Nuestro lema

Nuestro lema

sábado, 6 de agosto de 2011

Rindiendo culto al santo más querido de Colombia… ¡SANCOCHO BENDITO!

Escrito por:
Gertrudis Toro Carrasquilla

Hasta para ser perro se necesita tener suerte, y yo soy uno muy suertudo porque vine a parar a un hogar en el que definitivamente he contado con mucha. Vivo como una princesa con todo lo necesario y hasta un poquito más. Yo Gertrudis María Toro Carrasquilla, soy lo que se puede llamar un perrito paisa, es decir que cuando ladro digo: “guau pues” o “eh ave maría guau”.
Paisa, según entiendo, es como se les llama a los que vivimos en el departamento de Antioquia, sin embargo, hay otros lugares de Colombia en los que también se les llama paisas (apocope de paisanos) a quienes viven en él. Esto es porque los antiguos habitantes de Antioquia, reconocidos desde sus inicios como grandes negociantes y aventureros, se fueron expandiendo y colonizaron una extensa región que se conoció como Antioquia la grande, que comprendía este departamento y los que hoy se llaman Caldas, Quindío, Risaralda, parte del Tolima y parte del Valle del Cauca.
Ser un perrito paisa implica comer concentrado…  pero bien concentrado sin mirar para otro lado porque me quitan los frijoles con arroz, las tajadas de plátano maduro, carne molida, el chicharrón…
A esto le llamo Viajar
Quienes me conocen, al menos un poquito, saben lo que significa realmente “vivir a lo perrito”. Es decir, nada que ver con eso de: “Nos fue como a perros en misa” o “pasé una tarde de perros”, frases que utilizan para referirse a malos momentos. Vivir a lo perrito señoras y señores significa vivir a lo grande, sin preocupaciones, con mucho tiempo para dormir, juguetes para morder y de vez en cuando… salir a pasear. Pero no al parque para hacerle regalitos a la naturaleza, no, ya saben a lo que me refiero.
Un gran paseo que me gusta hacer es ir con mis papás, mis hermanos y generalmente con algunos amigos a San Carlos, un pueblo del oriente antioqueño. En este lugar cambia mucho mi rutina, pues de dormir mucho, paso a hacer toneladas de ejercicio.
Esto implica caminatas diurnas y nocturnas por el pueblo, de las cuales, lo que más disfruto es cuando mis papás hacen una que otra parada para comer chucherías.
Por ejemplo arepas de queso de “milqui”, de mil quinientos pesos, aunque a mí me toca muy poquito, generalmente lo que se cae al suelo. Ese delicioso sabor saladito del queso, mezclado con harina de maíz, mantequilla derretida, combinado con el dulce de la leche condensada… humm que rico.
Pero como mi papá dice que esa arepita le cabe en una muela, entonces hay que ir a “repelar” (terminar de llenar el estomago con migajas) a otro lugar donde venden empanadas de iglesia. Mi papá dice que esas empanadas son muy ricas pero que el problema es que son muy aseadas… porque no tienen ni un mugre de carne.
¿Será que me dan una?
Estas empanadas se encuentran casi en todas las esquinas de los pueblos y ciudades antioqueñas. Se venden muy bien, y solamente los fines de semana. Son baratas y las mujeres paisas las venden por ser una muy buena opción para mejorar la economía del hogar. La combinación perfecta para este bocadillo paisa es el ají, un encurtido hecho con ají dulce o picante, cebolla, pimentón y naranja agria, aunque la receta puede variar según la región, pues los hay hasta con zanahoria.
Sin embargo lo que más me gusta de este paseo, es cuando se va a practicar la religión más importante para los seres humanos que habitan estas tierras. Todos se ponen como locos, los invade una euforia extraña desde antes de comenzar el rito. Gritan, ríen, saltan y se frotan las manos hablando del ritual que  se celebrará. Van y vienen trayendo cosas que se ofrendarán a nombre de un santo. Este elegido divino debe ser muy importante, porque todos deben cargar recipientes con mucha comida, que se llevan a un lugar muy especial, creo que lo llaman templo o santuario natural, en fin, este rito se llama paseo de olla.
El ritual inicia con la búsqueda de un buen lugar. En lo personal me encanta, porque en general tiene hectáreas de baño… es decir, hay mucho pasto y una gran cantidad de arbolitos. Es muy importante que el sitio elegido tenga sombra y esté cerca de un río. En San Carlos hay un espacio acondicionado para la práctica de esta religión, que se llama el Parque Lineal de San Antonio.
Lo hicieron al lado de un río de aguas cristalinas al que le construyeron unas piscinas a las que nombran charcos, y hay kioskos donde los humanos se pueden resguardar del sol o de la lluvia, sentados cómodamente en mesas de madera.
Como todo gran ritual, éste también implica fuego, ya saben, ¡cosas de primates! Mi papá y algunos amigos se encargan de iniciar una hoguera, mientras se toman una refrescante “chevecha”, o algo así es que se llama.
Esto de hacer fuego debe ser muy trascendental, porque mientras lo hace, llora mucho, tanto que se le enrojecen los ojos. Seguramente recuerda que es un primate que ha jugado con fuego y por eso se hizo hombre.
El santo al que se le hacen tantos honores debe ser un santo gordito. A leguas se ve que es un glotón porque la cantidad de comida que se le echa a la olla en su honor es sinceramente impresionante. Yo no podría comerme todo eso ni en un millón de años, es más, con solo velar me duele la barriguita.
A la olla, que tiene mucha agua le adicionan, papas, yuca, plátano, mazorca, arracacha, hojas de repollo, zanahoria, carne de cerdo, carne de res, pollo, todo esto con aliños licuados que tienen tomate, cebolla larga, cebolla blanca, ajo, pimentón rojo, pimentón verde, cilantro, color (achiote) y sal. Todo esto se revuelve y se deja hervir por un largo rato.
Constantemente todos los que participan en el ritual pasan a revisar, se frotan las manos y revuelven para que no se queme. Mientras tanto, yo me dedico a explorar los alrededores, o me invento un juego novedoso que consiste en hacer que un humano lance una ramita lo más lejos que pueda para ir a buscarla y entregársela de nuevo.
Otra actividad que me gusta mucho es meterme al río a nadar, porque siempre que lo hago alguien grita: “Sancocho listo”. Ahí, es cuando todos salen corriendo hacia la olla. Mis papás son paisas y por eso no tienen un pelo de tontos. Hacen esto en una olla grande para que el santo ese no se pueda comer todo y así nos toque un poquito a cada uno. Ahí es cuando gritan que ya el santo comió, y quedó listo, entonces se sirve para cada uno un buen plato de caldo con todo lo que quedó en la olla, además le echan arroz, aguacate y una deliciosa ensalada para complementar.
Yo lo único que tengo que hacer es ser paciente y esperar y entonces me toca la mejor parte. Un buen hueso de espinazo de marrano… ¿para qué papa, para qué aguacate?, a mí no me den caldo, con mi hueso tengo para quedar contenta.
Que rico es pasear, salir a disfrutar en familia y vivir rico la vida. Como yo qué  Salí con mis papás y unos amigos y la pasé de maravilla a hacer un paseo de olla y venerar al santo más querido de todo colombiano, a ¡San Cocho bendito! Por eso te invito a que lo hagas amigo perruno, cuando tus papás te inviten a hacer cosas de primates, como eso de ir a practicar su religión a santuarios naturales, aprovechá y Salí.
Te lo digo yo, y sé por qué te lo digo… porque me mando una vida de perrito.
Guau pues.

No hay comentarios:

Publicar un comentario