Nuestro lema

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viernes, 30 de septiembre de 2011

¿VAMOS A VOLTEAR LAS CARNES? SALÍ AL PARQUE ECOLÓGICO PIEDRAS BLANCAS

Ya que se ha tocado el tema de los rituales antiguos en este blog, le llegó la hora a otro de esos que se practica, creo sin temor a equivocarme, alrededor de todo el mundo. Como es de suponer tiene que ver con comida, y como todo lo importante para nuestra especie, claro qué tiene algo que ver el fuego. Este rito contiene desde mi punto de vista la celebración quizás más trascendente que tengamos, desde que nos reconocemos como “hombres”.
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Hablando de cavernícolas
En la época de los cavernícolas, –tiempo añorado en el qué cuando a uno le gustaba una mujer, no era sino darle un garrotazo en la cabeza, se arrastraba del pelo hasta una caverna, lleve lo suyo y a ser felices para siempre, ¡ahhh!, lo bueno no dura– desde entonces o tal vez antes, cuando nos convertimos en cazadores; luego de atrapar a un animal se hacía una fiesta enorme donde participaban todos los individuos pertenecientes al clan. Alrededor de una fogata se bailaba en agradecimiento a los dioses por la comida y en honor y respeto al espíritu del animal que se iban a comer. Luego se repartían en orden jerárquico las mejores partes, disfrutaban del banquete, y el resto de la bestia se procesaba de tal manera que se aprovechaba hasta la última parte y durante muchos días; tiempo después se iniciaba nuevamente el procedimiento.

Hoy por hoy, nosotros, tan civilizados que somos, hacemos una celebración más o menos de la misma manera, sólo que en vez de cazar en grupo, vamos solos al supermercado y compramos una cosa que se llama carne, que viene de alguna parte de un animal. ¿De cuál? Depende. Uno pide cerdo, o res, o pollo, pero no se sabe si sí o si no; me refiero a la parte, aunque a veces también al animal. ¿O es que usted sabe a ciencia cierta de qué está hecha la salchicha que se va a comer? ¿O trocitos de qué, y de que partes, mezclados con qué, aderezan el chorizo que está masticando? ¿De carne… buena? “Como ño moñito”.
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Chuzo de pollo con tocineta
Llamo a la carne, “cosa”, porque en eso se convirtió, en “algo” que cada vez es más costosa y difícil de comprar y que ya no tiene casi ninguna relación con un animal que compartió con nosotros el planeta. Me refiero a que el respeto por la vida del espécimen que está en nuestro plato, es hoy en día nulo, porque cuando vemos la comida ya no percibimos a un animal, ya no concebimos una creatura en la que la naturaleza invirtió energía para que naciera, creciera, se reprodujera y muriera, sino a una cosa que se compra lista en el mercado para preparar.
Hace un tiempo se daban gracias en la mesa antes de compartir los alimentos y eso no tiene nada de religioso, es decir, no pertenece a una religión o iglesia en particular, Dar gracias viene de nuestros antepasados, de los que luchaban, casi que hasta daban la vida por conseguir carne para ponerla en el plato y que entendían, que habían matado a un ser vivo para poder sobrevivir, por eso se le agradecía al espíritu del animal y a los dioses por la oportunidad de continuar vivos. ¿Será que nos hace falta volver a los viejos tiempos para ver si esto mejora un poquito?
En fin, el ritual del que les hablo se llama “asado”, “barbacoa”, “parrillada”, “Barbecue”, “barbikiú”. Observen la importancia del rito en cualquier cultura y me darán la razón. Asado significa amigos, música, reunión familiar, licor, baile, celebrar, compartir en comunidad. Además no me digan que no hay un orden a la hora de repartir las mejores piezas, porque siempre el jefe de la tribu es, o el primero, o al que le toca la mejor carne.
Pues bueno, en este caso en particular se me ocurrió llamar a un par de amigos que les gusta salir con nosotros, pero no en las fotos  -esos ya mencionados en la salida a “Buena Mar” y en la del “Llanerito”- para que saliéramos a recordar a nuestros antepasados, para que me acompañaran a “voltear las carnes” a un lugar rupestre, donde el color dominante fuera el verde, el aire limpio, el sol radiante y la gente cacheticolorada. Como es su costumbre, “me pararon bolas” y terminamos en el Parque Ecológico Piedras Blancas. Un lugar que visito desde que era un piernipeludo de catorce años.
Este parque queda a una hora de Medellín, en Santa Elena un corregimiento que es muy popular  por la belleza de los más variados y exuberantes tipos de flores que pueda dar tierra alguna. Este parque abierto para todo el que lo quiera visitar, es en mi opinión es una de las mejores opciones que existen para que todos los que no tenemos finca, disfrutemos del ambiente campestre y podamos recordar a nuestros antepasados celebrando asados o haciendo picnics.
El plan era muy sencillo, llegar temprano para escoger un buen lugar. Para mí, esto significa un kiosko cómodo, cerca de una fuente de agua potable, relativamente cerca de los baños, y lejos del sendero por el que circula la gente.
Luego de escoger el sitio perfecto, a echar “cháchara” (hablar cosas importantes sin importancia) mientras que me convierto en un primate que juega con fuego. Entones inicia la primera ronda de asados con algo ligero: morcilla (salchicha de sangre y arroz) y chorizo. Punto, cadeneta, chisme, un ron va, un ron viene, punto y coma.

Segunda ronda, un chuzo de pollo con tocineta, papa cocinada, arepa redonda… ¿En qué familia íbamos?... chisme, ron, chiste… tercera ronda, tendido de costillas de cerdo.
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¡Costillita asada! hummmm
Aquí nos tomamos un tiempo, dejamos que la brasa haga lo suyo lentamente, ya comienza la tarde, no hay afán.
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Carne de cerdo aliñada
Venga para acá costillita y póngame a asar la carne de cerdo aliñada. “Despellejemos prójimo” otro rato, terminemos de tomarnos otro roncito y cuando ya la tarde se pone perezosa, un paseíto por los alrededores para hacer la digestión.
Casi sin darse cuenta el día ha pasado de la mejor forma: con amigos, buena comida y en un lugar que te conecta con la naturaleza; árboles, flores, el lago, el aire limpio, el silencio. El parque tiene varias atracciones para los que son más activos. Hay botes que se pueden alquilar para navegar en la represa, hay dos cables para hacer cannopy, ¡recomendable y divertido! Hay un mariposario, senderos ecológicos, en fin.
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Mariposario
Para los que no les guste cocinar, untarse de leña y carbón, en pocas palabras, recordar a los antepasados, hay dos restaurantes, uno típico y otro muy elegante en el hotel ecológico que también es una buena opción para los que quieran pasar el fin de semana completo. Y hay una atracción más, que era la misión escondida detrás del asado. Mi objetivo era hacer labores de inteligencia, de reconocimiento de terreno para irme de camping, y saben qué, en unos días les cuento como me fue en el curso de paleta, perdón, en el camping en Piedras Blancas.

Yo me propuse hacer un asado con unos amigos y Salí al Parque Ecológico Piedras Blancas (Click aquí para saber más del sitio) Descansé, chismoseé, respiré aire puro, pero sobretodo comí hasta quedar como una chicharra, barrigón y cantando. Por eso te puedo decir a vos, Salí un día de estos de picnic o a recordar a los ancestros asando un buen pedazo de carne. Salí a darle gracias a la vida por estar vivo y poder comer cosas ricas, porque no hay nada más bueno que vivir bueno y darle gracias al cielo para continuar haciéndolo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

"¡APÁ, APÁ, EL ARCA ESTÁ HACIENDO AGUAS¡" SALÍ A COMER TRUCHA EN JARDÍN

Dios le dijo a Noé que construyera un navío tan grande, que debería poder guardar en él una pareja de cada especie de animal que habitara la tierra.
-¿Para qué? Y ¿Por qué yo señor?
-Para preservar a las especies que viven sobre la tierra, pues en unos días, haré que llueva sin cesar durante cuarenta días y cuarenta noches. El agua cubrirá la tierra y todo lo que no esté en tu nave perecerá. Por eso la embarcación que construirás se llamará “Arca”.
-Pero aun no contestas mi otra pregunta- dijo Noé con cara de preocupado. -¿Por qué yo?
Y Dios le contestó.
-Por tres razones únicas, personales e intransferibles.
-Y ¿cuáles son esas señor?
-Porque quiero, porque puedo y porque no me da miedo. (Esto si me lo inventé yo, pero es que cómo se le ocurre a Noé preguntar pendejadas ¿no?) En fin, hizo Noé lo que Dios le dijo, y sin excepción subió a una pareja de cada especie para guardarlas de perecer en el diluvio.
Estando en esas, un día cualquiera después del aguacero, vino corriendo a Noé una de sus hijas y muy preocupada le dijo:
-Apá, apá, esta verraca cosa tan grande ¿y a vos no se te ocurrió hacerle un baño?
No mentiras, no le dijo eso, le dijo algo más preocupante todavía, le dijo:
-¡Apá, apá, el arca está haciendo aguas!
-¡Bruta!- respondió Noé. ¿Y eso por dónde mija?
-Por un montón de huequitos- Le contestó la hija.
-¿Y en que parte del barco?
-En el piso de abajo.
-¿Y qué tenemos guardado en el piso de abajo?
-Pues apá lo que vos me dijiste, todas las aves, las especies con plumas.
Rascándose la cabeza Noé pensó un rato y con cara de preocupado le preguntó a su hija:
-Mija, ¿Usted dónde guardó a los pájaros carpinteros? 
Esta historia con la que inicio la entrada, una especie de chiste, me sirve para compensar un poco el abandono en que los he dejado mis amigos lectores, ¡casi un mes para volver a publicar! Pero les pido comprensión, porque es qué cuando escribir es, como en mi caso, una afición, le pasa lo que le pasa a todos los “quereres” cuando se enfrentan a los deberes, por la fuerza de las circunstancias, se posterga.
Para lo otro que me sirve esta historia es para abrir una experiencia, que cómo un “todo” se puede clasificar como muy buena, pero qué al reducirla a lo meramente gastronómico se le pierde mucho del encanto.
En la entrega anterior dije que el viaje a Jardín había sido maravilloso y que dejaríamos para cerrar con broche de oro con la visita a un lugar que nos recomendaron, la truchera el Arka, por eso me pareció conveniente la historia de Noé y su “arca” para introducir, pero no sólo por el nombre.
Todo prometía. Ya saben, comer “pescadito”, en el mismo lugar donde lo cultivan, del agua a la sartén y de la sartén a tu boca. Sin embargo me pasó como al protagonista de la historia, esperando el arco iris, la nave hizo aguas.
Nos despedimos pues del amable don William prometiendo volver, porque eso es lo que uno hace cuando se siente bien atendido. Cumplimos otra de esas promesas hecha el día anterior en “la casa del abuelo de Jardín”, donde compramos arepas, tornillos y pandequesos de soya y unas conservas. Preparados para el camino, nos dispusimos ahora sí a buscar el lugar que queríamos visitar para almorzar.
Luego de unas sencillas indicaciones que la gente amable del pueblo nos dio, llegamos a una angosta carretera destapada; aquí empezó otra experiencia que vale la pena destacar sola, por eso ésta entrada.
Y es qué desde que la naturaleza se le venga a uno encima con todo a darle la bienvenida, ya se sabe que el paseo no ha terminado, por el contrario, se siente como si estuviera empezando otro.

Luego de andar unos minutos más, poquitos pero eternos, por el río seco, perdón, por la carretera que conduce al Arka, después de unas canas más y unos metros de intestino menos por la fuerza que hice por cada golpe debajo del carro, por fin llegamos.
La truchera queda empotrada en un cañón formado por una quebrada de aguas heladas, es más, es tan fría el agua que un día una modelo famosa se bañó ahí y no tuvo que volver al gimnasio en un mes, quedó linda, linda, lindaaaa.
El lugar tiene su encanto, el dueño parece enrazado con japonés porque aprovechó bastante el terrenito. Las truchas conforme avanzan en su crecimiento pasan de estanque en estanque y estos van descendiendo a modo de terrazas, lo que además de bonito es muy bueno para oxigenar el agua don las caídas de nivel a nivel.
Yo quiero ¡ete!
Los estanques tienen por uno de los costados un vidrio que permite ver a los peces nadando y esto me animó, porque confieso que me imaginé que tenían en el restaurante el  sistema ese de señalar el pez que uno quiere ver después en el plato, pero no.

Aunque hay una opción que me parece más divertida: alquilar una caña de pescar y sacar el espécimen que te vas a comer; el problema es que este sistema es igual a una lotería, es como ir a un baile donde hay muchas, muchas, pero muchas mujeres, y a uno le toca elegir nada más una, por supuesto le apuntas a la más bonita y termina picando la bigotuda con las piernas peludas.
Por eso en nuestro caso, decidimos ir a la fija y buscar una mesa. Escogimos un lugar en el comedor del tercer piso, que está construido con guadua, aunque hay muchas opciones en los kioskos individuales y mesas con sombrilla, distribuidos por todo el terreno para los que busquen algo más de privacidad.

Nos sentamos al lado del balcón desde donde se escuchan las caídas de agua de la quebrada y de los estanques, el canto de los pájaros nos arrullaban y un canto no tan arrullador, gracias a Dios bajito, de un personaje que no tiene nada que ver con los pájaros, pero sí con el ambiente rural en que nos encontrábamos, ya saben, es inevitable ir a un sitio de estos y no almorzar al son de Giovanny Ayala y su “de rodillas te pido, te ruego, te digo, que regreses conmigo, que no te he olvidado, que te extrañan mis manos, que muero de ganas, por volverte a besaaaaar”
Si, es muy difícil pedir otra cosa, pero como digo todo hace parte de la experiencia, todo suma, todo cuenta y le pone “salero” a la situación.
Guandolo, bebida fría

Llegó la hora de pedir y al ver la carta, no se me pasó ni siquiera por la cabeza ese dicho de mi abuelita, “con ver el desayuno, ya uno sabe lo que va a ser el almuerzo”, no, yo estaba animado, con ganas de ser sorprendido y como sabía que quería trucha, pues bueno, de las cuatro opciones que había, escogimos las dos más suculentas, trucha rellena de jamón y queso y trucha al ajillo. Para esperar, un guandolo, que es agua de panela fría con jugo de limón.
Pajaro Barranquero
Mientras soñábamos con la sorpresa y recordaba la trucha al ajillo que comiera mi cuñada en Salento – Quindío, que me dejó con ganas del desquite, pues esperaba que en el Arka si le metieran ajo como debe ser, nos sorprendió un pájaro de la región que por su belleza y tamaño parecía de mentiras. Espero no exagerar al decir que cada uno de estos pájaros a los que les dicen “barranqueros” puede ser más grande que una gallina.
Trucha rellena con jamón y queso
Finalmente la espera culminó y llegó el pedido. Una mirada a mi esposa y supe lo que pensaba. Un punto menos por presentación, la trucha rellena lucía… no sé si es "triste" la palabra que estoy buscando, sin embargo triste si fue como se sintió mi esposa cuando la cortó y se dio cuenta de que por dentro, estaba completamente congelada. Muchos puntos menos para el Arka. La mala presentación se pasa por alto cuando el producto en sabor supera las expectativas, pero ir a un lugar en el que la esperanza es encontrar comida fresca y darse cuenta con el primer bocado que ha estado congelada… bueno.

Trucha al ajillo
Ahora vamos con mi plato, la trucha al ajillo, el aspecto, igual. Creo que le ayudó un poco más que no me estaban mirando desde el plato porque le quitaron la cabeza, pero se veía seca, nada jugosa, no muy fresca y aunque el sabor era auténtico a pescado, se notaba que había estado congelada. Pero he de anotar lo más importante, porque vuelve y juega el concepto de “al ajillo”, en este caso me encontré con que al ajillo en el Arka, significa freír el pescado con ajo, pero muy poquito, porque no lo sentí. 

-¡Apá, apá, la nave está haciendo aguas! 

A mi esposa la pusieron a esperar otros quince o veinte minutos más mientras le cocinaban un nuevo plato, el mismo sabor, pero nuevo. Buen detalle, un puntico para el Arka por cambiar el plato, pero la espera…  bueno, como les dije al principio, estábamos tan contentos de haber tenido un fin de semana para nosotros, de estar en el suroeste antioqueño, de escuchar a la naturaleza, con Giovanny o con los Chiches Vallenatos en segundo plano, pero no importa, al fin y al cabo lejos del mundanal ruido de la ciudad, que todo pasó sin mayores tropiezos para la experiencia completa. Me desquité de la comida trayendo cuatro truchas para cocinarlas yo mismo a mi antojo y esta vez sí con mucho ajo y pimentón y terminó sumándose a la experiencia completa vivida en Jardín Antioquia.

Por eso te puedo decir, Salí a comer al Arka en Jardín, no fue genial, pero fue muy bueno, la pasé de locos y por eso te puedo decir a vos también, Salí, viajá, comé, viví, no importa lo que sea o como sea, porque como decía mi abuelita, “maluco también es bueno” y es mejor decir: lo viví a ¿Cómo hubiera sido? ¿O no?