Nuestro lema

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jueves, 21 de octubre de 2010

Un amor, una fecha especial, una plaza

Foto tomada en una sala de estar
Hay muchas fechas especiales en el año y una de las más esperadas en mi caso es la del día en que uno le hace el amor a la amistad. No lo digo porque tenga un corazón mercantilista corrompido por el deseo de comprar y consumir con el pretexto de celebrar un solo día al año el amor. No, no soy tan banal. Es porque por estas fechas se rememora el día del nacimiento de un hermoso niño, de un dios humanado…  (Ahora si me pasé). No, tampoco es por eso, sino porque desde hace ya unos cinco años, tenemos institucionalizado mi esposa y yo, celebrar estas dos fechas –qué, pensándolo bien no es tan bueno porque me están negriando un regalo… voy a tener que discutir esto…- en fin, lo importante es que celebramos estas dos fechas con una escapadita romántica a uno de los sitios turísticos más reconocidos del departamento, Santa Fe de Antioquia.
Ventana de la habitación
Estas escapadas son de un fin de semana. Nos vamos un día sábado en la mañana. Como el viaje es de menos de una hora y media, nos vamos sin afán, conduciendo con “inteligencia vial” es decir, estorbándole a los de las camionetas. Desayunamos en carretera, compramos tamarindo azucarado, saludamos a los soldados de mi patria que vigilan la carretera y al llegar al pueblo, nos sentamos a tomar “chevecha”.


Corredor de la hostería
A las tres de la tarde nos vamos a una hostería que se llama “Hostería de la Plaza Menor”. Es un lugar tan acogedor y cómodo qué desde que se llega, se siente uno como en la casa, sólo que no tiene que cocinar, ni trapear y lo mejor de todo, no hay que tender la cama. Año tras año, hemos visto como crece en tamaño y en servicio. Esta vez estrenamos habitación en el nuevo sector de la hostería. ¡Hermosa!, el ambiente que lograron con material reciclado y con detalles modernos genera una sensación extrañamente acogedora, como de estar en una construcción muy antigua que acabaron de construir, y el detalle de la bañera en la habitación… bueno, confieso que me enamora.

Jacuzzi de la habitación principal
Las zonas comunes son muy bonitas y lo invitan a uno disfrutarlas. Hay de varios tipos. Salas con mullidos sillones para sentarse a tomar tinto y conversar, un patio de hamacas para mecerse al ritmo tranquilo que querás –Aunque no falta el que cree que la hamaca es un columpio–, la piscina con muchas sillas bronceadoras, detalle encantador para las niñas y para los niños ver a las niñas. Yo no, porque estoy casado. Yo en mi caso del agua no salgo, por lo menos no hasta que tenga los dedos de las manos como unos cabanitos. Está el bar donde te encontrás con la administradora y podés disfrutar de una muy buena conversación mientras te tomás un coctelito. Tiene turco, hay un jacuzzi hidromasajeador que si les cuento… ¡hum, saben!
Cañón en salsa de champiñones
Carne en salsa agridulce
La comida es servida en un comedor con un ambiente especial, te sientas y esperas a que te atiendan a la mesa. Es muy buena, tiene menú diseñado con dos opciones para el plato fuerte. Es decir, un tipo de sopa o crema, ensalada, dos opciones de carne, bebida y postre. Los desayunos soy a lo paisa, es decir, con arepa y huevo revuelto, cuajada, chocolate, mejor dicho, no se sufre.
Y si querés salir del hotel siempre está la opción de irse a disfrutar del pueblo que carga con la historia de los paisas. Las callecitas empedradas, las iglesias antiguas, la gente linda, las artesanías, el tamarindo, el corozo, la fritanga, las heladerías con su sana competencia de “yo pongo el vallenato más duro”, los personajes en pantaloneta y sin camisa mostrando los pelos del ombligo y de las axilas, la cuchibarbie con el mondongo afuera, el del sombrero, mochos, “camisa sisa”, gafas oscuras, lata de cerveza en la mano, manejando una camioneta con luces azules altas y escuchando a todo volumen: “soy un hombre soltero, no tengo compromiso”. En fin, todo eso que tiene uno que ver y que vivir en cualquier parte a la que vaya, que igual se disfruta ¡y mucho!
Lavamanos del comedor
Finalmente salí de fin de semana romántico a la Hostería de la Plaza Menor, me divertí como chango, comí delicioso, disfruté de Santa Fe de Antioquia y me puse en contacto con mis raíces arrieras y por eso mismo te puedo decir: salí vos también, comé tamarindo, comprá artesanías o simplemente tomate una cerveza bien fría en un sitio cálido como Santa Fe de Antioquia, no sólo porque el sol brilla con intensidad, o porque esté a las riveras del Cauca, sino por la amabilidad de la gente y por su vocación de servicio.

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