Nuestro lema

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jueves, 20 de septiembre de 2012

¡TE LUCITES CUÑIS, TE LUCITES QUERIDA¡ SALÍ A SUSHI LIGHT


Celebrar,  agasajar, conmemorar, esas son algunas de las palabras que se relacionan directamente a la palabra cumpleaños. Y para eso se necesitan mínimo dos, porque “no nos hágamos tarugos”,  uno solito con su propia mismidad no creo que pueda celebrar mucho… bueno, mucho más allá de perder la inocencia a eso de los catorce años... unas dos o tres veces a la semana… o al día.

En fin, por estas épocas estoy de plácemes, y cómo yo soy más o menos remilgón para la rumba, la mejor forma que hay para festejar, en mi concepto personal, es… adivinen pués…  COMIENDO. No hay mejor forma; a mí no me vengan con música, ni se les ocurra ponerme una papayera, nada de eso de cantar el ¡sapo verde el tuyo¡, ni siquiera lo de la soplada de las velitas. Es que ni la torta me gusta.

Para darme en la “vena del gusto” no hay que pensar mucho, salgo barato, con decirles que hasta con dos empanadas del Machetico me pueden embolatar, eso sí, tienen que tener guacamole, porque si no, no.  Entonces, como salir a comer es lo mejor para mí, mi cuñada, hace unos días me amenazó con invitarme a un restaurante para festejar, pero primero tenía que adivinar un truncado jeroglífico que me mandó; de descifrarlo dependía que me lo ganara y sabría a la vez que tipo de comida me iban a invitar a comer. El desafío consistía en desentrañar el significado de dos pescaditos, un par de geishas y un cuadro blanco con una bola roja en la mitad. Luego de devanarme los sesos por unos cuantos minutos, terminamos en Sushi Light.

La invitación me la hicieron un jueves, esto es importante porque el restaurante del centro comercial la Strada tiene una serie de convenios con algunas universidades y con la presentación del carné de la UPB, nos ganamos el “dos por uno”. ¡Aguanta! ¿No?

La Strada es un centro comercial que se encuentra sobre una avenida muy importante del sur de la ciudad conocida como la “Avenida el Poblado”.  Llegamos  a eso de las ocho de la noche. Este día estaba relativamente vacío y hago esta aclaración porque por lo general, la entrada a este lugar, hoy por hoy considerado uno de los sitios más rosa de Medellín, luce abarrotada, con una fila enorme de vehículos que intentan ingresar al parqueadero; pero este día, por lo menos a esta hora, no había mucha actividad.

Sushi Light está ubicado en el piso cinco, en un sitio que se podría calificar como privilegiado porque le corresponde parte de una terraza dónde dispusieron unas cuantas mesas en las que al comer, se tiene la sensación de estar al aire libre. Una de esas fue la que elegimos para nosotros. 

Además, alrededor de las cómodas sillas que más parecen la sala de la casa de una tía, pero una muy “caché”, dispusieron unas plantas altas que hacen una pared vegetal y te abrigan dándote una sensación extra de privacidad para disfrutar de la comida.

No más llegar, nos llevaron la carta y pedimos unas cervezas bajas en alcohol para comenzar la velada. Paula Carrasquilla, mi cuñada, es una clienta habitual del restaurante y para impresionarnos a mi esposa Marcela y a mí, pidió una entrada que tan solo con el nombre, me hizo entrecerrar los ojos y mover la cabeza lentamente arriba y abajo a modo de aprobación y pensar para mis adentros…  “eres una buena pupila pequeña Saltamontes, tal vez haya esperanza contigo y un día, finalmente aprenderás algo de mí”. (Aquí ustedes se imaginan una flauta oriental acompañando mi pensamiento kung fu). El pedido fue una porción de palmitos de cangrejo apanados, que aparecen en la carta de menú como Cheese Kani. Lo mejor de todo es que venía por partida doble y todo porque ¡Hoooooy eeeeess Jueveeeesss!

Menú de entradas
Mientras llegaba nuestra entrada terminamos de explorar la carta que analicé desde varios puntos de vista. Uno como profesional de la publicidad y el diseño y otro como comensal desprevenido. Como diseñador pude notar que Sushi Light no escatimó en esfuerzos para dejar en claro que le dan prioridad a los detalles: lindos colores, perfecto el tamaño, papel de excelente calidad y el diseño sobrio,
Menú de rollos
pero lo más importante, descansado, porque lo que he notado en este tipo de restaurantes es que al tener una variedad tan nutrida de productos, la carta se convierte en un verdadero salpicón, que raya en lo desagradable y que abruma por lo incómodo de su lectura, pues tratan de ponerlo todo en un pequeño trozo de papel. Por eso, me gustó mucho como comensal desprevenido también, porque agradecí el no tener que buscar los lentes para poder leer o tener que “intuir” lo que quería.  
El pedido llegó a la mesa, olía delicioso, se veía hermoso y sabía exquisito. La presentación es sencilla y atractiva pues son unos palos de queso mozzarella apanados enormes, partidos a la mitad, rellenos de queso crema y carne de cangrejo, rodeando una fuente de salsa de la casa. Mis papilas gustativas me dieron a entender que ésta estaba hecha con salsa de soja, que le da un sabor salado, miel, que aporta dulce a la mezcla, jengibre, que da un gusto ácido y semillas de ajonjolí que dan textura y el sabor almendrado propio de las semillas. 
Luego de hacer dos o tres ensayos con los palitos y de encontrar la postura menos penosa para poder tomar de la manera menos incierta los bocaditos de crustáceo, pude darme el gustazo de saborear esos “pequeños pedacitos de alegrías”. Crocantes por fuera, cremosos por dentro, sabrosos por todos los lados. La salsa es una maravilla de acompañante porque esa extraña combinación de sabores en la boca no te deja aburrir, o bueno, sí, cuando se acaba.
Tan pronto terminamos con la entrada hicimos nuestro pedido principal y por ser jueves nos advirtieron que ese sería el último, porque el restaurante cierra a las nueve. Me parece importante este detalle por si piensan visitarlo en semana. 
El pedido entonces fue medio rollo para cada uno, pero ojo, recuerden que es por partida doble, por lo tanto pedir medio significa uno entero.
Madurito
El de Paula era uno llamado Madurito, éste tiene además de lo tradicional, salmón, algo llamado Surimi que hace referencia a carne blanca de pez o de pollo en japonés y trae aguacate y láminas de plátano maduro. Lo probé, porque la idea era compartir todos los platos y estaba muy bueno, el plátano maduro sin duda, es un producto que da un sabor muy especial y que sorprende a la hora de comer sushi, porque en Japón, plátano, plátano, no creo que haya mucho.
Poseidón

Para mí pedí un Poseidón, que en sabor estaba a la altura del nombre. Este rollo tiene por dentro langostino tempura, que significa pequeño, comestible de un bocado, traía aguacate y Kanikama que es el surimi pero en barrita. Por fuera el rollo traía la mezcla de la casa que se llama Poseidón que es muy probablemente una mixtura de productos de mar picados y mezclados con especias. ¡Delicioso! De un sabor salado suave, sabe mucho a mar y las salsas de la casa, más la salsa de soja se encargan de acentuar ese sabor.

Dejo de último el de Marcelita, porque me pareció el más delicioso de todos. Se llama el Huancaína y me pareció una mezcla sublime de sabores. Este trae por dentro: langostino tempura, aguacate, queso crema y lechuga, por fuera un picadillo criollo que no es otra cosa distinta al pico de gallo con cebolla roja y la salsa huancaína que me pareció el más fino toque de coquetería ¡caray carachas! Esta salsa está hecha con queso fundido, ají amarillo y ajo. ¡No joda! Con esa me mataron y me dejaron con ganas de más, nada que decir, la próxima vez que vaya, tengo que comer de nuevo de ese rollo.

Te lucites cuñis
Salí a Sushi Light de la Strada porque me invitaron a celebrar una fecha muy especial…  “Te lucites cuñis, te lucites”. La pasé delicioso, comí hasta quedar saciado de sabores y costó la mitad, bueno, a mí no porque era el “ojimeniado” perdón, el  homenajeado, a este pechito le salió al gratín, pero vale la pena porque aprovechamos una muy buena alianza entre el restaurante y la UPB y sólo tuve que mostrar mi carné de egresado. 
No deja la costumbre
de hacer caras... un vicio
de ella
El lugar es muy agradable, la atención buena, la comida muy rica pero lo mejor fue la compañía. No estoy “lamboneando”, no, es verdad lo que digo, prefiero este tipo de agasajos al de partir una torta y soplar velitas; estar con personas que te quieren es el mejor regalo de todos, es lo más bonito a lo que se puede aspirar en la vida. Gracias Pao, ¡tremendo regalazo!
Uno no sabe que agarre por ahí

Por eso te invito a vos, Salí, andá a Sushi Light de la Strada, es un muy buen exponente de este tipo de comida, la japonesa; todo lo que compone la experiencia vale la pena y te aseguro que te va a satisfacer, la comida, el lugar, y hasta las promociones, porque para qué, tener la sensación de que te están dando más, es lo que la hace mucho mejor.

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