Nuestro lema

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sábado, 4 de agosto de 2012

SALÍ A CHOCÓ… BUENO, CASI. A VER CHOCÓ



Esta salida me encanta porque me llena en muchos aspectos. El primero es que complementa la línea de la salida anterior, porque tiene todo que ver con los afrocolombianos, con los que siento tener un feeling especial; por aquello de lo de mi amigo chocoano y su familia a la que tanto quiero. Además desde hace rato quería escribir sobre el cine cómo una alternativa de salida muy divertida y enriquecedora. Pero hay otro aspecto que me gusta mucho y es que resulta que me invitaron a la función de estreno para prensa, de una película. Y lo hicieron, gracias precisamente, a éste Blog. Mamá… estoy triunfando.

Director Johnny Hinestroza atrás
La película en cuestión se llama Chocó. La función de estreno se realizó en el Centro Comercial Oviedo en las salas de CineColombia. Cuando llegué estaba la dulcería invadida de espectadores que rodeaban puntualmente a dos personas: un hombre afrocolombiano, alto, de aspecto serio pero amable y dispuesto, que sonreía orgulloso y recibía apretones de mano y un abrazo tras otro. Lo reconocí de inmediato porque los medios le han apoyado bastante, por tanto lo he visto todos los días hablar de su película. Johnny Hendrix Hinestroza, el director, se encontraba en la entrada de la sala con esa especie de nervios mezclados con ansiedad que se sienten cuando uno va a presentarle la novia a los papás por ejemplo.  
Obra D entrevista a Karent
Sin embargo, las luces de las cámaras de televisión y los flashes, estaban apuntando y estallando hacia otra dirección con mayor intensidad. Claro, he de confesar que también yo, al llegar, lo primero que noté fue su presencia. ¿Han notado que hay seres humanos que tienen ese tipo de atracción, que llenan con sólo estar en un sitio, los espacios con una energía diferente, poco común? Los periodistas y presentadores de varios programas reconocidos de la ciudad de Medellín, andaban detrás de una mujer –¡y qué mujer!–  afrocolombiana despampanante, vestida de blanco, para pedirle que les regalara un minuto de su atención. Enseguida entendí que era la protagonista de la historia. Karent Hinestroza.

Unos instantes antes de entrar a la sala, hizo su aparición un personaje que logra casi lo mismo que Karent. Digo que casi, porque Fabio, el actor natural que se hizo famoso en “Sumas y Restas” de Victor Gaviria; el hombre de la comuna 13 que manejaba taxi desperdiciando su talento tras el volante, y que hoy por hoy nos cautiva con sus papeles en cine y televisión;  es un hombre bajito de aspecto divertido que cuando llega, se hace notar, no por su estatura como la protagonista, sino por su energía explosiva y chocarrera. Por supuesto, al llegar, la mayoría de los asistentes quisieron saludarlo y obtener sus apreciaciones del filme.

Ya en la sala dispuesta para la proyección, que contó con una nutrida presencia, el director hizo la presentación de la película, nos contó de su sueño hecho realidad, de la lucha por conseguir realizarlo, del apoyo que tuvo de varias personas y organizaciones, entre las cuales están el canal Caracol, el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico Colombiano, Laboratorios BlackVelvet, y el gobierno local de los municipios chocoanos Quibdó y Tadó. Presentó a sus protagonistas, y a parte de su equipo de producción, agradeció a todos los implicados en la concepción de su opera prima y por supuesto a los asistentes a la sala y se dejó venir con la proyección.

Aquí les voy a hablar un poco de mi posición cómo espectador, con la cual no pretendo ni alienar, ni predisponer positiva o negativamente a nadie frente a lo que vi o sentí. Sólo quiero dar mi impresión sobre la experiencia personal frente a la exposición de la película.
Cuando voy a cine, siempre trato de tener claro, qué es lo que espero de la experiencia. Es decir, para ver una película, hay que saber qué es lo que quiero. Quiero divertirme; reir, llorar, gritar emocionado, asustarme. Quiero impresionarme, por la técnica, la tecnología, los personajes épicos. Quiero que me pongan a pensar, reflexionar por la posición del autor frente a una problemática, enterarme y aprender cosas de una cultura, una religión, una especie. En fín. El cine es un arte y cuando se consume se debería de tener una posición frente a su consumo. Por eso no soy de los que busca consejo de alguien para ver una película, es más, creo que me molesta escuchar a cualquiera opinando sobre un filme y tratando de influir sobre su audiencia desde su filtro personal para que la vean o no la vean. Es decir, es válido que la gente diga que les gustó o no les gustó una película, pero oír opiniones poco profundas, sobre la historia, vestuario, vehículos, o técnicas que ni siquiera entienden, lo único que demuestran es un árido sentido estético o cultural de la persona que opina… guácala. 

Pues bien, Chocó es una película colombiana. Esto implicaba entonces que dicha cinta, tendría un componente cultural muy arraigado, que en casi todos los casos desenvuelve su trama a través del humor o de una tragedia. Pues bien, al empezar, me llamó especial atención, una frase que el director usó a manera de epílogo,  decía palabras más, palabras menos: “agradezco a mis padres, a mi esposa y a mi hijo porque me enseñaron que en Colombia, ser negro, es un milagro”. Desde ese mismo instante, supe por dónde iba el agua al molino, como decía mi abuela, “con el desayuno, se sabe que va a ser el almuerzo”. Para mí, esa frase incluye una posición del autor que trae los componentes antes mencionados, humor… y tragedia.

Con las primeras imágenes, muy bellas, muy cuidadas, y muy lentas,  te pintan un ambiente que por naturaleza es así. Casi nada pasa, todo sucede porque tiene que suceder, en el tiempo que tiene que suceder; los eventos importantes son consecuencias del represamiento del tedio. La historia y los personajes se dibujan despacio, sin afanes. Uno de los detonantes “la torta” que es mencionada en la frase de venta de la película, cuando aparece, lo hace en medio de una escena que describe en dos o tres minutos, la frase del principio del director. En la escena están Chocó, la protagonista, el Paisa, que es interpretado por Fabio, cuyo personaje es un tendero y la torta, que vale veinticinco mil pesos, lo mismo que una mucho más pequeña y desabrida.

El antagonista, es el marido de Chocó, padre de sus dos hijos. El actor es el novio de Karent en la vida real. El personaje es un músico que toca la marimba y que tiene por oficio, jugar dominó con la plata que se “encuentra” por ahí, no importa si se la ganó en la partida anterior, si se la dieron prestada, o si la tenía su mujer escondida para comprarle la torta de cumpleaños a su hija.

La película, como es arte, sirve para hacer denuncias. Al ser una película hecha por afrocolombianos, protagonizada por ellos, con una historia de ellos y desarrollada en su tierra,  no podía dejar de denunciar el racismo. El blanco, representado sólo por paisas, tres para ser exactos, son los dueños del dinero. Un minero, que da trabajo a un grupo de mujeres, entre ellas a Chocó, es un ser con tintes mezquinos, dueño de una tierra que no le importa, que destruye hectáreas de selva por unos cuántos gramos de oro; es un hombre al que no le gustan los “negros” porque ni siquiera los mira a los ojos a la hora de pagarles unos centavos por las horas de miserable trabajo en la batea y aspirando los nocivos vapores del mercurio con el que separan el metal precioso de la arena. Una señora que le da la ropa a lavar a la protagonista todas las tardes, ésta sí sonriente y agradable y el tendero, un hombre codicioso, atrapado en un lugar en el que no quisiera estar, pero que se aguanta porque al menos es “alguien” en medio de los que llama “negros” de manera despectiva, a los que quiere sólo por lo que éstos le puedan pagar, dar, o que les pueda quitar, incluida su dignidad.

Una conclusión personal, muy personal a la que llegué con la historia, es que la esclavitud todavía no se ha acabado, palpita en las calles del departamento del Chocó, y no lo digo por los tres personajes que aparecen como los dueños del dinero en la historia, situación de la que se aprovechan, no, ese es un sofisma que muchos quieren creer. La esclavitud pervive en las cadenas que muchos afrocolombianos no se han podido quitar en la cabeza. Esto lo evidencian  varias escenas, por ejemplo una en la que el marido de Chocó quiere comprar aguardiente en la tienda del paisa, el hombre pregunta cuánto vale una botella de aguardiente mientras cuenta menuda en sus manos y se esculca en los bolsillos, el paisa con una sonrisa irónica en la boca le dice que cuesta quince mil pesos, al ver que no le alcanza se ríe y le dice que eso es trago para blancos y que vaya a comprar “viche”, trago pa’ negros, una “porquería”, a donde otro. El hombre, indignado, pero con la cabeza gacha y los pies arrastrados, sale de la tienda y ni siquiera se molesta en decirlo a sus amigos de juego. Sin embargo hay otras escenas en las que incluso sin la necesidad de un blanco que se los diga, ellos se hacen sentir “negros” entre ellos o de ellos mismos: –“¿Mamá, mi papá por qué le pega tanto? –No, él no me pega tanto”. O Chocó le dice a su hija: –“Neneca, cuántas veces tengo que decite, que a un hombre no se le dice bobo.” En una escena en la que la niña ha sido maltratada por su hermano y la mamá lo defiende a él por su condición de macho. Este mal del machismo es una manera de esclavitud, que por supuesto, no sólo se vive en Chocó, sino en todo el país.

Con todo y esto, hay una luz de esperanza que me encanta en la película. Se llama Américo, o Ameriquito como le llama la protagonista. Este personaje representa la sabiduría, la verdadera libertad. Es un hombre que no solamente vive en la selva, él es la selva y se ha emancipado para ser un hombre libre, hasta para bailar con una “buena” en un baile. El personaje es hermoso, representado por un hombre afrocolombiano de cabello y barba cana. Es el que le enseña a Chocó, que las cosas no necesitan hacerse cómo todos las hacen o las saben hacer.

En resumidas cuentas, todo esto que les conté antes es tan solo lo que se ve en la periferia de un cuento sencillo, la historia de la película es acerca del drama de una madre que necesita resolver un problema, comprar una torta para su hija que está de cumpleaños. Conseguirla, le costará enfrentarse con su pasado, contra su cultura, contra su marido y contra sí misma. Es un relato muy sencillo y muy sincero que no tiene pretensiones altruistas, cuya misión es simple: que el mundo sepa, lo que significa ser chocoano; con sus orgullos, con sus penas, con sus alegrías, con su música, con su canto, con sus mujeres lindas, con sus hombres machos, con sus paisajes, con sus ríos, con su piel oscura, con sus noches estrelladas, con sus fiestas, con su “San Pacho Bendito”…

Que no falte el correspondiente "Shampoo"
Salí a ver el estreno de una película colombiana llamada Chocó y me encontré con una historia que me mostró un pedazo de Colombia que todos deberíamos conocer. Salí convencido de que ésta es de esas películas que muchas personas deberían ver para poder tener derecho a hablar de cosas que ni siquiera pueden entender. Me gustó en el plano personal, me encantó en el plano humano, me convenció en el plano artístico, me entristeció en el plano masculino… y me disgustó, no la película, sino que la gente de CineColombia, hubiera dejado el proyector solo y de un momento a otro, tuvieron que parar la proyección, con enojada por micrófono y todo del director, porque la imagen se desenfocó hasta un punto de hacerse imposible de ver. Diez minutos tuvimos que esperar mientras recalibraban el proyector, lo que hizo que el ritmo se perdiera y que la sala quedara muy mal parada frente a los espectadores.
Haberla visto y haberla disfrutado, me da suficientes motivos como para decirte, Salí vos también a una sala de cine y disfrutá de la película Chocó. Eso sí, tienes que entender que esta es una película de Autor y lo que vas a disfrutar es de una percepción de la vida en un departamento que ha sido olvidado por todos, durante años. Vas a encontrar humor, pero un humor inteligente, regionalista, distinto al de “para o mi mamá dispara”. Animáte, hacé planes y te llevás a varios para que después conversen un rato sobre ella, seguro que todos al terminar de verla, van a ver una cosa distinta, van a tener una percepción diferente de lo que significa la película y de lo que significa ser negro en Colombia.

2 comentarios:

  1. Se esta rodando o se va a rodar otra película afro, antioqueña en la zona del Uraba, donde se mezclan actores profesionales con naturales de la zona todos afro descendientes, los apoya la empresa privada, el instituto de cultura del departamento de Antioquia y uno que otra entidad afro.
    La película se llama NIÑOS DE ÉBANO, escuche hablar a su productor general y ejecutivo en una emisora de la ciudad, el se llama Felipe Meneses E, si queres saber como van algo mas y este tema del cine te interesa podes averiguarlo en el numero que el productor dio al aire 301 250 8303, te lo cuento por que el tema pinta bien parece sera una muy buena película. ahí te dejo la inquietud.

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  2. Muy bacano. Claro que me interesa y muchas gracias por tu comentario, lástima que aparezcas cómo anónimo y no te pueda responder por tu nombre, pero aprecio mucho que hayas leído el Blog y mucho más que me des esta información tan valiosa. Gracias de nuevo amigo(a) Anónimo.

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