Nuestro lema

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martes, 22 de febrero de 2011

A MÍ DENME JOROPO Y MAMONA, CAMARITA

Fachada de "El Llanerito"
Sólo imagínense la siguiente situación:
Es domingo, pretendes dormir hasta lo más tarde que puedas. Bloqueaste la ventana para que “Jaramillo” no se cuele y te agüe la fiesta antes de tiempo, desconectaste el teléfono, todo está perfecto y dispuesto. Pero no contabas con tu astucia, o mejor dicho con tu poca astucia y suena el teléfono celular a las ocho y treinta de la mañana porque se te había olvidado apagarlo. ¿Cuál es la reacción que tomarías? ¿Qué sentimiento te embargaría?  El mío fue de completa alegría, de fascinación… ¡en serio!, pero porque la llamada era para invitarme a almorzar, no por otra cosa, con eso se me arregló el genio, de lo contrario al amigo que me despertó lo hubiera mandado a… despertar a la abuelita.
Y luego de haber ido al lugar que fuimos, le pedí el favor de que me despertara así incluso más seguido.
Al lugar al que fuimos es uno de esos que, si hubiese pasado por ahí por casualidad no se me hubiera ocurrido entrar, creo incluso que no lo habría visto, no me llamaría la atención. Desde hace tiempo me habían hablado de este tipo de restaurantes en este sector pero nunca tuve suficiente curiosidad como para ir a buscar alguno. Por eso la invitación fue perfecta. Al lugar al que me llevaron es un restaurante de comida llanera que se llama “EL LLANERITO”, se llega por la vía del cerro el volador que une a la avenida 80 con la 65. Se tiene que parquear en una entrada a una pesebrera de un negocio similar pero “más caché”, según palabras de mi amigo, que queda al lado.
La primera impresión es la de un restaurante de carretera al que el borde de la ciudad lo ha alcanzado y le ha sobrepasado implacable, absorbiéndolo y ocultándolo a simple vista entre otras construcciones. No es muy espacioso, tiene muy pocas mesas disponibles, y así es como debe entenderse, disponibles porque a la una de la tarde, un domingo estaba lleno, había personas de todas las edades y de todos los estratos disfrutando de un buen almuerzo llanero y así debe entenderse, disfrutando, porque lo que le ponen a uno en el plato son pequeños pedacitos de alegría para disfrutar hasta quedar a reventar.
El señor del cuchillo
Desde afuera no parece nada del otro mundo, pero al entrar, justo al ver que en la puerta te recibe un señor con un cuchillo afilado que te da la bienvenida, ya con eso se sabe que el cuento aquí es otro. El piso es entablado, las mesas son una combinación ecléctica de viejas mesas de madera rústica, con taburetes de madera tallada, -como las del comedor de la tía Gertrudis- con las insufribles e insuficientes mesas de aluminio redondas, con bancas redondas, de tubo redondo que te dejan el “C¿/#” cuadrado.

El horno Llanero
Al fondo está el lugar donde se hace la magia, un horno que a los ojos de un “marranito” parece un sauna infernal, el baño turco del hades del ganado; pues tras la puerta de aluminio y cristal se pueden observar los jugosos trozos de carne asándose en su propio jugo, empalados en sendas estacas metálicas, que me recordaron, disculparán la analogía, al sexto círculo del infierno de Dante.
Marcela Carrasquilla y Andrés Toro
La atención eso sí no es muy buena que digamos, la niña que nos atendió era insuficiente para tanto comensal. El lugar no es muy grande, pero calculé unas treinta personas siendo atendidas por apenas dos personas. El pedido es simple, un plato personal o uno doble del que pueden comer hasta tres personas, una porción de yuca y papa cocida, más la bebida.

Refajo, rebueno
 “¡Tráigame una porción doble para uno! Que hoy me voy a hacer la siesta con proteinosis. Y para mis amigos… lo que pidan. (Cómo no pago yo) y un refajo bien frío pa’l calor Camarita”.
Mamona de "El Llanerito"
Sí señor, carne de ternera y carne de cerdo en el punto perfecto. Jugosas, con la sal perfecta, asadas por todos lados, se deshacen en la boca. ¡No me van a creer¡ pero la yuca le hace competencia a la carne. En mi vida me he comido una yuca así. Estamos acostumbrados a decir que la yuca parecía algodón, pero después de ésta, ya el punto de referencia es una nube. ¡Qué delicia!, se me hace agua la boca describiéndola. Además le dan a uno un par de salsas que parecen un guacamole con ají la una y un chimichurri con aguacate la otra, estas salsas con las papas o remojando la carne son “de maluquera”.
Finalmente Salí y me deje invitar a un lugar al que quiero volver y hacerlo varias veces, y aunque no fue una experiencia cien por ciento llanera, porque no hay música de arpa, ni joropo, ni sombreros negros, ni alpargates, me di un gustazo comiendo comida típica de los llanos orientales colombianos. Algún día saldré y lo haré como debe ser, por ahora me conformo con esta experiencia que me da la suficiente confianza para decirte a vos también, Salí, disfrutá vos también de este tipo de comida porque vale mucho la pena, no te vas a arrepentir.
P.D. A mi amigo y su novia no le gustan las fotos, por eso no salen en el Blog, a petición suya. Gracias Carlos, Gracias Tere tere.

lunes, 14 de febrero de 2011

McGYVER, EL CLAN McLEUD Y McDONALD'S. ¿HAY ALGO EN EL Mc?

¡Mmmmm!
“Si, si, si, que este amor es tan profundo, que tu eres mi consentida y que lo sepa todo el mundo…” Se lo dijo a una niña Carlos Vives y yo se lo voy a decir a una hamburguesa, pero quiero que se entienda esto en el mundo de las hamburguesas, no en el de la comida en general.
Verán, yo soy buena muela, siempre me ha gustado comer, comer bien y comer bastante, pero sí es menester confesarles algo, comerme una hamburguesa en un “puestico” de comidas rápidas en la calle me parece lo más harto del mundo entero. Ese concepto de entregarte una masa fusiforme rellena de ensalada de repollo con zanahoria, de carne insabora y pan remojado y blandito me repugna. La cantidad por encima de la calidad no es un concepto que prime para mi gusto en este caso en particular. Mí concepto de hamburguesa es más sobrio, más disfrutable, tiene que ver con una buena porción de carne molida y grasa asados a la plancha y un pan para no quemarse al agarrarla con las manos. Pero es que eso de las “papitas Margarita” en ripio, la mermelada de piña…  ¡ahhhh! no sé, nunca me ha gustado, contrario a lo que si me pasa con los perros calientes callejeros, sin mermelada de piña por supuesto. 
Desencajando mandíbula
Entre gustos no hay disgustos y todos somos distintos gracias a Dios. En este tema sin temor a ser criticado creo que si prefiero el concepto de los magos que se atribuyeron a la hamburguesa como la comida representativa de su país, los gringos, qué como cosa rara han interpretado la historia a su gusto y desconociendo qué los mongoles son los que se inventaron este concepto de comida hace unos nueve siglos más o menos, se consideran los padres de ésta particular comida rápida. Por eso cuando quiero comer hamburguesa, generalmente busco al payaso con cara de pederasta, y muy de vez en cuando voy a un lugar que la prepara al carbón en San Javier y al que pronto haré referencia en este Blog. 
Alejo Hinestroza y Pau Carrasquilla
Salí entonces hace poco y me quedé hasta tarde con mi familia en la calle. Pasada la media noche decidimos buscar un lugar dónde comer tranquilos, refugiados del frío y la primera opción fue McDonald’s en las Vegas; porque nos quedaba cerca y además tienen servicio las 24 horas.
Me pedí mí consentida, una Big Tasty en combo, con muchos jalapeños de la barra de ensaladas, mucha mayonesa y salsa barbacoa. No tengo más que decir, me gusta esta hamburguesa porque la carne sabe a algo, cosa que no pienso de las otras opciones en las que no siento el sabor de la carne, por eso siempre pido ésta o la Mc Pollo o algo mejor, dos Mc Pollo Junior. 
Papitas con mayonesa
Las papitas también se llevan un lugar especial de mi corazón, estas muchachas con mayonesa McDonald’s sólo se consiguen allí. Alguna vez cometí el error de ir a Burguer King, disque por las papas fritas y me decepcioné, no he vuelto, probablemente vuelva cuando se me olvide.
Pau Carrasquilla
Finalmente Salí a comer hamburguesas y terminé donde me parece que las hacen como deben, aunque creo que éste es el único lugar del mundo en donde no te sonríen cuando te atienden en un McDonald’s. Me quedo con las Mc porque siempre me ha parecido que este sufijo en un apellido es sinónimo de calidad, o quién no recuerda al viejo McGyver, siempre me encantó la historia de Higlander y el Clan McLeud. En fín, te invito, Salí también, comé hamburguesa pero aseguráte de que sea la que te guste, la que te llene, la que te haga sentir que estás pagando lo justo por lo que te da como opción. Mi consejo es que sigas al sufijo irlandés, pero lo que te merecés es lo que te gusta a vos.

domingo, 13 de febrero de 2011

SALÍ A TIRAR CAJA, ¡QUÉ CAJA!

A finales del año pasado Salí en un plan bastante divertido y que tenía ganas de vivir hacía rato.
Me fui a “tirar caja”, “verbo popular” de dos palabras sinónimo de “reír” convertido en argot de todos los estratos por el SUSO; y lo digo con conocimiento de causa porque hace poco vi con estos ojitos que se los han de comer los gusanos y escuché con estos oídos que usarán como túnel para llegar a lo más sabroso de mí, el cerebro, al presidente de una importantísima asociación de abogados, hombre distinguido, reconocido como un gran abogado de la ciudad, decirme “¿vos te imaginas? Como fuera parce…  ¡Ah que caja¡"  Y que conste que tengo testigos.

La oportunidad se dio porque “Susiño” se presentó en Envigado apoyando a la alcaldía que realizó el evento a favor de los niños de escasos recursos del municipio.

¡Qué divertido¡ Danny Hoyos, nombre de quien lo personifica es un artista en toda la extensión de la palabra, tiene magia atractiva. Cuando sale a escena, muy puntual por cierto, algo pasa, nadie quiere perderse nada de lo que dice, además tiene muy buena energía y se nota su influencia al ver sonrisas por todo el auditorio cuando aparece. Durante una hora y media el hombre hizo lo suyo y empezó contando historias vinculando al público que lo veía: enmarcó y aduló la belleza de las mujeres envigadeñas y se la montó a la gente del vecino municipio de Itagüí, después se la montó al alcalde de Envigado, muy respetuosamente eso sí, luego a uno que otro espectador por "feo", o "buenona" o por que se reía "extraño" y con eso se metió al bolsillo al público, que sin más se relajó y se le entregó para que lo pusiera a “tirar caja” desde el principio hasta el fin.

Que trabajo tan bacano el de este personaje, le pagan por decir cuanta bobada se le ocurre y más de una se ha convertido en adagio popular. En lo personal me gusta el trabajo del hombre por varias razones: me parece "charro", tiene una capacidad impresionante de convertir cualquier cosa en chiste, hasta los problemas técnicos en escena, tiene una mente rápida y aguda,  pero la más importante es que, tuve la oportunidad de asistir a un seminario de humor en el que fue ponente y pude conocer un poquito más a fondo la razón de ser de su personaje. El tipo no es ningún pendejo; estudia, analiza y comprende al ser humano desde muchos aspectos sociales, psicológicos y políticos, por eso es tan bueno, por eso puede llegar a ser más grande y dejar de ser un fenómeno local, para convertirse en un humorista de talla nacional y por qué no internacional. Además le gusta el bajo perfil, defiende su vida privada a capa y espada y tiene por bandera una causa noble, en sus palabras: “Lo que más me gusta de mi trabajo es ver reír a la gente”.
Finalmente Salí a ver al Suso presentarse con su obra, Tirando caja con Suso 1. Me reí mucho, me divertí más, aprendí un poco sobre cómo somos los colombianos y disfruté con la cultura antioqueña personificada en un embolador de zapatos con ínfulas de presentador de televisión. Por eso te puedo decir con tranquilidad que, si te gusta, podés y no te da miedo, salí a ver al Suso, a Vargas vil o a Juan Machado, mejor dicho al que querás, apoyá el talento local, y haces la cosa más inteligente que puede hacer el ser humano, porque no hay nada mejor que reírse de uno mismo, representado en un profesional que te hace creer que vos no sos el que está allá parado en el escenario.