Nuestro lema

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martes, 22 de abril de 2014

SALÍ DE CAMPING A RÍO CLARO

Acampar es un plan que no le suena igual a todo el mundo. Para algunos es incomodidad, mosquitos, frío, penurias, hambre, dormir maluco o a lo mejor no dormir. Para otros es una aventura que implica una lucha por la supervivencia, pelear contra la naturaleza, significa el hombre y la bestia enfrentados uno contra otro para demostrar quien es más fuerte. Otros pensamos que acampar es un de los mejores planes que nos pueden plantear: naturaleza, aire puro, ejercicio, fogata, buena comida, buena dormida...  por muy extraño que le pueda sonar a más de uno, acampar no tiene por qué significar "sufrir", o por lo menos ese no es nuestro concepto, y si se ponen a mirar tampoco lo es para los reyes del camping, los gringos, si no, basta con entrar a la página de Bass pro shop y darse cuenta de que uno sufre es por...  pobre. 
Aunque nos falta un poquito, Marcelita y yo vamos por buen camino. Ya tenemos una buena carpa de más de quince metros cuadrados, un juego de ollas y sartenes perfectas para poner al fuego en un fogón de leña, colchones inflables con su respectivo inflador, neveras portátiles, parrilla asadora, bancos plegables aunque preferimos sentarnos en el césped, siempre y cuando no esté mojado, un plástico de treinta metros cuadrados para reforzar el aislamiento térmico y de humedad, ropa para acampar en frío, ropa para acampar en tierra caliente, en fin, varias cositas y nos faltan otras, pero de eso se trata, de que cada paseo sea diferente, aunque sea al mismo lado.

Este paseo que hicimos de cuatro días tres noches, lo hicimos a un lugar que amamos y que tenemos guardado en el corazón, se llama el cañón del Río Claro; este lugar es mágico, es hermoso, es de esos sitios en el mundo que sinceramente creo que todo el mundo debería conocer, y cuando digo todo el mundo, me refiero a que es un lugar digno de mostrárselo a todo aquel que venga a Colombia. Un río tan claro que se ve su lecho sin importar lo profundo que sea, cuyo lecho ha sido tallado por el paso del agua por miles de años en una veta de mármol de colores y de varios kilómetros de distancia, protegida por una selva espesa y exhuberante, hogar de miles de especies de animales, pájaros, insectos coloridos y flores exóticas, donde te puede despertar el canto de una patrulla de monos aulladores que saltan de rama en rama, o el canto interminable de las cigarras te arrulla para que pases las noches más espectaculares e inolvidables de la vida. si quieren saber más de esta aventura, visualiza el video que te dejamos a continuación, en el que te cuento, lo que significa acampar en Río Claro. Salí a acampar a Río Claro y te aseguro, que no te arrepentís, porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.



martes, 8 de abril de 2014

SALIDA ROMÁNTICA, YO CON MI CHORIZO Y ELLA CON SU AREPA. SALÍ AL MIRADOR DE LAS PALMAS.

“Amor a la mexicana, de cumbia, huapango y son, caballo, bota, sombrero, tequila tabaco y ron”, dice la Thalía en una canción; la cual habla de lo que significa el amor entre dos mejicanos, de todo lo que los compone culturalmente y que analógicamente trata de describir eso que sienten, muy a lo suyo. Pues bien, con esos mismos componentes me atrevo a escribir esta entrada. Y es que la Quilla me agarró desprevenido un fin de semana y me propuso una salida romántica muy a la “antioqueña”.

Imagínense pues una noche fría y con ganas de enfriarse más, pero por la altura porque por otro lado la cosa se iba era a poner caliente; que conste que lo digo por lo del chocolate caliente (vale la aclaración para los malpensados ¿no?). Para aclararlo mejor, Marcelita se puso insistente con eso de llevar abrigo, entonces mis sospechas eran que íbamos para lejos. Luego me dijo que agarráramos por la vía “Las Palmas”, y entonces me imaginé que íbamos para el retiro, porque aquí entre nos, esta mostacha me tiene amenazado hace como seis, tal vez siete años, conque me va a llevar a comer dizque las mejores arepas de choclo que existen y que quedan en El Retiro, y entonces parecía que ésta era la vencida. Sin embargo apenas llegamos al primer mirador hacia la ciudad, me pidió que redujéramos la velocidad y buscáramos un lugar para estacionar. No lo encontramos, estaba muy lleno, así que seguimos hasta el segundo. Lo gracioso es que apenas lo vimos, recordó que ese era exactamente el lugar al que quería ir.

Para quienes no conozcan a Medellín, la vía Las Palmas es una de las carreteras de salida y entrada de la ciudad; conduce al aeropuerto Internacional de Rionegro y aunque no es la única que conduce a él, probablemente si es la más conocida. Además es muy importante para la ciudad porque comunica al valle del Ríonegro con el Valle del río Aburrá. A lo largo de su ascenso, los medellinenses la han sabido convertir en una de las opciones a tomar para salir a realizar diferentes tipos de planes, desde los más glamurosos, en algunas de sus discotecas, restaurantes y hoteles de talla internacional, pasando por pubs, restaurantes de comidas rápidas, hasta los planes más sencillos y baratos cómo ir a divisar la ciudad desde sus miradores. Ese fue el plan a la antioqueña que me había preparado mi esposa y la verdad fue encantador.

El mirador dos, al que llegamos, estaba a reventar, no había lugar para parquear, así que los autos los estaban dejando en la berma a lo largo de la carretera. En el mirador, que es una gran plazoleta con un balcón hacia la ciudad -claro que de la ciudad se ve poco, porque hay un bosque de árboles muy altos al frente que tapan la vista- tiene a borde de carretera varios puestos de comidas rápidas que ofrecen básicamente lo mismo; unas maravillas locales que derriten de pasión a cualquier paisa.

Entonces si me tocara escribir una canción como la de Thalía que describiera nuestra velada, pero a la antioqueña, habría que empezar así: Ella habla de cumbia y huapongo, yo tendría que hablar de vallenato y regaeton a todo lo que da, una que otra camioneta con el equipo de sonido a todo volumen y las puertas abiertas y/o tuning car al que malhaya la suerte le haya dado por ir el mismo día, y a la misma hora que le dio por ir a uno. Nosotros corrimos con la buena suerte de haber llegado justo en el momento en el que el “wabaloso” de turno se estaba yendo. En ese tipo de situaciones es en las que me doy cuenta de que existe un Dios y de que me quiere. Luego ella habla de caballo, bota y sombrero, a mí me tocaría hablar de una muy buena cantidad de automóviles, pero en especial de motocicletas, que les juro es de una cantidad abrumadora; por cada carro, había unas cinco motocicletas. 

Luego ella habla de tequila, tabaco y ron, y aunque vi poco licor y uno que otro cigarrillo, eso sí, no de tabaco, si no de esos que dan risa, y no muchos gracias a Dios, voy a entrar a hablar de lo que nos comimos que es tan nuestro como el tequila para los mejicanos. Cómo dije antes, la plazoleta es bastante grande y el mirador ofrece un borde lo suficientemente grande como para dar lugar a sentarse a decenas de personas; sin embargo los puestos que ofrecen la comida proveen una enorme cantidad de sillas y bancos plásticos para que los comensales se sientan y se sienten más cómodos no sólo al borde del mirador, si no para que se apropien también de toda la superficie de la plazoleta. Tras encontrar un lugar sólo hay que esperar a que uno de los amables y diligentes meseros te reconozcan como nuevo entre las cientos de personas que hay allí y te pregunten ¿a ustedes ya me los atendieron? O ¿qué va a pedir mono?


Pues bueno, nos llegó el turno y pedimos una arepa de choclo con queso, un chorizo con arepa, ensalada y papas y un par de protagonistas de la noche, “chocolates calientes con queso”.

Bueno, las expresiones en nuestros rostros son la mejor prueba de lo que pudieron hacer con nosotros los olores, los colores y los sabores que nos invadieron en esta experiencia. 
La arepa de choclo es tierna, jugosa, sabrosa y nada en queso, es más, considerando la cantidad de queso que trae, hemos decidido no llamarla arepa de choclo con queso, si no, queso derretido con partículas de maíz choclo en medio. Simplemente maravillosa. Estaba tan rica que mi esposa pidió una, y luego de que me comí mi chorizo, me pedí otra sólo para mí.

El chorizo es enorme y es el típico chorizo antioqueño “no me olvides”; se les llama así porque desde que se comen, hasta que se digestan, se encargan de recordarte a eructitos, que están ahí y lo estarán por un buen rato. Son unos doscientos cincuenta o trescientos gramos de carne de cerdo molida, con especias y trocitos de cielo. Lo mejor es que viene con una arepa de maíz blanco repleta de mantequilla y queso, además de una papa cocida, ensalada y limón. Al que quiera más, que le piquen caña, u otro chorizo.

Pero la verdad, la experiencia en sí no sería la misma sin el chocolate con queso. Verán, Medellín es una ciudad que queda a unos 1.530 metros sobre el nivel del mar; el mirador en el que estábamos, está a unos seiscientos metros más sobre Medellín, así que el clima a esta altura, un sábado en la noche es muy templado. Por tanto, el chocolate es una bebida muy reconfortante, porque además de que lo sirven caliente, es dulce y deliciosa, y contiene calorías que te ayudan a combatir el frío. 
Sin embargo en Colombia tenemos una costumbre que nos gusta sólo a nosotros al parecer, y es la de derretir queso en ella. Ya he visto y escuchado a muchos extranjeros de diferentes lugares del mundo decir que si bien no les disgusta, tampoco entienden la razón por la que tenemos esa costumbre. Allá ellos, pero por mi parte, no cambio la exuberante visión del queso derretido y la inigualable sensación del chirriar en mi dientes. ¡Sírvame otro, señor chocolatero!


Salí con mi esposa de noche romántica muy a la antioqueña, mejor dicho, amor a la antioqueña con chocolate, besos y abrazos pa’l frío. Yo con mi chorizo, ella con su arepa quesuda, hicimos lo que se hace en una noche romántica y con un chorizo y una arepa…  digo, disfrutamos como se debe… digo… nos los comimos y pasamos rico… digo…  ustedes me entienden. El mirador dos de Las Palmas nos ofreció una velada como ninguna. 
Buena comida, un clima romántico, una buena vista y la mejor compañía nos hizo vivir un romance a la colombiana. Por eso te puedo decir a vos, Salí al mirador de las palmas, ármate un plan de esos con tu pareja, o con amigos, a lo mejor corres con la suerte mía y no te toca wabaloso con música a todo volumen, y te podés disfrutar con música o no, una muy buena comida y un inmejorable chocolate caliente con queso derretido. Fijo, fijo, no te arrepentís. Porque a todos nos gusta salir, a comer, a viajar, a vivir.