Nuestro lema

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martes, 14 de diciembre de 2010

Estuve en el “último lugar del mundo”



Si, si, este Blog tiene que ver con experiencias de tipo gastronómico, con todo lo que se puede uno comer en diferentes sitios y situaciones. Sin dudar me pareció que un concierto también tiene cositas para aportar desde este aspecto. Pero, voy a ser muy franco, ya ustedes saben que yo no tengo ningún problema con “mandarme la mano al dril” a la hora de disfrutar de un bocadito, siempre y cuando, el bocadito aparente por lo menos el valor que por él están pidiendo, es más, mínimo que uno no intuya por su aspecto que conllevará a una amebiasis muy costosa, porque es que la verdad también hay que decirla, una disentería amebiana barata por comerse una “cochinadita” en la calle…  hasta regalada, pero sentarse en el trono, de cuenta de una comidita maluca y ¡bien cara¡ Qué rabia… ¿o no?
Por eso, de esta salida no quedará sino el recuento de lo bueno que se pasó en el “concierto para enamorarse” porque de lo gastronómico, nanai cucas pelao, nada que ver.


Les confieso que yo le tengo una especie de fobia a las multitudes. Este tipo de salidas me generan un temor basado en la desconfianza por la “inteligencia” de la masa bruta, que en varias ocasiones es lo suficientemente fuerte como para que rehúya y decida a última hora no asistir a eventos masivos. En este caso había varios alicientes, el primero es que la música que iba a escuchar me gusta mucho, otro es que Ricardo Montaner es… bueno es Ricardo Montaner y además el cumbambón de Andrés Cepeda me la solla. Otro es que hay que “sacar a ventiar a la costilla” y el último pero no menos importante es que “regalado hasta un purgante” y yo no le iba a decir que no a una invitación de mi amigo Jorge y a su esposa.
El concierto constaba de cuatro presentaciones; Siam, los ganadores del Factor X abrieron el concierto, nunca los había escuchado y me quedaron ganas de seguirlos escuchando. Muy buenos de verdad, felicitaciones a la pareja. Luego, sin más preámbulos el plato fuerte. Ricardo Montaner nos cantó una hora y cuarenta minutos, nos sacó disfónicos, el tipo es brutal para manejar público, tocó con uno de sus hijos que estaba cumpliendo años ese día y hasta happy birthday le cantamos.

La experiencia no se improvisa y el hombre es un maestro. Hasta ahí todo iba maravillosamente bien, la felicidad me recorría las venas, no me había dado cuenta de que estábamos sentados en las graderías de cemento de la plaza de toros la Macarena, estaba cómodo, contento, hasta con ganas de comerme una enfermedad intestinal de las que le pasaban a uno por las ñatas cada treinta segundos. Pero tuvo que terminar Montaner, lo bueno no dura, y le entregó el escenario al tercer show, que digo show, a la tortura, a un anestesiólogo que se llama Santiago Cruz.
A este sujeto no le falta sino salir con un par de jeringas gigantes llenas de cloroformo y a repartir aguja se dijo, el hombrecito es el sopor en pasta parado en dos patas. El apellido le cae como anillo al dedo, esa fue una cruz más dura que la del matrimonio. Uff, me van a disculpar, pero el hombre se encargó de que me acordara en donde estaba sentado, de que mis pobres nachas sintieran el rigor inclemente del frio pavimento, de que estaba muy lejos de casa, de que tenía hambre, frío, me hizo sentir totalmente enfermo, con ganas de vomitar. Tanto que para reponerme, aunque no lo crean, me dormí.  Dios mío, la tortura china de los bambú debajo de las uñas fueron una añoranza, eran cosquillas para lo que estaba padeciendo, para acabar de ajustar, el tipo tiene nada más veinte canciones y se las cantó todas, ¡que dolor¡ Casi que no se acaba.
Lo peor fue darme cuenta de que las diez mil “viejas” que estaban allá –porque eso sí, Medellín lucía desocupado, el man que salió ese día a ver qué se levantaba, se tuvo que poner a hablar con el barman porque todas las brujas de Medellín, que digo, del área metropolitana estaban allá– todas toditas todas, se sabían las canciones del tipo, y eran tan descaradas que le gritaban “tocate otra papitooooo”.  


Casi que no se acaba y a eso de la media noche, salió el propio. Andrés Cepeda. Traje y corbata, zapatos rojos, motilado, de lentes oscuros y una energía la verraca. Me alivié, se me quitó todo, me sentí bien, en paz conmigo mismo, tan contento estaba que decidí perdonar al anterior… muchacho. Ese flaco desgarbao tiene su tumbao, ¡qué artista! Eso sí es música, con acordes distintos, con instrumentos varios y no tres nada más, con coristas, con swing, con ángel, con maestría. Me voy a atrever a decir, que en cuanto a show superó al maestro Montaner, el tipo se recorrió el todo el escenario, por ponerse de loco montándose a unas cajas cerca de la tarima casi se cae, tomó y pidió aguardiente todo el que quiso, se recorrió la zona VIP saltando de silla en silla como un niño chiquito, se abrazó y se besó con la gente y cuando ya todo había terminado como a la una y media de la mañana, cuando la gente ya estaba saliendo por las puertas, a este loco le dio por empezar a cantarse otra y nos hizo devolver.
Jorge (Cala) y Luisa
Finalmente Salí, me fui para un concierto, pasé bueno un 100%, porque mi abuelita me decía que maluco también es bueno y a la experiencia hay que sumarle lo malo, traté de comer alguito, di con un pedazo dizque de pizza que compró mi amigo y que muy amablemente me convidó, eso sí, soltó la carcajada cuando mordí, no sé si por la cara que hice, o porque se sitió vengado y tranquilo al saber que eso no lo iba a soportar él solito. Pase muy bueno, disfruté, canté y grité, compartí con amigos y mi esposa de un buen espectáculo. Me atreví y no me arrepiento.



Ahh, y si sos seguidor de Cruz, discúlpame si te ofendí, espero que sigamos siendo amigos y que te acordés que gracias a Dios todos somos distintos y nos gustan diferentes cosas.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Haciendo Carne de Cerdo Andrés

Esta vez sólo quiero mostrarles una maravilla de experimento que logré con la ayuda de la imaginación y un hambre la verraca a la hora del almuerzo.
Manitas creativas - así se ve la Carne de Cerdo Andrés
Siempre he dicho que el mejor laboratorio que existe es la cocina. Un día cualquiera, luego de llegar de trabajar, ya eran como las dos y media de la tarde, tenía mucha hambre y necesitaba llenar el tanque pero de manera rápida, fácil y segura, ¡ah! y por supuesto rica; pero lo que no tenía era tiempo. Ya saben, Margarita estaba acosando y reclamaba lo suyo con urgencia…  no, Margarita no es mi esposa, pero es como si lo fuera, es más, ¡Ojala! Porque es más tierna conmigo, ya saben, Margarita es la serpiente arroyada de diez metros que tengo en los intestinos.
Jajaja   jayyy… mal chiste, esto me va a costar caro.
Salteando unos cinco minutos
En fin, puse a calentar a fuego lento una sartén, corté un pequeño pimentón verde en julianas, cebolla blanca, una libra de carne de cerdo en trocitos, algo de pimienta, sal y recordé que tenía unas mantequillas compuestas en la nevera ansiosas por demostrarme qué podían hacer por mí en un momento de “efervescencia y sabor” y tomé la mantequilla 02 Hierbas, ummm deliciosa. Así que en su orden, puse algo de mantequilla 02 en la sartén, luego la carne y la sellé, es decir, la sofreí agitando la sartén con regularidad para que la carne se cociera en el exterior y conservara sus jugos en el interior. Luego agregué sal, pimienta y vertí el pimentón y la cebolla y seguí agitando con insistencia por otros cinco minutos. Luego pasé al proceso de servir o “emplatar”, –horrible palabra usada por los cocineros muy frecuentemente, que no existe y por tanto no se debe utilizar–  tomé un tomate “chonto”, lo corté en rodajas y me puse creativo para que pareciera una mariposa cortándolo por el tallo y separado un poco –no me juzguen no soy profesional ni pretendo serlo. Luego tomé algo de cilantro, una ramita me sirvió de cuerpo y antenitas, otro poquito de cilantro encima de la carne servida y “voilá”. Carne de cerdo Andrés.
Fácil, rápido y delicioso, y lo hice yo solito
Esta vez no salí, más bien llegué, pero por lo menos haber salido y buscar tantos sabores para mi paladar me han servido para que mi mente sí salga en busca de formas distintas de hacer cosas ricas. No siempre el ACPM (Arroz, Carne, Papas y Maduro) es lo único que se ha de comer en la casa, con los mismos ingredientes y con un poquito de imaginación se pueden hacer otras cositas. Te invito entonces para que salgás vos también con la imaginación y hagás cositas ricas en la casa y me contés y si lo querés, lo compartimos con los que visitan este Blog.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Buen viento, BUENA MAR

Génesis
Esta vez les contaré acerca del lugar que inspiró todo esto. Este blog existe porque luego de ir algunas veces a este lugar, se me ocurrió que otras personas debían saber lo que es comer verdaderamente “BUENO”.
No sé si es porque el cuerpo está conformado por cerca de un setenta por ciento de agua, pero la fascinación que crea en mí el mar y lo que de él se deriva es inexplicable (sobre todo porque soy Virgo y se supone que pertenezco al grupo de los signos tierra). Eso sí, debo confesar que soy un pésimo nadador y que mi peor pesadilla es naufragar y convertirme en “comida para peces” como dicen en las películas de gangsters. Por eso prefiero comérmelos yo y cuando me los quiero comer voy al restaurante Buena Mar. 
Lo primero que hay que decir es que el restaurante tiene un encantador bajo perfil, y a esto creo yo, se debe que siga teniendo la misma alta calidad en el servicio y en el producto que ofrecen desde que abrieron hasta hoy. Eso sí, para ir, lo mejor que se puede hacer es llamar y reservar, porque en semana es muy difícil encontrar mesa disponible entre las once y media de la mañana y las dos y media de la tarde, los fines de semana se llena igual, pero es un “tantito” más fácil.
Si miran bien, atrás mío está la entrada
en caracol.
Buena Mar está escondido en Itagüí cerca a la entrada principal de la Plaza Mayorista. Digo escondido porque a simple vista es una distribuidora pesquera que tiene unas escaleras de caracol que conducen, al que sabe, hacía el paraíso. Para llegar hay que entrar por la boca calle que está al frente de la Mayorista, es decir, si te sitúas en la puerta principal de la Plaza, miras hacia el frente, pasas el semáforo y sigues derecho en sentido sur - norte. Esa es la Carrera 48 y buscas la dirección 85 -198. Ahí verás el aviso de la pesquera y un discreto pendón que te muestra algunas de las delicias tipo gourmet que puedes degustar.

Parqueadero, que se diga parqueadero no tiene. Si vas en carro y tienes suerte lo dejas “bien cuidadito mono” por el hombre del trapito rojo en la acera del frente. La entrada como dije antes ahí está, ahí está pa’ que la encuentre. No, en serio, son unas escaleras en caracol rústicas adornadas con estrellas marinas y cuerda de buque. Así que subes las escaleras, confirmas el dicho de la fortaleza que tiene para halar el cable de buque y porque es tan débil ante la otra cosa que hala más que eso y te encuentras en un ambiente olorosamente mágico. Lo primero que se ve al entrar es la cocina y tres o cuatro matronas chocoanas haciendo magia con su sabiduría gastronómica ancestral. El piso es de madera, al frente de la cocina hay unas cuantas mesas y otras más en el tercer piso. La decoración está inspirada en Bahía Solano - pacífico colombiano, es una disposición casi de museo de remos de chalupas, bateas, cuerdas, timones de barcos, velas de pequeñas embarcaciones, nudos de marinero, en fin.
Menú de Buena mar
El menú tiene varias posibilidades y todas muy atractivas. Como he ido algunas veces he podido comer varios de los platos y les digo con toda seguridad que no hay ni uno malo. En esta oportunidad salimos con unos amigos que fueron por primera vez y salieron encantados.
Yo, que andaba antojado desde hace tiempo, me pedí un trocito de cielo que se llama arroz marinero, mi esposa pidió una deliciosa cazuela de mariscos y mis amigos (que pidieron insistentemente no salir en el blog) nos siguieron el paso con dos platos iguales.
¡Un pequeños pedacitos de alegrías!
¡Dios mío! Aún huelo las delicias del glorioso mar pacífico colombiano. El arroz marinero trae tantas cosas ricas. Es un arroz adobado con habichuelas, zanahoria, pimentón rojo, cebolla, se siente algo de salsa soya, trae camarones, calamar, pescado, y un toque secreto que tienen las matronas pacificas que es un no sé que en no sé dónde. Viene acompañado de una ensalada deliciosa con tomate rojo y verde, cebolla roja, zanahoria rallada, perejil crespo, carambolo, y está remojada en una vinagreta blanca muy gustosa. Y el patacón “pisao” con suero no se puede dejar de mencionar.
El detalle de fina coquetería es que trae una almeja coronando el plato, esta está cocinada seguramente con la base que hacen el arroz y trae salsa soya. La primera vez que la vi en una ocasión anterior me entusiasmé mucho, porque no la había probado y se había llegado la hora. Me lo tomé con calma pero decidido y pude confirmar las palabras de los conocedores de cocina que veo en Discovery travel, las almejas tienen mucho sabor a mar… pero al mar de Cartagena en la playa donde desemboca la cañería de desagüe del Hilton. Lo siento, esa fue mi primera impresión, esta vez, que fue la segunda, no cambió mucho.
El cielo en un plato de barro.

El otro plato es la cazuela de mariscos, hummm ¡qué rico¡, está hecha como debe ser, en mucha leche de coco, suero, con un poquito de canela que aromatiza delicioso, pimienta, trae por supuesto frutos del mar entre los que se notan caracoles, calamares, pulpo, camarones… en fin. Está acompañada con arroz con coco y pasas, la misma ensalada y el patacón con suero. Mejor dicho ¡Magnifico! Ah, pero les voy a recomendar un plato más, sobre todo a los buena muela, “el pescado entero frito”, uff, es un descaro que le lleven a uno acompañamiento. Para este plato hay que pedir una mesa adicional y sentarse uno solo. Debería llamarse tiburón blanco entero. Es delicioso.
Las bebidas son las que ofrecen en cualquier parte, gaseosa, jugos naturales, cerveza, agua, pero también está en la carta la posibilidad de acompañar con vino. Es más, escuché a un sommelier en el programa Gastrosofía, que sería un pecado ir al restaurante Buena Mar y acompañar la excelente comida que ofrece con una gaseosa. Ahí están las palabras de un experto, ustedes toman la decisión.
La satisfacción plena
Finalmente SALÍ, estuve en el restaurante Buena Mar y me di nuevamente un gustazo comiendo el tipo de comida que más me gusta y del mar pacífico colombiano, hecha como la hacen los oriundos de esta zona maravillosa del país. Por eso, me siento en total confianza para decirte a vos también, SALÍ, consentite comiendo como un rey, disfrutá de la comida típica de los chocoanos de Bahía Solano, gózate la vida y por ahí derecho recogés energía para…  bueno ya sabés la fama que tienen los mariscos.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Halloween más "infornothings" ¡qué buena combinación!


Crispetina, ¡tremendo show!
Esta sección será presentada gracias al patrocinio de CRISPETINA, la competencia de Laura, que ya no está en América.
¡Ahh! Por cierto  in-for-notings es el nombre internacional para las em-pa-nadas (para que entiendan los gringos)

(lease como cubana)
Mis amores: el día de los brujitos es una fecha que esperan con ansias todos los niños, sobre todo los niños de más de 20 años, porque no nos digamos mentiras, hoy por hoy se disfrazan más los grandes que los chiquitos. En mi caso, me encanta el Halloween por qué, primero que todo al otro día ya empiezan a sonar en las emisoras de radio villancicos como: “de año nuevo y navidad, Caracol con sus oyentes formula votos fervientes de paz y prosperidad”. Por otro lado la alegría de los niños en la calle cambia la energía del planeta, se siente un ambiente distinto, todo es más colorido,  además de que es muy divertido verlos caracterizando a Supermán, a la Princesa encantada, al chavo del ocho, treinta o cuarenta versiones de Suso, y a la que va a hacer la primera comunión ¿o será de novia? En fin. Otra de las razones es que es una excelente oportunidad para salir a la casa de la mamá y reunirse con la familia a realizar una actividad grupal.
En la cocina todos reunidos
Este año se me ocurrió proponerles hacer empanadas para comer hasta quedar “malucos” y me pararon bolas. Así que te invito para que aprendás junto a mí a hacerlas, porque fue mi primera vez y quedaron tan ricas que ya me dijeron que no va a ser la última.
El proceso tiene varias etapas, puede parecer demorado, pero eso al son de una “chevecha”, chisme, cadeneta y chisme, pique aquí, pique allá, chiste va, chiste viene, se pasa una tarde completa de la mejor manera que se puede pasar y con los que uno quiere y que se lo aguantan a uno porque les toca.
Lo primero es cocinar las papas y el maíz si es que querés hacer incluso la masa. En este caso compramos la masa hecha que es más fácil e increíblemente barato. Se hace el guiso con tomate, cebolla, si se quiere se le agrega ajo y un cubito de caldo para que quede más gustosa. Esto se sofríe y se hace un “hogao” como lo conocemos en Antioquia. La carne se cocina con un poquito de sal por unos diez minutos, luego se sofríe y se muele. Cuando estén cocinadas  las papas, se descascaran y se aplastan, pero no mucho, es mejor que se sientan los grumitos. Luego se mezclan con la carne molida y el guiso. La masa se comienza a combinar con un poquito de sal, se le agrega el triguisar y una cucharada de azúcar para que cuando se sofría quede morenita, y también un tantito de harína de yuca para que no se reviente con la alta temperatura del aceite. Ojo, no se debe amasar demasiado para evitar que la masa se ponga muy blanda, porque a la hora del armado la cosa se pone “trinca”.
Cuando todo está dispuesto se hacen unas bolitas con la masa, que luego se convertirán en arepitas. Las bolitas recomiendo aplastarlas con una bolsa de plástico grueso untado de aceite para que no se peguen y no se deben aplastar con mucha fuerza porque a la hora de armar te podés meter en la grande. La arepita perfectamente redonda se logra creando un troquel o sacabocados con una taza, o una “coca” (recipiente de plástico).
Hora del armado: Arepita, cucharada de guiso con papa y carne, se dobla la arepita para juntar los bordes y lista, "pa’  la paila mocha”.
Se vierte el aceite en una sartén profunda y se calienta, como les gusta a las mujeres, ¡con el clavo adentro! Me refiero a que a las mujeres les gusta así porque no se revientan las empanadas, es que comerse una empanada reventada no es lo mismo ¿sí o no? Este es un truco de mi abuela paterna que hacía empanadas muy ricas y no sé, pero ninguna de las empanadas se reventó.
Hicimos 64 empanadas y nos sobró guiso para hacer doce papas rellenas. Que también son muy fáciles de hacer, con harina de trigo, huevo y otro poquito de triguizar se hace una mezcla, se sumergen las bolitas de guiso y pa’l fogón. Comimos doce personas y quedamos satisfechos y con ganas de volver a hacer otra comitiva.
Que no falte el ají.. juel diablo
Finalmente salí a la casa de mis papás, hicimos empanadas y papas rellenas, nos desatrasamos de chismes de los primos, tíos y amigos de la familia, afianzamos ese lazo que nos une, nos disfrazamos, vimos niños disfrazados y repartimos golosinas. Por eso me siento con el derecho a decirte, salí vos también, con tu familia, con tus amigos, armá un programa y hacé empanadas y te vas a dar cuenta de qué la vida vale la pena es por esos momentos en los que se pasa con los que se quieren.

domingo, 7 de noviembre de 2010

¡Qué regalazo! Mantequillas compuestas GRATESS

Esta es la presentación
GRATESS
mantequillas compuestas
Estamos cerrando año y para los que tienen una vida académica ligada a las universidades saben que estas semanas son las más estresantes del segundo semestre, pues se llegó la hora de los exámenes finales.
Yo ya he estado afilando la guillotina...  perdón, he estado realizando uno que otro examencito final, de esos de los que me caracterizan, muy facilitos, y en uno de estos me han sabido llegar con un detalle que me dejó boquiabierto. Una alumna, me ha dado la despedida más espectacular del mundo. Me ha dado un regalo de seis sabores que después de haberles metido el dedo para probar, se me han quedado en las papilas gustativas de una manera atormentadora. Son unas mantequillas compuestas que se ganaron el concurso de emprenderismo de la Alcaldía de Medellín, Cultura E
¡Que delicia! con razón. Los sabores son:
01 Ajo + perejil. 
Mis alumnitos de IDEAS
02 Hierbas.
03 Tomate + albahaca.
04 Curry + semillas de amapola.
05 Jenjibre + miel + ajonjolí negro y una de mis preferidas,
06 Queso azul + nueces.
Estas mantequillas sirven para untar o para usar como bases para salsas. Ya me encargaré de usarlas y por supuesto ustedes se enterarán de lo que se puede hacer.
Jackeline, alumnita querida. Mil gracias.

Para aquellos que las quieren probar y por ahí derecho apoyar a nuestros emprendedores, pueden llamar a:
GRATESS
mantequillas compuestas
311 720 1776
311 354 3483

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Un motivo: una celebración más, una barriga llena y un corazón contento

Añorando el pasado de mis ancestros
Octubre fue un buen mes, pues en cuanto a experiencias gastronómicas tuve una que vale la pena resaltar. La hermana de mi esposa, a pesar de todo lo que se le advirtió para que no lo hiciera y me imagino que por llevarnos la contraria, cumplió años –esto como que ya es costumbre en este blog-, así que le sugerimos ir a conocer un restaurante que nos habían recomendado para celebrar.
La "ojimeniada"
Que si señores, que cómo no, que si le hizo daño pa’ que comió y “LJMJ” –Los Juimos Maria Julia” –.El restaurante en cuestión se llama El mundo de Quincho Palma” y es un restaurante cuya modalidad de cocina es el RODIZZIO brasileño. ¿Cómo así? Pues bueno, cuentan los que cuentos cuentan porque cuentos yo no sé contar, qué unos alemanes por allá en la época de la primera guerra mundial, se vieron en una situación que nosotros como colombianos conocemos bastante bien; el desplazamiento forzado. Decidieron entonces viajar a América y terminaron después de mucho rodar, o mejor dicho nadar, (léase en portugués) “em el país mais grande do mondo”.  Estos alemanes no creían en la exuberancia del paisaje, ni en la riqueza del suelo al que se habían mudado, así que al año siguiente de haber llegado, felices por lo ricos que se habían vuelto, decidieron hacer una fiesta a la que denominaron rodizzio, que consistió en invitar a todo el mundo a celebrar su alegría. Pero había una condición, cada quien debía traer algo para comer y a la hora de la fiesta, cada quien recibía una porción de todo lo que había. Así hicieron un banquete de “racamandaca” en el que “jartaron” hasta más no poder y “bebieron como machos asoliados”, al año siguiente, cuando se les olvidó ese guayabo tan verraco, lo volvieron a hacer y se volvió una tradición. Entonces –a lo mejor fue un paisa– a alguien se le ocurrió hacer negocio con este concepto y nació el restaurante tipo rodizzio.
Limonada de coco
En Medellín hay varios. El mundo de Quincho palma, al que asistimos, está ubicado en la vía las palmas a la altura del Indio, después de Pura Leña. Tiene un parqueadero amplio y cómodo porque es compartido por varios restaurantes. La entrada al rodizzio está como escondida porque es por un pasadizo, pero no hay problema, preguntando se llega hasta roma. El lugar es muy acogedor, tiene vista hacia la ciudad pero está cubierta por cristales para proteger a los comensales del frío. La atención es genial, el administrador del negocio es además de servicial muy gracioso y para amenizar la estadía bromea muy discretamente con todos. Los demás dependientes son muy buenos en lo que hacen.
Pau Carrasquilla
El concepto del negocio es muy atractivo, sobre todo para los que somos “buena muela” porque todo el que entra en el restaurante paga lo mismo por persona, come los mismos platos pero en la cantidad que sea capaz. Me explico. Todo va por rondas, al llegar te sirven una suculenta ensalada con lechuga, tomate rojo, cebolla, aguacate, pimienta y crema de leche. Te ponen un plato al frente con papa cocida y arepa –toque paisa-, los cubiertos y una extraña pinza personal para agarrar el corte de carne que te sirvan. Te ofrecen bebidas desde agua, pasando por gaseosa hasta bebidas alcohólicas, que aclaro, se pagan a parte de la comida. Recomiendo la Limonada de coco –no es broma, existe y es deliciosa– también la limonada de mango y la sangría. En unos minutos comienza a venir hasta tu mesa un cocinero experimentado con un pincho gigante que trae atravesada una pieza de carne asada al carbón. Te lo pone al frente, te dice como se llama la carne y si aceptas hace un corte para que con las pinzas agarres el trozo de carne y termina de cortar para poner el trozo en tu plato. Son doce cortes, once son de carne y el último es piña asada con azúcar y canela, que funciona como un bajativo y muy eficaz por cierto. Los cortes de carne son de res, de cerdo y de pollo y son completamente respetuosos en sabor, me refiero a que la carne sabe a carne  y nada más, está perfectamente adobada con sal y pimienta y ya. Que recuerde, hay uno que me encantó que se llama “morro”, es de res, otro es punta de anca, alitas de pollo picante –unico corte que recuerdo tiene una salsa especial-, corazoncitos de pollo -paso, fuchile, guacala, fooo-,  chorizo de ternera, uno muy brasilero que se llama “Maminha” delicioso, cañón ¡Hummmmm!, me acuerdo y se me hace agua la boca. Cada quien come lo que le gusta, si es capaz, después de la piña, arranca con la otra ronda y así hasta donde pueda. Yo en lo personal no pude sino con una sola, pero para dejar en alto mi orgullo y buen nombre, voy a aclarar que en la mesa, jugué el papel de “el marranito que vive debajo del lavaplatos de los picapiedra”, es decir, que todo lo que mi esposa o mi cuñada no eran capaces de comerse, me lo daban a mí, así que en realidad soporté por lo menos, ronda y media, más dos porciones de ensalada y dos de papa y arepa.
Mis carnes

Para comer en este restaurante hay que ir con tiempo, pues el proceso completo puede tomar tranquilamente dos horas, que no se sienten porque la música brasilera, el ambiente, el excelente servicio, la compañía y la buena comida hacen que uno no se percate del tiempo.
Finalmente salí a comer comida brasilera a El mundo de Quincho Palma, un restaurante tipo rodizzio, que ya entiendo por qué lo llaman así: porque uno queda como para que lo tiren rodando Palmas abajo de lo llenito que sale de allá. Celebramos en familia, comimos rico y disfrutamos de un muy buen lugar. Por eso te puedo decir: salí vos también, andate para el Rodizzio y comé rico, eso sí, no desayunés ese día y creo que es mejor que no almorcés tampoco para que alcancés la segunda ronda.

Datos del Rodizzio
Dirección:
Carrera 38 # 26-289

Teléfono:
2327454

Días Apertura:
L M M J V  S D

Recibe Tarjetas:
Visa | AMX | Mastercard | Diners Club | Otras

Horario de Atención:
Lunes a Viernes de 11:00a.m. a 2:00 a.m.
Domingos de 11:00 a 6:00 p.m.

jueves, 21 de octubre de 2010

Un amor, una fecha especial, una plaza

Foto tomada en una sala de estar
Hay muchas fechas especiales en el año y una de las más esperadas en mi caso es la del día en que uno le hace el amor a la amistad. No lo digo porque tenga un corazón mercantilista corrompido por el deseo de comprar y consumir con el pretexto de celebrar un solo día al año el amor. No, no soy tan banal. Es porque por estas fechas se rememora el día del nacimiento de un hermoso niño, de un dios humanado…  (Ahora si me pasé). No, tampoco es por eso, sino porque desde hace ya unos cinco años, tenemos institucionalizado mi esposa y yo, celebrar estas dos fechas –qué, pensándolo bien no es tan bueno porque me están negriando un regalo… voy a tener que discutir esto…- en fin, lo importante es que celebramos estas dos fechas con una escapadita romántica a uno de los sitios turísticos más reconocidos del departamento, Santa Fe de Antioquia.
Ventana de la habitación
Estas escapadas son de un fin de semana. Nos vamos un día sábado en la mañana. Como el viaje es de menos de una hora y media, nos vamos sin afán, conduciendo con “inteligencia vial” es decir, estorbándole a los de las camionetas. Desayunamos en carretera, compramos tamarindo azucarado, saludamos a los soldados de mi patria que vigilan la carretera y al llegar al pueblo, nos sentamos a tomar “chevecha”.


Corredor de la hostería
A las tres de la tarde nos vamos a una hostería que se llama “Hostería de la Plaza Menor”. Es un lugar tan acogedor y cómodo qué desde que se llega, se siente uno como en la casa, sólo que no tiene que cocinar, ni trapear y lo mejor de todo, no hay que tender la cama. Año tras año, hemos visto como crece en tamaño y en servicio. Esta vez estrenamos habitación en el nuevo sector de la hostería. ¡Hermosa!, el ambiente que lograron con material reciclado y con detalles modernos genera una sensación extrañamente acogedora, como de estar en una construcción muy antigua que acabaron de construir, y el detalle de la bañera en la habitación… bueno, confieso que me enamora.

Jacuzzi de la habitación principal
Las zonas comunes son muy bonitas y lo invitan a uno disfrutarlas. Hay de varios tipos. Salas con mullidos sillones para sentarse a tomar tinto y conversar, un patio de hamacas para mecerse al ritmo tranquilo que querás –Aunque no falta el que cree que la hamaca es un columpio–, la piscina con muchas sillas bronceadoras, detalle encantador para las niñas y para los niños ver a las niñas. Yo no, porque estoy casado. Yo en mi caso del agua no salgo, por lo menos no hasta que tenga los dedos de las manos como unos cabanitos. Está el bar donde te encontrás con la administradora y podés disfrutar de una muy buena conversación mientras te tomás un coctelito. Tiene turco, hay un jacuzzi hidromasajeador que si les cuento… ¡hum, saben!
Cañón en salsa de champiñones
Carne en salsa agridulce
La comida es servida en un comedor con un ambiente especial, te sientas y esperas a que te atiendan a la mesa. Es muy buena, tiene menú diseñado con dos opciones para el plato fuerte. Es decir, un tipo de sopa o crema, ensalada, dos opciones de carne, bebida y postre. Los desayunos soy a lo paisa, es decir, con arepa y huevo revuelto, cuajada, chocolate, mejor dicho, no se sufre.
Y si querés salir del hotel siempre está la opción de irse a disfrutar del pueblo que carga con la historia de los paisas. Las callecitas empedradas, las iglesias antiguas, la gente linda, las artesanías, el tamarindo, el corozo, la fritanga, las heladerías con su sana competencia de “yo pongo el vallenato más duro”, los personajes en pantaloneta y sin camisa mostrando los pelos del ombligo y de las axilas, la cuchibarbie con el mondongo afuera, el del sombrero, mochos, “camisa sisa”, gafas oscuras, lata de cerveza en la mano, manejando una camioneta con luces azules altas y escuchando a todo volumen: “soy un hombre soltero, no tengo compromiso”. En fin, todo eso que tiene uno que ver y que vivir en cualquier parte a la que vaya, que igual se disfruta ¡y mucho!
Lavamanos del comedor
Finalmente salí de fin de semana romántico a la Hostería de la Plaza Menor, me divertí como chango, comí delicioso, disfruté de Santa Fe de Antioquia y me puse en contacto con mis raíces arrieras y por eso mismo te puedo decir: salí vos también, comé tamarindo, comprá artesanías o simplemente tomate una cerveza bien fría en un sitio cálido como Santa Fe de Antioquia, no sólo porque el sol brilla con intensidad, o porque esté a las riveras del Cauca, sino por la amabilidad de la gente y por su vocación de servicio.

jueves, 14 de octubre de 2010

Hijole manito. Celebré la edad del clavo

Como la mayoría de ustedes, no he podido dejar la mala costumbre de cumplir años, y en septiembre volví a cometer el mismo error. Pero como no se puede llorar sobre la leche derramada no quedó de otra que ir a celebrar. Y para eso uno hace o lo invitan a hacer lo que a uno más le gusta. En este caso, antes de hacer lo que más me gusta, me invitaron a comer, que también me encanta. Fuimos entonces a un lugar en Envigado que sirve comida étnica que se llama, “El rinconcito mexicano”. ¿Adivinen que tipo de comida étnica sirven?
Este lugar se ubica en la avenida el poblado en el sentido sur/norte después del sector conocido como la bota del día, un poco antes de la clínica del sur.
Pues bien, el lugar es muy agradable. Tiene parqueadero aunque no muy amplio, pero”sí vamos a caber en el cielo…” La decoración es llamativa, hay un mural en especial que me gusta mucho en donde destacan varios personajes emblemáticos del país manito. Las mesas están decoradas con ponchos mexicanos de esos de rallas de varios colores, detalle chévere, y es amplio, con posibilidad de juntar varias mesas como para una reunión empresarial, cosa que en las tres ocasiones en las que he ido, siempre me ha tocado sufr…  perdón compartir.
El servicio es muy bueno, están atentos de todo, tanto que al ver que me estaban tomando fotografías por motivo del onomástico, el administrador tuvo la gran” idiota”, perdón “ideota”, de hacerme pasar la pena… está bien, de hacerme parar frente al mural, ponerme un sombrero de charro –ahora comprendo el término, porque así me sentía- y tomarme la foto étnica.
A la hora de la comida, luego de revisar el menú que no trae opciones muy distintas a las conocidas y aclamadas por el paladar de montañero que nos caracteriza a los paisas,  pedimos una TORRE DE NACHOS.  ¡Wow! Cuando te la traen la primera expresión que se te ocurre es: “¿y quién vive detrás de ese morro?”. Como yo soy de buen tamaño y de mejor comer, este plato es perfecto para mí y otro acompañante, en este caso mi esposa, pero para un comensal normal y desprevenido, este plato es perfecto para él y otras dos o hasta tres personas.
El sabor es maravilloso, los nachos, la crema agria, el guacamole agrio con cilantro, el pico de gallo, la cebolla blanca, la carne de cerdo molida y el pollo desmechado y los frijoles refritos, que sinceramente me parece que se queda corto en porción, pero es mi percepción personal porque el sabor es excepcional.  Yo pido para mí, las salsas picantes, que son cuatro, una que siempre está en la mesa y que es la que uno encuentra en cualquier tienda de mercado, y tres que son de la casa. Los típicos jalapeños en salmuera, una especie de salsa barbacoa con picante medio y una salsa muy picante, de las que cobran doble peaje, que me encanta.
Para beber, esta vez quise una cerveza Corona porque por ser jueves, te daban ración doble, pero recomiendo el tequila margarita, ¡Ufff!, que delicia para poner a darle vueltas a la cabeza.
Finalmente salí a celebrar mi cumpleaños con mi esposa al RINCONCITO MEXICANO, disfruté de una generosa porción de comida étnica, escuché rancheras, me picó la boca por el ají que me encanta y la pasé de maravilla. Por eso me atrevo con toda tranquilidad a decirte: Salí vos también al Rincón Mexicano de Envigado, comé rico, pasá delicioso, celebrá solo o acompañado y no te vas a arrepentir.