esta disposición estética me llamó mucho la atención porque es bonita desde el aspecto cultural, es una solución estética a un problema que ofrece la condición climática de la región y que se entiende como un plus que embellece y da elegancia (por el tipo de tela y adornos adicionales que se seleccionan) al lugar de trabajo de estos dos trabajadores, conductor y ayudante.

Por supuesto, en la cabina del conductor y los separadores metálicos o de vidrio que tienen este tipo de vehículos, tampoco puede faltar el componente religioso tan importante para nuestra cultura. La virgencita del Carmen, Patrona oficial de los transportadores, está presente ya sea en una estampita o en un “bulto” (estatuilla religiosa) protegiéndolos de todo mal y peligro. Y no es para menos, la tradición religiosa por muchas razones es muy importante en la cultura Cartagenera y se respira por todos lados en las iglesias, conventos, en la imaginería religiosa que inunda el arte y la cultura que te maravilla en cada esquina. Me encantó en lo personal, la estatua que en altamar se le puso a la virgen del Carmen, en un lugar que es paso obligado de toda embarcación que parte de la marina y a la que le rinden Homenaje cada vez que se zarpa y en especial en plenas fiestas de la ciudad, que se celebran en el mes de Noviembre, adornándola con ofrendas de flores y de velas. Me parece divino y rico culturalmente hablando.

Para concluir el relato de esta experiencia, no puedo dejar de hacer alusión a la experiencia propia del regreso de la Ciudad Amurallada a Boca Grande, pues en suerte nos tocó viajar en la buseta más esterotípica a la que nos pudimos subir. Lo digo porque esta si traía la música a un volumen alto, tan alto, que hasta los mismos ciudadanos, cartageneros de nacimiento, le decían a viva voz al conductor que le bajara al radio, que sonaba por cierto una emisora local y en cuya trasmisión exaltaban el orgullo de ser “caribeños”. Los colores no podían ser más vivos, pues la carrocería era de un color rojo vivo, con adornos amarillos y naranjados. La silletería era amarilla brillante y las terminaciones interiores eran rojas o naranjadas, incluyendo las cortinas de las que les hablé antes. Pero lo mejor de todo, y lo que hizo las delicias de mi esposa y mías por supuesto, fue ser testigos de la existencia de el hombre más feliz del mundo, haciendo el trabajo que más le gusta hacer.

Y todo lo hace en sandalias. Mis respetos. Gran hombre
Gracias Cartagena
El ayudante de viaje tenía la actitud más divertida y alocada que podía tener hombre alguno, a la hora de hacer su trabajo. Lo mejor de todo es que cuando se dio cuenta de que lo estaba grabando con una cámara, su actitud se puso, si cabe, más enérgica y “sollada”, pues sus gestos se exageraron más y nos hizo una función de primera fila que jamás vamos a olvidar. El hombre antes de que parase el bus a recoger a un pasajero, se tiraba para correr paralelo al vehículo, empujar al pasajero adentro, correr un rato al lado de la puerta antes de montarse cual Usaín Bolt, espero no estar exagerando, porque yo no creo ser capaz de correr a esa velocidad y mucho menos para saltar al interior o terminar colgado de las abrazaderas exteriores que se usan para ayudarse a subir, cómo lo hacía este divertido amigo; sin embargo eso no es lo que más me impresionó, lo que de verdad me “voló el birrete” fue que todo lo hacía en “chanclas, arrastraderas o sandalias”, llámenlas como las quieran llamar. No sé qué será más destacable, si la osadía del hombre al realizar una actividad tan peligrosa, el alto umbral de dolor que tiene entre los dedos gordo y el segundo, porque “no nos hágamos tarugos”, esa vaina de tratar de correr con ese tipo de calzado, duele, o lo más destacable de todo puede ser, la calidad de las chanclas del sujeto, ¡que verriondas tan finas! ¿No? Y se me olvidó preguntar en dónde me conseguía unas para mí.

Esta fue pues solo una de mis deliciosas experiencias junto con mi esposa en la ciudad más bonita de Colombia, Salía montar en “BU” en Cartagena, cosa que les recomiendo si les gusta profundizar en la cultura de los lugares a los que viajan. Les dejo varios Tips: lleven nevera flexible portátil en el equipaje, son flexibles, baratas y no ocupan mucho espacio. Compren cerveza en las farmacias, las venden a un precio razonable. Monten en bus, pero primero pregunten a alguien confiable cómo llegar a su destino y que les indique la ruta a tomar y el lugar en el que pueden acceder a la ruta, no les recomiendo aventurarse sin saber o preguntar a cualquiera en la calle. Y disfrútense al máximo hasta las cosas más sencillas, con tener la mente abierta les garantizo que van a vivir las mejores experiencias de la vida. Así pues que Salí vos también, motá en bus en Cartagena, te aseguro que no te vas a arrepentir.

Esta aventura la vivimos con mi esposa gracias a http://colombiatraveloperator.com/ operador de turismo y al Hotel Almirante Cartagena http://web.hotelalmirante-cartagena.com/

Disfruten del video con el que evidencio parte de esta aventura, espero que lo disfruten:



o que lo disfruten:

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