Nuestro lema

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domingo, 7 de julio de 2013

¿QUÉ SE LE ANTOJA AL SEÑOR? SALI A LA BRASA ROJA

Caminar distraído como quien no quiere la cosa, hacerme el bobo y evitar el contacto visual es mi ritual cuando tengo hambre y me encuentro en un lugar dónde hay muchas opciones para escoger un restaurante. ¿Por qué? Se preguntarán, pues bueno así somos los “buena gente”, o debo decir ¿los tímidos? En fin, lo hago porque es muy difícil para mí decir que no. No sé sí saben a qué me refiero; por ejemplo, para mí es una pesadilla ir a sitios como “El Hueco” en temporada de navidad… ¡aahhggg!, es terrorífico comenzar a caminar por uno de esos pasajes y que comiencen a decirte, “la gafa, la gafa”, “siga, siga, hágale, hágale”, o la más irresistible: “¡buenas amigo!, ¿Qué tallita buscaba?”… y si para acabar de ajustar, hago contacto visual, ahí si me fregué. La última vez fue así en una zapatería, me preguntaron la talla, dije que cuarenta y tres para bebé y me sentaron casi dos horas a medirme zapatos de todo tipo, zapatos clásicos, zapatos “spor”, zapatos “tipo teni”…  fue terrible; terminé comprando unas “chanclas arrastraderas” de diez mil porque me dio pena la pérdida de tiempo de la vendedora pechugona de labios carnosos y escote generoso, que muy querida se agachaba para probarme cada zapato que medio me gustaba.

En fin, pero como este blog se trata de mis experiencias gastronómicas, es mejor que les haga referencia a un lugar que visité hace poco que tiene casi las mismas características de las que les acabé de hablar, y es de la zona de comidas de uno de los centros comerciales de la ciudad. Díganme si no es muy parecido en algunos casos al “Hueco”. Me refiero a qué hay muchas opciones y que si se comienza a caminar buscando algo, no falta que uno de los muchachos de detrás del mostrador de uno que otro de esos restaurantes de comidas rápidas, con una sonrisa lo aborde a uno y actúe como un “arrastrador” de esas zapaterías que les conté.

En City Plaza de Envigado me pasó un día que buscaba algo para almorzar a eso de las tres o cuatro de la tarde de un domingo cualquiera. Estaba indeciso sobre qué comer y en un descuido hice contacto visual con una niña del restaurante “La Brasa Roja” que me ofreció carnita asada. Cómo olía rico y se veía muy bien la fotografía del menú, me decidí y pedí un plato trifásico, que trae carne asada de pollo, de res, de cerdo y un chorizo, acompañados de papitas fritas y una ensalada refrescante de lechuga, zanahoria rayada, pepino, tomate y estaba bañada de una vinagreta comercial, de las que se consiguen en el mercado. 
El plato me pareció generoso y sabía muy bien, pues cada una de las carnes estaban en buen punto, todas son asadas en plancha, no lo hacen al carbón; el pollo sabía riquísimo, fue mi preferido, la carne de res estaba perfecta y la de cerdo se deshacía en la boca. El chorizo es un embutido de carne molida, que en el argot industrial se conoce como “cuteada”, es decir, no es del tradicional antioqueño que viene con trozos de carne picada y especias. Hago esta aclaración porque hay a quienes no les gusta este tipo de chorizos al comprarlos en un restaurante de asados.

Para complementar pedí una cazuelita de fríjoles, ya saben, el montañero que vive en mi lo necesitaba y ¿saben por qué?, pues cuando vi el plato me pareció pequeño y perfecto. Pero en este caso el ojo me engañó un poco, porque aunque pequeños a la vista, esos platicos de poliéstireno (icopor) hacen bastante. Cucharada va, cucharada viene y a eso no se le veía el fondo, parecía comiendo fríjoles de la barriga del “Gato Cósmico”.  

La cazuelita estaba muy rica, los fríjoles parecían hechos por la abuelita, el arroz blanco que me parece infaltable estaba esponjocito. Traía carne en cubos, chicharrón en trocitos, chorizo del cuteado en medallas, pedacitos de plátano maduro y aguacate. Como lo he dicho siempre y lo seguiré afirmando, ahí no hay pierde casi nunca y en La Brasa Roja no fue la excepción.


Salí pues un domingo en búsqueda de algo rico para almorzar y terminé comiendo en el restaurante “La Brasa Roja” de la plaza de comidas del Centro Comercial City Plaza. Me comí un asado de tres carnes delicioso con papitas y ensalada, y una cazuelita de fríjoles más buena que otra más buena. Le casqué a la proteinosis y quedé como un barrilito, pero valió la pena; por eso te puedo decir a vos, Salí un domingo a buscar comida de la buena, carnita asada, frijolitos para ir a la fija y lo podés hacer en una plaza de comidas de un Centro Comercial, no por ser comida de cadena deja de ser bueno y además tienen muy buen precio. Salí y no te arrepentirás.

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