Nuestro lema

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domingo, 1 de junio de 2014

ME TRAJERON A LA CASA RODANDO. SALÍ AL RODIZIO

El día de la madre es una de esas fechas que definitivamente no se puede dejar pasar en blanco. Primero que todo, porque es una oportunidad de demostrarle a la mamá lo que se le quiere con un detallito cualquiera, aunque se lo merezcan todos los días de la vida y no sólo uno, y la segunda razón por la que no se puede dejar pasar, es porque si eso pasa, sí a uno se le olvida celebrar el día de la “mamasita rica con sabor a pollo”, fijo, fijo, le toca pasar el día del padre en el hospital. Que conste que lo digo por experiencia propia; un mes más o menos me tomó salir del coma la última vez. Por eso es que a mí no se me olvida ni por el carajo. Lo tacho en el calendario desde que me lo entregan en la carnicería en diciembre, le pongo alarma en el celular para que me recuerde desde ocho días antes y todos los días siguientes y además me amarro un moñito en el dedo índice desde el sábado anterior por la noche para al despertarme y verme el dedo morado y la uña casi bailando, poderme acordar.

Este año no se me olvidó, No se me olvidó, NO SE ME OLVIDÓ y para celebrarlo como Dios manda, me llevé a mi “mamasita rica con sabor a turrón cocudo” a comer carnita asada al estilo brasilero. En alguna entrada pasada (hacer clic para leer entrada) les conté mi experiencia en un restaurante de este tipo y de lo maravilloso que me pareció.
Pues bien, hace algunos días, regresando de nuestro viaje a acampar, viajábamos por la carretera que comunica a Medellín con El Retiro, y de manera fugaz, a pesar del cansancio que traíamos, un lugar nos llamó poderosamente la atención. Desde lejos leímos en un anuncio luminoso una palabra mágica: “Rodizio”, así que disminuí la velocidad para mirar bien al pasar y nos dimos cuenta de que una casa de campo muy bonita que siempre nos había gustado mucho, se había convertido en un atractivo restaurante. La idea nos dio vueltas en la cabeza y nos prometimos que subiríamos a conocerlo. Así pues que cuando me estaba haciendo el masaje para regresar la sangre al dedo en el que me había amarrado el moñito, maldiciéndome a mí mismo por no recordar por qué diablos me había arriesgado a perder el dedo, una neuronita se me iluminó y tuve un deja vú. Fue ahí entonces que recordé el por qué y le dije a mi “caldito de costilla” que se arreglara que me la iba a llevar a celebrar.

Luego de recibir elogios, besos y abrazos por ser tan detallista y por no habérseme pasado tal fecha…  que hasta ese momento no recordaba cuál era, ¿cumpleaños? ¿Aniversario?... en fin…  ahh sí, día de la madre; empacamos a uno de los chiquitos en el carro con nosotros y pegamos pa´ Oriente. Llegar fue muy fácil, a pesar de ser una fecha tan especial en la que la demanda de los restaurantes se dispara, nos tomó unos cuarenta minutos llegar. Es muy fácil, suban a tomar la carretera al Retiro, giren en ambas glorietas a la izquierda, y sobre el costado izquierdo como quien va hacia Rionegro, más o menos un kilómetro luego del "runpoint de don Diego" van a ver el aviso luminoso.

El nombre del restaurante es Del Anca Rodizio Parrila Bar (clic para ir a su sitio en Facebook). Tiene una bonita entrada y cuenta con dos parqueaderos, uno a la altura de la entrada del restaurante y otro más amplio en el terreno de desnivel adjunto. Tomen este dato en cuenta, porque aquel día cuando llegamos, parecía que no había lugar para dejar el vehículo, estaban parqueando incluso en la berma de la carretera y no había necesidad pues ese parqueadero adjunto estaba vacío.
Al llegar al sitio, la fila de espera era descomunal. Nos dijeron que tendríamos que esperar por lo menos una hora y media pues justo antes de nosotros había una mesa de más de veinte personas. Sinceramente no nos afectó el dato. Luego de todo lo pasado para tomar la decisión y llegar al lugar que queríamos, simplemente nos tomamos la cosa por el lado amable, buscamos un lugar para sentarnos, pedimos unas bebidas y nos disfrutamos la espera, que en realidad, fue de media hora nada más.

Este es el techo visto desde nuestra
mesa.
El lugar es muy agradable. Como dije antes, es una cabaña otrora de descanso y que fue acondicionada para convertirse en un acogedor restaurante. La decoración es muy bella, sencilla y puntual, y tiende a ser más tradicional por los detalles de construcción en el techo, las paredes y la chimenea. El clima es templado y créanme tiende a ponerse muy frío al caer la tarde, así que es buena idea ir bien abrigados. Pero la administración ha pensado en sus comensales y pueden verse varios calentadores a gas, adornando y climatizando tanto el exterior y el interior. En lo personal me encanta la sensación que producen en el ambiente, me hace sentirme fuera de casa pero en un lugar que quiere hacerme sentir en mi hogar.

En tanto te dan una mesa te puedes servir un plato de la barra de ensaladas que hay a un costado al lado de un bonito ventanal, en la que te dan a elegir entre una buena variedad de vegetales, frutas y se puede terminar de coronar con crutoms y queso rallado. La que llegó a la mesa, servida por la homenajeada, fue pensada para los tres… por eso se podía preguntar tranquilamente “¡hey! ¿Quién vive detrás de ese morro?

Comimos nuestro aperitivo y entonces comenzó una aventura gastronómica por el mundo de la parrilla brasilera, que me voy a dar el permiso de calificar como ¡delirante!
La carta de menú del Rodizio te ofrece varias opciones de asado, pero ir a un lugar que tiene un plato que lleva el nombre del establecimiento y no pedirlo, es cómo ir a un almacén de ropa y pedir que te vendan un quesito (ya sé que el ejemplo no aplica, pero es que me suena tan divertido), en fin, lo que quiero decir es que hay varias opciones de asado a la parrilla, pero el que decidimos pedir para los tres, fue el que le da el nombre al restaurante.

Un rodizio, para quienes no lo sepan, es un festín a la brasilera, que tiene influencia de la cultura alemana. En el país de la samba, se hace hasta con veinticinco platos distintos. Según recuerdo la historia, la idea es que una o varias comunidades de unen para festejar y cada quien lleva algo para el banquete: algunos llevan carne de vaca, otros de cabra, pollo, pescado incluso hasta frutas para asar y compartir. En este restaurante, la experiencia consta de nueve cortes diferentes, cada uno asado con técnicas diferentes para garantizar la máxima ternura y la conservación de los jugos. El comensal entonces, sólo tiene que esperar sentado a que el chef, pase con un corte de carne diferente y se lo sirvan. Una y otra vez, y otra y otra, hasta que se sienta satisfecho, o en mi caso, hasta que sienta que no puedo más. Como lo llaman los gringos, All you can eat, Todo lo que puedas comer.

Sentados a la mesa nos trajeron un plato que llevaba la guarnición y el primer corte de carne; un muslito de pollo asado y bañado con una salsa deliciosa. El pollo estaba en su punto y lo mejor de todo es que no estaba seco, como se espera que sea este tipo de carne, por el contrario estaba jugoso y muy sabroso. También venía una papa al vapor con mayonesa, un dedito de yuca frito, un medallón de platano, o patacón pisao como lo llamamos los paisas y un plátano maduro calado que me hizo cambiar mi radical posición sobre las cosas dulces en mi plato de comida; estaba delicioso.

Para beber en tanto teníamos la experiencia, nos pedimos una deliciosa jarra de sangría, cargadita de frutas y a una temperatura perfecta para hacer de la experiencia lo que hizo. 
Sin embargo, como hay una ley en Colombia que no permite nisiquiera tomarse un vaso de vino cuando se está conduciendo, a este pechito le tocó sacrificar la compañía del vino con la comida y pedí una reconfortante limonada.

Entonces llegó a nuestra mesa el primer corte, se llama Chata. Es carne de res, muy jugosa, fibrosa. Es un corte que se conoce también como Churrasco Argentino y se asa en bloque para que haga costra y conserve sus jugos. Según nos dijo el dependiente que nos atendió, se asa por muchas horas, casi desde el día anterior a fuego muy lento. Rica.

Pasaron pocos minutos y el obelisco o pincho para asar carne estaba de vuelta a la mesa, esta vez traía ensartado un trozo de Morrillo. Sólo ver la fotografía me hace salivar. El color era perfecto, pasaba desde el tostado perfecto al rosado vivo que tienen los buenos cortes. No hay más palabras; Delicioso.

Que se venga el que sigue y dejaron pasar la Punta de Anca. Carne buena de la buena, a mí me dejaron la mejor parte, o mejor dicho la pedí para mí, la del gordito, la que se guarda el sabor y se encarga de bañar al resto del corte, que les digo; Maravilloso.
Cambiamos para el siguiente corte de animal, pasamos de la res al cerdo. Un trozo de cañón de cerdo que a simple vista invita a comérselo, color perfecto, olor perfecto, consistencia perfecta, sabor; único.

El corte que sigue, cortó la movida en los platos de mis dos compañeros de mesa, yo sí me los comí y no me arrepiento. Siempre he sido malo para comer glándula pero está vez me puse valiente y me gustó. Con ustedes bombas aórticas de aves de corral, o dicho de una forma más coloquial, corazones de pollo, y sí, ya dé que el corazón no es una glándula, es un músculo. La consistencia es muy diferente, es gomosa, pero muy sabrosa, en realidad sabe mucho a pollo. Me gustó.

Luego pasó por nuestra mesa un viejo conocido, el chorizo de ternera. Me encanta, me fascina el chorizo de ternera, pero ante las bellezas que habían pasado por la mesa, me pareció que deslució un poco; pero tranquilo chorizo viejo amigo, sigues teniendo un lugar en mi corazón.

Se dejó venir entonces el solomito, y cómo dice el dicho, cuando no hay solomo de todo como, pero si no hay solomito, lo demás omito, ¿o es, me vomi…?  no, no, creo que es, me como un huevito. En fin, el corte es de los mejores de todos, me enloqueció, la textura, el sabor, se deshacía en la boca, los jugos… no se diga más, para describirlo voy a usar la palabra; espectacular.

A este punto muchos se pueden sentir satisfechos, listos para empacar, pero yo apenas estaba calentando, un cambio de pantalones por unos legins y listo para lo que seguía. Y entonces trajeron un corte al que según nuestro dependiente muy pocos comensales le hacen buena cara: ubre de vaca asada. Desde que llega a la mesa se ve, se nota, se huele. Para poderles explicar lo que quiero que me entiendan, les propongo que cojan una bolsa de leche en polvo y la pongan al fuego, asen un vaso de leche, quemen un arequipe… en fin, es de un olor muy particular, dulzón, penetrante y el sabor es por el contrario, suave, muy salado y la corteza es casi crujiente. Sabrosa.

Para terminar la ronda, pasan con un dulce, aromático y refrescante pedazo de piña asada. Les confieso que desde que la vi la primera vez me pareció extraño comer una fruta asada, pero luego de darle el primer mordisco y de conocer su justificación en medio del concepto del asado, la esperé con ansias. Para que me entiendan, les recomiendo ver el video adjunto.

Y para terminar, un postre
por cuenta de la casa
para la hojimeneada
Luego de la primera ronda, usted puede volver a empezar y hacer otra u otras, según el grado de aguante, yo por lo menos, pedí tres más, chata, solomito y punta de anca. Salimos a las siete de la noche del restaurante y por decir lo menos, estábamos plenos, no sólo porque teníamos el estómago llenito, sino porque la experiencia, que está apoyada en uno de los mejores servicios que hemos tenido en nuestras salidas, fue en definitiva, sublime.


Salí pues a celebrarle el día a mi potranquita, a la yuca que le faltaba al sancocho de mi corazón, a la mamasita de la casa y quedé como un príncipe, pero como un príncipe de esos que muestran en las películas de Asia, que siempre tienen un muslo de pavo en la mano y los cachetes untados de grasa, que están redonditos de andar comiendo, es más, acabo de tener una epifanía, ya sé por qué el restaurante se llama Rodizio, porque lo tienen que sacar a uno de allá, rodando. Ya fuera de charla, En Del Anca Rodizio Parrila Bar, es uno de los lugares más exquisitos a los que he ido en los últimos días. Es el lugar más recomendable para ir a celebrar algo con las personas que se quieren, para una reunión de negocios, o para darse un gusto de raca y mandaca. Por eso te puedo decir con toda la tranquilidad del caso, Salí a Del Anca Rodizio, es sencillamente espectacular, te vas a encontrar con una cocina sincera y muy bien lograda, con el mejor servicio que se puede tener en un restaurante. Salí a comerte un asado a la brasilera, y te prometo que no te vas a arrepentir, porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.
video

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