Nuestro lema

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domingo, 26 de febrero de 2012

ME COMÍ UN PERRO, DE ATAQUE

La Gertru.
Mi compañía mientras escribo
Siempre he escuchado historias de cómo los chinos incluyen en su menú diario, ingredientes que nosotros como occidentales no aprobaríamos y mucho menos probaríamos. Vegetales, plantas, hierbas, insectos, arácnidos, gusanos y animales de cualquier tamaño y especie que ni siquiera sabemos que existen y otros cuyo conocimiento de su existencia es precisamente lo que nos impide comprender su consumo por parte de los habitantes del gigante asiático. 
 
Probablemente con los vegetales no tengamos problemas,  es más, poco a poco nos han enseñado y nos han aportado algunas cositas que ni pensábamos que consumiríamos tan tranquilamente como las raíces de algunas plantas como las del cilantro o el jengibre. Recuerdo que mi abuela, incluso mi mamá cuando cocinaban con cilantro, cortaban las ramitas desde las hojas, las cuales picaban para la ensalada o la vinagreta y los tallos y las raíces se iban para la basura, eso no ha cambiado mucho, pero vamos de a pocos, porque mi mamá se volvió experta cocinando raices chinas. En cambio los orientales hacen todo lo contrario, cortan desde las raíces las cuales usan casi enteras y los tallos junto con las hojas se van para la basura.
Sin embargo, para un colombiano como yo, la idea de comerse una abeja, una araña peluda o un escorpión en palito, asado o caramelizado… ahh, no sé, de pronto hasta me arriesgaría. El único problema sería sentir las paticas peludas engarzadas en media garganta, o en la epiglotis, y me atemoriza un poco el relleno (no puedo dejar de recordar a Timón, el suricato de "El rey león", apretando un cucarrón y diciendo, “viscoso pero sabroooosooo, ¡hummm!, el relleno de crema verde”).  
Hace poco una de mis tías maternas estuvo en un viaje por Beijing y me cautivó con las historias de su visión de la grieta cultural que nos separa de los hermanos asiáticos. Al preguntarle por la comida, me confesó que jamás se atrevió a comer fuera del hotel en el que se hospedaba, pues cuándo alguien de la excursión con la que ella iba, preguntó por la comida y su fama entre los occidentales, uno de los guías con un poco de humor internacional le contestó que por cultura, los  chinos comían, “todo lo que tiene patas, excepto las mesas, todo lo que nada, excepto los barcos y todo lo que vuela, excepto los aviones”. 
Gertru es un perro
 ¡DE ATAQUE! querida
Sin embargo, hay un ingrediente al que considero un completo tabú, uno que no soporto siquiera considerar; Comer perro. Es que… no me es posible, me produce tanta aversión, me inquieta tanto el alma, me trastorna tanto la idea, que estoy escribiendo un libro cuyo detonante es ese precisamente, la venganza de un hombre al que se le comen su mejor amigo. A propósito, espero que usted sea uno de los primeros que lo lea. Además aprovecho para hacer una aclaración, en realidad, son los coreanos los que consumen perro, los chinos también, pero son  los coreanos los conocidos por sus granjas de “canicultura de consumo”, crianza de unas razas especiales de perros para el posterior consumo de humanos.
Gertrudis
"mi nena de la casa"
Esta entrada entonces tiene por supuesto otra historia, otra intención. Perro de ataque es muy diferente a perro, ¡de ataque! Me explico, las mujeres paisas, por lo menos las mamás y las tías cuando quieren expresar por algo, su entera aprobación y combinarla con admiración dicen que “eso está de ataque” o “está de muerte” o “está de infarto”, así que habiendo aclarado esto, creo que ya saben “por dónde va el agua al molino”.
En ocasiones me pica la tripa por algo especial, algo que no tenga nada de gourmet, nada de preparaciones complejas o de expertos cocineros que han estudiado en escuelas de cocina, técnicas para picar, vaporizar, saltear, en fin. Margarita es exigente en estos casos en cuanto a sabores sencillos y cantidad perfecta. Esto sin contar con que se me antoja recordar viejos tiempos. Épocas en las que comer fuera de la casa significaba comida de bajo presupuesto y con toda seguridad, caminar para volver a casa. Comida rápida callejera.
Lo mejor para comer una noche
de fin de semana
Para los fines de semana en las noches nos gusta con mi esposa comer algo distinto, pero sobretodo algo que no hayamos tenido que cocinar nosotros. Este fin de semana no fue la excepción. El sábado en la noche a Marcelita le entró un antojo; “yo quiero perrito de la Villa” me dijo. Y aunque ya estaba entradita la noche, los pijamas estaban haciendo su trabajo y ya hacía rato que estábamos pidiendo pista para aterrizar en brazos de Morfeo, la idea no me pareció tan alocada.
Pilón o los perros de Jaime
Cuarenta minutos después estábamos aparcando en uno de los parqueaderos laterales de “La Villa de Aburrá”, un complejo de apartamentos con una amplia zona comercial, que cuenta con muchas opciones para comer, beber o simplemente pasar un rato. Este lugar es muy frecuentado los fines de semana por jóvenes en las noches y a veces, en las inmediaciones no hay lugar para dejar el vehículo. El lugar al que vamos es un carro de perros que visito desde que era un adolescente. Es el que está ubicado debajo del puente peatonal que atraviesa la Avenida Ochenta en el costado de la autopista que va de norte a sur.
Ya perdiste amigo
"gas que pa' dentro vas"
Aún recuerdo la primera vez que llevé a Marce. Éramos novios, yo me transportaba en una motoneta Plus, tenía poco dinero y ella no veía nada de atractivo comer en la calle, como buena “niña pupie”. Hoy por hoy, es ella la que pide que la lleve. Conclusión; Juzguen ustedes luego de que los prueben.
Perro de la villa de Aburrá
Lo que tienen de especial estos perros es que son de muy buen tamaño, nada extraño hasta ahora porque podríamos decir que en eso son iguales a los demás. Traen una salchicha hervida en agua que duplica su tamaño por el calor y la hidratación, aún nada diferente. Luego de poner la carne en medio del pan agregan una ensalada de repollo, ripio de papa frita tipo botana, tocineta sofrita en plancha en porción generosa, salsa rosada, mostaza, kétchup, salsa de piña y lo mejor, lo que me parece que hace la diferencia, queso cremoso derretido en la plancha donde han sofrito la tocineta, que luego desparraman hasta el punto de cubrir, casi envolver totalmente el perro caliente.
Por último, un detalle de fina coquetería, la cereza sobre el pastel, mejor dicho, los tres huevitos de codorniz sobre el perrito, que de perrito no tiene nadita. Una gaseosa para pasar ese trago amargo y quedamos listos, barriga llena y corazón contento. 
Así pues que este fin de semana me dejé tentar por la propuesta de mi esposa y decidí retrasar mi entrega en brazos de Morfeo. Salí y crucé la ciudad para comerme un delicioso perro caliente que estaba “de ataque”, hice feliz a mi esposa, a mi hijastro Daniel, a mi nena Gertrudis y fui muy feliz a la vez. Por eso te puedo aconsejar; Salí y te comés un “perrito de la Villa”, ya sea que estés en la casa pidiendo pista para dormir, hayas salido de una rumba y necesités comer a altas horas de la noche o la madrugada, no tengás ganas de cocinar o simplemente quieras comer algo sencillo pero rico, algo tan rico que hasta a las niñas “pupies” les gusta. Un perro ¡de ataque! de la Villa.

2 comentarios:

  1. Jejejeje, que humor tan bueno por Dios!!

    Me gustó la foto del perro :$

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    1. Hola Sauvernia. Que grato encontrar este comentario. Muchas gracias, claro que le voy a confesar algo, no sé si creerle lo del humor, es decir, no sé si es verdad o se está burlando de mí, en el buen sentido por supuesto.

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