Nuestro lema

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sábado, 5 de enero de 2013

NOCHE DE COMIDA RÁPIDA. SALÍ A LOS PERRITOS


Imagen extraída de:
http://www.todacolombia.com/geografia/regionesnaturales.html
Recuerdo muy bien que en cuarto de primaria, en el colegio, la profesora Beatriz me enseñó que Colombia es un país concebido en cinco regiones: la región Caribe, la Pacífica, la Amazonía, Orinoquía, y la Andina. Luego la vida me fue enseñando que incluso cada región está a su vez dividida: por ejemplo, en la región Caribe que es bañada por el océano Atlántico, es decir, que tiene costa, es decir que es donde viven los costeños, hay costeños que no se creen costeños y que si se les dice así, se enojan, a pesar de vivir en una ciudad al frente del mar; que hay andinos que se autodenominan paisas, pero que hay unos que a pesar de que comen fríjoles con garra, no dicen “eh ave maría pues” y que éstos son de una “clase” distinta a los andinos que viven por encima de los dos mil metros de altura denominados cundiboyacenses, los que, también se dividen entre los que cultivan papa y los que, en definitiva son “hipermegadistintos” de todos los que viven en el resto del país, a los que nos denominan provincianos. En fin, podría seguir así entre regiones y subregiones y “subsubregiones”… sin embargo también recuerdo que había una clase que me dictaba la profesora Sor Ángela, en la que me enseñaban que todos los hombres somos iguales, que es una clase que ya no le dictan en el colegio a los niños de hoy.  Hummmm, y si así somos los que vimos ese tipo de lecciones ¿cómo irán a ser los de mañana?
Todo este carretazo de las regiones lo traigo a colación, porque hay una tendencia económica que es muy propia a las regiones también. Me refiero a que hay un chiste que dice que cuando a un caleño le “cae” una “platica” se la gasta bailando salsa en Juanchito, si le cae a un costeño se la come acostado en una hamaca, si le cae a un bogotano la invierte en la “bolsa de Nueva York caray carachas”, si le cae a un santanderiano se compra un arma y si le cae a un paisa, monta un negocio. Pues bien, aunque hay exageraciones en el chiste, también hay dos o tres verdades. Con respecto a los paisas, es muy clara la tendencia al ver que lo primero que hace un pensionado con la liquidación, las cesantías y la pensión es: o comprar un taxi, o montar un “negocito de comidas”. Aquí es donde entro yo.

Aunque del lugar del que les voy a hablar: “Los Perritos, con mucho gusto” no puedo asegurar que sea producto de esta tendencia económica tan propia de los paisas, sé, por rumores que me han contado, que si bien hoy es un local estratégicamente ubicado en un cruce del barrio La Paz en Envigado, comenzó como muchos de los de su especie con un “carrito de perros” en una esquina cualquiera. Las comidas rápidas para nosotros siempre han tenido un concepto muy pobre que ha ido  cambiando poco a poco. Un sector muy amplio de la población al escuchar estas dos palabras juntas, tiende a imaginarse de inmediato un perro caliente o una hamburguesa y en tercer lugar creo que pondrían la pizza. Es más, estoy seguro de que si hiciéramos un sondeo, la gran mayoría piensa en un “carrito de perros” en una esquina nocturna de una avenida principal del barrio que habitan. De este tipo de lugares que abundan en toda Antioquia, no sólo en las ciudades, pocos son los que dan el siguiente paso, el de pasar de trabajar en la calle en un carrito metálico informal con dos empleados a un local formal con unos siete u ocho empleados. ¿Qué sucede al dar ese paso? Los productos siguen siendo los mismos: perro caliente, hamburguesa, longaniza, butifarra y chuzos de pollo de res o de cerdo, sin embargo ahora que cuentan con una cocina, se permiten incluir un producto de avanzada más: las salchipapas con huevo de codorniz y los más aventurados se atreven a sumar al menú: maicitos con tocineta.

Cuando te vas a dar una vuelta por las calles del barrio, te das cuenta de que si no te quieres comer el perro caliente sentado en la acera, pues te vas y te sientas en una silla de aluminio con una mesita del mismo material de cuarenta centímetros de diámetro; y puedes escoger un carrito en cada esquina o un local a cada dos cuadras, que para colmo de males, hoy por hoy están todos pintados con amarillo, blanco, rojo y verde chillón y se llaman de la misma manera. Entonces se preguntarán ¿qué tiene de diferente “Los perritos”? Pues bien, si encontré digno de referenciar este negocio, es porque aunque cumple con el noventa por ciento de las características antes mencionadas, comunes a todos los negocios de comidas rápidas del Área Metropolitana, tiene una diferencia comparativa y competitiva que me hace atravesar tres barrios para comerme uno de sus perros calientes.

Ésta está fundamentalmente en la preparación, porque si bien el perro caliente de “Los Perritos” luce como cualquier otro, la cocción de la salchicha tiene ese atractivo especial para mí. Lamento no tener evidencia fotográfica de lo que les voy a relatar, pero la asidua y persistente clientela no me permitió acercarme lo suficiente como para tomar la fotografía correspondiente, pero te invito a que vayas a corroborarlo personalmente. En un recipiente caliente, derriten un bloque entero de queso tipo mozzarella. En ese fundido, echan las salchichas para que se cuezan. Tras unos minutos, cuando las salchichas están doraditas y se han inflado lo suficiente, las ponen en el pan, eso sí, asegurándose de que vengan bien envueltas en queso, el cuál se estiiiiiiiiiiiira provocativamente y tienen que cortar para terminar de armar el perrito.

Al ser tan concurrido el lugar, a cada cliente le dan al cancelar el pedido en la caja un ficho plástico numerado, verde para los que piden perros calientes y naranjado para los que piden hamburguesa u otra cosa distinta. Cuando está listo, a todo pulmón llaman el número del pedido que sale y te entregan el pan con la salchicha y el queso. La idea es que te acerques a la barra de ensaladas y termines de armar tu perro caliente a tu gusto. En la barra hay ensalada de repollo, cebolla blanca picada remojada en limón, ripio de papa frita, creo que pepinillos aunque no estoy seguro y las salsas que no han de faltar: kétchup que nosotros llamamos salsa de tomate, aunque la hagan de ahuyama con colorante rojo, mayonesa, salsa rosada, salsa de piña y mostaza; arme, coja servilletas y busque donde sentarse para comer.


Salí a comerme un perro caliente a “los Perritos, con todo el gusto”, un buen lugar para contentar la tripa en una de esas noches de antojo de “comida rápida”. El sabor es bueno, destacable por la salchicha cocinada y envuelta en el queso. Me deja satisfecho aunque me podría comer dos para quedar “prácticamente lleno”. El precio es muy bajo, lo que le da otra ventaja competitiva; a lo que me refiero es que está unos mil quinientos pesos por debajo de los precios de los perros de carrito metálico esquinero. He visitado el lugar varias veces porque me gusta, aunque confieso que es más porque me da física pereza ir hasta la Villa de Aburrá a comerme uno de los campeones, o simplemente porque Marcelita está antojada de “perrito de la Paz”. Por eso te digo a vos también, Salí a “Los Perritos”, una noche de antojo o de esas en las que te da pereza cocinar. Así podes comprobar lo que te estoy diciendo, a lo mejor te gusta más que a mí. Para que lo podás encontrar lo que tenés que hacer es tomar la vía que conduce al barrio La Paz, en el cruce del Oasis, seguís derecho tres cuadras hasta llegar al fin de la calle, girando a la derecha, están los Perritos.

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