Nuestro lema

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domingo, 11 de mayo de 2014

NECESITABA CAMBIAR UN DÍA Y CAMBIÉ UNA NOCHE. SALÍ A TOMARME UNOS VINITOS EN CASA

Hace un tiempo perdí a un amigo de una manera trágica. Aún lo recuerdo y me apena un poco, lo confieso, pero voy a hacer un esfuerzo y voy a recordarlo por ustedes. Le decíamos Juanito el pastusito, y era por llamarlo de alguna manera, el esparring del grupo. ¿Conocen esa figura del boxeo? Es ese pobre hombre que se deja dar y dar y dar golpes del boxeador que está entrenando para un combate y no responde porque ese es su trabajo. Pues bien, eso era Juanito para todos sus amigos. En esa época la figura del matoneo no estaba tan desarrollada, la conocíamos como montársela a alguien, y ese alguien era el pastusito. El día del que no quiero acordarme, pero que por ustedes haré la excepción, estábamos en una finca por los lados de San Pedro de los Milagros, zona lechera en la que hay más ganado vacuno que seres humanos; hermosas tierras. Ya estaba tarde, habíamos tomado un poco y entre todos los que estábamos en la finca, se la montamos a Juanito. El tema del día, era que él era pastuso y cómo en Colombia tenemos algunos chistes regionalistas en los que los paisas somos unos avivatos que siempre ganamos cualquier batalla y la que no ganamos, cómo mínimo la empatamos, y los pastusos siempre son los “demalas” para pensar, los bobitos, los tontos del paseo –Fama que no les hace ningún honor y que no es más que eso, fama-; pues empezamos a jugarle una broma tras otra y luego una más en la que nuestro amigo siempre quedaba mal. Juanito se reía porque todos lo hacíamos, pero de un momento a otro ya no quiso reírse más. Los ojos se le pusieron brillantes y el mentón comenzó a temblarle de una manera particular. Se levantó de su puesto, y al ver que el momento se había puesto algo tenso, alguien apagó la música. Juanito nos miró hinchado de rabia y desafiante, gritó algo que se nos quedó grabado en la mente para “tualavida”, él dijo: “Soy de Pasto ¿y qué?”. Todos nos quedamos mirándolo impávidos, mientras volvía y lo decía: “Soy de Pasto ¿Y qué? Nadie reaccionaba, nadie sabía qué decir. Entonces salió corriendo por la puerta hacia los establos gritando una y otra vez: “Soy de Pasto ¿Y qué? Soy de Pasto ¿Y qué? Hasta ahí llegó nuestra amistad con Juanito. Jamás volvimos a verlo. Luego de un tiempo nos enteramos de lo que pasó, a Juanito, se lo comió una vaca.

Comienzo esta entrada con la historia de mi amigo, porque sé que todos hemos tenido días en los amanecemos que no nos aguantamos ni a nosotros mismos. En los que da pereza hasta mirarse al espejo; ¿vos qué mirás home bobo?, Ahh, soy yo. De esos en los que hasta la ropa pica y dan ganas de salir en pelotas y “demalas” si lo demás se quedan ciegos. Nadie está libre de un mal día y aquí viene el propósito de Salí, el día de hoy: Un mal día, siempre es posible convertirlo en la mejor noche de todas.

Marcelita y yo estábamos en el supermercado solucionando la vida, o por lo menos la siguiente semana. Habían sido unos días pesados y yo no me sentía en paz ni conmigo mismo, ni con nadie en el planeta; es más, me estaba imaginando una escena tipo The walking Dead en el que lo teníamos todo para nosotros solos; en el que no había que caminar por pasillos llenos de personas que dejan el carrito atravesado en el centro sin dejar espacio para que los demás puedan seguir su recorrido; en donde las calles son para uno solo, sin semáforos, sin trancones… imagino que ya me entienden. En fin, apenas estaba comenzando la tarde y había que pensar en cómo cambiar las cosas. Cuando pasamos por la sección que más me gusta del mercado, me detuve y surgió la idea perfecta para lograr cambiar la perspectiva del día; velada romántica, con vino, quesos y carnes curadas.

Mercado para una velada romántica: Queso Tilsit ahumado, que es un queso suave, semiduro. De un sabor fuerte salado al principio y deja un regusto picante, muy bueno. Queso de cabra: muy fuerte, salado, cremoso harinoso en la boca. Su sabor es muy particular, sabe a lo que huele y huele a cabra.
Qué ternurita y se parece a mí
Al comerlo no pude dejar de imaginarme una cabra mirándome a los ojos y masticándose una hoja de papel. Al principio no me gustó, luego le cogí el sabor, porque apliqué el viejo truco de limpiarme el paladar antes y después de comerlo. Aquí entre nos, me tocó comérmelo solito. Queso Gouda con comino, el favorito de mi esposa, ya lo he referenciado en otras ocasiones en este blog. Es duro, salado y el comino lo refresca de una forma muy especial, es preciso para limpiar el paladar de otros sabores más dulzones de la tabla. Queso azul, que tiene un marmoleado azuloso gracias a las bacterias que lo pintan así. Es muy fuerte, realmente fuerte. Tiene la capacidad de impregnarlo todo con su olor y su sabor. No a todo el mundo le gusta la primera vez que lo come, es más, muchos ni siquiera se atreven a tomar un segundo bocado. Es cremoso, se puede untar por su consistencia, la cual gana porque tiene un tiempo muy extenso de maduración. La historia de este queso es muy particular, porque dicen que unos pastores dejaron olvidado un queso de oveja en una cueva, luego de un tiempo, muy largo, volvieron y ahí estaba esperándolos, casi podrido, sin embargo se atrevieron a comerlo y voilà, descubrieron el queso azul. A mí me encanta, y es delicioso para recetas caseras de pastas.

En cuanto a carnes curadas llevamos unos cortes de jamón serrano, que en mi opinión arregla lo que sea. Me encanta su textura gomosa, se siente que se derrite en la boca y se deshilacha al morderlo. Su gusto es salado, pero tiene un regusto agrio que le da forma al bocado. Seguimos con un infaltable chorizo español, también referenciado antes en mi entrada sobre la cava de Oviedo. Es fuerte, salado, ácido, graso, sencillamente delicioso. Unas rodajas de salami a las finas hierbas cuyo sabor es delicado, aromático, muy bueno también para limpiar el paladar de los sabores de los quesos. Y por último un jamón copa, o cappocolo, del que también he hablado en la entrada antes mencionada, que es un jamón limpio, marmolado, sacado de la nuca del cerdo, con un sabor muy neutro, y una textura muy fina en el bocado.

Manos a la obra pues al llegar la noche. Un plato grande se me prestó para organizar la comida de una manera amañada y muy personal. Traté de que se viera lo mejor posible y que su distribución permitiera saber que era lo que estábamos comiendo antes de llevárnoslo a la boca. 
La idea era que los sabores también estuvieran clasificados de fuertes a menos fuertes y al final le agregamos unas aceitunas negras en salmuera, que cumplen la función al ser vegetales, de cambiar todos los sabores en la boca para prepararse ronda tras ronda.

Pero ahora viene algo que no puede faltar y que termina convirtiéndose en uno de los puntos principales de la velada: El vino. Una botella de malbec, Las Moras. Un gran aroma, un gran cuerpo, un mejor sabor. Las papilas gustativas reaccionan rápido al sabor seco, fuerte, dulzón del caldo de uva. Muy bueno, delicioso, perfecto para acompañar una noche tan especial como esa.

Salí un día cualquiera con mi esposa y me estresé lo suficiente como para necesitar una fórmula perfecta que nos hiciera pensar por un momento que estábamos solos en el mundo. Compramos vino, quesos, carnes curadas, aceitunas y lo mejor de todo, nos tuvimos a los dos solos para en verdad lograr la sensación de que un mal día se podía convertir en la noche perfecta. Por eso te puedo decir a vos con toda tranquilidad, Salí a crear la oportunidad perfecta para cambiar un día o una noche para vos y para los tuyos, pero en especial, Salí a cambiar el mundo para que nadie tenga que buscar excusas para querer cambiar un mal día. Me puse filosófico, pero viene al caso, cómo decía el sabio y conocido filósofo, "sé el cambio", porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar y a vivir bueno.

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