Nuestro lema

Nuestro lema

domingo, 17 de abril de 2011

Video Una salida con altura - Parque de los Nevados

Esta entrada es muy especial, pues es una entrega realizada en video. Los invito a ver y a escuchar lo que significó subir al nevado del Ruiz en Caldas - Colombia.
Espero sus comentarios. 



Estoy trabajando en la resolución. Desafortunadamente no tengo mucho espacio para cargar archivos pesados.
Listo. este es el vinculo de Youtube con mejor resolución:

sábado, 9 de abril de 2011

¡UNA SALIDA DE ALTURA! Salí al “Parque de los nevados”

Nevado del Ruiz
Foto de Pau Carrasquilla
“Para ir al nevado del Ruíz es mejor hacerlo temprano”. Esta es la recomendación que nos daba todo aquel que ha subido al volcán y al que le preguntamos. Y es la mejor que les puedo dar a ustedes. También les recomiendo que coman bastante dulce dos días antes y ninguno el día de subir. Pero definitivamente la mejor de todas, es que duerman bien, vayan descansados porque si no, lo más probable es que les toque invocar a los dioses de la rumba a más de cuatro mil metros de altura como me tocó a mí y créanme que no es nada divertido. 
Entrada al Parque de los Nevados

Teniendo como premisa esta recomendación, mis compañeras de viaje y yo decidimos que lo mejor sería salir de Medellín a las seis de la tarde, luego de trabajar y “agarrar camino” para estar en Manizales a eso de las doce de la noche más o menos. Dormiríamos en algún hotel barato de la ciudad y a las seis de la mañana tomaríamos camino rumbo al parque de los nevados, que abren a las siete y treinta de la mañana. Este era el plan original, pero el destino tenía otro para nosotros.
La ruta entonces consistía en salir por la autopista sur de Medellín. Pero todos han de saber que la suma de una autopista en una ciudad como esta, más hora pico, más viernes, es una combinación para no deseársela ni al peor enemigo. El resultado es que eran las siete de la noche y apenas estábamos en plena zona industrial de Itagüí.
Detendré aquí el relato para expresar un cierto agüero que tengo con respecto a los paseos y que tiene que ver con la cuota negativa. Todo paseo tiene al menos una. Pues bien, éste no es la excepción y la cuota negativa la pagamos antes de que comenzara oficialmente. Por eso les puedo confesar que me fui más tranquilo.
Siete y cinco minutos, cuota negativa. Un busetero que se cree más inteligente qué los que cumplimos las normas de tránsito genera un tercer carril por la berma de la autopista para adelantar y evitarse el taco. Obviamente no era el único inteligente, habían muchos más, pero el más perspicaz de todos me tocó a mí, porque además consideró que su bus cabía en el mismo espacio que un twingo y resultó que no. Luego de la risa que le provocó dañarme el carro, de haber esperado al tránsito y de recibir los respectivos papeles para el seguro y para la audiencia, ¡ah bueno!, y otro tanto de risa y sarcasmo por qué por un rayoncito no me acabó con el carro, apenas a las ocho de la noche comienza el viaje para nosotros.

Aquí va el agüero: la sacamos barata, como diría mi abuela: “por algo sería”, ¿quién sabe de qué cosa peor nos estaban salvando?  Lo siento, puede sonar gracioso para los incrédulos, pero este es uno de esos lastres culturales que arrastro como paisa y qué, lo digo con convicción, no me apena.
Muy bien. La primera parte del camino consta en tomar la carretera 25 que pasa por Caldas - Antioquia, Alto de Minas, Santa Bárbara y la pintada. ¡Horror!, desde el regalito que nos dejaron los Nule en Ancón hasta la pintada, la carretera desde el cielo se debió ver como la temida serpiente de fuego de los mongoles. Estos fieros guerreros cuando atacaban de noche, disponían de una antorcha por cada soldado a caballo, hacían una enorme hilera y cabalgaban serpenteando hacia su objetivo con el fin de causar desconcierto y terror en el enemigo, haciéndole creer que una formidable serpiente de fuego se acercaba para comérselo vivo. Hago esta analogía porque viví una de esas por cuatro horas, o por lo menos hasta eso llegué a pensar para distraerme en los interminables momentos en los que la fila no se movía. 
Nótese la cara de cansancio

Estuvimos moviéndonos a un ritmo de unos diez kilómetros por hora, detrás de un camión y sin posibilidad de adelantar, desde mucho antes de la entrada a Caldas hasta los últimos kilómetros antes de llegar a la Pintada donde llegamos a eso de las doce y media de la noche.
En ese punto ya me había gastado las reservas de energía que tenía en el sistema. Mi condición física y mental eran lamentables, me dolía todo y necesitaba dormir porque ya me sentía como un total irresponsable detrás del volante. Logramos encontrar un lugar en un estadero de Marmato, una población a lado de la carretera, en donde compramos un café y logramos un sueño reparador dentro del carro desde la una hasta las tres y media de la mañana.
De Marmato a Manizales a esa altura de la madrugada, la carretera fue una golosina que nos engullimos en una hora y pico. Cabe anotar que la señalización en las carreteras del departamento de Caldas es muy deficiente, nos tocó preguntar muchas veces si íbamos bien, sobretodo en Manizales en donde a falta de letreros encontramos manizalitas madrugadores que nos iban indicando cómo llegar al Nevado del Ruiz.  
Cuando despuntó el alba, faltando unos cuantos minutos para las seis, al mirar hacia un costado encontré respuestas a las ansias que traíamos.

Frailejón
Foto de Pau Carrasqulla
Divisé un paisaje esperado pero nunca visto: Frailejones, soldados del páramo, centinelas del agua, testigos de la niebla. Los soñaba desde pequeño, desde que supe que los españoles al verlos por primera vez los confundieron desde lejos con unos frailes en meditación, por eso les pusieron este nombre.

Postes de cerca con saco.
La laguna negra, un cuerpo de agua producto del deshielo del nevado, se encargó de darnos el recibimiento oficial. Bajarnos y tomarnos una fotografía justo en ese lugar nos despertó a la realidad del páramo. El frío, la niebla, la primera luz de la mañana. Es curioso, a esa altura, a los cuatro mil metros sobre el nivel del mar, todo tiene saco. Me explico, la vegetación parece abrigar la tierra, las plantas tienen una pelusa que las hace lucir como si tuvieran abrigo y miren que hasta los postes de las cercas parecieran como si se pusieran buso. 
Mañana paramosa o para... moza
¡Qué frío! Ya entiendo lo que quiere decir ese maravilloso dicho popular "Esta haciendo una mañana para... mosa" pero con z. Ahí es donde se necesita de verdad una cobija con orejas.

A las seis y media llegamos a Las Brisas, un refugio que se encuentra antes de iniciar camino hacia el parque. Este lugar tan agradable, en el que de manera extraña hace más frío adentro que afuera, es un establecimiento en el que te dan la primera bienvenida.
Una señora muy amable nos hizo pasar y nos dio la mejor noticia que nos podían dar: “hay chocolatico caliente” ¡carajo! Música para mis oídos, ángeles cantando hosanna. “Déjese venir con tres mi señora”.
Completamos el cuadro con una empanada de carne, una arepa tela de maíz blanco con “untao” de mantequilla y un pedazo de quesito bien poderoso. 
Pau Carrasquilla con frío

Desayuno de campeones apenas para el “frisol” que estaba haciendo.  Estando en el lugar llegó un bus cargado de gente. Revoloteo en la cocina, “ya llegaron mis muchachos, ya llegaron” decía la dueña del lugar mientras se sentía el sonido de tapas de olla sonar en la cocina. De un momento a otro unas veinte personas entraron haciendo ruido, nos saludaron amablemente y una calidez extraña inundó el lugar. Risas, chanzas, discusiones amables por todos lados en Las Brisas. La algarabía era provocada por los jóvenes guarda-parques del parque de Los Nevados que llegaron a desayunar.
Así que esperamos a que desayunaran y se alistaran para abrir el parque, mientras tanto nos pusimos las medias de lana, las botas y salimos en busca de las nieves perpetuas. 
Pau, Marce y yo en el Nevado

En búsqueda del Nevado del Ruiz en Caldas – Colombia.
La próxima entrada, en la que contaré la experiencia del parque, la voy a construir en video. Así qué espera el primer video oficial de salí, en el parque de los nevados.