Nuestro lema

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lunes, 22 de julio de 2013

SALÍ A HACER RADIO - PROGRAMA 8 - LA COCA

Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Esta frase célebre acuñada al parecer no por el profeta árabe, si no por el pensador francis Bacon, está que ni pintada para el programa de hoy. Sólo que para acomodarla al tema del día tendríamos que modificarla un poco, tal vez así: Si no podes ir a la casa a comerte el almuercito casero, entonces el almuercito casero tendrá que venir a tu lugar de estudio o de trabajo pero en una coquita. En fin. Hoy vamos a hablar de un tema que nos toca o nos ha tocado a todos alguna vez en la vida, la coca. Para aquellos que no son colombianos, y tal vez para los oyentes de algunas regiones del país, el término, puede parecer incluso peligroso o inapropiado de usar en un país como el nuestro, en el que dicha palabra tiene un significado dañino y de carga negativa, pero al fin y al cabo por ser tan propio de la cultura paisa, lo van a escuchar tan constantemente a lo largo del programa, que probablemente logremos algo que no ha podido hacer ningún otro medio o gobierno, cambiar la carga semántica de la palabra “coca”, y transformar el término hasta el punto en que los colombianos seamos famosos por la del almuerzo, por su variedad y riqueza cultural, en vez de la otra que no nos ha aportado nada bueno.

Así pues que comienza el programa de hoy, hablando de un adminiculo indispensable en las alacenas de cualquier hogar en el que haya personas trabajando o estudiando y que no tienen tiempo para regresar a almorzar, la coca. Salí con la coca del almuerzo a estudiar o a trabajar.

Las hay de todos los tipos y tamaños, las hay de plástico, metálicas incluso de bambú, las hay de formas innovadoras, redondas, cuadradas, tubulares; incluso te pueden ayudar a identificar el estrato socioeconómico del dueño, las hay para esconder o incluso para chicanear, vienen con todos los olores y sabores que te podás imaginar. No importa, lo que importa es que venga con nosotros al trabajo o a la U, porque eso sí, cargarla por la mañana puede dar desidia, pero es mejor que les provoque envidia, a los que no trajeron por perezosos o por penosos. Porque como decía mi abuelita, “pa’ un buen hambre, no hay mal pan” y una coca bien empacada, fría, calentada o recalentada, no importa, es una bendición que recompensa la cargada. Y créanme que es mejor decir, Salí, para el trabajo o para el estudio, con la coquita del almuerzo porque a todos nos gusta comer, viajar y vivir.

Para escuchar el programa, da click en play.

jueves, 18 de julio de 2013

DESAYUNO DE CAMPEONES PAISA – SALÍ A ASADOS DOÑA ROSA

El término “desayuno de campeones” siempre me ha llamado la atención e invariablemente lo relacioné con una arepa con huevo revuelto y chocolate, que ha sido normalmente mi desayuno desde niño; por supuesto con algunas variaciones. Sin embargo el término se acuñó para determinar el tipo de alimentación rica en proteínas que tiene que incluir un verdadero deportista en su dieta a la hora de tomar este importante alimento, para compensar el consumo de las mismas en su actividad deportiva de manera tal, que hacer deporte sea beneficioso y no termine su organismo consumiéndose a sí mismo.
su organismo consumiéndose a sí mismo.

Claro está que el concepto tomó otra dimensión cuando me enteré hace unos años, justo en las olimpiadas de Beijing, lo que “desayuno de campeón” significa para el Acuamán del siglo XVI, el nadador estadounidense Michael Phelps; miren ustedes y juzguen la media bobadita que se desayuna este pequeñín de casi dos metros de estatura todos los días antes de meterse a la piscina:

Esto es lo que se come el nadadorcito en un día
 ¡eh quiay!
 tres sándwiches de huevos fritos, con queso, tomate, lechuga, cebollas fritas y mayonesa; luego, tres panqueques con pedacitos de chocolate; tortilla de cinco huevos, tres tostadas cubiertas en azúcar y un tazón de una avena de maíz; todo eso, con dos tazas de café, nada más ni nada menos que unas tres o cuatro mil calorías.  ¡Ehh quiay! Cómo pa’ decile en un trasteo que le cuide a uno la nevera ¿o qué?

Hace poco me llegó uno de esos correos de medicina “hágalo usted mismo” que por lo general terminan en la papelera de reciclaje antes de leer siquiera completo el primer párrafo, pero que ésta vez, por la forma en la qué está escrito me llamó mucho la atención. En el correo una endocrinóloga, la doctora Daniela Jakubowic, cuenta una historia cuyo protagonista es el cerebro de una persona que se acaba de levantar en la mañana y su primera angustia al tener que suplir de energía a todo el organismo, con mensajeros que le traen reportes de todo el cuerpo se da cuenta de que tiene por lo menos energía para los primeros 45 minutos de la mañana y comienza a rogar para que su dueño “haga algo por la moga” y se pegue su desayunadita, porque de lo contrario, tendrá que comenzar a segregar cortisona que en resumidas cuentas hace que los músculos reaccionen comiéndose a sí mismos. Termina ella advirtiendo que el almuerzo después de no haber desayunado es más “aprovechado” en grasas, es decir, que se almacena más grasa de la necesaria para prevenir eventuales “no desayunadas” o incluso no “comidas” y por ende, terminas engordando más. Así pues que a pensar mejor la próxima que vayas a salir de la casa sin comer nadita.

Por eso no creo que los que desayunen algún día en un restaurante como Asados doña Rosa, vayan a tener ese problema de “autoconsumirse”, ya que en este restaurante típico tienen su propia versión del desayuno de campeones, porque déjenme decirles, ya quisiera ver yo al Acuamán éste midiéndosele a un desayunito de estos mijiticos. Claro que nada raro que repita; yo creo que el hombrecito no se come una mano porque le hace falta ¿no?

La versión de la que les hablo es el conocido desayuno antioqueño con calentao, que en este caso viene con arepa con quesito, pero lo bacano del cuento es que la tajada del quesito no viene cortada como la corta un cristiano del común, no, en Asados doña Rosa se creen loquitos y la cortan para sacar rodaja, es decir, del tamaño y la forma de la arepa, redonda, es decir, garantizan que cada mordida de arepa va a tener quesito.  

El plato lo ofrecen con huevo revuelto con o sin aliños; a mí en lo personal el hogao de estos restaurantes me encanta, porque no sé cuál será la receta pero el que hago en la casa no me queda igual. Ricos, estaban simplemente ricos. El calentao, que es lo que cuenta con la carga proteínica vegetal aquí, y otro tipo de carga del que no vale la pena hablar en este Blog, pero que estoy seguro todos entienden a qué me refiero, estaba como hecho por mi abuelita. No quiero exagerar pero el sabor era encantador, estaban fresquesitos, recién hechos y cargaditos de antioqueñidad, fue una fiesta completica cada bocado.

Mi plato no traía carne, así que la pedí cómo adicional; una  buena porción de carne de res blandita, asada a la plancha sólo con sal y pimienta, deliciosa. Esa combinación tradicional, ese casao paisa para el desayuno es delicioso, evoca toda la historia de lo que somos, de lo que nos forma culturalmente como paisas y lo mejor es que para pasarlo viene con el chocolate negro espumoso batido, dulce, reconfortante, calientito para ese jediondo frío que estaba haciendo en Rionegro ese día. Mejor dicho, tremendo desayuno el que me pegué, para envidia de muchos.

Salí pues a desayunar una mañana fría a Asados doña Rosa de Ríonegro, el restaurante cerca del aeropuerto José María Córdova, y comí como un campeón, o mejor, porque las calorías que se come Phelps para ir a la piscina, no se le comparan a las que me disfruté yo en este restaurante, así que te puedo invitar tranquilamente a vos también, Salí a comerte un desayuno bien trancao, de esos de los que lo hacen sentir a uno como lo que es, un paisa de pura cepa pa’que sepa.

jueves, 11 de julio de 2013

SALÍ A HACER RADIO - PROGRAMA 7 - SALÍ DE CAMPING

Salir a pasear es un placer que sin temor a equivocarme le gusta si no al 100 por ciento de las personas, sí al 99. Tipos de paseos hay muchos y aún así, en un mismo paseo hay tantas percepciones como personas que lo realizan. ¿Y por qué nos gusta tanto salir a pasear? La respuesta creo, es muy personal y cada quien lo hará por una razón diferente. Por cambiar de ambiente, para respirar un aire distinto, para ver nuevos paisajes, para cambiar de clima, conocer otras personas, comer cositas distintas, apreciar otras culturas, para hacer ejercicio, para descansar a pierna suelta, para dar una vuelta, para perder la costumbre, para cambiar de rutina, para perderse, para encontrarse, para darse uno que otro lujito y porque no, hay quien sale para sufrir y darse cuenta de que lo que tiene, no lo valora. “Uno sale de la casa es a sufrir” decía mi abuelita y tal vez tenga razón, porque no sé ustedes, en lo personal, por más rico que haya sido el paseo, por más bueno que se haya pasado, por más lejos o cerca que se haya viajado, lo mejor de todo paseo, es el regreso a casa.

Hoy, Salí está dedicado a un tipo de paseo que no a todo el mundo le gusta realizar. A una salida que muy pocos ven como un placer, incluso lo ven como una tortura voluntaria que no tiene sentido, porque si salir de la casa es ir a sufrir, acampar es la inquisición de los viajes.


Yo no soy de los que piensa así, yo hago parte de esa posible minoría que ve el camping como una de las formas más puras de comulgar con la naturaleza. Eso sí, la experiencia de una larga lista de acampadas que he realizado a lo largo de mi vida, me ha regalado la sabiduría necesaria para minimizar el “sufrimiento”, ya compartiré con ustedes algunos de los tips. Por ahora, los invito a escuchar a un grupo de jóvenes que compartirán con nosotros sus experiencias, las buenas, las malas, las de terror, las cómicas, las de frío, las de amor… en fin, un grupo de campistas que pueden decir: Salí a acampar.

Tips para hacer de una acampada una experiencia positiva.:

Asegurarse de llevar fuego: Fósforos, un encendedor, un iniciador de pira. El fuego es de vital importancia a la hora de acampar. Ahh y llévalos protegidos, envueltos en plástico preferiblemente, porque de nada sirve un fósforo mojado. Eso de hacer fogatas con técnicas de supervivencia, mejor déjenselas a Bear Grils o a Tom Hanks en Naufrago.

Carpa adecuada: Las carpas tienen un diseño de acuerdo a su propósito. Más de una vez he visto a uno que otro acampando en Santa Elena con las carpas de dos plazas de 20.000 del éxito, de esas que no tienen sobrecarpa, es decir, protección impermeable. Las de ese tipo se crearon para días de sol; se usan mucho en la playa o en los paseos de río para escapar de los rayos directos. Pero a la hora de dormir en tierra fría, o para resguardarse de un aguacero, les recomiendo que se salgan, porque cae menos agua afuera.

Llevar plástico: Pero no me refiero nada más a bolsas, que son muy útiles a la hora de envolver la ropa incluso dentro de la maleta por si hay que caminar bajo la lluvia, o para guardar los calzones mojados después de la bañada den el charco. Al plástico que me refiero es a ese que venden por metros. No puede faltar, a mí ni siquiera en los viajes a tierra caliente. Un buen plástico de tres metros por diez metros de largo te sirve para poner a modo de base al armar la carpa, así se evita que la humedad de la tierra toque la base de la carpa, que aunque es de un material plástico, tiende a sufrir de un tipo de hongo transmitido por la humedad que produce el suelo a las carpas conocido como “mal de tierra”, que puede hacer inservible la carpa completa. Este plástico sirve para cuando alguno de los compañeros de camping lleva una carpa de playa, con el pedazo que te sobra luego de armar la tuya, puedes arropar al compañero para que no tenga que usar el esnorquel en un aguacero. Además el plástico grande sirve para proteger la leña que se haya recogido de la lluvia o incluso del rocío de la mañana.

Herramientas: Las herramientas para una acampada son muy sencillas: Un cuchillo, ojala varios, porque sirven tanto para cocinar, como para resolver problemas tan sencillos como cortar un cordel o rasgar un trozo de tela. Recomiendo las navajas multipropósito que además de cuchillos, tienen otro tipo de adminículos, que créanme, si no sabían para que vienen en una navaja de estas, en un campamento le van a encontrar todo el sentido del mundo. Como herramientas entraría dependiendo del lugar en el que se haga el campamento un machete, una peinilla o un hacha. La leña no viene en trocitos perfectos para la fogata de forma natural. Un abrelatas y un destapador son muy útiles, porque aunque un cuchillo puede suplir estas funciones, muchos accidentes de campamento se pueden evitar con una de estas herramientas. Un alicate o pinza también sirve bastante, en especial cuando quieres hacer yesca y la madera es de trozos grandes, además de que las pinzas ayudan para tomar cosas calientes que son de calibre bajo y han caído en el fuego.

Una parrilla: No importa el tamaño, o bueno, a veces sí. Pero a lo que me refiero es a que tuve una compañera de viajes por mucho tiempo, una parrilla para las arepas que un día cualquiera se le perdió a mi mamá de la cocina y ¡oh sorpresa!, aparecía en todos los campamentos. Creanme, una parrilla salva muchas situaciones. Algunos viajan confiados a sitios que ofrecen zona de camping, porque tienen asaderos dispuestos, pero resulta que cuando llegan, ven que la parrilla está hecha con barras de hierro de una pulgada, y están separadas por 10 centímetros. Me van a disculpar, pero ahí no se puede asar carne, ahí se pone el pedacito y queda desmayada para lado y lado. Una parrilla, incluso pequeñita, sirve para calentar un cafecito en un pocillito de peltre.

Acampar pues es otra actividad para salir y divertirse, aunque se sufra, porque como decía mi abuelita, maluco también es bueno y eso lo acabamos de comprobar, todos los invitados de hoy tienen historias para contar y todas las contaron con una sonrisa en los labios y una mirada de añoranza. No importa pues si se pasa frío, si hace calor, si llueve y hay que comerse las salchichas frías o si te podés tomar un chocolate caliente con masmelows asados al calor de una buena fogata, acampara es una actividad que afianza amistades, que pone a prueba el temperamento y que nos puede enseñar cosas de nosotros mismos que no sabíamos. Por eso te invitamos a que salgas a hacer una acampada, a correr tras una experiencia de esas que sirven para contarle a los amigos y por qué no, un día lejano a los nietos, salí a campar porque está más que comprobado  a todos nos gusta comer, viajar y vivir.

Click en play para escuchar el programa:

domingo, 7 de julio de 2013

¿QUÉ SE LE ANTOJA AL SEÑOR? SALI A LA BRASA ROJA

Caminar distraído como quien no quiere la cosa, hacerme el bobo y evitar el contacto visual es mi ritual cuando tengo hambre y me encuentro en un lugar dónde hay muchas opciones para escoger un restaurante. ¿Por qué? Se preguntarán, pues bueno así somos los “buena gente”, o debo decir ¿los tímidos? En fin, lo hago porque es muy difícil para mí decir que no. No sé sí saben a qué me refiero; por ejemplo, para mí es una pesadilla ir a sitios como “El Hueco” en temporada de navidad… ¡aahhggg!, es terrorífico comenzar a caminar por uno de esos pasajes y que comiencen a decirte, “la gafa, la gafa”, “siga, siga, hágale, hágale”, o la más irresistible: “¡buenas amigo!, ¿Qué tallita buscaba?”… y si para acabar de ajustar, hago contacto visual, ahí si me fregué. La última vez fue así en una zapatería, me preguntaron la talla, dije que cuarenta y tres para bebé y me sentaron casi dos horas a medirme zapatos de todo tipo, zapatos clásicos, zapatos “spor”, zapatos “tipo teni”…  fue terrible; terminé comprando unas “chanclas arrastraderas” de diez mil porque me dio pena la pérdida de tiempo de la vendedora pechugona de labios carnosos y escote generoso, que muy querida se agachaba para probarme cada zapato que medio me gustaba.

En fin, pero como este blog se trata de mis experiencias gastronómicas, es mejor que les haga referencia a un lugar que visité hace poco que tiene casi las mismas características de las que les acabé de hablar, y es de la zona de comidas de uno de los centros comerciales de la ciudad. Díganme si no es muy parecido en algunos casos al “Hueco”. Me refiero a qué hay muchas opciones y que si se comienza a caminar buscando algo, no falta que uno de los muchachos de detrás del mostrador de uno que otro de esos restaurantes de comidas rápidas, con una sonrisa lo aborde a uno y actúe como un “arrastrador” de esas zapaterías que les conté.

En City Plaza de Envigado me pasó un día que buscaba algo para almorzar a eso de las tres o cuatro de la tarde de un domingo cualquiera. Estaba indeciso sobre qué comer y en un descuido hice contacto visual con una niña del restaurante “La Brasa Roja” que me ofreció carnita asada. Cómo olía rico y se veía muy bien la fotografía del menú, me decidí y pedí un plato trifásico, que trae carne asada de pollo, de res, de cerdo y un chorizo, acompañados de papitas fritas y una ensalada refrescante de lechuga, zanahoria rayada, pepino, tomate y estaba bañada de una vinagreta comercial, de las que se consiguen en el mercado. 
El plato me pareció generoso y sabía muy bien, pues cada una de las carnes estaban en buen punto, todas son asadas en plancha, no lo hacen al carbón; el pollo sabía riquísimo, fue mi preferido, la carne de res estaba perfecta y la de cerdo se deshacía en la boca. El chorizo es un embutido de carne molida, que en el argot industrial se conoce como “cuteada”, es decir, no es del tradicional antioqueño que viene con trozos de carne picada y especias. Hago esta aclaración porque hay a quienes no les gusta este tipo de chorizos al comprarlos en un restaurante de asados.

Para complementar pedí una cazuelita de fríjoles, ya saben, el montañero que vive en mi lo necesitaba y ¿saben por qué?, pues cuando vi el plato me pareció pequeño y perfecto. Pero en este caso el ojo me engañó un poco, porque aunque pequeños a la vista, esos platicos de poliéstireno (icopor) hacen bastante. Cucharada va, cucharada viene y a eso no se le veía el fondo, parecía comiendo fríjoles de la barriga del “Gato Cósmico”.  

La cazuelita estaba muy rica, los fríjoles parecían hechos por la abuelita, el arroz blanco que me parece infaltable estaba esponjocito. Traía carne en cubos, chicharrón en trocitos, chorizo del cuteado en medallas, pedacitos de plátano maduro y aguacate. Como lo he dicho siempre y lo seguiré afirmando, ahí no hay pierde casi nunca y en La Brasa Roja no fue la excepción.


Salí pues un domingo en búsqueda de algo rico para almorzar y terminé comiendo en el restaurante “La Brasa Roja” de la plaza de comidas del Centro Comercial City Plaza. Me comí un asado de tres carnes delicioso con papitas y ensalada, y una cazuelita de fríjoles más buena que otra más buena. Le casqué a la proteinosis y quedé como un barrilito, pero valió la pena; por eso te puedo decir a vos, Salí un domingo a buscar comida de la buena, carnita asada, frijolitos para ir a la fija y lo podés hacer en una plaza de comidas de un Centro Comercial, no por ser comida de cadena deja de ser bueno y además tienen muy buen precio. Salí y no te arrepentirás.