Nuestro lema

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domingo, 13 de agosto de 2017

¡NO TE PERDÁS EL PRÓXIMO EVENTO! #SALÍ A VIVIR LA NOCHE ITALIANA

¿Cuál es el estilo de vida que quieres vivir?

#SalíAComer este miércoles 16 de agosto conmigo en el próximo #EventoSalí.
Esta vez disfrutaremos lo mejor de la comida italiana en el restaurante El Graspo de Uva.
El menú propuesto por don Giorgio, un natural de Verona Italia, está ¡de rechupete!
Primera entrada: dos porciones de pizza: capricciosa y marghuerita.

Segunda entrada: Carpaccio de res (láminas finas de carne de res, queso parmesano, rúgula y aceite de oliva)
Plato fuerte: Penne a la Cubana. (Unas pastas cortas con una salsa de tomate y un poco de picante deliciosa)

Postre: Salami de chocolate (láminas deliciosas de un rollo de chocolate y helado)

Pero eso no es todo, don Giorgio nos tiene a los asistentes un regalo gastronómico, tendrás que ir para saber de qué se trata... así que no serán cuatro momentos, tal vez sean cinco.
Cada plato será maridado con un vino diferente, seleccionado por él, que es un experto y Jorge Betancourt Tobon de productos Patagonia, la experiencia será redonda.
Además don Giorgio nos contará sus mil y una aventuras al rededor de la gastronomía y el vino. 

Haremos amigos, habrá regalos y bonos de descuento, disfrutaremos juntos de una noche sin igual y ¡deliciosa!
Esta experiencia gastronómica mediterránea maravillosa sólo por $65.000
Haz tu reserva ya mismo por Facebook o Instagram, me encuentras como @salidaacomer o en el Whatsaap 311 361 4273
Fecha: Miércoles 16 de agosto de 2017
Lugar: El Graspo de Uva Calle 9 No. 43B-55 Media cuadra abajo del Parque del Poblado
Hora: 7:30 pm

Mira el video en este link de Salí en Facebook:

sábado, 1 de julio de 2017

DE SALTO EN SALTO, SALÍ A CUMPLIR UN SUEÑO – SALÍ AL PARQUE CANAIMA

Desde que tenía ocho o nueve años, abrigué el sueño de conocer y mojarme en las aguas del salto más alto de todo el planeta. Lo vi en un libro de los Guinness Records mundiales y me prometí a mí mismo verlo con mis propios ojos. Unos treinta años después, le pude cumplir la promesa a ese niño y todo, gracias a una alegre coincidencia que cada vez se me parece menos a eso, y más a una jugada maestra del juego de ajedrez de Dios que es nuestras vidas.

Para finales del año 2015 me invitaron a un evento turístico en la ciudad de Pereira, estuve allí con un grupo de agentes de viajes, periodistas y blogueros para realizar un Famtrip, en el que tuve la fortuna de conocer a Marilyn Moscoso, una venzolana que tiene su agencia de turismo en Medellín y que ¡Oh coincidencia! Promueve, organiza y ejecuta, viajes a conocer el Parque Nacional Canaima, lugar que tiene como uno de sus principales atractivos “El Salto Ángel”. No necesité más señales, desde que la conocí, puse en marcha la realización de mi sueño. Un año después me estaba embarcando en un avión para Venezuela. La “Puerta al cielo” se llama Ciudad Guayana, así es conocida por ser el puerto al que se llega para salir a conocer los lugares más bellos del oriente venezolano.

En esta ciudad tuve algunos días de espera para poder viajar en avioneta al resguardo. Me hospedé en la Posada Merú, lugar que les recomiendo visitar si lo que quieren es ser tratados como si estuvieran en casa y disfrutar de la gastronomía local, hecha por las maravillosas manos de dos mujeres que gozan de la sabiduría y sazón ancestrales de estas tierras para cocinar.

(Para saber más sobre las aventuras y experiencias vividas en este viaje, lee más de este blog)

La aeronave que me llevó al Parque Nacional Canaima fue un Jetstream de dos hélices con capacidad para 20 pasajeros. El vuelo se tarda unos treinta y cinco minutos y se sobrevuela una selva tupida llena de ríos de todos los tamaños, y un cuerpo de agua inmenso que se tarda casi la mitad del tiempo sobrepasar que se llama el lago de Guri, que hace parte del proyecto hidroeléctrico de esta parte del país. Al llegar al parque a eso del mediodía, pasé por un control de la Guardia Nacional para revisar mi equipaje y por un puesto de los indígenas Pemones, nativos de la región, quienes tienen el control, derecho y reconocimiento de la protección y preservación del parque, para pagar un “impuesto” de $1.800 Bvs. y que para los extranjeros no latinoamericanos es de $2.000 Bvs. Allí me dieron la bienvenida y los representantes del campamento Excursiones Kavak me subieron a su transporte para llevare al complejo. Me instalaron en una habitación muy amplia con tres camas, baño independiente y un ventilador tipo “hélice de avioneta” para refrescarme del inclemente clima, cuyo servicio ensordecedor fue muy necesario y reconfortante. Cuando llegué estaba solo, no había ms huéspedes que yo, por tanto, esa tarde completa me la dieron para disfrutar a mi antojo y por mi cuenta, pues al día siguiente llegarían las personas que me acompañarían en mis aventuras en el parque.

Me refresqué, me puse mi ropa de río y pasé al comedor para almorzar. Allí llegué a varias conclusiones importantes: la primera, que la comida que me dieron me era reconocida a un cien por cien, mi plato constaba de arroz, ensalada de tomate, lechuga, pepino y cebolla, carne de res, asada. La segunda conclusión es que a las personas de esta región les gusta comer mucho, porque las porciones eran realmente generosas. Otra conclusión es que el encargado de la cocina, sabe lo que hace, es un cocinero pemón que siempre estuvo pendiente de si me gustaba todo o de si quería más de algo; y la última y más importante conclusión es que yo tenía hambre, porque no dejé ni un granito siquiera. Lo que mejoró la experiencia sin duda alguna es que como estaba solo en el hotel, una empleada, la encargada de logística, se sentó conmigo a comer y me acompañó siempre sonriente, amable y me acogió desde ese momento, hasta que me fui, de una forma absolutamente entrañable, su nombre; Begonia Pinares.

Luego de ese buen recibimiento, con la calma y paz que se siente en el alma cuando estás de vacaciones en un lugar remoto y natural, me fui a conocer los alrededores del lugar. Así que caminé y disfruté de la laguna Canaima con toda su exuberancia. Su agua proviene principalmente del río Caroní, y llega a la laguna descendiendo por una cantidad enorme de caídas de agua. El sapo, el sapito, el Hacha, Golondrinas, Salcantai y un sinfín más de las que apenas recuerdo el nombre. Las arenas de sus playas son de color salmón y siempre me llamó la atención esto. Por observación concluí, luego de caminar por los alrededores el porqué de este color. Verán el parque hace parte de un enorme monolito conocido como el macizo guayanés; por tanto, todo lo que ves es roca, lo tepuyes, el lecho del río, el suelo es de un tipo de roca que al erosionarse, se convierte en un polvo blanco grisáceo. Esa arena al tener contacto con el agua de los ríos, que es rojiza por los taninos producto de la descomposición de la materia vegetal, tiñen la arena y por eso se ve rosada. El efecto visual es absolutamente precioso. Caminé, me bañé, leí, escribí, escuché música y hasta dormí en la ribera del lago.

Al día siguiente debía esperar a que llegaran mis supuestos compañeros de excursión; lo harían al igual que yo a eso de las once de la mañana, por tanto, luego de mi desayuno tenía un par de horas para recorrer el asentamiento y descubrir nuevos tesoros del lugar;  y así fue. Caminé a la parte más alta del asentamiento, hacia el lugar en el que queda el embarcadero en donde se inicia el remonte del río para llegar al Auyantepuy, el tepuy del Salto Ángel. Lo que me encontré fue un lugar en el que un fotógrafo profesional se enloquecería; para donde se mirara había un paisaje digno de una postal. A mí derecha el sol brillaba en un cielo azul profundo, las nubes blancas como de algodón, el río creaba un remanso en el que se reflejaba el cielo, la sabana en donde se filmó parte de Jurassic Park al fondo; el remanso se forma justo antes de violentarse gradualmente, en una caída escalonada hasta llegar a convertirse a unos pocos metros en el salto Saicaima, esa hermosa caída que se ve desde la playa de la laguna y que crea ese ambiente único y característico.

Los locales me contaron que cuando el río está más bajo, con un verano un poco más avanzado al día en el que estuve, se puede pasar por las piedras hasta un atrio natural desde el que se puede obtener una visión sin igual de la laguna y por supuesto de las caídas del agua. Subí un poco más hasta el embarcadero y logré un par de buenas fotografías de las curiaras. Estas embarcaciones son hechas de un solo tronco de árbol de laurel. Me contaron que son, han sido y seguirán siendo así, porque esta madera es la única lo suficientemente resistente para recibir los golpes del lecho rocoso del río al navegarlo. Han intentado llevar lanchas de otros materiales sintéticos, y ni siquiera el comprobado como el más resistente, ha logrado soportar un solo viaje completo.

Regresé justo al medio día para almorzar y conocer a quien se convertiría en mi compañero de aventuras: Marco Pasini, un joven italiano de tan solo veintiséis años, cuya sed de aventura lo ha llevado a conocer unos cuarenta países del mundo. Marco salió de su natal Italia a los 14 años para hacerse profesional en administración de negocios turísticos en Canadá. Trabajó casi un año en una compañía turística encargada de crear planes exclusivamente de buceo en toda Latinoamérica, así que guiando a personas de todo el mundo, pero en especial europeos y medio orientales, se hizo un mapa mental de América Central y del Sur. Apenas hubo recolectado suficiente dinero, renunció y comenzó un viaje de seis meses primero en el norte de Italia en las Dolomitas, luego pasó a España y saltó de ahí al Caribe para recorrer Dominica, Martinica, Guyanas, Brasil y me lo vine a encontrar en Venezuela, donde planeaba conocer la Gran Sabana de Roraima, de ahí pasó a Canaima a conocer el Salto Ángel junto conmigo, y de ahí, se iría a conseguir un barco a Boa Vista Brasil, que lo llevaría por el río Amazonas hasta Iquitos Ecuador, pasando por supuesto por Leticia, Colombia, para luego ir a Quito, Montañitas, Bogotá, Santa Marta, Cartegena, Medellín, Turbo, de ahí pasar a Panamá, Guatemala, Nicaragua, México, sur de Estados Unidos y ahí sí, volver a Vancouver, Canadá, donde vive actualmente, con la idea de buscar un trabajo, que le dé de nuevo dinero suficiente para emprender su próxima aventura. Así ha conocido parte de Europa, Asia, Oceanía y Norteamérica.

¡Qué gran filosofía de vida! Qué extraña – para mi mente latinoamericana- pero maravillosa forma de pensar y de ver la vida. Qué diferentes somos, qué rico sería ser así, bueno, haber sido así y haber comenzado hace veinte años a hacer lo mismo que él. Igual, allí estábamos, conociéndonos, preparándonos para esa gran aventura.

Los guías decidieron entonces que al haber llegado sólo uno de los tres turistas que estaban esperando esa tarde, pues no iríamos al Salto, sino que haríamos la excursión a la laguna y a los saltos que forma el río al caer a la laguna. Así pues que nos pidieron que nos cambiáramos para ir a navegar y para bañarnos en el río. A esta aventura se sumaron dos nuevos amigos que al igual que nosotros, eran los únicos que se encontraban en el hotel al cual llegaron, así que por logística los cuatro: una ciudadana francesa, un caraqueño, un italiano y un colombiano, seríamos el grupo para hacer las excursiones.

El Tour por los saltos es una actividad de ensueño pues te suben en una curirara y te llevan por la laguna a conocer esas impresionantes caídas de agua que tienen la capacidad de maravillarte de manera escalonada. Por ser la más cercana, obviamente la primera que ves es el salto Saicaima, que es la que ves desde la playa, pero que cobra otra dimensión completamente distinta al tenerla de frente, en especial cuando el lanchero enfrenta la curiara y se va contra la furiosa caída, que pareciera la boca espumosa de un monstruo gigante que te quiere tragar. Confieso que en varias ocasiones, si no fueron todas, tuve bastante miedo, pues te acercan tanto que tienen que girar de manera brusca, lo que me hizo sentir varias veces en las “perdedoras”. Justo al lado hay dos caídas más, muy parecidas en tamaño y caudal que son conocidas como Las Golondrinas y una más pequeña llamada Wadaima.

Después nos llevaron a una isla rocosa para caminar por unos veinte minutos en ascenso, con el fin de llegar al Salto Sapo (Poporá vená o Poporá Merú) Alex, el guía me explicó que merú o vená significa “salto” y su pronunciación depende de la región Pemón que venga, pues algunas palabras varían en su lenguaje dependiendo de la tribu que venga.
El salto Sapo es hermoso, incluso en épocas de verano pues así se puede apreciar la increíble estructura que sustenta a una cascada tan poderosa en invierno, que incluso, ya sea por la impresión o por la imposibilidad de respirar normalmente por la enorme cantidad de agua que flota en partículas en el ambiente, muchas personas deciden no pasar por el corredor natural que se forma por debajo, o simplemente, se les olvida respirar y se desmayan. El tour consiste en pasar por debajo de la caída por un corredor natural y luego subir hasta el salto El Sapito para disfrutar de un refrescante baño en un pozo natural ideal para este fin. Luego por estar en verano, puedes caminar justo por encima del poporá merú. La belleza del paisaje es literalmente de otro planeta. El leco del río es de piedra maciza negra; el agua se encargado de pulirla con el paso de los siglos de tal forma que parece la superficie de marte o algo así. En serio, me maravilló la caprichosa manera en la que se ven las capas de roca, pues parecen piedras planas, de esas perfectas para jugar “sapitos” en la superficie del agua; se ven como si estuvieran ordenadas una sobre la otra, como para lanzarlas en orden, eso sí, hecho por un gigante, porque cada loseta es del tamaño de un carro y debe pesar el doble de lo que pesa una camioneta.

Para completar el paseo nos llevan en la curiara al salto Wakú merú o Salto Hacha, que tiene más o menos las mismas características del Sapo, sólo que esta caída tiene agua incluso en las épocas más secas, pues queda en más directa en el curso del río, mientras que el Sapo y el Sapito quedan en un recodo. Los guías turísticos tienen un dicho que aplicó para nosotros en esta época: “en verano, el Hacha, salva al Sapo”.

Lo que puedo decir para resumir la experiencia es que, en este lugar pude tomar las fotografías más “bacanas” de todo el viaje. Si así se ve en temporada seca, no me puedo imaginar cómo es en invierno con el caudal a máxima potencia. El sendero que se forma detrás de la cortina de agua parece hecho por humanos, y la verdad es completamente natural. Sólo se le han puesto unos pasamanos para disminuir la peligrosidad de una caída por lo resbaloso de las piedras. Aquí quiero hacer notar algo: las fotografías en este lugar, hay que tomarlas de tal forma que no se te vean los pies, porque todo el mundo tiene puestos calcetines o medias, y bueno, una mujer o un hombre, por atléticos y bellos que sean, por más costoso y bien diseñado que sea el traje de baño, pues bueno, no se ve muy estético que digamos con medias. La razón, es que estas prendas de vestir se hacen indispensables pues aumentan el coeficiente de fricción. Esta inteligente medida no la había visto en ninguna otra parte, fue la solución que encontraron los nativos para disminuir el número de caídas y cabezas rotas que se pueden presentar.

Agua, viento, sal, nuevos amigos de otras partes del mundo, aventura, estar en otro país y la satisfacción personal de sentir que había tomado la mejor decisión de mi vida al realizar este viaje a cumplir mi sueño de conocer al Salto Ángel, expedición que me esperaba al siguiente día, me da la potestad para decir: Salí a cumplir mi sueño, de salto en salto; ahora te toca vos, salir a comer, a viajar, a vivir.

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Mira el video de esta aventura:


martes, 28 de marzo de 2017

No hay que llegar primero, sino saber llegar. Marketing de contenidos digitales

Una de mis pasiones y eso lo saben quiénes me conocen, es la publicidad y el mundo del mercadeo. Durante los años que he sido profesor de estos temas en la universidad, mientras más les hablo a mis alumnos de temas relacionados con la persuasión y la influencia programada de los consumidores a través de las herramientas del neuromarketing, mientras más me adentro en este mundo de las funciones cerebrales relacionadas a la toma de decisiones de consumo, más ganas me da de sumergirme y saber más. Cómo este es un tema que me apasiona, y eso se refleja cada vez que abordo el tema en clase, pues bueno, iniciaré una serie de artículos en mi blog en los que compartiré algunos análisis, tips y consejos, basados en esos temas tan deliciosamente interesantes que nos da esta nueva “ciencia” de las ventas.
Los publicistas nos estamos volviendo cada vez más “peligrosos” porque estamos descubriendo gracias a la neurociencia, que el cerebro humano es más “irracional” de lo que parece, en especial, a la hora de consumir. No importa el tema, el artículo, el servicio, o ni siquiera la necesidad o el costo de lo que compramos, cuando compramos, o cuando consumimos, por lo general, no sabemos siquiera el por qué lo hacemos. La clave entonces es ser consciente de qué es lo que quieres que haga tu cliente o prospecto de cliente, saber que el cerebro toma decisiones sin pensarlo mucho, y saber cuáles son las técnicas que se pueden usar para lograr que esas decisiones se tomen a favor de tu marca.
A principios de los años cincuenta un médico neurocientífico llamado Paul Mc Lean propuso una teoría en la que dividía al cerebro humano en tres: el cerebro reptil, heredado de aquella época en la que nos arrastramos por el suelo como reptiles, este es pequeño y está al fondo, bien guardadito; se encarga de las funciones vitales, respirar, movernos, el instinto de supervivencia, en fin. Al cerebro reptil lo envuelve el límbico; este cerebro es el que cuenta con mayor capacidad de almacenaje de información de los tres, y es el que se encarga de las emociones; de la memoria de tipo asociativa; nos recuerda por ejemplo a alguien o a una situación especial que nos sucedió diez o quince años atrás, sólo al percibir un olor específico, o escuchar un sonido. Por lo general, este es el cerebro más desarrollado en las mujeres, ¿ya van entendiendo por qué ellas son capaces de recordarle a la pareja, el día y la hora exacta en la que se le olvidó bajar la tapa del inodoro en la casa de los suegros? Y por último está el cerebro que rodea al límbico, que es conocido como el córtex, que es el que se encarga de la información racional, esa que nos hace reconocernos al mirarnos en un espejo; es el que gestiona los procesos complejos para entendernos como individuos y para interpretar el universo; es el que nos hace realizarnos esa preguntica maravillosa de  ¿y yo para qué diablos estoy aquí?

Fotografía tomada de:


Por mucho tiempo hemos creído que los hombres a la hora de comprar somos más racionales, por eso nos venden un carro haciendo alusión a la cantidad de válvulas que tiene o el tiempo que le tarda en llegar de cero a cien, o que las mujeres reaccionan por el vínculo emocional que les puede generar el mensaje, por eso se usan bebés con ojos grandes, u otras mujeres envidiosas de la belleza o prestigio que les agregará el uso de la marca. Sin embargo a la hora de comprar o consumir, el que manda es el cerebro básico, el que no piensa, el que no siente, el reptil.
¿Entonces hemos estado equivocados todo el tiempo al hacer este tipo de publicidad? No, en realidad no, en lo que hemos estado errados es en la selección del tipo de mensaje con el cuál cerramos el ciclo del mensaje publicitario y la venta. ¿Eso qué significa? Pues bien, que hay que cumplir con un ciclo que tiene tres momentos y cada momento está relacionado con uno de los tres cerebros.
Momento uno: Llamar la atención; en eso somos unos magos, y aquí funciona eso que ya sabemos, mensajes racionales para el hombre, emocionales para la mujer, ¡Hola cerebro! Aquí está lo que te gusta.
Momento dos: Apelar a la emoción, pero atención, te podrías preguntar, ¿Pero si el hombre es racional? ¿Y la mujer, no es emocional?¿No apelamos a la emoción ya? Pues sí y sí, pero en este caso lo que debes buscar es un vínculo emocional con la marca: si le hablaste al hombre del poder del motor del vehículo, luego le harás un vínculo emocional con el aventurero que habita en él; a la mujer, le mostrarás los ojos azules y brillantes de un bebé, y luego le dices que va a ser la mejor mamá del mundo.
Momento tres: Ahora vamos a cerrar el ciclo atacando al cerebro que toma la decisión de comprar o de consumir. Todo producto o servicio apunta a una necesidad básica primaria, y es a esa a la que debemos apelar para cerrar el ciclo: Comer, beber, sobrevivir, reproducirse, pertenecer a una tribu…  por eso al hombre que le vendes el automóvil, le vas a hacer sentir que con ese vehículo podrás atraer más hembras para poderse reproducir, y a la mujer le vas a decir que su progenie, que sus genes van a sobrevivir en su bebé bien cuidado.

El trabajo que debe hacer entonces el publicista, el mercadólogo, el vendedor, es identificar pues cuál es llamado al instinto básico que puede hacer el producto, bien o servicio para el que está trabajando y tocar adecuadamente los tres cerebros de su prospecto de tal forma que al final, sienta el llamado a comprar o consumir casi sin darse cuenta. Como todo en el mercadeo, por supuesto obedece a la realización de un plan concienzudo, con metodología y coordinación, y con un tiempo de exposición adecuado para lograr el resultado buscado.

El mercadeo de contenidos digitales por ejemplo, requiere de una presencia casi invisible para los sentidos del prospecto, para que al momento del ataque final, en un medio masivo o en el punto de venta, haya una familiaridad, un vínculo emocional con la marca. Por eso uno de los trucos que recomiendo a los clientes que asesoro en mercadeo, es que sean agresivo-pasivos en las redes sociales, enviando mensajes coordinados y planeados que se claven en el cerebro racional o límbico y que luego materializarán consumiendo.

La mejor forma de realizar esta estrategia es por supuesto, luego de conocer muy bien a tu púbico objetivo, comenzar a enviar mensajes puntualizados en momentos que puedan ser especiales para ellos, como por ejemplo, fechas particulares en las que se celebre el día de una profesión, una conmemoración mundial como el día de la mujer, en fin. Cuando tu marca felicita o le recuerda felicitar a una persona importante en su vida a un prospecto de cliente, créanme que un vínculo consciente o inconsciente se genera por ahí, y a la hora de tomar una decisión de consumo o de compra, este tipo de acciones, pesará y hará que la balanza, se incline hacia tu marca.

Les dejo entonces un calendario que me encontré en uno de esos interesantísimos blogs de mercadeo que suelo consultar y que les recomiendo seguir para ahondar en conceptos que puedes usar para apoyar tu trabajo de construcción de marca: Organiza tu plan de mercadeo como yo con MDirector:

Ahí te dejo pues una herramienta para comenzar a utilizar y abordar a tus prospectos desde un punto casi ciego para él. Su cerebro reptiliano. Publicista que conozca este tipo de herramientas, es más efectivo, es ¡peligroso! Y va a ser amado por sus clientes, mejor dicho, va a tener trabajo para siempre.

¿Notaste que acabo de atacar tu cerebro reptiliano?

lunes, 6 de marzo de 2017

CACHAPA, QUESO GUAYANÉS Y PAPELÓN, TREMENDO COMILÓN – SALÍ A LA TOMASA

Muchas expectativas eran las que me acompañaban al momento de sentarme en la mesa del primer restaurante típico venezolano que visitaba en mi vida. No tenía ni veinticuatro horas de estar en este maravilloso país y ya iba a tener mi primera experiencia gastronómica de este tipo. A modo de antesala, don Marcelino, el conductor y guía turístico designado para que me llevara y trajera por los sitios a conocer en Ciudad Guayana, un ingeniero constructor peruano, con más de cuarenta años de experiencia en construcciones civiles, dueño de una importante empresa constructora que en años pasados había tenido bajo sus designios liderar parte del diseño, planeación y construcción de gran parte de la ciudad y sus represas, y que por cosas del destino y por manejo de la política económica de un país tan próspero y lleno de oportunidades, talento humano y recursos naturales, hoy por hoy, conduce su auto por las calles que él mismo ayudó a construir, cargado de turistas que se hospedan en la Posada Merú; este carismático, amable, educado y buen señor, me había emocionado al decirme que me iba a llevar a almorzar a uno de los mejores lugares de la ciudad para probar los sabores característicos de esta región de Venezuela. Me habló de lo que iba a disfrutar con propiedad, como un venezolano más, con esa mezcla extraña de acentos reconocidos por mí de manera individual, pero que jamás había escuchado combinados —no sé si me entiendan— ese acento propio del sur con el del oriente de mi país: a ver, es un peruano que dice “cónchale vale”, “chamo no seas gafo”…   es decir, es como, para que se imaginen algo más cercano, como escuchar a un pastusito diciendo: “Qué viva el cantar del llano camarita”.

La Tomasa es como lo dije antes, un restaurante típico venezolano, y por típico me refiero a que su línea gastronómica es la de los ancestros de la región; su decoración y mueblería es muy familiar para mí, pues se compone de colores vivos combinados patrióticamente: amarillos, azules y rojos se ven en casi todas partes, y no me malentiendan, no es en la bandera, sino en líneas de diseño, bandas, pinturas y plumas de las guacamayas, ave emblemática adoptada como imagen del restaurante. Las mesas y sillas son de madera clara, desnuda y barnizada, lo que hace que el ambiente sea muy cálido y por su puesto esa calidez se apoya en el servicio y buen trato de los camareros.
En tanto me senté me atendió un señor muy amable y servicial que me entregó la carta y que al saber que yo era colombiano y que estaba de visita por su terruño, no lo pensó dos veces y me ofreció lo que me podría dar el espectro más amplio de sabores propios. El pedido pues que llegó en poco tiempo a mi mesa consistió de un plato don carne de res y de cerdo asados en vara, cachapa, queso guayanés y para pasar, un papelón:

La carne asada en vara, por supuesto propia del país hermano, es la que conocemos como “Carne a la llanera” que se asa en varas de hierro dispuestas en cono. Este tipo de asado es muy eficiente, se come a un solo término, el único que existe para los que saben de carnes en Latinoamérica, los argentinos, los uruguayos y ahora sé que los venezolanos: “Bien asado”. La carne estaba muy sabrosa, jugosa y eso es por, como les digo, la forma en la que se asa, pues al estar dispuesta en ese “árbol de hierro”, la gravedad se encarga de que los jugos bañen de arriba hacia abajo la carne. Estaba pues, ¡Deliciosa! en especial, la costilla de cerdo.

La cachapa, elemento del plato que más ansia y curiosidad tenía por conocer. Doblada a la mitad, como una empanada me dio una idea de qué era; me acerqué a olerla y todo se puso confuso, pues el olor me era familiar pero no atinaba a reconocerlo. La palpé con los cubiertos y me di cuenta de lo suave de su consistencia, se hundía y recuperaba su forma inicial fácilmente, así que llegó la hora de llevármela a la boca y entonces todo fue claro para mí, el olor se unió al concepto; maíz dulce tierno, hecho masa y asado sobre una plancha…  ya saben cómo funciona esto, el cerebro busca referentes inmediatos, relaciona la información y entonces lanzas conjeturas que pueden ser no muy apropiadas para los conocedores, pero que al igual te ayudan a procesar la información para partir desde un punto conocido. ¿A qué me supo? A arepa de choclo. Pero no lo es, pues su presentación y su consistencia no son parecidas. La cachapa es más similar a una panqueca; es grande, húmeda, delgada, esponjosa y suave, su sabor es equilibrado entre lo dulce y lo salado de una manera sutil, es deliciosa y combinada con el queso guayanés, pues bueno, juntos hacen el “casao” perfecto, es un maridaje como el de nuestra arepa de choclo con quesito.

El queso guayanés es una de esas exquisiteces que descubrí y que voy a llevar en mi corazón de comilón para toda la vida. Esta no fue la primera vez que lo comí, pues ese mismo día, al desayuno, en la Posada Merú, Grey me había dado un buen pedazo para el desayuno, por eso cuando lo vi, no hice más que sentir alegría de poder encontrarme otra vez con ese nuevo “mejor amigo”. Este queso es propio de la región oriental de Venezuela, por eso su nombre. Es un queso delicado, graso, sabroso cuya consistencia es un misterio que creo es digno de ser estudiado por la física porque no es sólido, ni tampoco líquido, es algo así como una especie de plasma deliciosa. Yo no soy experto pero no me explico cómo es que lo pueden contener en esa forma redondeada y mucho menos, como hacen para porcionarlo en tajadas, porque ustedes lo pueden ver ahí en el plato, una tajada perfecta, pero no es si no tratar de cortarlo, o ponerlo como hice en este caso dentro de mi cachapa para entender lo que acabo de tratar de explicar. A ver, yo no lo puse en mi cachapa, lo esparcí con el cuchillo como si untara mantequilla, y jamás se rompió…  se me hace agua la boca al escribir esto… ¿cuándo será que puedo volver a verte viejo amigo? Voy a ponerles un ejemplo cercano para que se lo imaginen: sabe y se parece a ese queso bogotano, el que viene en “bolita” que uno siempre compra en la terminal o en el aeropuerto para traerle a la familia del viaje; sólo que la consistencia es como cuando sumerges el queso bogotano en una taza de chocolate hirviendo…  ¿recuerdan lo que es tratar de sacarlo con una cuchara del líquido caliente?  Pues bueno, ahí tienen el queso guayanés.

Y por último, para redondear la experiencia, la bebida para pasar mi comida fue un par —porque no me conformé sólo con uno— de vasos de refrescante papelón. Esta bebida es mi favorita aquí en Colombia, sólo que la conocemos como “Güandolo”. Es simplemente panela, que los venezolanos llaman “papelón” porque al cocinar y cuajar el jugo de caña, la ponen a secar en unas hojas grandes en las que los envuelven luego, como el quesito nuestro, y de ahí viene el nombre. La panela es rayada y luego se disuelve en agua, a esto le agregan zumo de limón, combinando y equilibrando el sabor agrio con el dulce y que frío, se convierte en la bebida más energizante y refrescante del mundo. ¡Qué tremenda experiencia gastronómica! ¡QUÉ DELICIA!

Yo #Salí a almorzar a la Tomasa restaurante en Ciudad Guayana Puerto Ordaz y tuve la más profunda, sincera y deliciosa experiencia gastronómica venezolana. Yo te lo recomiendo con toda la seguridad de que si lo visitás, vas a obtener lo mismo o más que yo. Yo Salí, ahora te toca a vos, salir a comer, a viajar, a vivir.

Mira el video de mi experiencia en La Tomasa:

domingo, 19 de febrero de 2017

¿QUIERES CONOCER EL PAÍS QUE ESTARÁ DE MODA EL 2018? - SALÍ A CONOCER RUSIA

Verán, en la época de mi adolescencia pasé un muy buen período de tiempo leyendo. La timidez, más marcada en esta etapa de mi vida, me hizo refugiarme en los libros para encontrar en las letras los amigos que no tenía en la realidad y escapar a lugares lejanos con los qué soñar con visitar alguna vez en la vida. Leí todo tipo de libros, tuve aventuras increíbles en el fondo del mar y en la luna con Julio Verne, asistí a duelos mano a mano en el “Salvaje Oeste” americano con los “cowboys”, caminé por las calles de Macondo de la mano de Gabriel García Márquez, asistí a los funerales de la Mama Grande, habité la Antioquia de mis ancestros con los relatos de Tomás Carrasquilla, pero lo que más disfruté y en lo que centré con creces mis gustos, fue en las historias de espías de John Grisham, Trevanian, Sidney Sheldon y Robert Ludlum entre otros. 
Esto quiere decir que corrí, me escondí, huí y tuve mil aventuras en toda Europa, en especial en la llamada Europa del Este, o “Bloque del Este”, “enemigos del mundo libre y la democracia”, los temidos “comunistas” liderados por la poderosa Unión Soviética. Así pues que aunque no he visitado Europa aún, de alguna forma he estado allá, qué digo de alguna, de muchas y por eso a veces siento que no me son ajenas una muy buena cantidad de cosas, lugares, culturas y países.

Quiero por supuesto aclarar algo, si bien las historias que leí casi todas planteaban la típica confrontación épica entre el bien y el mal, el lado oscuro contra la iluminación, jamás creí o permití que eso influyera en mi pensamiento y me parcializara a favor o en contra de una u otra parte en la vida real, es decir, nunca creí que la CIA era la policía del mundo y que la KGB era el mal, y lo digo porque además de mis novelas también leía noticias y me llegaba información de otras latitudes en las que se demostraba que ninguno era bueno o malo, o que tal vez, ninguno era bueno… en fin; hago esta aclaración porque al final, mi alma de viajero anhela con igual ahínco conocer tanto al obelisco en honor a Washington del National Mall, como el Mausoleo de Lenin en la muralla del Kremlin de la Plaza Roja, me muero por conocer al Parque Yellowstone y a sus lobos, tanto como a las estepas de Siberia y a su emblemático y majestuoso tigre siberiano, me inquietan de igual forma el Yeti de los bosques de Alaska, como el “Almas” de Kemerovo… en fin, yo lo que quiero a fin de cuentas es comerme al mundo entero con los ojos.

Este “buen rollo” de los blogs, de escribir sobre experiencias gastronómicas y de viajes, mi programa de radio, y un espíritu aventurero que le gusta vivir cosas nuevas incluso a través de otros, me ha permitido continuar con esos viajes que inicié con los libros en la adolescencia; claro, algunos he podido emprenderlos en carne y hueso, respirar otros aires, andar por senderos que han pisado mis pies, bañarme con aguas de ríos, lagos y mares, pero también he ido más lejos con los relatos de otros seres humanos que al igual que yo, comparten ese gusto por cruzar fronteras. Así he logrado hacer muchos amigos, algunos que ni siquiera conozco en persona, es más, esto tal vez suene un poco “frikie” pero, me considero amigo de personas que tal vez no sepan que yo existo, y es que sus blogs, sus canales en youtube, sus cuentas en las redes sociales son canales abiertos para ir con ellos a descubrir lugares y personas; te conectan con sus vivencias, te permiten entrar en su mundo y vives junto con ellos sus mismas emociones a través de sus palabras y su imágenes.

¿A qué viene todo esto? seguro te preguntas, pues a que hace poco tuve la oportunidad de conocer un bloguero que me tiene simplemente enganchado a su pasión. Se llama Oriol, en sus videos se le escucha saludar romo “Yuri” o “Uri”, es un español que vive en Moscú hace algunos años y que está allá porque le tocó tomar la decisión más importante de su vida sin darse acaso cuenta, como decía Gabriel García Márquez, “las cosas importantes en la vida suceden por casualidad” y resulta que éste nuevo amigo que no conozco personalmente, en la universidad, un buen día que se fue a inscribir a un curso de inglés, terminó inscribiéndose al de ruso, porque ya no habían más puestos en el que había ido a buscar, de esa decisión dependió su vida y su futuro, pues hoy, unos años después, vive en la capital del país más grande en extensión territorial del mundo, al lado de una hermosísima mujer rusa que es su esposa y que conoció gracias a que la vida lo obligó a estudiar su idioma natal. La misión de Oriol hoy en día es pues, ser feliz al lado de su esposa y contarle al mundo hispanoparlante, cómo es vivir en Rusia.

No llevo ni dos semanas de haberme conectado con este “compañero de armas” del mundo de los blogs y ya he podido “recordar” algunas cosas de cómo es este país tan desconocido, exótico, misterioso y excitante. Por supuesto digo recordar por todo aquello que construí en mi mente con aquellos libros que me contaron de la Plaza Roja, del Kremlin, de la Catedral de San Basilio, de las “Siete Hermanas”; los rascacielos de Stalin, del tren metropolitano de Moscú, del lago Baikal; el más profundo del mundo, de las “Dachas”; fincas o granjas donde terminaban de vivir su vida los ex ̶ agentes de la KGB, en fin, no sé cómo describir el grado de conexión que he sentido con este bloguero y lo agradecido que estoy de haber tenido la oportunidad de contactarlo.

Su blog se llama russian lover (www.russianlover.net) y lo que hace básicamente es desmitificar a un país que aquí en occidente e incluso, en un occidente más cercano como España, es muy desconocido. Con sus letras y un estilo muy particular de narración en sus videos, llenos de comentarios inteligentes, a veces sarcásticos y con mucho humor, describe uno a uno, cuales son los ingredientes, circunstancias e incidentes de la vida normal del día a día de un humano en Rusia. Así pues, en poco tiempo me ha hecho estremecer de frío en sus caminatas por los impactantes bosques congelados de pinos en el Cáucaso (mira su video aquí: El baile eterno de la nieve https://www.youtube.com/watch?v=9ZtIEh7PY3w ), he redescubierto las dachas de descanso, unas granjas construidas por lo general por las manos de sus propios dueños, en las que se cultiva, se crían animales y se descansa, son los lugares donde se retiran los rusos para vivir sus últimos años de vida tranquilos y lejos de las ciudades (mira su video aquí: La dacha rusa: https://www.youtube.com/watch?v=Zi-tZnGxljI ), caminé con Oriol justo al despertar en una mañana de verano por la imponente Plaza Roja (mira su video aquí: Despertar en la Plaza Roja de Moscú: https://www.youtube.com/watch?v=_icWNR0azUs ) pero mi favorito de todos, el que más he disfrutado, el que más me ha puesto a soñar y que me sueño por vivir en carne propia es el del paseo por el museo subterráneo más grande del mundo, las estaciones del tren metropolitano de Moscú; cada estación es una obra de arte en sí, la arquitectura, las cúpulas, los murales, los mosaicos, la historia que tienen para contar, es absolutamente fascinante, por este y por supuesto por los demás videos, le doy infinitas gracias a Oriol, y lo felicito (Mira su video aquí: El Metro de Moscú: https://www.youtube.com/watch?v=dywH5uc3x30 ).

Bien, #SalíAViajar a Rusia sin moverme de casa, gracias a mi nuevo amigo Oriol, he descubierto y seguiré sin duda descubriendo más de ese país tan exuberante con el que desde ahora soñaré un poco más, y sabés qué, por eso te puedo decir a vos, Salí a conocer Rusia conmigo, bueno, con el Russian Lover, es un muy buen blog, trae muy buena información, es divertido, hay grandes imágenes para disfrutar, la propuesta es muy especial y sobre todo, da la posibilidad de conocer un país que para el año 2018 va a dar mucho de qué hablar, pues allí será donde se realice el Mundial de Fútbol y bueno, no está demás conocer unas cuantas cositas de Rusia, el país que va a estar de moda, pensá en la posibilidad de “descrestar” a más de uno de tus amigos con todo lo que podés aprender. Te invito pues a entrar al blog, a su canal de Youtube y a seguirlo en las redes sociales:

Twitter: @ORY85
Instagram: @russianloverofficial
Facebook: @Moscownocrisishere


Salí, porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.

sábado, 4 de febrero de 2017

EL PODER DE LA LLOVIZNA SOBRE MIS HOMBROS – SALÍ A HACER KAYAKING EN EL RÍO CARONÍ

Si bien el agua ha protagonizado mi primer día de visita en Venezuela al maravillarme con esa vista de ensueño en mi recorrido tranquilo por el parque La Llovizna, (ver aquí) lo que me tenía el destino guardado para el día siguiente haría que todo cobrara una dimensión de proporciones colosales.
Dicen por ahí que la mente es como un paracaídas, pues sirve sólo si se abre y la verdad es que yo, a pesar de ser muy metódico y a veces obsesionado con los detalles, he aprendido que esa frase es una certeza absoluta. Desde que compré el plan de viaje en Medellín sabía qué actividades más o menos llenarían los nueve días de mi estancia en Venezuela; Bueno, por algo se llama plan. Sin embargo, la naturaleza de las cosas es cambiante y las circunstancias hacen que todo eso para lo que estabas preparado en un principio, simplemente en cualquier momento sea susceptible de variar y se modifique. La ventaja de tener una mente abierta en este tipo de cosas es lo que termina determinando que la experiencia no se dañe e incluso, mejore.

Según la programación de mi viaje, yo debía partir hacia el Parque Nacional Canaima a mi tercer día luego del arribo. El segundo día estaba programado para hacer mi paseo en La Llovizna en la mañana y en la tarde pasear por algunos centros comerciales de la ciudad… así se cumplió. Al llegar en la noche a la posada, Grey, la encargada del lugar me dio la noticia de la modificación del plan, pues en Excusiones Kavac en el Parque Canaima no había disponibilidad para atenderme desde el miércoles, sino el jueves. Confieso que me decepcionó un poco la situación pero algo en mí me dijo que no era necesario, pues las cosas pasan por algo ¿no? —Frase de abuelita—.  Y aquí viene el “algo” del que les hablo, pues a modo de desagravio, Excursiones kavac me ofreció un día más de estadía en ese paraíso: primer punto para mí.

Ese día tres, que tendría que pasar en Puerto Ordaz era ahora necesario cubrirlo con alguna actividad, así que mi agente de viajes de Medellín: Marilyn Moscoso de Publi Travel y mis posaderos en Puerto Ordaz buscaron adelantar una opción que estaba programada para el día domingo, luego de mi llegada de conocer el Salto Ángel: la opción era un tour de navegación en catamarán por el río Orinoco y el río Caroní. Bueno, por ser miércoles y por estar atravesando por una coyuntura de orden político y económico, pues ese día debían salir de circulación los billetes de cien bolívares, que por casualidad eran los mismos que yo había llevado para solventar mis necesidades en el hermano país, pues bueno, esas circunstancias combinadas impedían que el catamarán saliera ese día. Encartados conmigo, a mis ángeles cuidadores en esta aventura se les ocurrió una opción que no habían contemplado: ¿Y qué tal si haces Kayaking en el río? Mi paracaídas se abrió entusiasmado ya a las 2 de la tarde de ese miércoles 14 de diciembre, estaba recibiendo mi chaleco salvavidas, mi remo doble y mi kayak a la ribera del río Caroní.

La excursión está disponible todos los días a las 8am y a las 2pm. Sale desde un hotel que otrora fuera de la cadena Intercontinental y que hoy es parte de Venetur, la empresa turística del Ministerio de Turismo de la República Bolivariana de Venezuela. Antes de iniciar el recorrido te dan las instrucciones y recomendaciones para hacerlo de la manera más segura posible: llevar ropa adecuada, bloqueador solar, una gorra para protegerse del sol, llevar una muda de ropa para cambiarse luego de la actividad acuática y llevar cámaras o celular a prueba de agua o protegidos por bolsas plásticas de tipo zip lock.

El sol a esa hora estaba picante y el cielo completamente despejado, las aguas oscuras del río a una temperatura muy agradable. Desde el lugar en que embarcamos se veía a lo lejos la caída de agua que me había impactado tanto el día anterior a unos dos kilómetros de distancia. Para poder realizar la experiencia era necesario que otra persona me acompañara, así que Carlos, el novio de Grey, la chica de la Posada Merú se ofreció acompañarme, gesto que agradezco porque por eso ahora tengo una gran experiencia que contar y un amigo venezolano al que siempre voy a llevar en el corazón. El guía nos ayudó a embarcar en Kayaks individuales, nos pidió que lo siguiéramos y enfiló su nave hacia el ancho río. En este lugar el Caroní crea una especie de enorme laguna y aunque circula en una dirección, en este caso a contracorriente, se ve como si el agua estuviera estática.

El ejercicio, el sol brillante y picante en un cielo que presentaba pocas nubes, el aire fresco, el agua oscura del río cuyo lecho rocoso hace que se vea más profunda y saber que me dirigía hacia ese lugar que el día anterior había hecho que me estremeciera ante su poderosa presencia, sólo con ver desde la seguridad del mirador, se combinaron todos para que con cada remada me fuera poniendo eufórico gradualmente. Cuando llegamos a los pies de la impresionante caída de agua La Llovizna, luego de que mis temores naturales al sentirme tan pequeño e indefenso se disiparon, al comprobar que al navegar tan cerca en una embarcación tan pequeña no iba a ser “tragado” por la furia de esas vigorosas aguas, cuando por fin puse los pies en las rocas que reciben el caudal y la hacen ver tan imponente y espumosa, entonces, estallé de alegría en un grito mezcla de triunfo, temor y respeto.

El guía nos mostró un camino por el cual bajar y posicionarnos debajo de la caída y bañarnos con su fuerza cayendo sobre los hombros, cabeza y espalda. ¡Qué poder brutal! ¡Qué sensación de fragilidad! ¿Saben?  Se me vino a la cabeza una expresión que tienen los locales de esta región para referirse a la naturaleza que los rodea, es un dicho que dice: “¿Tú sabes cómo queda un mojón (bollo) cuando cae al río Caroní?” por si no caen en cuenta de a qué se refieren, les voy a dar la respuesta aunque sé que chiste explicado no tiene gracia, pero…   la respuesta es que “el mojón se vuelve mierda”.
Nos adueñamos de los kayaks luego del disfrute por unos minutos más y fuimos a otra caída menor de las muchas que forma el caudaloso torrente; ésta, mucho más amable y más parecida a lo que yo estoy acostumbrado, me dejó disfrutar de sus aguas de una forma más tranquila, aunque sin previo aviso, nuestro guía nos demostró que este remanso es solo un punto dormido del río, pues cuando se crece demuestra su poder de otra manera. Me explico contándoles que este jovencito de 17 años, guía desde hade uno y medio, se subió a una roca de unos siete metros y se lanzó a un pozo de unos tres metros de diámetro pero que tiene una profundidad de unos cinco metros más o menos. Nos invitó a seguirlo, mi compañero aceptó, yo… bueno, yo ya estoy muy viejo para esas vainas tan divertidas pero tan peligrosas. Aprendí con Carlos de un poco de la historia de la ciudad, de la represa, de la región y del amor que sus habitantes sienten por Ciudad Guayana y por supuesto, por su país. Qué gente tan bonita, tan especial son los guayanenses, qué potencial tan increíble tiene Venezuela en sus habitantes… ¡Ay Venezuela! Cuando despiertes, el continente va a ser otra cosa.
#Salí con la mente abierta a buscar nuevas aventuras y logré sin duda una que recordaré con agrado toda mi vida. Fue tan emocionante y gratificante que estoy seguro, la relataré hasta que esté viejito y hasta el hartazgo. ¿Cómo la viste? ¿Te animarías? Salí a pasear, salí a conocer lugares desconocidos, a tener aventuras en lugares que ni siquiera sepás que existen, yo lo hice y he descubierto que éste es el camino. Salí, porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.

viernes, 20 de enero de 2017

LO QUE ME PASÓ A 1.903.7 KILÓMETROS DE MEDELLÍN – SALÍ AL PARQUE LA LLOVIZNA EN PUERTO ORDAZ, VENEZUELA

Estamos constituidos en un setenta por ciento de agua. Nuestra materia tiene más que ver con este líquido vital que con cualquier otro elemento. Nos sentimos atraídos por naturaleza al agua, en torno de ella gira nuestra vida como individuos y nuestra historia como civilización. Si bien el hecho de que sea tan importante en nuestro día a día puede hacer parecer que la relación que tenemos con ella es “normal” y no se note cuán atraídos y dependientes somos, sólo hace falta una pequeña falla en el suministro para que todo cobre un sentido superior. Noten por ejemplo que muchos de nosotros a la hora de planear nuestras vacaciones, tendemos a dar el primer lugar en prioridad a la presencia del agua en ellas; sea por supuesto como parte de acceso para las funciones diarias, o en la mayoría de las veces, como punto principal en el que giran las actividades a realizar en el paseo. Pronunciar las palabras piscina, quebrada, río, charco, lago, laguna, mar, hace que de inmediato el cerebro genere dopaminas por su relación directa con el descanso, el entretenimiento y la felicidad, claro está en la mayoría de casos y personas. Pues bien, las vacaciones más importantes de mi vida, hasta el día de hoy que escribo esta entrada, giran por supuesto en torno al agua; sin embargo lo que yo no me esperaba, era la dimensión del protagonismo que adquiriría todo.

Camino al Salto Ángel, que es la caída de agua más alta del mundo, visión con la que me sueño desde que era un niño, el sitio de tránsito para llegar a este maravilloso lugar es una ciudad llamada Guayana Puerto Ordaz. Esta ciudad fue considerada alguna vez como la más bonita y avanzada de Venezuela; es la segunda en orden de importancia del estado Bolívar luego de la capital que se llama Ciudad Bolívar. Este Estado, el más grande de los veintiséis que componen al hermano país, está ubicado al occidente y tiene límites inmediatos con la Guayana Inglesa y con Brasil. Por todos es sabido que Venezuela es un país rico en petróleo y poco se sabe de otros recursos naturales, pero al llegar me di cuenta de algo que casi nadie sabe por fuera y es que este sector occidental no tiene petróleo y sin embargo Bolívar es el Estado más rico de todos pues es increíblemente fecundo en oro, diamantes, hierro, aluminio, pero en especial en agua. La ciudad fue fundada estratégicamente en el lugar en el que desemboca el poderoso torrente del río Caroní, en el caudaloso río Orinoco, por lo que en Ciudad Guayana hay dos hidroeléctricas funcionales y está en construcción la tercera por una compañía china.

Esta ciudad, conformada por dos comunidades, la de San Félix con unos seiscientos mil habitantes y la de Puerto Ordaz con unos cuatrocientos mil, se creó precisamente como parte del plan de desarrollo para la región, basando su fundación en un campamento minero establecido a mediados del siglo XX por una compañía minera canadiense que explotaba el oro. Al estar ubicada en un delta y por la enorme cantidad de ramificaciones del río, los diseñadores de la ciudad, tuvieron la oportunidad de entregarles a sus habitantes un lugar de ensueño para la relajación, disfrute y entretenimiento, ese lugar se llama: Parque La Llovizna.
Este hermoso lugar se construyó en un aglomerado de pequeñas islas rocosas separadas por hilos y a veces mucho más que eso, de agua, que forman laberínticos y caprichosos recorridos a los que se tiene acceso por puentes y caminos flotantes, lo que hacen más divertido el paseo. El acceso al parque es gratuito y se llega en carro. Hay un camino principal asfaltado por el que pueden entrar vehículos grandes y sin embargo no permiten que los particulares ingresen, así que hay un parqueadero inmenso en la entrada. El camino principal por el que comienza el trayecto es muy claro, pero no más comienzas a caminar te vas encontrando con decenas de tentaciones a dejarlo. La bienvenida oficial al lugar no te la dan los guardias de la Guardia Nacional que vigilan la entrada, en realidad  esa está a cargo de los monitos ardilla que te siguen con la mirada desde los árboles, o por tierra si es que traes comida en las manos.

Enormes extensiones de praderas te dan una idea de hacer picnics, jugar a la pelota o correr como un loco solo o con la mascota. Un teatro de piedra de enormes dimensiones te hace pensar en la posibilidad de hacer eventos de ciudad de tipo musical o teatrales. Kioskos para resguardarte del clima y pasarla en familia o con amigos, y uno que otro local comercial en el que te ofrecen helados, bebidas y frutas frescas redondean la experiencia y por supuesto, el circuito pavimentado ofrece un escenario que ni pintado para trotar y hacer ejercicio en bicicleta cualquier día de la semana. Sin embargo el rasgo particular y que en mi opinión es el atractivo principal de todo esto, es aquello que le da el nombre al parque, la cascada La Llovizna, un poderoso accidente natural que te hace estremecer por su magnificencia.

Esta caída de agua tiene una altura de unos diez metros, tal vez más; la cantidad de agua que cae con estrépito y se estrella con las salientes de roca es brutal y lo hace con tanta violencia que se vaporiza colapsada por su propio peso, lo que genera una bruma espesa y que gracias al viento se esparce varios metros a la redonda haciendo parecer que cae una llovizna que lo impregna todo.

El sonido que genera el golpeteo del agua es ensordecedor, es tan grueso y bajo que lo sientes retumbar en tu pecho. El río es tan caudaloso que le alcanza para caer en esta bella monstruosidad y partirse en otras dos columnas, una más amable y armoniosa a la derecha, electrizante y estética, pero también una demoniaca y mortal a su izquierda; un tirabuzón en embudo que gira bruscamente en un ángulo de noventa grados y se traga a sí misma de manera furiosa. El mirador que queda justo sobre este recodo te permite tener una perspectiva del mismo apocalipsis, la visión, combinada con el sonido te da una idea de cómo debe ser el fin del mundo.

(mira este video tomado desde el mirador y escucha el potente rugir de sus aguas siguiendo este link: https://www.facebook.com/andres.toro.737/videos/10154933239296004/

El toque gastronómico claro, no puede faltar en esta experiencia, así que busqué redondear mi caminata con una muestra de las delicias locales, así que me acerqué a uno de los puestos de helados que hay en el parque y luego de revisar mis opciones, opté por la más extraña que me encontré...  mi espíritu aventurero me hizo señalar el sabor cuyo nombre me sonó más ajeno: helado de "PARCHITA", ese era el que quería, pagué quinientos bolívares por mi vasito, hundí la cucharita en el cremoso manjar que tenía en frente, me lo llevé a la boca esperando que me estallara en las papilas gustativas un exótico sabor desconocido y...   ahí estaba, el maracuyá, nombre con el que yo conozco a la parchita. Bueno, la experiencia fue deliciosa, tanto como para atreverme a pedir otro más, sin embargo ya todos los sabores me los conocía, sólo que no combinados como el que me entregaron al final, limón con tamarindo, rico, ácido, refrescante, apenas para completar mi caminata por este maravilloso lugar.



#Salí pues a descubrir la belleza y el poder de la naturaleza en un lugar que no sabía que existía. Tengo la sensación de que hay mil bellezas escondidas en Venezuela y en todo el mundo esperando por ser descubiertas, lugares que no se conocen por mil circunstancias distintas pero que tienen acceso sin tanto complique y es aquí donde siento el llamado…  Salí a descubrir un lugar maravilloso pero especial, salí a hacer que vos lo conocieras también, ahora te toca a vos, salir a conocer, a comer, a viajar, a vivir.