Nuestro lema

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martes, 13 de marzo de 2012

ME ANTOJÉ DE “PESCADO CRUDO PARA IR”. SALÍ A SUSHI TO GO

Como es de raro tener antojos ¿o no? Es decir, a veces parece que por obra y gracia del espíritu santo a uno se le mete una idea en la cabeza de "querer comerse alguna cosita". No sabemos qué es, a veces es un olor. “¡Hummm! Me olió como…  a los pandeyucas que hacía mi abuelita cuando yo tenía como cinco años, ¡ay yo quiero un pandeyuca!. Vamos para la panadería”. Claro que no en cualquier parte los hacen como doña Esneda. Yo me antojo de esto cada vez que voy al éxito y paso por “Punto Caliente"

Otras veces puede ser una imagen: “¡Uy! ¿Viste ese perro caliente que publicaron en estos días en un Blog muy bueno de comidas? ¿Viste esos huevitos de codorniz? Vení, vamos a comernos uno”. Ahí si tocó volarse para la Villa a comérselo. Pero me gustó mucho el comentario del Blog, me suena, me suena.
Lo más gracioso es que, a veces, cuando te estás comiendo algo, eso que te estás merendando te recuerda otra cosa completamente distinta y ahí llega el antojo: “Gorda, esta arepa con mantequilla me recuerda esa langosta al termidor que nos comimos en la costa hace tres años ¿te acuerdas?  -¡No pendejo! No me acordaba, pero gracias por el recuerdito, justo ahora que estamos comiendo arepa con mantequilla porque no hemos mercado y la nevera la podemos usar para guardar ropa”
Y a veces, ni siquiera es algo que esté relacionado con comida, como por ejemplo ir donde el oftalmólogo. Cada vez que voy al el "ojólogo", es decir, médico de los ojos, me antojo de comer buñuelo, pero del grande, con gaseosa Premio…  Si, así es, pero saben por qué, porque cuando era pequeño, me tocó ir mucho al consultorio de un oftalmólogo, bueno, yo creo que al de todos los que había en Medellín, que en esa época quedaban en el centro y mi mamá, cuando salíamos, siempre me llevaba al LEY, un supermercado muy famoso y me compraba un buñuelo con Premio.
Pero la situación más común de todas es el siguiente: “Amores, tengo un antojo. –Sí ¿tan raro? ¿Y cómo de qué? –No sé, como de algo distintico. – ¿Pero de qué? –Algo rico, no sé…”  Que desasosiego, sentirse así o que la persona con la que vas a comer algo diga eso.  Lo verraco es que preciso es cuando más hambre se tiene, fijo, fijo, el día que no se almorzó. En fin, para resumir el caso, en estos días me pasó igual, y para resolver este dilema de difícil solución, me fui con la Marce, “a ver de qué nos antojabamos” o mejor dicho, con qué quitabamos este antojo de “no sé qué”.
Terminamos en el Mall de San Lucas y aunque estaba muy tarde, eran más de las diez de la noche de un jueves cualquiera, caminamos con desgano para ver qué nos llamaba la atención. Terminamos sentándonos en el lugar que menos podría haber pensado, en “Pescado crudo para ir” o Sushi To go para los más internacionales.
No más sentarnos la experiencia de un día de antojos desprevenidos comenzó. Un joven mesero se nos acercó y nos dio la bienvenida, aunque creo que era en realidad el kokku, el cocinero, otra para los internacionales. Inmediatamente una niña muy linda, esta vez, si la mesera, nos trajo la carta que les confieso me abrumó con verla.
Muy colorida pero muy pesada, es decir, está tan llena de cosas, formas, colores, información en letras, números que me dificultó la tarea de elección. Pero como no soy bobo, se me ocurrió una brillante idea. Así como quien no quiere la cosa, le dije a la niña que me recomendara algo. Gracias a los consejos de la mesera hicimos un pedido que combinaba las dos formas que existen para comer sushi. La “amateur”, que es la que trae mariscos y o pescado cocido y la otra forma es la “avanzada”, a lo Smeagol, el del señor de los anillos, con pescado crudo.
Justo cuando íbamos a comenzar a despellejar prójimo, es decir, en menos de cinco minutos de espera, el Kokku nos trajo a la mesa un regalo de la casa. Un pedacito de cielo apanado, un rollito de paraíso desmechado, una delicia que tenía carne de cangrejo, con algo muy parecido en el sabor y la consistencia al queso crema, ajo, soja, miel y algo crocante encima, creo que eran semillas de ajonjolí. Estaba caliente, perfectamente concebido e inmejorablemente presentado en una especie de hoja de alga muy elegante.
Sinceramente ya no quería que me trajeran el pedido, quería más de ese entremés, pero ni siquiera nos dejaron pensar, en un instante ya nos estaban sirviendo en la mesa el plato que habíamos pedido. El servicio fue muy eficiente, no lo puedo negar. Los rollos que ofrece Sushi To go tienen todos el nombre de un país o de una ciudad. Nosotros pedimos un Acapulco y un Tokyo.
La presentación es hermosa, o por lo menos a mí me lo pareció, porque la manera en la que combinan los colores, la forma en la que prensan los ingredientes y luego cortan los rollos, además de provocar por lo deliciosos, se me antojan artísticos, estéticamente bellos, culinariamente deliciosos, son como arte para comer. Los ingredientes son muy variados y no creo recordarlos todos, lo único que puedo recordar son todas esas texturas apoderándose de mis papilas.
Algunos sabores que recuerdo son: salmón por supuesto, atún, anguila, queso, aguacate, arroz, algas… ¿necesitan más?
En otro plato te traen unos platitos pequeños con salsa soja, una salsa de la casa que es la locura, nunca pensé que diría esto de algo hecho con miel, pero sí; y jengibre rosado, que no sé cómo lo preparan para que se vea y sepa así. Lo que seguía era pedir palitos, enredarse un poquito mientras se le coge el tiro, dos o tres madrazos cuando se te caiga la comida antes de llegar a la boca y listo. Barriga llena y corazón contento.
Me dio un antojo en uno de esos días en los que uno no sabe ni qué quiere y me dejé llevar por el instinto, Salí dispuesto a que me sorprendieran y en Sushi To go lo lograron. Qué buena atención, qué buen regalo el de los palmitos de cangrejo, qué buen consejo el que nos dio la niña que nos atendió y qué buena salida la que nos dimos. Por eso tengo derecho a decirte; Salí vos también, antojate, dejate tentar y llevar por el instinto y a lo mejor terminás en un lugar tan bueno como este que te recomiendo. No creas, comer pescado crudo con arroz tiene su encanto, no por nada ese tipo de cocina tiene más años que la nuestra.