Nuestro lema

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sábado, 12 de enero de 2013

COMIDA DE CARRETERA. SALÍ A MONTEVERDE #1

http://www.ocecolombia.com/2012/06/
criticas-al-tlc-con-eeuu-consignas-de.html

Con el cuento de los TLC que ha firmado el gobierno de Colombia con varios países en los últimos días, hemos estado escuchando constantemente que nuestro país no tiene infraestructura vial para poder responder a los nuevos socios comerciales. Los medios nos muestran expertos en temas de exportación, puertos, comercio exterior, relaciones diplomáticas y mil temas más, dando su opinión de apoyo o desaprobación por la política del Estado de apertura del comercio; entre tanto nos muestran imágenes de buques trasatlánticos cargados de contenedores, tractomulas y camiones llenos de mercancía recorriendo tramos de carreteras nacionales, conocidas por lo difícil de su recorrido, por sus trancones descomunales y por sus constantes derrumbes. Sin embargo no hace falta ser un experto para saber que el problema es real, y que en realidad los medios lo único que hacen es mostrar un porcentaje tan mínimo del problema que parece irrisorio frente a la realidad vial del país.

http://historico.elpais.com.co/paisonline/
calionline/notas/Febrero152007/semaf.html
Yo soy uno de los que se resiente profundamente cuando veo un campesino en un semáforo con un cartel en el pecho mendigando para “la comidita”. Yo soy de los que se abre en improperios contra ellos y despotrico de su mendicidad voluntaria, defendiendo los programas de restitución de tierras. Y aunque son varios los motivos para no volver o no acceder a estos programas que estoy seguro son insuficientes, y que también sé que la radiografía de la realidad de nuestros campesinos es muy diferente a la que pretendemos creer como certeza única desde nuestra visión citadina, que por ende es miope; me bastó con conocer la vía –si es que se le puede llamar así a ese adefesio– que de Puerto Berrío conduce a Yondó, para adquirir una perspectiva nueva frente a esto. Con razón, si el sesenta por ciento de las vías y carreteras de Colombia están en ese estado, si para volver a sus tierras los tienen que llevar en helicóptero y soltarlos para que se defiendan como puedan, si los queremos ver trabajando la tierra, pero sus productos se pudren sin poderlos transportar porque no hay por dónde sacarlos, o  se pierden transportándolos, lo cual es sumamente costoso porque el camión se desbarata dos o tres veces andando por esos ríos secos mal llamados carreteras, entonces entiendo por qué algunos prefieren ganarse cincuenta o sesenta mil pesos diarios pidiendo moneditas en un cruce de la ciudad.
Antioquia en especial sufre de este mal de circulación, recorrerse las vías de otros departamentos lo comprueba; pero aun así, lo que sí tienen las carreteras de Antioquia es antioqueños, que para montar negocio al lado de la carretera están solos, concepto que también basta con “andareguiarse” las vías de algunos departamentos que adolecen de este mal de abastecimiento. 
De uno de esos lugares a borde de carretera es que voy a contarles hoy. Monteverde #1 es uno de esos restaurantes tradicionales de comida antioqueña que ha logrado sobrepasar las estepas del tiempo, es más, sobrevivió a una de esas situaciones aniquiladoras de mercados de las que pocos son capaces de sobrepasar. El restaurante que hoy tiene tres sedes en la misma carretera, está ubicado en el kilómetro 25 de la vía a San Jerónimo después del Túnel de Occidente, no se fundó en ésta sino en la antigua carretera y quienes somos clientes antiguos del lugar, vimos como soportó con estoicismo el embate del cambio de vía y cómo además de aguantar, prosperar hasta tener tres sedes en la misma carretera.

Primer paseo de novios, 2006
Esta vez nos dirigíamos mi esposa y yo a San Jerónimo a celebrar nuestro aniversario de casados en el hotel El Tesoro (próxima entrada de este Blog) y como siempre que vamos al valle del …   
nos detuvimos en el estadero “Monteverde #1, el original” , por aquello de que soy muy original, a rememorar que ese fue el primer restaurante de carretera que visitamos juntos a pocos días de habernos “cuadrado”, en nuestro primer viaje de novios. Para esta época viajábamos en “la pingüina”, mi inodoro con llantas, 
mi Auteco Plus 150, con la que me recorrí medio departamento.  Esa primera vez desayunamos como campeones con “calentao” y carne de cerdo y continuamos nuestro viaje hacia Santa Fe de Antioquia.

Esta vez paramos casi a las tres de la tarde a almorzar. Hicimos el pedido y mientras esperábamos, nos trajeron a la mesa un entremés que constaba de dos empanadas de carne de diablo con ají dulce. –El diablo no existe, por eso las empanadas tenían de esa carne-. Estaban ricas, enviciadoras, de las que te dejan con ganas de más, pero gracias a Dios no son sino dos y pequeñitas, de eso nos dimos cuenta en cuanto llegaron los pedidos a la mesa. El Monteverde es un restaurante de comida típica, por tanto es imperdonable no comer comida típica. 

Como lo he expresado muchas veces, el problema cultural del que sufrimos los paisas es que, lo primero que pedimos cada vez que salimos a pasear es fríjoles, por eso, en la mesa tenía que haberlos, mi esposa se pidió un plato que aparece en la carta como “medio típico”. ¡Jum! La cara de Marce al llegar el plato a la mesa lo dice todo. Medio significa que todo viene por mitades, es decir, que el completo implica el doble de lo que hay en el plato…  sólo imaginárnoslo nos dio escalofríos: 

el chicharrón del plato completo entonces trae cien patas. La tubería negra o morcilla debe de medir treinta centímetros. El chorizo tiene que pesar unos quinientos gramos. La carne de cerdo ha de tapar el plato. El huevo frito tiene que ser doble yema, de los colorados. La papa inmensa.
El plátano, hartón. La arepa redonda, debe de ser cuadrada. El aguacate, entero. Los fríjoles por partida doble y el arroz servido con ponchera. El sabor, delicioso, tanto, que por más que uno se llene con ver el plato, no se siente capaz de dejar ni un arrocito en él, que se entrega casi limpio.

Lo que yo pedí, tratando de huir del problema cultural del típico pedido, fue una sobrebarriga. Me animé mucho al ver el plato, se veía delicioso, y lo estaba. La carne estaba un poco dura, no mucho, apenas perceptible, lo que es normal cuando se cocina una porción tan difícil de carne; en total, era perdonable porque tenía muy buen sabor y además estaba jugosa, masticable y digerible. La yuca sudada parecía algodoncito y la papa estaba en su punto. Como para ajustar, el plato viene con aguacate, frijolitos, acompañados de arroz, plátano maduro, arepa redonda y le ponen un huevito frito al borde del plato.

Estaba muy bueno, pa’ qué, pero podrán notar que no le he puesto mucho entusiasmo; eso es por una tontería personal, y es que alguna vez, cuando fui a conocer a Bogotá, un primo de mi papá, quien fuera mi anfitrión en la capital del país, me recibió con una invitación a almorzar a un restaurante cerca de la iglesia de Santa Marta; el plato era sobrebarriga, que nunca había comido y se me antojó sublime, desde ese día, cuando tengo oportunidad pido este plato, pero no he podido encontrar uno que me le haga honor al recuerdo gustativo que me dejó el plato capitalino.

Salí a pasear por las carreteras de Occidente de Antioquia y entré a Monteverde #1 a rememorar sabores que traigo guardados en la memoria gustativa que me compone. Logré saborear el pasado, comerme unos buenos platos en el presente y dejar recuerdos gustativos para el futuro. Arraigué el montañero come fríjoles que hay en mí con unos muy buenos representantes acompañados de una buena carne gordita llamada sobrebarriga. 

Por eso puedo decirte con toda seguridad a vos también, Salí por las carreteras de Antioquia, no son las mejores, pero a pasos paquidérmicos algo se está haciendo para mejorarlas, y si te encontrás en el Occidente con el restaurante Monteverde, no importa si es el #1, el #2 o el #3, entrá, pedite un desayuno “trancao” o un almuerzo montañero de raca y mandaca cargado de fríjoles y de sabores sorpresa que te van a gustar, seguro, que no te arrepentirás.

sábado, 5 de enero de 2013

NOCHE DE COMIDA RÁPIDA. SALÍ A LOS PERRITOS


Imagen extraída de:
http://www.todacolombia.com/geografia/regionesnaturales.html
Recuerdo muy bien que en cuarto de primaria, en el colegio, la profesora Beatriz me enseñó que Colombia es un país concebido en cinco regiones: la región Caribe, la Pacífica, la Amazonía, Orinoquía, y la Andina. Luego la vida me fue enseñando que incluso cada región está a su vez dividida: por ejemplo, en la región Caribe que es bañada por el océano Atlántico, es decir, que tiene costa, es decir que es donde viven los costeños, hay costeños que no se creen costeños y que si se les dice así, se enojan, a pesar de vivir en una ciudad al frente del mar; que hay andinos que se autodenominan paisas, pero que hay unos que a pesar de que comen fríjoles con garra, no dicen “eh ave maría pues” y que éstos son de una “clase” distinta a los andinos que viven por encima de los dos mil metros de altura denominados cundiboyacenses, los que, también se dividen entre los que cultivan papa y los que, en definitiva son “hipermegadistintos” de todos los que viven en el resto del país, a los que nos denominan provincianos. En fin, podría seguir así entre regiones y subregiones y “subsubregiones”… sin embargo también recuerdo que había una clase que me dictaba la profesora Sor Ángela, en la que me enseñaban que todos los hombres somos iguales, que es una clase que ya no le dictan en el colegio a los niños de hoy.  Hummmm, y si así somos los que vimos ese tipo de lecciones ¿cómo irán a ser los de mañana?
Todo este carretazo de las regiones lo traigo a colación, porque hay una tendencia económica que es muy propia a las regiones también. Me refiero a que hay un chiste que dice que cuando a un caleño le “cae” una “platica” se la gasta bailando salsa en Juanchito, si le cae a un costeño se la come acostado en una hamaca, si le cae a un bogotano la invierte en la “bolsa de Nueva York caray carachas”, si le cae a un santanderiano se compra un arma y si le cae a un paisa, monta un negocio. Pues bien, aunque hay exageraciones en el chiste, también hay dos o tres verdades. Con respecto a los paisas, es muy clara la tendencia al ver que lo primero que hace un pensionado con la liquidación, las cesantías y la pensión es: o comprar un taxi, o montar un “negocito de comidas”. Aquí es donde entro yo.

Aunque del lugar del que les voy a hablar: “Los Perritos, con mucho gusto” no puedo asegurar que sea producto de esta tendencia económica tan propia de los paisas, sé, por rumores que me han contado, que si bien hoy es un local estratégicamente ubicado en un cruce del barrio La Paz en Envigado, comenzó como muchos de los de su especie con un “carrito de perros” en una esquina cualquiera. Las comidas rápidas para nosotros siempre han tenido un concepto muy pobre que ha ido  cambiando poco a poco. Un sector muy amplio de la población al escuchar estas dos palabras juntas, tiende a imaginarse de inmediato un perro caliente o una hamburguesa y en tercer lugar creo que pondrían la pizza. Es más, estoy seguro de que si hiciéramos un sondeo, la gran mayoría piensa en un “carrito de perros” en una esquina nocturna de una avenida principal del barrio que habitan. De este tipo de lugares que abundan en toda Antioquia, no sólo en las ciudades, pocos son los que dan el siguiente paso, el de pasar de trabajar en la calle en un carrito metálico informal con dos empleados a un local formal con unos siete u ocho empleados. ¿Qué sucede al dar ese paso? Los productos siguen siendo los mismos: perro caliente, hamburguesa, longaniza, butifarra y chuzos de pollo de res o de cerdo, sin embargo ahora que cuentan con una cocina, se permiten incluir un producto de avanzada más: las salchipapas con huevo de codorniz y los más aventurados se atreven a sumar al menú: maicitos con tocineta.

Cuando te vas a dar una vuelta por las calles del barrio, te das cuenta de que si no te quieres comer el perro caliente sentado en la acera, pues te vas y te sientas en una silla de aluminio con una mesita del mismo material de cuarenta centímetros de diámetro; y puedes escoger un carrito en cada esquina o un local a cada dos cuadras, que para colmo de males, hoy por hoy están todos pintados con amarillo, blanco, rojo y verde chillón y se llaman de la misma manera. Entonces se preguntarán ¿qué tiene de diferente “Los perritos”? Pues bien, si encontré digno de referenciar este negocio, es porque aunque cumple con el noventa por ciento de las características antes mencionadas, comunes a todos los negocios de comidas rápidas del Área Metropolitana, tiene una diferencia comparativa y competitiva que me hace atravesar tres barrios para comerme uno de sus perros calientes.

Ésta está fundamentalmente en la preparación, porque si bien el perro caliente de “Los Perritos” luce como cualquier otro, la cocción de la salchicha tiene ese atractivo especial para mí. Lamento no tener evidencia fotográfica de lo que les voy a relatar, pero la asidua y persistente clientela no me permitió acercarme lo suficiente como para tomar la fotografía correspondiente, pero te invito a que vayas a corroborarlo personalmente. En un recipiente caliente, derriten un bloque entero de queso tipo mozzarella. En ese fundido, echan las salchichas para que se cuezan. Tras unos minutos, cuando las salchichas están doraditas y se han inflado lo suficiente, las ponen en el pan, eso sí, asegurándose de que vengan bien envueltas en queso, el cuál se estiiiiiiiiiiiira provocativamente y tienen que cortar para terminar de armar el perrito.

Al ser tan concurrido el lugar, a cada cliente le dan al cancelar el pedido en la caja un ficho plástico numerado, verde para los que piden perros calientes y naranjado para los que piden hamburguesa u otra cosa distinta. Cuando está listo, a todo pulmón llaman el número del pedido que sale y te entregan el pan con la salchicha y el queso. La idea es que te acerques a la barra de ensaladas y termines de armar tu perro caliente a tu gusto. En la barra hay ensalada de repollo, cebolla blanca picada remojada en limón, ripio de papa frita, creo que pepinillos aunque no estoy seguro y las salsas que no han de faltar: kétchup que nosotros llamamos salsa de tomate, aunque la hagan de ahuyama con colorante rojo, mayonesa, salsa rosada, salsa de piña y mostaza; arme, coja servilletas y busque donde sentarse para comer.


Salí a comerme un perro caliente a “los Perritos, con todo el gusto”, un buen lugar para contentar la tripa en una de esas noches de antojo de “comida rápida”. El sabor es bueno, destacable por la salchicha cocinada y envuelta en el queso. Me deja satisfecho aunque me podría comer dos para quedar “prácticamente lleno”. El precio es muy bajo, lo que le da otra ventaja competitiva; a lo que me refiero es que está unos mil quinientos pesos por debajo de los precios de los perros de carrito metálico esquinero. He visitado el lugar varias veces porque me gusta, aunque confieso que es más porque me da física pereza ir hasta la Villa de Aburrá a comerme uno de los campeones, o simplemente porque Marcelita está antojada de “perrito de la Paz”. Por eso te digo a vos también, Salí a “Los Perritos”, una noche de antojo o de esas en las que te da pereza cocinar. Así podes comprobar lo que te estoy diciendo, a lo mejor te gusta más que a mí. Para que lo podás encontrar lo que tenés que hacer es tomar la vía que conduce al barrio La Paz, en el cruce del Oasis, seguís derecho tres cuadras hasta llegar al fin de la calle, girando a la derecha, están los Perritos.