Nuestro lema

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martes, 26 de julio de 2011

SALÍ… DA FÁCIL Y DELICIOSA PARA UNA OCASIÓN ESPECIAL. (Receta para hacer pollo a la parmesana)

Tener invitados en la casa en una fecha especial es una de esas cosas que me gusta hacer, pero una o dos veces al año; o tal vez tres y hasta cuatro cuando se me olvida lo que implica ser anfitrión: quemar varias neuronas pensando cómo sorprender a los vengan de visita, ir al mercado a conseguir los víveres, no dormir la noche anterior por las preocupaciones típicas que implica traer personas a la casa; ¿La casa está limpia? ¿Está oliendo bien? ¿Hay suficientes sillas para sentar a todos cómodamente? ¿Si van a venir? O ¿Me van a dejar con todo preparado y servido? O ¿Y si vienen y no les gusta la comida? Luego levantarse muy temprano para que el día alcance en la cocina. Cuando por fin tienes a todos los invitados cómodamente sentados y hasta dos o tres más que como por arte de magia encontraron el camino hasta tu casa, uno que otro advierte que te gastaste todo el limpiador de pisos con olor a pino, pero sobretodo hay alguien que distingue qué por encima de todos, está el olor más importante, el de la sorpresa que les tienes en el horno.

Como anfitrión corres de aquí para allá, preguntas constantemente a cada uno si está bien, si le hace falta algo, si le gustó la comida, si le llenas de nuevo el vaso con alguna bebida. Y cuando ya todos están servidos, puedes darte un momento para pensar en ti, y te das cuenta de que te tocó el raspado de la olla, de que todo está frío y de que uno que otro ingrediente ya se acabó, porque el barril sin fondo de tu hermano no contento con haber comido en la sopera para que le cupiera lo que se sirvió, ha repetido con la excusa de que “todo te quedó tan rico”.
Luego viene lo mejor, veinte personas han comido, bebido, chismoseado, en fin, se han divertido y eso te hace tan feliz, te satisface hasta un punto tan alto que sólo el que lo ha hecho puede saberlo. Sin embargo, mi abuela decía que “todo lo que sube tiene que bajar” y que “entre más alta la palmera, más duro cae el coco”. A eso más o menos me refiero cuando cierras la puerta desde la que despediste a los tuyos y te das vuelta para darte cuenta de que las próximas dos o tres horas, te la vas a pasar reacomodando la sala y el comedor, recogiendo rebujos, limpiando pegotes, lavando platos, despegando “pegaos”  de las ollas y refractarias en qué cocinaste, en fin, esto también lo sabe el que ha tenido invitados en casa.
Pollo a la Parmesana (tartaleta)
Cuando llega la hora de dormir, estas cansado, pero comienzas a hacer el recuento de todo lo que ha pasado, de todo lo que lograste al hacer a tantas personas felices, y te das cuenta de que es imposible no dormirse en paz con uno mismo y con una sonrisa que linda… que linda con las orejas de la satisfacción.
Así que esta vez, te voy a dar una receta para que en la próxima fecha especial que tengas invitados, quedes como un príncipe o princesa. Se llama Pollo a la parmesana o por lo menos ésta es una de sus presentaciones. La llamo así porque es de ésta manera como me la enseñaron a hacer, aunque la preparación que les voy a enseñar ahora es más bien una “tartaleta de pollo a la parmesana”, muy fácil de preparar, es económica en comparación con otros platos y es deliciosa.
Receta para seis personas
Lo primero que se debe hacer es poner en una olla, una pechuga de pollo. Luego se vierte una cerveza y agua hasta cubrir la carne. Se adiciona un cubo de caldo de gallina y se pone al fuego hasta que el pollo se haya cocinado.
Desmenuzar la pechuga es el paso siguiente. El caldo en que se cocinó el pollo se pone a fuego lento, adicionen 250 gramos de margarina y media taza de harina. Paciencia mon amies, hay que revolver un rato, luego se le adiciona una taza de crema de leche hasta que se mezclen completamente los ingredientes y se reduzca todo a una salsa espesa y amarillosa.
Se toma una refractaria y se embadurna con mantequilla, este será nuestro desmoldante. Se espolvorea con queso parmesano rallado (para hacerlo más divertido, imagínense repartiendo plata a diestra y siniestra), hay que ser generosos para que la receta se pueda llamar como se llama; imagínense, un pollo a la parmesana sin queso parmesano, se llama pollo. Se le pierde la gracia ¿o no?
Capa de pollo     Capa de hojuelas de maíz      Capa de salsa blanca     Capa de queso parmesano rallado
A esa cama de parmesano entonces le agregamos pollo desmenuzado, haciendo una capa de un grosor mediano. Luego, una cama de hojuelas de maíz. Entre más hojuelas se le agregue, más crocante queda la receta. Después se agrega la salsa que hicimos con el caldo. Esta salsa se encarga de mantener húmedo el pollo. Una particularidad del pollo es que cuando se hornea, absorbe humedad de lo que tenga cerca. Luego repetimos la operación, es decir, capa de parmesano rallado, capa de pollo, capa de hojuelas de maíz, capa de salsa, y por último, capa de parmesano hasta llenar la refractaria.
Concejo: Se puede adicionar una capa de otro ingrediente que va muy bien con el pollo: Champiñones sofritos en mantequilla y vino blanco.
El horno, que se debe precalentar unos diez minutos debe estar a 200°C cuando se meta la refractaria. Se deja allí unos veinte minutos, o hasta que dore el queso. Ojo, no lo dejes quemar.
Para acompañar, se hace una ensalada especial también. En un bowl se mezcla apio picado en trozos, lechuga verde y/o morada, manzana y pera verdes en trocitos, cubitos de piña y tocineta sofrita en su aceite.
La ensalada se acompaña con una salsa que se hace revolviendo un pocillo de crema de leche, un pocillo de mayonesa, dos cucharadas de miel de vieja… perdón, de miel de abeja y dos cucharadas de zumo de limón. Se ponen maní y uvas pasas para que cada comensal, al gusto, le agregue a su ensalada.
Con una canastica de pan en el centro de la mesa y algo de creatividad a la hora de servir, te aseguro que como mínimo, te aplauden cuando terminen. Se han dado casos en los que alguno se come hasta el plato.
Esta vez Salí, pero a comprar los ingredientes para este suculento plato, con el que celebramos en familia una fecha especial. Quedé como un príncipe y dejé a los que quiero con la barriga llena y el corazón contento. Te invito para que vos también lo hagás y podás decir que hiciste un delicioso pollo a la parmesana con ensalada tropical, todo porque lo aprendiste a hacer, aquí, en Salí.

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