Nuestro lema

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domingo, 29 de julio de 2012

SALÍ A LAS NEGRAS DEL MAR

Mi Negra
(…)Mi negra tiene ojos blancos, dientes blancos, calzones blancos,
Calzones en diminutivo, calzoncitos, prendas íntimas…
Yo no sé qué tienen de íntimas si las anda mostrando por todos lados.
Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda,
No como las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las cubre, aunque sea un concepto. Mi negra no tiene conceptos, ella nació y se crió desnuda, y por lo tanto no se puede vestir completamente porque mientras más se viste más desnuda queda(…)
Jaime Jaramillo Escobar - "Alheña y azúmbar"
(Colombia, 1932)

Este poema, creado para glorificar a las mujeres afrocolombianas, es uno de los favoritos de los realizadores del noticiero de la W. La palabra “concepto” se convirtió incluso en un “mensaje cifrado de mutuo entendimiento” entre los oyentes y los periodistas de dicho programa. En lo personal me encanta, lo escuché por primera vez por allá en el año 1998 declamado por su autor y es tan delicioso escucharlo, que es imposible no enamorarse del poema. (¿Lo quieres escuchar? click aquí)

Pero es que hay una parte del poema que está justo antes del que puse para iniciar esta entrada que dice una verdad que siempre me ha impactado, el poema dice: “El níspero y el mamey son frutas de negros. Y el zapote también. Pero lo que pasa es que a los blancos siempre les ha gustado comerse la comida de los negros. Y la música de los negros. Y los bailes de los negros. Y las negras de los negros.” 

Beyonce
Foto tomada de
http://www.emujer.com
¿Será? Lo de las frutas no podría comprobarlo, lo de la música y el baile… pensemos… yo creo que sí, porque la cumbia, es de ascendencia negra y no nos digamos bobadas, al colombiano que le pongan “Yo me llamo cumbia” y no le den ganas de aplaudir o de mover los hombros, no es colombiano, y eso que no he hablado de la salsa, el merengue, el vallenato que su influencia tiene y hasta el regaetón. Lo de las negras de los negros… bueno, aquí tengo que hacer una confesión, pero con ustedes porque la principal “afectada” ya los sabe, ya la tengo advertida, Macelita sabe que dónde a mí, a Andrés Felipe Toro Carvalho, venga Beyonce y me lo pida… ¡se lo doy!  ¡Ufff! No la pienso. Ahora, lo de la comida también tiene su fundamento, por lo menos conmigo, ya lo he dicho muchas veces, la comida de las costas colombianas, llámese pacífica o atlántica, es mi favorita -después de la bandeja paisa-. Las manos de esas matronas negras son mágicas a la hora de freír un plátano o a la hora de hacer una simple sopa de queso. (Saludos a Deyanira Valdez y a Karina Villanueva)

Uno de mis mejores amigos es afrocolombiano, Jimmy  Villanueva, es de Quibdó y ojo, según él, no es negro, es “canelita Hollywood” aunque para nosotros sea “viragüao, pasau de melanina”. Por eso hablo con algo de propiedad, porque algunas veces, tuve el privilegio de comer en su casa y su mamá y su hermana, alguna vez me dejaron saber lo que significa de lo que les hablo. Por eso, cuando fui al restaurante que les voy a referenciar hoy, iba con muchas expectativas. Soñaba reencontrarme con memorias guardadas en neuronas viejas, tenía las papilas gustativas como el perrito de la caricatura del gato Silvestre, ese que anda con un Bulldog que se llama “Jack” y le salta por todos lados mientras caminan diciéndole en un tono intenso y desesperatne: “Vamos Jack. Vamos a perseguir gatos Jack. Vamos a desenterrar huesos Jack. Eres mi amigo ¿verdad Jack?”

“Las negras del mar” es un restaurante que veía con añoranza al bajar por una de las calles principales de Envigado, La 37 sur. Es un lugar discreto que queda en un segundo piso a unas dos cuadras antes de llegar al parque principal. Aunque de fachada colorida, la forma de saber que se está a la entrada del restaurante es por el pendón publicitario que trae parte del menú al lado de la puerta. Bueno y por un aviso luminoso redondo que hay en el balcón, pero que puede pasar desapercibido. Hay que llegar a pie. Si se va en automóvil se tiene que dejar en uno de los parqueaderos que hay en las cuadras circundantes a la plaza de mercado.

La decoración es muy atractiva, todas las paredes tienen murales alusivos al mar. Desde la entrada, pasando por la cocina, hasta el comedor,  se ven unas muy coloridas pinturas con mujeres afrocolombianas vestidas con atuendos típicos de ambas costas. Además de esculturas, bateas, remos, redes, cuadros y palmeras. Las mesas son en madera y en conjunto con los demás adornos le dan al lugar un ambiente muy cálido.

Al llegar nos atendió una niña muy tímida, que nos entregó la carta y en unos pocos minutos nos llevó una jarra de limonada hecha con panela o miel de panela; de esas que te levantan el ánimo y te ponen una sonrisa en la cara cuando te tocó caminar bajo el sol de un medio día de verano para llegar. Así cómo quien no quiere la cosa, aproveché y le pregunté sí la comida que hacían en el restaurante era de la costa atlántica o pacífica; no me supo responder, no tenía ni idea. Jummm.

Carta del restaurante
De todas las cosas ricas que vi en la carta de menú, declaro que me tomó algo de tiempo tomar la decisión de mi pedido. Marcelita no dudó pues estaba antojada desde hace rato de una sierra frita y yo pedí un plato llamado pulpo con calamares y caracoles. 
En un momento, sin previo aviso, la mesera me trajo un aperitivo que me hizo temblar de emoción: consomé de pescado con ñame. Pa’ qué, pero estaba delicioso. Sin embargo, a Marcela le trajeron una mala noticia, la sierra, estaba muy pequeña, la niña hizo una seña con la mano que daba a entender que tenía unos veinte centímetros y querían saber si estaba dispuesta a recibirla de ese tamaño. Ella no lo consideró y prefirió cambiar su pedido por una cazuela de mariscos.

Pulpo con calamares
A la mesa llegó primero mi plato, el pulpo con calamares cocinados con una salsa que seguramente tiene como base el coco. El plato viene acompañado de arroz con coco, un patacón “pisao” y una ensalada de lechuga y zanahoria. El veredicto… muy regular, tirando a malo. Quiero ser justo, la comida no era gustosa, la porción me pareció muy pequeña, pero estaba tan simple que se los perdoné. 
El pulpo estaba duro, probablemente sobre cocinado, los calamares estaban bien, pero la salsa no tenía gusto a nada. ¿Saben? Me pareció que al plato le faltaba “pasión”, es más, cuando volvió la mesera a traer el plato de mi esposa, le pregunté si la persona que cocinaba era afrodecendiente, porque la primera impresión que tuve, era que NO. La mesera me dijo que ella era la única persona blanca que trabajaba en el lugar. Lo único que sabía a lo que tenía que saber era el arroz con coco, porque, al patacón pisao le faltó indiscutiblemente una “untadita” de suero costeño, pero ni salsa de tomate. La ensalada no tenía vinagreta, o limón, ni siquiera sal. Total, terminé muy decepcionado.

En un rato más, trajeron la cazuela de mariscos, estaba hirviendo, olía bien, pero le faltaba algo… no me pregunten, desde el aroma lo presentí y cuando vi la expresión del rostro de Marce, con la primera cucharada, confirmé lo pensado. Me la dio a probar, no sabía lo suficiente a coco.
Le hacía falta algo con más sabor, tal vez queso, un gratín podría mejorarla mucho. En este caso se basan mucho en el sabor de los frutos del mar que la componen, calamares, pulpo, camarones y caracoles y por tanto, se queda muy rezagada en gusto. Marcela tuvo que añadir algo de sal para mejorarla un poco. Por tanto, el veredicto tampoco fue muy favorable para la cazuela.

Por lo general a todo lugar que he ido le he dado puntos favorables a la comida. No me siento tan exigente. Pocas veces me he ido sin sacar cosas positivas para darle o decir de un sitio. En este caso, quiero abonarle a las negras del mar su esfuerzo por hacer del restaurante un lugar muy agradable y la cantidad de clientes lo confirman, pues tiene buen flujo y se nota que hay varios ya convertidos en consumidores fieles, pero en lo que a comida se refiere, en mi caso, no me gustó. De tres platos que probé, sólo uno fue de mi agrado. El hecho de que la mesera no tuviera ni idea de lo que se ofrece en el lugar tampoco le abona. Probablemente fui un mal día para la cocinera, era el primer cliente de la mesera, llevaba muy altas expectativas, los planetas no estaban en la alineación correcta… no sé, sin embargo, lo que sí sé, es que no me gustó y a Marce tampoco, y no le daría otra oportunidad.

Salí a comer a un restaurante que ofrece comida de mar; es un buen lugar, muy agradable y hace un gran esfuerzo por presentar una buena alternativa culinaria para los habitantes de Envigado. Sin embargo no me fue bien, lo que no quiere decir que vos te parezca igual, por tanto te invito, Salí a “Las negras del mar”, pedite algo distinto y si lográs tener una perspectiva diferente, escribime y nos retás a mí y los demás lectores para que comprobemos lo que vos decis. 

2 comentarios:

  1. hola buenas mucho gusto mi nombre es jessica soy una de las actuales trabajadoras de las negras del mar este video me llego y yo como trabajadora de las negras del mar te quiero invitar a ti y la persona que te acompaño a comer (marcela) para que pruebes bien nuestros platos y luego nos comentes a nosotros tus opiniones las respetaremos y tomaremos en cuenta tel: 276 11 47 gracias

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  2. Hola Jessica. Gracias por tomarte el tiempo de leer mi entrada. Con respecto a la invitación para volver al restaurante: claro, en breve pasaremos por allá y probaremos los platos que me quieras recomendar, sería un placer. Muchas gracias por tu respetuosa posición.

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