Nuestro lema

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domingo, 1 de enero de 2012

MES AMIS AU REVOIR. SALÍ A LA PARÍS

Por allá en el siglo XVIII se inventaron el mejor “emboba bobos” que existe. Estoy seguro de que muchos no van a estar de acuerdo conmigo en el concepto que expongo y que van a defender a capa y espada a este bocadillo que se convierte hoy en el tema del Blog, pero eso no hará más que confirmar mi idea. Sin embargo no quiero ser malinterpretado, no les estoy queriendo decir bobos ni mucho menos a los que no estén de acuerdo conmigo, para nada, es más, yo en este caso soy un aficionado a ser “embobado”, me “embobo” a mí mismo constantemente con este tentempié; en lo que probablemente no me van a acompañar es en que para mí, un sánduche o Sandwich o emparedado, no es “una comida”… es un refrigerio, un aperitivo.
Para hacerme entender, los invito a imaginar la siguiente situación: acabas de terminar un largo día de trabajo, para ajustar, tenés que ir a recoger a la “señora” porque  hay que ir a resolver dos o tres cosas, “hacer vueltas” como decimos los paisas; aguantaste pacientemente trancones, taxistas ventajosos, motociclistas faltos de instinto de conservación, calor, ruido, caos y lo peor de todo, HAMBRE. Llegás a la casa con ganas de quitarte los zapatos, de empiyamarte, de comer, y cuando te llaman para ir a la mesa, te salen con un sánduche de comida…  ¡no joda! A mí me late que me están embobando ¿o no?
Ya sé, este concepto es de un montañero de pura cepa, levantado a punto de sopa, con arroz y mínimo un huevo frito para la comida, y eso que no pido frijoles todas las noches como mi abuelo materno Jesús María Carvalho, que no aceptaba sino unos “boñuelos” y dos empanadas con chocolate los domingos, eso para dejar descansar a la “pitadora” un día (olla a presión u olla atómica como le decía mi abuelita en la que se hacen los frijoles). Pero eso sí, “demalas” si mañana es festivo, “frijoles para la comida mija me hace el favor”. Por eso, cuando me dan emparedado para la comida, me toca hacerme una sopita más tarde.
Pero denme crédito, la idea de sánduche a la que me acostumbraron desde pequeño es un tanto sencilla, es más, raya con la frugalidad. Mi mamá me mandaba para el colegio con un tipo de estos refrigerios que es conocido como “sánduche de pobre”, cuyos ingredientes son, pan blanco tajado, untado con mantequilla, quesito, mortadela en lonja delgada, y nuevamente untado en mantequilla en el exterior para que se dore al asarlo en una sartén especial con mangos de madera, que lo comprime, lo deja delgado y crocante y le hace unos surcos que me saben a mamá. Es delicioso, pero se tiene que hacer con quesito, no con queso, ojo.  
Atención, este tipo de sánduche no es igual al “sánduche de estadio”, denominado de esta manera porque lo venden en inmediaciones de estas instalaciones deportivas y/o en eventos masivos como conciertos, corridas de toros o reuniones religiosas masivas. La diferencia entre estos dos tentempiés radica en unos pequeños e insignificantes detalles, por ejemplo, ambos se hacen con pan blanco tajado, sólo que el del estadio puede presentar cierta dureza en los bordes y coloración verduzca en algunos lugares la cuál es en ocasiones arrancada a pellizcos. Ambos llevan mantequilla en el interior, sólo que la del estadio parece un rastrillón de los que queda cuando uno está limpiando el cuchillo para lavarlo. En algo que coinciden también es en la lonja de mortadela, sólo que la del estadio a primera vista parece ser más generosa, pues se nota como se “desparrama” por un borde, este detalle es el que te anima en definitiva a comprarlo. Y finalmente, el quesito, o queso, que es inexistente en el bocadillo que te venden en los eventos masivos. Éste, por cierto, viene envuelto en servilletas y luego re envuelto en plástico de cocina; son dos o tres vueltas en este material, la razón de este procedimiento me imagino, es para que luego de pagarlo, te demores suficiente tiempo en destaparlo y darle ocasión al vendedor de desaparecerse entre la multitud, para que no puedas reclamarle, cuando te des cuenta al separar los panes, que la mortadela viene cortada por la mitad y la han puesto de esa forma para que se vea por un costado de manera generosa. ¿ingenioso o no? Pero como dice el Suso, ¡Qué maldita ira!  

Conde de Sandwich
Tomada de un
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Pero hoy les voy a contar sobre sánduches distintos, tanto que me hicieron hasta cambiar un poquito de opinión. Parece que mi idea sobre esta comida estaba algo desenfocada, y todo por falta de mundo, vuelve a salir el montañero que hay dentro de mí. Resulta que un señor que era adicto al juego, por allá en mil ochocientos setenta y algo, un tal John, conde de Sandwich hambriento, en medio de una partida de cartas, le pidió a uno de sus sirvientes que le llevara el almuerzo a la mesa de juego, al ver que era un generoso pedazo de roast beef (algo así como carne rostizada) con ensalada de lechuga, el conde, para no complicarse la vida, tomó un pan, lo cortó por la mitad, puso la carne en medio, le sumó las ensalada y ¡Voila!, comida de calidad, rápida y que no ensucia los dedos para poder seguir cogiendo las cartas. Fue tan buena esa idea, que no le faltaría en sus partidas de naipes, además el conde escribió en su testamento que le heredaba a la humanidad, el “SANDWICH”.
De allá, hasta acá, por todo el mundo se han creado versiones de todo tipo, con la más variopinta clase de ingredientes, es más, este tipo de comida ha llegado a ser incluso indispensable para algunas culturas. Hace poco escuché de un estudio que determinó que tan solo en Inglaterra, unos trece mil millones de sánduches son consumidos al año.
Pues bien, hace poco, luego de algunas maniobras evasivas,  mi esposa logró convencerme de ir a comer sánduche a un lugar especializado: La París. En esta ocasión fui convencido porque el local se encuentra en el Mall comercial San Lucas, del cual les conté en la entrada pasada y siempre pensé que si la oferta de sánduches no me convencía, habría otras opciones.
Esa noche había un partido de fútbol importante, no tengo idea de cuánto, ni de qué equipos se disputaban qué, en todo caso, todos los restaurantes tenían las pantallas dispuestas para verlo y en una de las mesas a mi lado estaba “el profesor Maturana” con otros dos señores, que según me dijo mi esposa, eran dueños de equipos, o eran importantes en ese mundo de taches, escupitajos, agarrones de escroto frente a las cámaras y uno que otro gol. En fin, eso no era lo importante, lo realmente importante era, dejar contenta a “Margarita”, y no tener que llegar a la casa a hacer sopa más tarde. Mi esposa, que conocía previamente el tipo de comida que sirven, me recomendó un emparedado que se llama, París especial, mientras que para ella pidió un París tradicional. Dos gaseosas completaron el pedido y como lo hicimos directamente en la caja, al pagar la niña que nos atendió nos pidió que esperáramos en la mesa, porque allá  nos llegarían con el servicio.
En tanto, nos sentamos a conversar. Juro que traté de ser la mejor compañía esa noche para mi esposa, conté chistes, propuse temas de conversación inteligentes, luego otros no tanto, hasta que llegamos al prójimo, despellejar prójimo es sabroso, no me vayan a decir que no, hasta el profe Maturana cayó ahí; como está de viejo, que está muy canoso, que es igualito a la mamá, en fin. Les digo que traté de ser buena compañía, porque era eso, o ver fútbol. ¡Carajo!, tenía que ser buena compañía. Imaginen cuánto pudimos hablar, que me tocó ver fútbol; un ratico, hasta que me desesperé, un buen sánduche puede ser muy bueno, pero no creo que para hacerlo se demoren lo que se demora el primer tiempo de un partido. Mi esposa se fue a averiguar, sobretodo porque yo le dije que veía al “maestro sanduchero” muy relajado, viendo el partido, hablando por celular…  resulta y sucede que se les había olvidado nuestro pedido. ¡Qué belleza!   
Tradicional con pan danés
Yo ya estaba algo molesto, pero un poquito nada más; tenía hambre, me habían ignorado por más de cuarenta minutos, no estaba muy convencido del tipo de comida que iba a ingerir, pero lo peor era que me habían obligado a ver fútbol, y eso, para mí, es imperdonable. Cuando me paré indignado a pedir la devolución de mi dinero, mi esposa, que estaba conversando con la administradora, vino hacia mí y me dijo que estaban muy apenados y dispuestos a resarcir su falta, no cobrándome el sánduche más costoso, es decir, el mío. Yo ni siquiera había escuchado la oferta, pero al ver la cara de mi esposa, quien quería que la experiencia de comer sánduche fuera distinta para mí, pues, lo consideré y acepté.
Especial con pan focaccia
Unos pocos minutos después, llegaron los tan esperados sánduches. Aunque ya la experiencia había comenzado mal, parece que el maestro sanduchero, se esforzó un poco más de lo normal y con solo el primer mordisco mi semblante se transformó.
Seis carnes, tres quesos
El París especial, mi pedido, estaba conformado por pan focaccia; ese es el que escogí de las tres opciones que te dan al armar tu pedido. Lleva seis tipos de carne, tres tipos de queso, lechuga crespa, tomate y una salsa de la casa que untan en el pan. Que les puedo decir, estaba delicioso, tanto que me entregué a la experiencia. La química comenzó a surtir efecto y me transformó todo en gozo, tanto que se me olvidó el fútbol. El pan es maravilloso, tiene especias, es esponjoso, suave. Las carnes y el queso son muy sabrosos, cada mordisco es distinto, porque a veces hay más de uno que de otro, pero siempre son generosos, por tanto, no hay forma de aburrirse. Lo recomiendo. En serio.
Tradicional con roast beef
El París tradicional también es riquísimo, la carne es roast beef, creo, aunque trae una salsa que la hace más jugosa y más apetitosa. El pan que mi esposa eligió para su sánduche es el danés, este pan es cuadrado y esponjoso, sabe a pan, y hago esta apreciación porque el mío además estaba aliñado con especias, lo que le daba un sabor adicional. Como la carne es generosa, cada mordisco se siente lleno de sabor en la boca. La carne es jugosa y combina muy bien con la ensalada y la salsa de la casa. En general, es una muy buena opción.
 Por fin salí a comer sánduche, le hice caso a mi esposa y aunque en un principio la experiencia no pintaba bien, terminé con una idea transformada de lo que significa este tipo de comida. Siempre pensé que un sándwich iba a ser algo metido entre dos panes, que va a saber a lo mismo mordisco a mordisco, pero no.
Siempre pensé que para tener la sensación de comer una cosa distinta entre dos panes, me iba a tocar comerme uno preparado por Paty y Selma, las tías de Bart, que hacen uno muy entretenido en el capítulo en el que cuidan a los sobrinos: un sánduche de lengua. Pero no, estuve en La París y me gustó. En un principio me dije a mí mismo: "Mí mismo, muy rico y todo, pero no volvemos…" y saben qué, ya tengo ganas de volver. Así que te invito, salí y comete un sánduche de verdad, bueno, uno distinto de verdad, sabroso, jugoso, que sabe muy bien y te prometo que con toda seguridad, no te toca esperar un rato tan largo como a mí y no te vas a arrepentir.

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