Nuestro lema

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domingo, 3 de febrero de 2013

LEVAD LAS ANCLAS Y ENFILAD LA NAVE, TENÉIS UN TESORO POR DESCUBRIR. SALÍ AL HOTEL EL TESORO.

Para celebrar los cinco años de casados, mi esposa me preguntó muy cariñosamente lo que quería para desayunar... yo le dije: Quiero una arepa bien quemada con un untado invisible de mantequilla, unas galletas quebradas que parezcan ripio, una tajada de quesito rancio, curado, amarillo de lo viejo ese jijuemadre, huevos revueltos con sal, no, no, mejor, sal con huevos revueltos, un jugo de naranja AAAAGGGRIOOO, y un chocolate amarrrrrrgo..." ella abrió los ojos y me dijo: ¡pero como se te ocurre que te voy a dar eso por Dios bendito! y entonces le dije... ¿Sí, pero que tan raro porque eso fue lo que me diste ayer? Lo que sucedió después no es necesario contarlo, pero luego de que Salí del coma y me dieron de alta en el hospital… tranquilos, no fue nada grave; para desemberracarla me la llevé mejor a celebrar al hotel el Tesoro en San Jerónimo.

Tuve conocimiento de la existencia del Hotel el Tesoro por medio de un cliente para quien hice un trabajo; el hecho es que quedó tan satisfecho por el resultado que decidió regalarme un fin de semana todo pago con mi esposa en este pedacito de paraíso del descanso. Elegí el aniversario como fecha para aprovechar el bono y quedé encantado porque descubrí un tesoro y fui con mi tesoro; maté dos pájaros de un solo tiro y le di gusto a las joyas de la familia en San Jerónimo, digo, por lo del tesoro, un tesoro tiene joyas, y estaba con mi familia ¿no? Bueno ustedes me entienden.

San Jerónimo es un municipio del occidente del departamento de Antioquia que al igual que Santa fe, se ha convertido en un paradero turístico lleno de opciones para ir a descansar, sumergirse en alguna piscina, tomar el sol, beber una buena bebida refrescante y darle gusto al ojo, o uno que otro disgusto, porque no nos digamos mentiras, la vida real no es como un capítulo de “Guardianes de la Bahía”. Está ubicado a 35 kilómetros de Medellín y para llegar se toma la vía que tiene el famoso Túnel de Occidente que tiene una longitud de casi 5 kilómetros; este túnel redujo el traslado de una hora y cuarenta y cinco minutos a menos de una.

Click para ir a página del hotel
Para llegar al hotel hay que desviarse hacia la carretera antigua a la altura de una famosa estación de gasolina y volver a girar a la derecha por un sitio del que se apropió la comunidad nativa, que tiene un encanto particular. Se llama “Los Toldos” y es un tramo de la carretera que es imposible pasar de forma desapercibida. 
Es una explosión de colores y de olores, son los colores del sabor a mi tierra; el colombiano que no se sienta patriota al pasar por ahí no es colombiano. La exuberancia que se percibe en ese lugar mágico es abrumadora. No hace falta sino pararse frente a “los Toldos” y ver la enorme cantidad de especies frutales que produce solamente esa región del departamento, para entender ese concepto que tanto nos han recalcado desde afuera y que nosotros no terminamos de entender:
 “Colombia es un país rico, los colombianos somos extremadamente ricos, pero no nos lo creemos y seguimos viéndonos, creyéndonos y lo que es peor, dejándonos tratar como pobres”.

La aventura con la que celebramos los cinco años de casados, que en realidad han parecido sólo cuarenta segundos… debajo del agua, comienza con una banda de pueblo en la piscina tocando “yaaaaa llegóooo el veinte de eneroooo” y un coctel de bienvenida que nos llevaron a la habitación. Era una limonada rosada, helada, perfecta para el calor “Sanjeronimeño” que estaba haciendo, que sorprendentemente sabía a limonada. ¿Cómo harán ola?

La habitación que nos dieron era inmensa, confortabilísima: dos camas dobles que convertimos en una, aire acondicionado, nochero, mueble de escritorio, televisión con cable, un closet amplio para la ropa y en su interior una caja fuerte para guardar cosas de valor, un buen baño con ducha eléctrica ¡(¿?)! y secador de cabello; pero un detalle que nos encantó fue el piso de la habitación, pues tenía una baldosa de tipo artesanal hermosa que le daba un aspecto vintage muy interesante.

Luego de descansar y deleitarnos con las comodidades de la habitación decidimos salir a conocer las instalaciones. El hotel tiene varias “atracciones” para todos los gustos, aunque su enfoque se centra en dos públicos principales, convenciones empresariales y los niños. 
Tiene un lago de pesca deportiva, zona de hamacas, juegos de mesa, billar, canchas deportivas y lo mejor, la zona húmeda con dos piscinas y un chorro de enguayabados. Tiene tres salones de convenciones para atender eventos de hasta 250 personas y mucho verde, que usan incluso como zona de camping.

En la noche fuimos a comprobar algo que nos habían dicho, que el restaurante Bucaneros, es decir, el restaurante del hotel, es uno de los mejores de la región. El servicio de comida es hasta las ocho y media y llegamos justo a esa hora, lo que terminó beneficiándonos porque aunque es tipo bufet nos hicieron sentarnos y nos sirvieron en la mesa. A mí me calentaron los motores con un consomé de pollo delicioso, sólo a mí quiere decir que Marcela no quiso tomar el suyo.

Luego nos trajeron un asado que estaba riquísimo, constaba de un muy buen pedazo de punta de anca en corte mariposa, asado en el punto que me gusta, tres cuartos, estaba gustosa, jugosa, perfecta. Un chorizo de ternera, que aunque era de paquete, por lo menos era de buena marca y buen sabor. Un trozo de morcilla que me recordó a la famosa morcilla envigadeña. 
Dos arepas redondas completaban el plato, y para refrescar una ensalada de lechuga, tomate y cebolla blanca en julianas. La comida estuvo deliciosa, el servicio fue muy personalizado, porque las mujeres que atienden la cocina son de una calidad humana extrema y se aseguraron de que estuviéramos contentos con lo que recibimos. Nos quedamos por lo menos una hora más luego de comer, sentados en la misma mesa, porque estaban proyectando videos musicales en una pantalla gigante y amplificaban la música para deleite de los excomensales que decidimos tomarnos unas cervezas y pasar el rato.

Antes de ir a acostarnos, mi esposa y yo en plan romántico a eso de las diez de la noche pedimos que nos encendieran los baños turco y sauna. Optamos por esta opción porque el jacuzzi estaba ocupado por tres o cuatro parejas que habían pensado antes que nosotros, solo que tuvieron que compartirlo, mientras que los baños de vapor estaban disponibles nada más para nosotros. Qué les puedo decir, nada como abrir los poros, respirar aire caliente perfumado con hojas de eucalipto y unos veinte minutos de piscina nada más para nosotros también a la luz de las estrellas en plena media noche, para sentir que cinco años juntos son pocos, y ganas de pasar otro tanto y otro tanto más.


La noche de buen sueño fue reparadora y ya saben que no hay nada mejor que eso para estimular la tripa, por tanto la primera actividad a realizar una vez despiertos, fue ir a desayunar. En el hotel el Tesoro sí que conocen el concepto de desayuno de campeones.
El bufet constaba de nada más y nada menos que de dos empanadas de carne, un huevo frito, una tajada de quesito, una arepa, una tajada de pan tostado, una porción generosa de calentado de fríjoles con arroz, mantequilla, jugo de naranja y chocolate en leche.

Ese es lo que yo llamo un desayuno “vegetarianito”, porque después de que uno se come el último frijolito de lo único que queda ganas por hacer es: vegetar. 
Y que mejor lugar para hacerlo que en una silla bronceadora, -eso sí, a la sombrita, lejos del sarcoma de Kaposi-  con un buen libro en la mano, una cerveza como compañero de lectura; porque la otra opción es, una silla bronceadora igualita, semisumergida en un sector bajo de la piscina diseñado precisamente para asarse a fuego lento, pote de bloqueador, pote de bronceador y un margarita. En pocas palabras, justo lo que uno se merece. Un ratico en el agua, otro de sol, otra chevecha… hasta que llegue la hora del almuerzo.

Como hago para explicarles y que me crean que la espera valió la pena. Se sufrió mientras llegaba la hora pero lo que me pusieron en la bandeja del bufet me hizo olvidar toda la pesadumbre. 
Lo mejor de todo es que las señoras de la cocina, no sé si por el tamaño de este pobre cuerpecito o por la cara de hambre que me aquejaba, cuando pasaba con el plato, me servían más sopa de verduras, o una porción de lasagna de carne más grande, o me preguntaban con esa voz dulce ¿quiere más papitas?, es más una me dijo, ¿le separo las piernas? Y yo le dije, si, por favor y ella ni corta ni perezosa me dejó ver adentro y con emoción le dije, esa, deme esa...  y entonces la señora muy amable me puso en el plato la pierna de pollo más grande que había en la bandeja. Ensalada, arroz, juguito de mango y de postre: esponjado de maracuyá o postre de las tres leches y deje así para que se tome una siesta.

Y así fue, dimos una vuelta por las instalaciones para verlas con más luz, luego fuimos a la habitación con la idea de reposar un poco, y nos quedamos dormidos. Despertamos pasadas las cuatro de la tarde, justo a tiempo para hacer maletas, refrescarnos un poco y hacer el check out.


Salí al hotel El Tesoro en San Jerónimo a celebrar con mi esposa nuestro quinto aniversario. No quiero sonar cursi pero creo que encontré un tesoro del descanso a tan solo una hora de Medellín. Siento que me trataron como a una joya porque la calidad del servicio que nos ofrecieron todos y cada uno de los empleados del hotel fue del tipo 1A. La habitación amplia, de techos altos, con aire acondicionado, un buen baño, y toda las comodidades necesarias, hicieron de la experiencia un verdadero escape de descanso. La comida estuvo muy buena, satisfactoria y deliciosa. 
La piscina, el turco, el sauna, el jacuzzi, las zonas verdes, en resumidas cuentas, las instalaciones están diseñadas para dejarte enamorado y sentirte así de cursi como les he dicho anteriormente. Por eso te propongo a vos también, Salí al hotel El Tesoro, es maravilloso, es extraordinario, es el primero que cuenta con tres estrellas en el Occidente Antioqueño y eso ya da la idea de que tiene todo lo que te mereces para darte un descanso de los mejores. Animáte, Salí, disfrutá, viví la experiencia porque estoy seguro de que no te vas a arrepentir.