Nuestro lema

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lunes, 2 de abril de 2012

A COMER Y A ACAMPAR, QUE ESTE MUNDO SE VA A ACABAR


Imagen extraída de
http://revistamirelea.com/2011/12/29/predicciones-mayas-2012/
Este año 2012 tiene a muchos “pringados del techo”.  Y es que esa predicción de los mayas con tanto “dele que dele” hasta en Discovery, ha hecho que incluso los incrédulos empiecen a pensar que hasta aquí nos trajo el río.  Una probable evidencia de lo que digo es que el 31 de diciembre pasado más de uno hizo promesas que difícilmente va a cumplir: “que este año sí bajo barriga”, “que este año sí busco trabajo”, “que este año sí hago ejercicio juicioso”, “que este año sí dejo de fumar”.
Por otro lado, a cuántos conoce usted que han dicho: “como este es el último año, entonces a beber y a cul&#$ que este mundo se va a acabar”. Yo tengo un tío, (saludos a Juancho Carvalho) que me ha confesado el propósito más curioso que he escuchado para este año, me dijo con ese aire solemne que sólo él es capaz de poner: “Andrés, mi propósito para este año, es ayudarle a la FLA (Fabrica de Licores de Antioquia) a conseguir más plata”. Pero esa es sólo una broma…  siii claro, ¡cómo no!
imagen tomada de
http://b4ckin4rt.blogspot.com/2011_12_29_archive.html 
En cualquier caso, se tome en broma o muy en serio, la idea de que el 21 de diciembre el mundo se puede ir al traste con nosotros montados encima, pues bueno, mientras más se acerca la fecha genera más expectativas. No importa la manera, sea una roca espacial del tamaño del estadio de los Yankees, (a los documentalistas les encantan ese tipo de referencias) que “se viene de jeta contra el planeta”, la erupción de todos los volcanes del cinturón de fuego a la vez, o peor aún, la erupción de súper volcán de Yellowstone, un tsunami provocado por el hundimiento espontáneo de las islas Azores que desaparecería a gran parte de América, un invierno atómico, una guerra mundial, un ¡Puf! El fin del mundo que conocemos, es algo que nos inquieta a todos.

El Armagedón ha sido pintado por cada generación de acuerdo a su peor temor y a la capacidad imaginativa de sus mejores exponentes pensadores. En un principio, eran dioses que se enojaban con el hombre y con rayos y centellas nos desaparecían. Luego, imaginamos caballeros armados con espadas, montados en sendos caballos que arrojarían fuego por la boca y matarían con la mirada. Después vimos ejércitos de demonios al mando de un monstruo con cachos y con cola, que encenderían fuego a las ciudades principales. Más tarde el fin del mundo lo representamos con soldados sin rostro, llevando máscaras de gas y fusiles en las manos. Poco tiempo después fueron cientos, miles de bombas atómicas sembrando árboles de fuego en cada confín del planeta. Hoy, posiblemente el peor de nuestros temores es el de perder nuestra capacidad de comunicación; la famosa tormenta solar que destruirá de un todo y por todo, la tecnología a la que le hemos confiado cada aspecto de nuestras vidas.

Bueno, si eso pasara, si nuestro peor temor se materializara, si de un día para otro no tuviéramos más telefonía móvil, no más Internet, adiós a la televisión, chao radio, bye bye fluido eléctrico, lo que implica no más agua potable domiciliaria; si dejaran de funcionar todos los sistemas que conocemos de transporte, no aviones, no barcos, no trenes, no automóviles… ¿Qué sería de nosotros? ¿Qué sería de nuestra cómoda vida moderna? ¿Qué harías?
Algunos científicos dicen que esta situación ya pasó hace unos ciento setenta años, cuando apenas se estaba comenzando a usar la energía eléctrica, y en ese tiempo, se demoraron unos quince años en recuperar las pocas redes que tenían en algunas ciudades americanas. Hoy, superar esa crisis en el mundo tardaría unos cuarenta años.
Si eso sucediera de nuevo, tendríamos que volver a vivir como hace más de doscientos años, es más, creo que sería peor. En todo caso, como mínimo, nos tocaría vivir en un interminable campamento. Sí, todos en carpas o cambuches, porque vivir en casas o apartamentos en una ciudad sin agua es lo menos práctico. Todos tendríamos que migrar al campo de nuevo, cerca de una fuente de agua potable, con tierras cultivables en dónde tendríamos que procesar la comida y cocinar en hogueras.
Así que aquellos a los que no les gusta ir de campamento, llevan las de perder. Materile rile lo. A los que nos gusta acampar, nos va a ir mejorcito en el fin del mundo. ¿O no?
Con un cuento parecido fue que me tocó convencer a mi esposa para que fuera a acampar conmigo la primera vez. Y como van a ver en esta entrada, ahora es una de esas actividades que aparecen en el horizonte cuando hay opciones de vacacionar. Yo, las que no pierdo las empato.

La historia comienza con la programación de las vacaciones de un puente festivo. ¿Qué hacemos? ¿Para dónde nos vamos? Miremos los bolsillos… poco dinero.
Propuesta uno: Salir a comer a algún lugar.  Reacción: Eso nos distrae unas horas, y los otros dos días ¿qué?
Propuesta dos: Hacer un asado. Mucho mejor, pero esto nos entretiene a lo sumo un día, y el otro día y medio ¿qué?
Propuesta tres: Vámonos de “acampada”. Reacción: Ya saqué las salchichas del refrigerador, las arepas están empacadas y le eché hielo a la nevera portátil, ¿a qué horas nos vamos?

Bueno, así, así, no fue. Con Marcela a bordo este tipo de situaciones es imposible, porque con ella siempre hay que hacer dos o tres listas de cosas por comprar, cosas para llevar y lo que falta por hacer dos horas antes de salir de paseo. No sé si recuerdan a Mónica Geller, la de Friends, más o menos así, sólo que Mónica es un poquitito más relajadita. (Hoy duermo en el sofá, pero no importa, todo sea por la verdad, “La Verdad os hará libres”, libres de cobija, de almohada y de dormir en la camita).

En fin. A la hora de escoger el lugar para ir, también hay que hacer una selección muy precisa. Hasta antes de este paseo en particular, Marce sólo había ido a acampar conmigo a tierra caliente, en un paraíso del que tendré que escribir muy pronto, El Cañon del Río Claro. En este lugar las condiciones son muy buenas, el paisaje inmejorable y las comodidades, porque hay campamentos con más comodidades que otros, buenas. Sin embargo, acampar en tierra fría es una cosa completamente distinta. En una entrada anterior a esta, había comentado que en un asado que hicimos en un parque ecológico cercano a Medellín, que se llama Piedras Blancas, yo, había adelantado una investigación de inteligencia. Me había adentrado en la zona de camping de éste sitio y por lo que había visto, me había convencido, de que sería un muy buen lugar para llevar a mi esposa a vivir la experiencia de acampar en tierra fría. Pues sí, esta fue la oportunidad precisa.

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Al Parque entramos ya pasado el mediodía del sábado de ese puente festivo. Al parecer, fue una muy buena decisión ir en la tarde, porque muchos de los visitantes del lugar, ya habían hecho sus asados y estaban preparándose para irse. La zona de camping al llegar estaba casi vacía. Pudimos elegir un muy buen lugar para levantar nuestra carpa. Aquí viene la descripción de las comodidades de un camping. El parque ha organizado una zona amplia y de terreno plano para esta actividad. Esto en primera instancia, garantiza la seguridad. No en cualquier parte se puede armar una carpa. El parque cuenta con celadores que se encargan de vigilar las cercanías y el propio campamento.

Para continuar con la descripción de las comodidades, el lugar que elegimos estaba a unos pasos de una de las llaves de agua potable que están dispuestas por todo el parque. Esto nos garantiza agua para cocinar, lavar los platos, lavarnos las manos, y todo sin tener que movernos mucho. La otra comodidad, que es fundamental en un campamento donde hay niñas, es el baño. Nuestra carpa estaba a unos trescientos o cuatrocientos metros de una batería dispuesta con varios sanitarios, unos para niños y otros para niñas y con duchas. 
Además, el parque ha dispuesto un espacio muy bien demarcado para cada campamento, con unas zanjas que drenan el agua, en caso de lluvia y con un fogón con hornilla individual. Esto facilita las cosas. Como si fuera poco, los guardabosques del parque, se encargan de suministrar a cada campamento la leña con la cual se deben encender las hogueras, lo que garantiza suministro pleno y evita la tala indiscriminada por parte de los acampados. Por último, a poco menos de unos diez minutos de caminata, dentro del mismo parque, hay un restaurante en el que te venden desde una comida bien preparada, hasta una caja de fósforos para encender fuego. Mejor dicho al que quiera más, que le piquen caña.

Para describirles la experiencia, podría decirles qué, todo paseo comienza cuando se sale de la casa, pero toda acampada comienza, cuando se está armando la carpa. Esa actividad me pone en contacto con ese neandertal que habita en mí. Ese que tiene que proveer de techo a su clan, el constructor que con palitos y hojitas protege lo que más aprecia. A mí en lo personal me gusta poner entre el suelo y el piso de la carpa un plástico para evitar la humedad directa de la hierba. Luego armo encima la carpa asegurándome de usar todas las varillas y cables que traiga. Si están ahí es por algo y ese algo tiene que ser una cosa muy horrible que tuvo que haberle pasado a algún “pendejo” en algún momento en el que no lo tenía. ¿O no?
Ya con la carpa armada, lo que sigue es garantizar que por la noche, se van a pegar los ojos. La dormida es fundamental y en especial que sea lo más cómoda posible. Para eso nos conseguimos un colchón inflable que tiene su propio inflador, pero en este caso, el propio inflador fue ESTE PECHITO. Casi se me salen los ojos, me tuve que tomar un “mareol” para terminar de inflarlo, porque es que para el montañero la ciudad es muy horrible y sólo después de que había soplado como un condenado, me di cuenta de que el bendito colchón a punta de “patadas” infla casi solito, lento, pero infla sin tener que marearse de tanto soplar.
Con carpa armada y colchón inflado es cuando Marcelita se encarga de hacer de una telita con unas varillitas, lo más parecido a un hogar. Destinar un sector para cada cosa tiene su ciencia. Uno para la ropa limpia, otro para los zapatos, otro para la comida, en fin.

La noche nos cayó rápido encima y como no estaba haciendo hambre todavía, optamos por caminar y relajarnos. La Gertru se la gozó desde el principio hasta el fin y fue ella quien nos indicó hasta dónde y cuánto tiempo debía durar el paseo. La naturaleza poco a poco fue aplacando al animal citadino que llevamos dentro, la luna llena y el frío nos mandaron a dormir temprano y aunque no lo crean, lo único que hicimos de comer antes de ir a dormir, fue asar unas salchichas, comérnoslas con pan y queso y para tomar nos calentamos un delicioso chocolate. 
Cabe anotar que Piedras Blancas está a unos dos mil quinientos metros de altura y el frío en la noche es de unos diez grados centígrados, así que por más parrandero que uno se sienta, estar afuera no es una opción muy atractiva.
Dormir con esta temperatura tan baja es muy agradable y cuando se cuenta con buen abrigo y una cobija apropiada, en este caso, con orejas, es mejor. No sé ustedes, pero el frío a mí no me pone… cómo decirlo… travieso. No, me hace, por el contrario, más “aletargadito” por decirlo de algún modo. Sin embargo, lo que yo no sabía hasta ese momento es que a “otras”, sí las hace más… necias… ya ustedes me entienden. En fin, lo que quiero contarles es que a mitad de la noche, cuando no se veía ni para conversar porque estaba muy oscuro, comencé a sentir como una mano “juguetona” me recorría desde los pies hacía arriba. Muy lentamente, tomándose su tiempo, sentí como los dedos peludos de la mano de mi esposa me recorrían todito. 
Tecla, la araña,
Como no se detenía en ningún lugar en particular, la dejé hacer. Entonces llegó hasta la altura de mis hombros y poco a poco cada uno de sus dedos carrasposos me comenzaron a hacer cosquillas en la cara. Primero uno que parecía ser el meñique, luego otro, y después un tercer dedo más grande, y siguió el cuarto, y el quinto, después el sexto y luego el séptimo dedo y por último el octavo. Ahí yo ya estaba dispuesto a todo, todito, esos dedos peludos en mi boca, mi nariz. Hasta que me puse a reflexionar y apartando la cachondez me dije a mi mismo: “mi mismo ¿Marcela tiene los ocho dedos de la mano peludos?  Un momento, Marcela no tiene pelos en la mano… espérate, Marcela no tiene ocho dedos…  ¡Pendejo nos comió una araña!”.

Desde esa noche, Tecla, la araña, le pusimos así en honor a la de la abejita Maya, nos acompañó como otra más en el campamento. Andrés a la izquierda del colchón inflable, Marcela al derecho, Gertrudis en la mitad de los dos para que no entre frío por ningún costado y Tecla donde le diera la gana.  Obviamente no espero que se coman este cuento, pero no pude evitar inventarme esta historia tan divertida pensando en una araña que nos encontramos en el paseo nocturno con Gertrudis, eso sí, a varios metros del campamento.

Cuando se acampa se madruga. No sé si es el frío, lo mucho que se extraña la camita, las ganas de disfrutar el día de campo o el hambre. Así que una de las primeras actividades que se realizan es encender fuego.
 El desayuno tiene que ser trancado, no por nada es la comida más importante del día y como ya de por sí, acampar tiene su cuota de sufrimiento, por lo menos en la comida no puede ser uno de los puntos en que se sacrifique algo. Esa mañana la idea fue comer con todas las de la ley. Huevos revueltos con tomate y cebolla, arepa, quesito, salchicha ranchera, galletas de soda con mantequilla y chocolate con leche en polvo. Al día siguiente se varió un poquito el menú, la infaltable arepa fue acompañada por un pandequeso, morcilla, huevo,salchicha, una lata de frijoles con tocino y por supuesto chocolate. Nada mal ¿no?

El tiempo parece detenerse en este tipo de paseos y se puede disfrutar de hacer nada o de inventase actividades en los que se use poca energía. Por ejemplo juegos de mesa como la batalla naval o cartas o yenga, leer, buscar figuras e las nubes o dormir una siesta, en lo que Gertrudis es una campeona.

Hablado de Gertru, en este paseo en medio de una caminata por el parque, nuestra pequeña pilla peluda consiguió muchos amigos, la mayoría de su misma raza,  pero en general, son muchos los dueños de perros, que tienen como opción ir a disfrutar en familia de las actividades y espacios que ofrece el parque. Una actividad precisamente era una revista de perros entrenados por la policía, entre los cuales había uno muy especial, cuyo nombre recuerdo muy bien; Matías. 
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Este oficial de la policía perruna, se enamoró de Gertru y cada vez que hacía un número, en vez de ir por la golosina que le daba su entrenador, iba y le daba un beso a mi “gorda”. Nos Salió coqueto el “polocho” y muy selecta la muchacha de la casa.

Un buen plan para el almuerzo en pleno campamento fue hacer un asado de carne de cerdo y costillitas. Arepa o pan y gaseosa para acompañar. Con eso y un biscocho, se tiene hasta las ocho.

Para resolver el dilema de qué hacer un fin de semana festivo, Salí con mi esposa y con Gertrudis de campamento. Fuimos al parque Ecológico Piedras Blancas, e hicimos un curso de paleta con las bajas temperaturas de Santa Elena, pero nos la gozamos hasta más no poder. Comimos bien, dormimos bien, respiramos aire puro y comulgamos con la naturaleza hasta aplacar el animal citadino que tenemos dentro.
 Por eso puedo decirte a vos también con toda tranquilidad, Salí, al parque Piedras Blancas o cualquier otro lado en el que podas acampar, a vivir la aventura de respirar aire puro. Hacélo y no te arrepentirás, porque como mínimo, te estás entrenando para un supuesto fin del mundo. 

2 comentarios:

  1. Muy buena nota, y la verdad te apoyo totalmente, esta semana santa me voy acampar con mi esposa a cualquier lado, Si tenes algún recomendado fuera de piedras blancas te agradezco. y si te interesa nos ponemos de acuerdo y armamos plan. mucha suerte.

    Julian Perez
    Profesional Gastronómico
    Docente CMA

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  2. ¡Hey Julián! me alegra mucho tu comentario, pero me alegra más saber que una persona como vos me está leyendo. Yo también soy seguidor de tu Blog y ya tengo varias ideas para cocinar esta Semana Santa. Viejo, te recomiendo el cañon del río claro, http://www.rioclaroelrefugio.com/ es espectacular. Si quieres otro lugar más cercano, se pueden ir para la hacienda la manuela en San Pedro de los milagros: http://www.vialacteaparquetematico.com/ pero hace un frío del patas. Esta vez no te puedo parar las cañas porque tengo viaje programado para San Carlos, pero me gustaría mucho conocerte y hablar de la pasión que tenemos en común. Saludame a Andrés, ¿es tu hermano verdad?

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