Nuestro lema

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sábado, 17 de diciembre de 2011

SALÍ A TENER UN TRÍO EN TIJUANA’S

No sé si les ha pasado, pero en ocasiones,  no he terminado de almorzar y no puedo evitar dejar de pensar en qué será la comida.  ¿Por qué será? Este fenómeno se le atribuye solamente a la especie humana, y si lo miramos desde un punto de vista relativamente positivista, esto puede deberse a dos cosas: primero a que tenemos la capacidad de prepararnos para el futuro y nos preocupamos por lo que necesitaremos y dos, porque no conocemos el lenguaje de las ardillas, que también prevén el futuro y no sabemos si cuando se están comiendo una bellota, están pensando en el sabor de la que se comerán en el invierno. Ahora bien, mirándolo desde un punto de vista no tan positivo, esto se puede deber a que somos unos inconformistas de tiempo completo, no bien tenemos lo que necesitamos, queremos algo más, algo mejor.

http://www.elblogsalmon.com/conceptos-de-economia/que-es-la-piramide-de-maslow
Un teórico de la psicología de principios del siglo pasado hizo una pirámide a la que se le bautizó con su apellido, con la que propuso que los humanos tenemos cinco tipos de necesidades  que queremos satisfacer. Abraham Maslow, con su teoría de la motivación, propuso que todos nosotros queremos y debemos saciar estas necesidades para sentirnos completos y ser seres sanos. Los jerarquizó en una pirámide, porque éstas se deben solventar en un orden, primero las fisiológicas como dormir, comer, el sexo, luego las de seguridad, después las de afiliación, es decir tener amigos, un romance, siguen las de reconocimiento personal y por último las de autorrealización.


Este Blog mis amigos en mi caso, cumple con la satisfacción de todas estas necesidades a buen mirar; aunque es innegable que las principales son las fisiológicas. Por eso me fui a Tijuana’s a buscar algo bueno, y no  pedí una cosa, ni doble, no, pedí un trío. No sé en qué estarán pensando, porque debo reconocer que al ver el título de esta entrada, es muy probable que se imaginen una historia de un gringo depravado, que luego de cometer un delito por el que lo buscan en varios estados, termina huyendo a Baja California gastando dinero en aventuras con unas nenas bigotudas en la ciudad de Tijuana. Si estaban pensando en eso, que confieso es en lo que yo pensaría, me temo que se van a decepcionar, sin embargo, no tanto, porque aún les voy a contar de la satisfacción de una necesidad de primer orden, pero de la que trata este Blog, la de comer y ¡comer bien!
Hace unos días tuvimos con mi familia dos cosas para celebrar, la primera que Paula mi cuñada, había escalado un peldaño más en su vida y se graduó como especialista y la segunda, que teníamos de visita desde “la USA” a una tía de mi esposa. Como raro en un paisa lo del tío en la USA ¿no? Así que había que “tirar la casa por la ventana”. Terminamos en un muy buen lugar que mi esposa había visitado unos días antes y que tuvo el buen atino de proponer para esta salida.


El restaurante está situado en el Mall de San Lucas, que además de tener una gran gama de opciones para comer, bueno y para comprar otras cositas, tiene la ventaja de que queda relativamente cerca de mi casa en Envigado. Sin embargo, la ventaja más evidente que tiene es que, para llegar allí, no me toca detenerme en un solo semáforo, generalmente no hay congestiones y el Mall tiene una muy buena plaza de parqueaderos.

Tijuana´s, es el nombre del restaurante de comida mexicana que fuimos a visitar; es muy, pero muy agradable, el ambiente tiene un “je ne sais quoi” que lo hace cálido y amigable. La combinación de colores, el piso de madera, las mesas, la media luz, la atención, hacen que las paredes de vidrio, que dan un buen panorama, dejen de ser frías y se vuelvan parte del ambiente caluroso del restaurante. Además tiene una ventaja, los visitantes son gente bonita, y eso lo pueden decir todos los comensales que estuvieron ese día y me vieron disfrutando de la deliciosa comida.
Tijuana’s, a pesar de tener un concepto de comida étnica, y de apoyarse en la cultura tijuanense, que se caracterizó por conquistar el mar y agregar pescados y mariscos al régimen alimenticio mexicano, es un restaurante cuyo concepto se nota en la excelencia de la comida, más no se preocupan por ponerte rancheras, ni sombrerotes, ni ponchos coloridos, sino que más bien se mimetiza y fusiona con vos como visitante de otra cultura.
Para entrar en materia les voy a contar sobre lo que se pidió en la mesa y nos deleitó hasta el punto máximo. La “cuñis” y la tía pidieron quesadillas, que se ven deliciosas. Digo se ven, porque no las probé, pero según las compañeras de la mesa, estaban ricas.


Mi esposa fue más arriesgada, y digo esto, porque por lo menos, yo no hubiera pensado en una sopa como único platillo. Claro que lo del riesgo lo podemos considerar como un piropo, porque la vez aquella en la que fue y conoció el lugar, estaba con dos amigas y una de ellas, pidió la sopa mexicana, así que riesgo, riesgo… iba más bien a la fija. Que se puede decir, esta si la probé y la verdad, estaba “más buena que otra más buena”. Es Hecha a base de tomate, pimentón y cebolla, que viene muy bien presentada con unos recipientes aparte, que contienen aguacate, cilantro, pico de gallo (ensalada de cebolla, tomate y cilantro) nachos con crema agria, maicitos, queso y pollo. Así cualquiera. ¡EXQUISITA!
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Luego vienen los platos de Daniel (mi hijastro) y el mío. Para él unas fajitas de pollo al Grill asadas con salsa BBQ, con pimentón y cebolla a la plancha, frijoles refritos, guacamole, crema agria y tortillas de maíz, todo para que uno las arme a su gusto. Las probé… ricas, pero cuando llegó mi plato, me exigió concentración suprema y se me borró todo sabor anterior.
Híjole manitos, mi plato se llamaba, FAJITAS TRÍO TIJUANA’S (ya entendieron lo del trío ¿verdad?) estas muchachonas me dejaron frito. La sola presentación del plato me hizo agua la boca. Se llama trío porque trae carne de res, pollo y camarones ¿Cómo la vieron? La combinación es una locura, sobretodo porque cuando uno arma su fajita, lo puede hacer a su gusto, nada más carne, o sólo camarones, con mucho guacamole, con poquito refrito, sin pico de gallo, con un toque de crema agria… yo pedí tortillas combinadas, tres de maíz y tres de harina y tuve que pedir otras tres para terminar con lo que había todavía en los platos. “¡Caray! Si la pasé de lujo güeritos”, al terminar me sentía sucio… necio… acababa de tener un trío y así me sentía, que delicia.
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El remate lo propusieron entre mi cuñada y mi esposa, (me acabo de dar cuenta de que si alguien llegara a leer las últimas tres líneas, y lo relacionara con el nombre de la entrada…  humm) en fin, yo para los dulces soy malo y los postres no son algo que entre dentro de mis expectativas en una comida, pero luego de ver, oler y por último probar el “Volcán de chocolate”, mi perspectiva con respecto a los postres, cambió un poquitico. ¡Uff¡ se lo recomiendo a los amantes al dulce.
Otra cosa divertida que noté y que me recomendaron, fue que un producto muy atractivo del restaurante que se debe pedir a modo de entrada, son los nachos con guacamole de la casa. Lo divertido es que una de las niñas del restaurante llega a la mesa con un carrito lleno de aguacates, cebollas, cilantro, tomates, pimienta negra molida y prepara el guacamole en frente de tus ojos en un recipiente de piedra que se llama molcajete. No sé a ustedes, pero mayor garantía de frescura, de ahí para allá, difícil.


Un día para celebrar en familia, Salí al Mall de San Lucas y viví una experiencia deliciosa en el restaurante Tijuana’s. Mis sentidos se estimularon hasta un punto muy alto con el trío que pedí para la cena; por eso tengo la plena confianza para decirte a vos también, Salí a celebrar, a rememorar, o nada más que a comer a un lugar que vale la pena visitar. Pedí lo que querás, sencillo, doble o un trío como yo y atrevete a tener una experiencia de tipo orgíastica culinaria, de esas del tipo Tijuana’s.
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domingo, 11 de diciembre de 2011

SALI AL FESTIVAL AÉREO DE LA FUERZA AÉREA COLOMBIANA

En mi casa se aman los animales, la “Gertru” puede dar fe de ello. Es más, nos gustan casi cualquier tipo de animales, tanto que dejamos entrar a mi cuñada sin decirle nada y hasta agüita le damos (de nada Pao), bueno, casi todos, porque los bichos no son muy bienvenidos que digamos, en especial las cucarachas y las moscas, aunque, se me ocurren dos o tres comentarios para decir que algunas cucarachas sí, pero este blog trata nada más sobre comida, ¡caray¡ vuelve a ocurrírseme una analogía nada conveniente. En fin, estaba tratando de explicar que las cucarachas de seis patas no son bienvenidas porque mi esposa les tiene fobia, no exagero, FOBIA, de esas que rompen tímpanos, de las que entierran uñas, de las que son inexplicables e inentendibles para los que no la padecen.  Los otros bichos que no se permiten en mi casa son las moscas; por qué, se preguntarán, pues es muy simple, porque en mi casa, el único que vuela, soy yo.
Este soy yo, despegando en Matasanos
Richard Back, en su libro “puente al infinito”  cuenta una historia de cuando fue cadete de la fuerza aérea de los Estados Unidos, relata él, palabras más, palabras menos, que uno de sus instructores le dijo:
-De ahora en adelante Cadete, cada vez que vea una mosca usted la saludará como me saluda a mí. ¿No piensa preguntarme por qué, Cadete?
-¿Por qué, señor?-preguntó Richard.
-Pues porque ella ya tiene alas, y usted no.
En pleno vuelo, libre.
Me impactó mucho ese pasaje, que leí siendo un preadolescente. Para esa época, mi sueño de volar era casi una obsesión. Lo extraño es que en vez de respetarlas, lo que me causó fue una especie de fruición, de envidia. Desde ese entonces me convertí en un cazador de moscas empedernido. No sé cuantas habrán caído bajo mi furioso matamoscas, por lo menos hasta que leí unos años más tarde a Lobsang Rampa , quien me convenció de que toda forma de vida merece vivir y morir de manera natural. Aunque confieso que se me ha olvidado un poco. De eso pueden dar fe las moscas que han caído en los últimos días en mi no tan furioso, pero sí muy activo matamoscas eléctrico. Seguro Lobsang no estaría muy orgulloso de mí.
Cuando cabía en el arnés Moyes
Todo esto ha sido para contarles que adoro el aire. Volar, fue una de esas pocas cosas que me han creado obsesiones en la vida, por eso me hice piloto en cuanto la vida me lo permitió hace unos años atrás. Pero esperen, no vuelo aparatos con motor, aún, por ahora sólo soy piloto de “ala delta”, ese será tema de este blog alguna vez. Desde chiquillo he amado las cosas que vuelan, desde las aves, hasta los aviones, helicópteros, aeroplanos, en fin. La mayoría de mis juguetes de niño, eran aviones o naves espaciales. Mi súper héroe favorito era Súperman, pero no porque era fuerte, sino porque podía volar a voluntad. Sin exagerar, hoy por hoy, recuerdo casi todos los sueños oníricos, es decir, de esos que se tienen cuando se duerme, desde cuando era niño, hasta hoy, en los que he volado. Hasta allá llega mi amor por el aire.

En Antioquia, como en muchas partes del planeta, tenemos una muestra realizada por la fuerza aérea en la que se lucen los artefactos con que cuenta el país para proteger el espacio aéreo y combatir al terrorismo. Cada dos años, en el aeropuerto José María Córdova de Rionegro, se lleva a cabo este evento que convoca a los amantes del vuelo y de los aviones y helicópteros bélicos. Hasta ahora sólo me he perdido una de estas exposiciones. Este año, 2011, se realizó la quinta versión, de la que puedo decir, ha sido para mí la más emocionante, pues siempre la he presenciado de una manera poco convencional, pero muy efectiva y divertida: desde  uno de los potreros aledaños al aeropuerto, acostado en un mantel a cuadros, haciendo picnic.
Ésta, ha sido la más emocionante porque, como decía mi abuelita, “el mundo es un pañuelo” (gran frase, aunque mi abuelita se murió antes de que le pudiera preguntar, sí eso es el mundo, ¿nosotros qué venimos siendo?) en fin, es tan pequeñito el mundo, que uno de los mejores amigos de Alejandro, uno de mis hijastros, pertenece a la fuerza aérea y nos regaló entradas para presenciar la feria, nada más y nada menos, que desde la base militar aérea de Rionegro.

La aventura fue aún más especial porque mis padres me pudieron acompañar. Lo primero que debo decir es que no pudo haber mejor invitación para mi papá, quien se muere por los helicópteros y  no pudo desaprovechar la más mínima oportunidad para tomarse una foto junto a uno de estos aparatos. Aunque confieso que yo tampoco.
La idea de este plan era disfrutar de un domingo, el último día de la muestra, de las exhibiciones aéreas, la música en vivo que se dispuso en una tarima, del aire puro de Rionegro mezclado con los residuos de la gasolina de alta pureza de los motores de los aviones, del sol de tierra fría y por supuesto de buena comida.
De ida, como fue temprano, tuvimos que hacer una "parada técnica" en un lugarcito muy acogedor que queda subiendo hacia el aeropuerto. Este restaurante tiene un nombre muy sugestivo, “El cebadero” que hizo su intento por cebarnos con un desayuno clásico de carretera para todo buen paisa, un delicioso y espumoso chocolate caliente con leche y una suculenta arepa de choclo (maíz amarillo dulce) con unas buenas tajadas de quesito. Aunque los demás la pidieron con cuajada.

En la tarde, cuando Margarita empezó a pedir lo suyo, no fue difícil escoger con qué darle gusto. (Margarita, ya saben, es la serpiente arroyada de diez metros que tengo en el intestino) Para escoger no había mucho, y que me prometiera satisfacción, menos. Dimos unas vueltas por la zona de comidas dispuesta, en la que había como opciones:
Asado, Punta de anca.
Una carpa cuya especialidad eran las bebidas es decir, gaseosas, agua y nachos con queso derretido. Importante, no había guacamole. En otra carpa, hamburguesas de carne de búfalo, apetitosas pero no suficientes.  En la siguiente, pizza, que no es más que un mecato para la hora del almuerzo, bueno, esa es mi opinión personal. Una carpa más, ofrecía carne asada, que aunque algo costosa, valía la pena porque la porción era generosa y en la última, típico antioqueño.
Este pechito se dejó llevar por el montañero que lleva adentro y se pidió un típico, que vale la pena decir, era proporcionado por un restaurante de carretera muy famoso que se llama “el palacio de los frijoles”. Cómo ya se ha hablado de sobra de este tipo de comida, no pienso ahondar más en su descripción, me supeditaré a decir que estaba muy completo y muy bueno. Soy montañero de pura cepa que más me pueden pedir.
El otro plato, que compartí con mi esposa, fue un delicioso corte de carne asada que en Antioquia conocemos como “punta de anca”, un corte de carne de res, que tiene una capa de grasa en la superficie muy suculenta que al asarse lubrica la carne y la enternece. Este corte es costoso y se tiene la creencia de que es “carne para gente acomodada” es decir, para personas de buen poder adquisitivo, mejor dicho, como quien dice: “un bocadito de rico”. La carne venía acompañada por ensalada, papa cocida y arepa. Lo que les puedo decir de este plato es, que los ricos tienen como buen gusto para la comida, aunque no siempre, porque en el “foie gras” se descachan.
Sin embargo la comida en esta salida pasa a un honroso segundo plano, porque el plato principal lo tienen los aviones y los helicópteros de nuestra gloriosa Fuerza Aérea Nacional. El espectáculo es sobrecogedor. El orgullo le hincha el pecho a cualquiera que ame el tricolor colombiano. La sangre corre con ahínco por las venas al ver las formaciones en el aire hechas por los aviones Tucano, las acrobacias de los súper Tucano, el vuelo del avión supersónico k-fir de la fuerza aérea nacional.
No se puede dejar de reconocer, que a la hora de ver la exhibición del avión de la Fuerza Aérea norteamericana, el Viper F-16,  le deja a uno una leve sensación de inferioridad tecnológica. No es para menos, en todo caso, el caza norteamericano tiene casi el doble del tamaño que el del caza colombiano de fabricación israelí, y la potencia del motor, bueno, pareciera tener una muy buena cantidad de caballos de fuerza y de decibeles por encima. Sin embargo, y lo digo con toda tranquilidad, Lo que tiene Colombia en equipamiento es digno de las mejores fuerzas del mundo y los pilotos son reconocidos por su pericia y valentía.
El cierre de la jornada no pudo ser más emocionante. Los helicópteros Arpía, Black Hawks montados con armas aire tierra, hicieron una exhibición que arrancó gritos de euforia en todos y cada uno de los espectadores. Fue una locura llena de majestuosidad. Vuelos rasantes, el ruido de los rotores, las luces de las bengalas de señuelo, los soldados suspendidos con las banderas de Colombia y de Antioquia en posición de defensa con sus armas apuntando hacia abajo, en serio que es indescriptible lo que se siente al ver a esos héroes de la patria, a los que tanto hay que agradecerles, exhibiendo su valentía y compromiso con nosotros. Mejor dicho, se me salió el patriota de la ropa: ¡Que viva Colombia!
Esta vez Salí a sentirme orgulloso de ser colombiano. Comí rico, claro, pero me llené de otras cosas: de orgullo, de alegría, de euforia, de patria. Por eso te puedo decir a vos también, Salí, a donde querás, recorré Colombia, viajá por ella, porque gracias a estos muchachos, a los soldados de mi patria, lo podés hacer con la tranquilidad que te da el saber que te están cuidando. ¡Que vivan los héroes de mi patria! Carajo.

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