Nuestro lema

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domingo, 29 de julio de 2012

SALÍ A LAS NEGRAS DEL MAR

Mi Negra
(…)Mi negra tiene ojos blancos, dientes blancos, calzones blancos,
Calzones en diminutivo, calzoncitos, prendas íntimas…
Yo no sé qué tienen de íntimas si las anda mostrando por todos lados.
Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda,
No como las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las cubre, aunque sea un concepto. Mi negra no tiene conceptos, ella nació y se crió desnuda, y por lo tanto no se puede vestir completamente porque mientras más se viste más desnuda queda(…)
Jaime Jaramillo Escobar - "Alheña y azúmbar"
(Colombia, 1932)

Este poema, creado para glorificar a las mujeres afrocolombianas, es uno de los favoritos de los realizadores del noticiero de la W. La palabra “concepto” se convirtió incluso en un “mensaje cifrado de mutuo entendimiento” entre los oyentes y los periodistas de dicho programa. En lo personal me encanta, lo escuché por primera vez por allá en el año 1998 declamado por su autor y es tan delicioso escucharlo, que es imposible no enamorarse del poema. (¿Lo quieres escuchar? click aquí)

Pero es que hay una parte del poema que está justo antes del que puse para iniciar esta entrada que dice una verdad que siempre me ha impactado, el poema dice: “El níspero y el mamey son frutas de negros. Y el zapote también. Pero lo que pasa es que a los blancos siempre les ha gustado comerse la comida de los negros. Y la música de los negros. Y los bailes de los negros. Y las negras de los negros.” 

Beyonce
Foto tomada de
http://www.emujer.com
¿Será? Lo de las frutas no podría comprobarlo, lo de la música y el baile… pensemos… yo creo que sí, porque la cumbia, es de ascendencia negra y no nos digamos bobadas, al colombiano que le pongan “Yo me llamo cumbia” y no le den ganas de aplaudir o de mover los hombros, no es colombiano, y eso que no he hablado de la salsa, el merengue, el vallenato que su influencia tiene y hasta el regaetón. Lo de las negras de los negros… bueno, aquí tengo que hacer una confesión, pero con ustedes porque la principal “afectada” ya los sabe, ya la tengo advertida, Macelita sabe que dónde a mí, a Andrés Felipe Toro Carvalho, venga Beyonce y me lo pida… ¡se lo doy!  ¡Ufff! No la pienso. Ahora, lo de la comida también tiene su fundamento, por lo menos conmigo, ya lo he dicho muchas veces, la comida de las costas colombianas, llámese pacífica o atlántica, es mi favorita -después de la bandeja paisa-. Las manos de esas matronas negras son mágicas a la hora de freír un plátano o a la hora de hacer una simple sopa de queso. (Saludos a Deyanira Valdez y a Karina Villanueva)

Uno de mis mejores amigos es afrocolombiano, Jimmy  Villanueva, es de Quibdó y ojo, según él, no es negro, es “canelita Hollywood” aunque para nosotros sea “viragüao, pasau de melanina”. Por eso hablo con algo de propiedad, porque algunas veces, tuve el privilegio de comer en su casa y su mamá y su hermana, alguna vez me dejaron saber lo que significa de lo que les hablo. Por eso, cuando fui al restaurante que les voy a referenciar hoy, iba con muchas expectativas. Soñaba reencontrarme con memorias guardadas en neuronas viejas, tenía las papilas gustativas como el perrito de la caricatura del gato Silvestre, ese que anda con un Bulldog que se llama “Jack” y le salta por todos lados mientras caminan diciéndole en un tono intenso y desesperatne: “Vamos Jack. Vamos a perseguir gatos Jack. Vamos a desenterrar huesos Jack. Eres mi amigo ¿verdad Jack?”

“Las negras del mar” es un restaurante que veía con añoranza al bajar por una de las calles principales de Envigado, La 37 sur. Es un lugar discreto que queda en un segundo piso a unas dos cuadras antes de llegar al parque principal. Aunque de fachada colorida, la forma de saber que se está a la entrada del restaurante es por el pendón publicitario que trae parte del menú al lado de la puerta. Bueno y por un aviso luminoso redondo que hay en el balcón, pero que puede pasar desapercibido. Hay que llegar a pie. Si se va en automóvil se tiene que dejar en uno de los parqueaderos que hay en las cuadras circundantes a la plaza de mercado.

La decoración es muy atractiva, todas las paredes tienen murales alusivos al mar. Desde la entrada, pasando por la cocina, hasta el comedor,  se ven unas muy coloridas pinturas con mujeres afrocolombianas vestidas con atuendos típicos de ambas costas. Además de esculturas, bateas, remos, redes, cuadros y palmeras. Las mesas son en madera y en conjunto con los demás adornos le dan al lugar un ambiente muy cálido.

Al llegar nos atendió una niña muy tímida, que nos entregó la carta y en unos pocos minutos nos llevó una jarra de limonada hecha con panela o miel de panela; de esas que te levantan el ánimo y te ponen una sonrisa en la cara cuando te tocó caminar bajo el sol de un medio día de verano para llegar. Así cómo quien no quiere la cosa, aproveché y le pregunté sí la comida que hacían en el restaurante era de la costa atlántica o pacífica; no me supo responder, no tenía ni idea. Jummm.

Carta del restaurante
De todas las cosas ricas que vi en la carta de menú, declaro que me tomó algo de tiempo tomar la decisión de mi pedido. Marcelita no dudó pues estaba antojada desde hace rato de una sierra frita y yo pedí un plato llamado pulpo con calamares y caracoles. 
En un momento, sin previo aviso, la mesera me trajo un aperitivo que me hizo temblar de emoción: consomé de pescado con ñame. Pa’ qué, pero estaba delicioso. Sin embargo, a Marcela le trajeron una mala noticia, la sierra, estaba muy pequeña, la niña hizo una seña con la mano que daba a entender que tenía unos veinte centímetros y querían saber si estaba dispuesta a recibirla de ese tamaño. Ella no lo consideró y prefirió cambiar su pedido por una cazuela de mariscos.

Pulpo con calamares
A la mesa llegó primero mi plato, el pulpo con calamares cocinados con una salsa que seguramente tiene como base el coco. El plato viene acompañado de arroz con coco, un patacón “pisao” y una ensalada de lechuga y zanahoria. El veredicto… muy regular, tirando a malo. Quiero ser justo, la comida no era gustosa, la porción me pareció muy pequeña, pero estaba tan simple que se los perdoné. 
El pulpo estaba duro, probablemente sobre cocinado, los calamares estaban bien, pero la salsa no tenía gusto a nada. ¿Saben? Me pareció que al plato le faltaba “pasión”, es más, cuando volvió la mesera a traer el plato de mi esposa, le pregunté si la persona que cocinaba era afrodecendiente, porque la primera impresión que tuve, era que NO. La mesera me dijo que ella era la única persona blanca que trabajaba en el lugar. Lo único que sabía a lo que tenía que saber era el arroz con coco, porque, al patacón pisao le faltó indiscutiblemente una “untadita” de suero costeño, pero ni salsa de tomate. La ensalada no tenía vinagreta, o limón, ni siquiera sal. Total, terminé muy decepcionado.

En un rato más, trajeron la cazuela de mariscos, estaba hirviendo, olía bien, pero le faltaba algo… no me pregunten, desde el aroma lo presentí y cuando vi la expresión del rostro de Marce, con la primera cucharada, confirmé lo pensado. Me la dio a probar, no sabía lo suficiente a coco.
Le hacía falta algo con más sabor, tal vez queso, un gratín podría mejorarla mucho. En este caso se basan mucho en el sabor de los frutos del mar que la componen, calamares, pulpo, camarones y caracoles y por tanto, se queda muy rezagada en gusto. Marcela tuvo que añadir algo de sal para mejorarla un poco. Por tanto, el veredicto tampoco fue muy favorable para la cazuela.

Por lo general a todo lugar que he ido le he dado puntos favorables a la comida. No me siento tan exigente. Pocas veces me he ido sin sacar cosas positivas para darle o decir de un sitio. En este caso, quiero abonarle a las negras del mar su esfuerzo por hacer del restaurante un lugar muy agradable y la cantidad de clientes lo confirman, pues tiene buen flujo y se nota que hay varios ya convertidos en consumidores fieles, pero en lo que a comida se refiere, en mi caso, no me gustó. De tres platos que probé, sólo uno fue de mi agrado. El hecho de que la mesera no tuviera ni idea de lo que se ofrece en el lugar tampoco le abona. Probablemente fui un mal día para la cocinera, era el primer cliente de la mesera, llevaba muy altas expectativas, los planetas no estaban en la alineación correcta… no sé, sin embargo, lo que sí sé, es que no me gustó y a Marce tampoco, y no le daría otra oportunidad.

Salí a comer a un restaurante que ofrece comida de mar; es un buen lugar, muy agradable y hace un gran esfuerzo por presentar una buena alternativa culinaria para los habitantes de Envigado. Sin embargo no me fue bien, lo que no quiere decir que vos te parezca igual, por tanto te invito, Salí a “Las negras del mar”, pedite algo distinto y si lográs tener una perspectiva diferente, escribime y nos retás a mí y los demás lectores para que comprobemos lo que vos decis. 

jueves, 19 de julio de 2012

SALÍ... PA´ LA COCINA A HACER PASTEL DE CARNE Y TARTA DE PAPA


Esto lo hice yo. ¿Lo vas a hacer vos? te lo recomiendo

A modo de chisme, aquí entre nos, pero que no se sepa fuera de latinoamérica, a mí me gusta mucho la comida. Si, si, aunque no lo crean. Y una de las maneras en las que se los puedo demostrar, es con la siguiente entrada. 

Ingredientes
La idea que dio origen a este Blog es por supuesto lo que les acabo de confesar, mi relación con la comida. 
Pero el impulso me lo dio el hecho de que soy consumidor de programas de televisión cuyo tema gira al rededor de la cocina, la comida, los viajes, la aventura. Fue así, gracias a "Antony Burdain, sin reservas" que me di cuenta de que existía este oficio, el de Blogger culinario, y me animé. Ya de eso van casi dos años, en los que me he propuesto hacer varias cosas de las cuales, creo que me faltaba ésta que propongo hoy, cocinar ante la cámara. 

Esta receta, que no creo que se pueda llamar así todavía, es la prueba de que ver esos canales tan útiles que les tienen que poner el superlativo "ísimo", Travel, Discovery, Fox Life y demás, programas como Gastrosofía, La sartén por el mango, ciao ragazzo, sí sirven. Y es que una cosa es verlos, otra cosa es tratar de hacer lo que ellos proponen y otra es aventurarse a combinar información e inventarse una receta propia.
Eh aquí pues, una propuesta nueva que espero les guste. Andrés el cocinero amateur les ofrece su más reciente receta: Pastel de carne con verduras, o de verduras con carne y tartaleta de papa gratinada en Salí.
Me cuentan qué les parece. Que lo disfruten.


miércoles, 11 de julio de 2012

SALÍ A COMERME UN “MACHO” CON CUATRO NENAS

Hace unos añitos –no muchos– unas nenas divinas, armadas con pistolas, armadas de valor, armadas con un lápiz labial, hicieron suspirar a los “hombres machos varones” los fines de semana. Con ansias la gente se sentaba por primera vez frente al televisor a ver tres mujeres detectives perseguir a los malos por tierra, mar o aire. Los hombres no se la perdían porque las niñas eran unas mamacitas y las mujeres porque querían ser como ellas. Todos querían verlas disparando por las ventanillas de los autos, disfrazadas de enfermeras sexys, o de mucamas francesas, haciendo llaves de karate y todo, sin despeinarse; porque eso sí, podían haber acabado de caer por un barranco, haber “cascado” a tres o cuatro gorilas de anteojos oscuros, podían haber estado en un tiroteo en el que todos se esconden detrás de cajas de cartón o paredes de madera, de las que salían chispas milagrosamente cada vez que un proyectil chocaba a escasos diez centímetros de las protagonistas, pero sus peinados, que se impusieron como moda en todo el mundo, no se movían ni un ápice. ¡¿Pero cómo?! Si le echaban tres litros de laca a cada una.

Foto tomada de  http://mujeresonline.net 
Foto tomada de www.vanguardia.com.mx
Probablemente los que tienen más de treinta ya saben de qué les estoy hablando, pero a los más “pollitos”, para mis lectores sardinos, les voy a dar una pista, recordándoles un remake que hicieron de esa serie famosa en cine, con Lucy Liu, Drew Barrymore y Cameron Diaz… a la una… a las dos… y a laaaaas…

Los Ángeles de Salí
Bueno, en todo caso, la serie fue un éxito por varias cosas, pero una de las cosas más atractivas, era que Charlie, el millonario que nunca mostró su rostro, tenía a su disposición a la hora que quisiera, para las que fuera, a sus tres ángeles, las que complacientes, acataban todo lo que les decía a través de un parlante en una mesa…  Qué envidia, ¿no?  Claro que me refiero con “todo” a las condiciones de las misiones, a nada más –aclaro por si hay algún otro malpensado entre nosotros, porque el primero soy yo- No era sino que este hombre dijera: “Sapito” y los tres ángeles, saltaban; y cómo ellas parecían enamoradas de él... pues bueno.
Bien, comienzo la entrada con esta analogía, porque… les voy a confesar algo… yo también tengo mis Ángeles. Siiii, siiii, aunque no lo crean. Se llaman, “Los Ángeles de Salí”. Pero eso no es nada, porque no son tres… no. Son ¡Cuatro Carajo! Yo no me dejo de un millonario en los Ángeles California. “A mí me ninguno con nadie, pa´que nadie me ninguno tampoco”. Yo no tengo sino que hacer una llamada y purundún… a mis pies…

–Buenos días áaaangeleeees.
–Buenos diiiiiaasss Andreeeew.
–Su misión de hoy es llevarme a comer comida peruana. Ahhh, y dármela en la boca, es que quiero evitar la fatiga.
–Lo que digas Andreeeew, lo que quieras Andreeeew, lo que mandes Andreeeew.

Claro, y se debe entender que tienen que pagar la cuenta ¿cierto? ¿Eso quedó claro? ¿Verdad? Bueno. Mis ángeles, como los de Charlie, tienen cada una su personalidad y resuelven los casos a su manera.Se las voy a presentar:


Xiomara: "Sonrisa del millón
Xiomara, alías “Xiomy”. Con sus dos metros y medio de estatura, es la que se encarga de los casos de altura. Inteligente, ejecutiva, muy seria, pero carismática. En el grupo la reconocemos como “la niña de la sonrisa del millón de dólares” porque tiene más dientes que una pelea de caimanes.

Ingrith: "Cultivo de cachetes"
Ingrith, alias “el Genio”, este apodo se lo ganó porque tiene un genio parejito, parejito; aunque las malas lenguas dicen que también se acomoda a su asombrosa capacidad de aparecer cuando se destapa una botella. Muy sentimental, cariñosa, risueña, pero a veces enojona. En el grupo la reconocemos como “el cultivo de cachetes”, no creo que tenga que dar más explicaciones.
Diana: "La veloz"
Diana, alias “la veloz”, porque tiene una motoneta y no se le ve sino el polvo que deja detrás suyo. Callada, melancólica, frentera y de un material resistente porque eso le enseñó la vida. En el grupo la reconocemos como “la tabla” porque se las canta al que sea como se sea.
Johana: "Nana"

Johana, alias “la nana”… para que los voy a engañar, esta chiquilla loca es una hippie que nos encontramos llegando al restaurante y la invitamos a almorzar porque nos dio pesar. Mentiras, esta niña linda es un encanto que no tiene de boba ni un pelo. También se manda un genio que ni les digo. En el grupo la reconocemos como “Quequé” porque es su pregunta favorita.
Angeles de Salí haciendo lo que
mejor saben hacer.
Ahí está mi equipo, mis cuatro nenas, las nuevas compañeras de aventuras gastronómicas del Blog, “Los ángeles de Salí”. ¿Cómo la vieron? Porque yo la veo más negra que un verraco después de esta entrada, yo de mí, como que mejor me vuelvo serio, ya hoy me tocó dormir en otra ciudad, esperar a que baje la marea y volver a pedir “cacao” para que me reciban en la casa. A lo mejor la próxima entrada se las escribo desde el exilio.

Cra 43A No. 25 Sur - 5 - Mall Villa Grande Local 101
Envigado - Antioquia
Pero todo sea por ustedes, lo mejor para mis lectores, aunque en la salida que hice con mis cuatro alumnas a modo de despedida de semestre al restaurante de comida peruana Puerto Mánkora, les aseguro que fue “lo mejor” para nosotros. El restaurante queda en un Mall muy conocido en Envigado que se llama Villa Grande, lo ubican fácilmente porque queda en la esquina de la Avenida 43A, conocida como la del Poblado, con la canalización de la quebrada la Ayurá de Envigado.

Mis alumnos de “producción de comerciales para televisión”, todo el semestre “jeringuiaron” con la idea de hacer una salida de despedida de semestre, pero la querían digna de publicar en el Blog. Por tanto, el último día de clases, un sábado a mediodía, dispusimos encontrarnos en la universidad, entregarme el trabajo final y salir a comer. ¿Quién dijo yo? Pues este pechito y de un grupo de catorce alumnos,  las cuatro niñas lindas que ya les presenté. Por cierto, no son mis ángeles, no por lo menos así, ya quisiera yo. Los rasgos de personalidad que describí sí se acomodan a ellas, pero los alias y la forma en la que digo reconocerlas en el grupo hacen parte del chiste. ¡Ah! Pero lo de la cuenta si es verdad… ¡eh! ¿Quién dijo que aparecer en Salí era “al gratin” Nanai cucas pelaos.  (Bahh eso también es mentiras).

No se peleen por mí, que pa' todas hay
Llegamos a la una de la tarde, el lugar, dispuesto casi para nosotros, pues no había más que una mesa ocupada con unos comensales que ya iban de salida. Lo comento de esta manera, porque no es la primera vez que voy, ya habíamos estado otras veces allí con Marce y siempre, a cualquier hora del día, está lleno. Nos gustó tanto que ya “la coronela” ha reservado para ella y los doce o trece compañeros de su oficina en ocasiones de celebraciones especiales como días de secretaria, del abogado o de cumpleaños, como quien dice, muy recomendable.

Con tan sólo llegar, se nos presentaron el administrador y luego nuestro mesero, nos trajeron la carta y pedimos las bebidas. Gaseosas, juguito natural, cervezas. Yo por supuesto pedí una gaseosa, ya saben, me tenía que cuidar el fundamento… mejor dicho, tenía que dar ejemplo, educar con el ejemplo a mis alumnas.
Ceviche de marisco

Mientras elegíamos el plato principal, decidimos tomar una entrada. Pedimos un ceviche de mariscos. El plato, muy bien presentado nos lo trajeron en muy poco tiempo. 
Constaba de camarones, calamares en anillo, pulpo y pescado, todo esto está cocinado con el ácido de jugo de limón por unos minutos nada más, cebolla roja trozada, maíz tierno, cilantro, sal, pimienta, algo que ellos llaman ají limo y unas galletitas de sal para montar el bocado. ¡Jummm! Yo soy un enamorado de la comida de mar, me encantan sus llamados “frutos”. 
En este caso, el sabor es completamente natural, porque aunque la carne se ve casi cruda, de hecho lo está, y la sensación en la boca es fría, los sabores son totalmente auténticos, son propios a lo que te estás comiendo y sinceramente a mí, esa experiencia, me encanta. Para los reticentes a este tipo de comida, les puedo dar un ejemplo de lo bueno que estaba, pues Ingrith, no come pescado. Según ella, su mamá se iba a poner feliz al ver esta nota porque como buena niña malcriada, cuando hay pescado en la casa, no come, pero aquí sí, y para acabar de ajustar, estaba crudo y lo mejor es que nos tocó quitárselo porque nos iba a dejar sin muestrecita a los demás… como dicen por ahí, “Hemos creado un monstruo”.

Palabras van, palabras vienen, una broma por allí, otra por allá, “que usted es el mejor profe, profe” “que usted es muy buena… alumna”, en fin, hasta que nos llegó la hora, los platos principales llegaron a la mesa, el pedido:
Chaufa de pescado

La hippie machucalatas que recogimos, es decir, “Nana”, pidió una Chaufa de pescado. Este plato es tradicional del Perú, según la receta tiene influencia de la comida china, contiene pescado en trozos grandes frito y al parecer envuelto en algún apanado, arroz frito oscuro seguramente por la salsa de soya, trae cebolla china, pimentón rojo y verde en trozos que le da mucha vida al plato, l aromatizan con aceite de ajonjolí y para la presentación le agregan unas tiras de yema de huevo fritas o asadas en plancha. Cómo les dije, mis ángeles me tenían que dar la comida en la boca, por tanto lo probé y con toda seguridad les puedo decir, que era uno de los mejores platos que había en la mesa, delicioso. La niña, como pueden ver, es de buen comer, pero apenas para el tamañito, por tanto, se hizo matar y comió un poco más de la mitad, el resto… ¿adivinen quien se lo terminó? Pues el marranito que vive debajo del friegaplatos de los Picapiedra.

Arroz con Marisco
Xiomy, la niña de la sonrisa con brillito de cómic, me tenía preocupado, porque me contó que algunas veces hay que darle la comida, y para hacérsela llegar hay que tirársela con cauchera y lo peor es que le llega vinagre de lo alta que es la condenada, pero en este caso no fue así afortunadamente. La niña pidió un Arroz con marisco. Este plato tenía mucho sabor, el color es muy gástrico y es muy sabroso, trae mariscos, pulpo, calamar en anillos, arvejas, zanahoria, cebolla, salsa de coral, un ligero sabor a vino blanco, queso parmesano y adornada en el tope con una almeja (creo estar en lo correcto con el nombre de este molusco marino). Rico, ¡rico!

Chaufa de Marisco
Diana, pidió una Chaufa de marisco. Este plato es muy similar al que pidió Nana, pues está hecho con la misma técnica, tiene la influencia china de la que les hablé, con el arroz frito y todo aquello, solo que no trae pescado apanado sino, mariscos, ya saben, pulpo, anillos de calamar y en el tope trae una almeja.

Pescado a la Chorillana
Ingrith, la que parece que se estuviera chupando dos confites a toda hora, uno en cada lado, orgullosa de lo que había logrado con el pescado crudo, y aprovechando que no estaba la mamá para “jorobarle” la vida, se decidió por un Pescado a la Chorillana. Este plato consta de un filete de pescado de carne blanca, muy suave, jugoso, cocinado en una salsa de cebolla, tomate y ají amarillo. Tiene un sabor medio a pesar del color amarillo fuerte que le da el ají. Viene acompañado de arroz blanco y unos palitos de yuca fritos, crocantes, que tuvimos que compartir porque todos querían probar.

Andrés Toro, alías el profe, se decidió por el plato más especial de la casa, el recomendado, el más pedido, un “Macho”…  aquí es cuando me desquito, cuando les hago retorcer la conciencia a todos los malpensados que pudieron creer cualquier otra cosa al leer el título de esta entrada. Un “macho” mis amigos de mentes oscuras, es el plato más pedido de Puerto Mánkora, "Pescado a lo macho", que consta de un filete de pescado también, muy suave, cocido en una cremosa salsa de mariscos, de un color ocre profundo, fuerte, consistente, picante a ratos pero en ningún momento irritante, todo lo contrario, lo que hace es estimular el estómago para pedirte más. Esta sensación la calman lo sabores más neutros, más alcalinos si me lo permiten, del arroz blanco que lo acompaña y de las yuquitas, que cómo les dije, compartimos con las otras “boquiabiertas” antojadas.


Comiéndome un Macho con
cuatro nenas...  Feliz
Salí entonces con cuatro hermosas acompañantes al restaurante Puerto Mánkora, con las cuatro Ángeles de Salí. Cuatro nenas a mis pies, dispuestas a complacerme en todo lo que a salidas gastronómicas se refiere. Yuquita va, yuquita viene, “profe, cómase mi almeja”, “profe venga yo le pruebo el pescado”, “tranquilo, yo no fui capaz de terminar, termine usted”. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Ya dejando la charla y poniéndome muy serio, con todo el respeto que me merecen mis alumnas a las que tanto quiero y enaltezco. A las que les agradezco por haber sido tan atentas y de las que espero hayan aprendido alguna cosita, y que estoy seguro van a ser unas grandes profesionales de la publicidad. 

Los Ángeles de Salí

Salí a despedir semestre y obtuve una tarde de sábado deliciosa, llena de buena comida pero en especial, rodeado de cariño y de buena energía. Por eso te puedo decir a vos Salí a Puerto Mánkora en el Mall Villa Grande, andá un sábado, un domingo, un día de semana, porque sí, porque tenés hambre, porque vas a celebrar algo especial, pero la mejor excusa es porque querés ir a conocer una muestra de la considerada, la mejor comida del mundo, la comida peruana, y en un lugar, dónde sí saben de lo que hacen. Te aseguro, que pidás lo que pidás, o vayás con quien vayás, no te vas a arrepentir.