Nuestro lema

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martes, 28 de marzo de 2017

No hay que llegar primero, sino saber llegar. Marketing de contenidos digitales

Una de mis pasiones y eso lo saben quiénes me conocen, es la publicidad y el mundo del mercadeo. Durante los años que he sido profesor de estos temas en la universidad, mientras más les hablo a mis alumnos de temas relacionados con la persuasión y la influencia programada de los consumidores a través de las herramientas del neuromarketing, mientras más me adentro en este mundo de las funciones cerebrales relacionadas a la toma de decisiones de consumo, más ganas me da de sumergirme y saber más. Cómo este es un tema que me apasiona, y eso se refleja cada vez que abordo el tema en clase, pues bueno, iniciaré una serie de artículos en mi blog en los que compartiré algunos análisis, tips y consejos, basados en esos temas tan deliciosamente interesantes que nos da esta nueva “ciencia” de las ventas.
Los publicistas nos estamos volviendo cada vez más “peligrosos” porque estamos descubriendo gracias a la neurociencia, que el cerebro humano es más “irracional” de lo que parece, en especial, a la hora de consumir. No importa el tema, el artículo, el servicio, o ni siquiera la necesidad o el costo de lo que compramos, cuando compramos, o cuando consumimos, por lo general, no sabemos siquiera el por qué lo hacemos. La clave entonces es ser consciente de qué es lo que quieres que haga tu cliente o prospecto de cliente, saber que el cerebro toma decisiones sin pensarlo mucho, y saber cuáles son las técnicas que se pueden usar para lograr que esas decisiones se tomen a favor de tu marca.
A principios de los años cincuenta un médico neurocientífico llamado Paul Mc Lean propuso una teoría en la que dividía al cerebro humano en tres: el cerebro reptil, heredado de aquella época en la que nos arrastramos por el suelo como reptiles, este es pequeño y está al fondo, bien guardadito; se encarga de las funciones vitales, respirar, movernos, el instinto de supervivencia, en fin. Al cerebro reptil lo envuelve el límbico; este cerebro es el que cuenta con mayor capacidad de almacenaje de información de los tres, y es el que se encarga de las emociones; de la memoria de tipo asociativa; nos recuerda por ejemplo a alguien o a una situación especial que nos sucedió diez o quince años atrás, sólo al percibir un olor específico, o escuchar un sonido. Por lo general, este es el cerebro más desarrollado en las mujeres, ¿ya van entendiendo por qué ellas son capaces de recordarle a la pareja, el día y la hora exacta en la que se le olvidó bajar la tapa del inodoro en la casa de los suegros? Y por último está el cerebro que rodea al límbico, que es conocido como el córtex, que es el que se encarga de la información racional, esa que nos hace reconocernos al mirarnos en un espejo; es el que gestiona los procesos complejos para entendernos como individuos y para interpretar el universo; es el que nos hace realizarnos esa preguntica maravillosa de  ¿y yo para qué diablos estoy aquí?

Fotografía tomada de:


Por mucho tiempo hemos creído que los hombres a la hora de comprar somos más racionales, por eso nos venden un carro haciendo alusión a la cantidad de válvulas que tiene o el tiempo que le tarda en llegar de cero a cien, o que las mujeres reaccionan por el vínculo emocional que les puede generar el mensaje, por eso se usan bebés con ojos grandes, u otras mujeres envidiosas de la belleza o prestigio que les agregará el uso de la marca. Sin embargo a la hora de comprar o consumir, el que manda es el cerebro básico, el que no piensa, el que no siente, el reptil.
¿Entonces hemos estado equivocados todo el tiempo al hacer este tipo de publicidad? No, en realidad no, en lo que hemos estado errados es en la selección del tipo de mensaje con el cuál cerramos el ciclo del mensaje publicitario y la venta. ¿Eso qué significa? Pues bien, que hay que cumplir con un ciclo que tiene tres momentos y cada momento está relacionado con uno de los tres cerebros.
Momento uno: Llamar la atención; en eso somos unos magos, y aquí funciona eso que ya sabemos, mensajes racionales para el hombre, emocionales para la mujer, ¡Hola cerebro! Aquí está lo que te gusta.
Momento dos: Apelar a la emoción, pero atención, te podrías preguntar, ¿Pero si el hombre es racional? ¿Y la mujer, no es emocional?¿No apelamos a la emoción ya? Pues sí y sí, pero en este caso lo que debes buscar es un vínculo emocional con la marca: si le hablaste al hombre del poder del motor del vehículo, luego le harás un vínculo emocional con el aventurero que habita en él; a la mujer, le mostrarás los ojos azules y brillantes de un bebé, y luego le dices que va a ser la mejor mamá del mundo.
Momento tres: Ahora vamos a cerrar el ciclo atacando al cerebro que toma la decisión de comprar o de consumir. Todo producto o servicio apunta a una necesidad básica primaria, y es a esa a la que debemos apelar para cerrar el ciclo: Comer, beber, sobrevivir, reproducirse, pertenecer a una tribu…  por eso al hombre que le vendes el automóvil, le vas a hacer sentir que con ese vehículo podrás atraer más hembras para poderse reproducir, y a la mujer le vas a decir que su progenie, que sus genes van a sobrevivir en su bebé bien cuidado.

El trabajo que debe hacer entonces el publicista, el mercadólogo, el vendedor, es identificar pues cuál es llamado al instinto básico que puede hacer el producto, bien o servicio para el que está trabajando y tocar adecuadamente los tres cerebros de su prospecto de tal forma que al final, sienta el llamado a comprar o consumir casi sin darse cuenta. Como todo en el mercadeo, por supuesto obedece a la realización de un plan concienzudo, con metodología y coordinación, y con un tiempo de exposición adecuado para lograr el resultado buscado.

El mercadeo de contenidos digitales por ejemplo, requiere de una presencia casi invisible para los sentidos del prospecto, para que al momento del ataque final, en un medio masivo o en el punto de venta, haya una familiaridad, un vínculo emocional con la marca. Por eso uno de los trucos que recomiendo a los clientes que asesoro en mercadeo, es que sean agresivo-pasivos en las redes sociales, enviando mensajes coordinados y planeados que se claven en el cerebro racional o límbico y que luego materializarán consumiendo.

La mejor forma de realizar esta estrategia es por supuesto, luego de conocer muy bien a tu púbico objetivo, comenzar a enviar mensajes puntualizados en momentos que puedan ser especiales para ellos, como por ejemplo, fechas particulares en las que se celebre el día de una profesión, una conmemoración mundial como el día de la mujer, en fin. Cuando tu marca felicita o le recuerda felicitar a una persona importante en su vida a un prospecto de cliente, créanme que un vínculo consciente o inconsciente se genera por ahí, y a la hora de tomar una decisión de consumo o de compra, este tipo de acciones, pesará y hará que la balanza, se incline hacia tu marca.

Les dejo entonces un calendario que me encontré en uno de esos interesantísimos blogs de mercadeo que suelo consultar y que les recomiendo seguir para ahondar en conceptos que puedes usar para apoyar tu trabajo de construcción de marca: Organiza tu plan de mercadeo como yo con MDirector:

Ahí te dejo pues una herramienta para comenzar a utilizar y abordar a tus prospectos desde un punto casi ciego para él. Su cerebro reptiliano. Publicista que conozca este tipo de herramientas, es más efectivo, es ¡peligroso! Y va a ser amado por sus clientes, mejor dicho, va a tener trabajo para siempre.

¿Notaste que acabo de atacar tu cerebro reptiliano?

lunes, 6 de marzo de 2017

CACHAPA, QUESO GUAYANÉS Y PAPELÓN, TREMENDO COMILÓN – SALÍ A LA TOMASA

Muchas expectativas eran las que me acompañaban al momento de sentarme en la mesa del primer restaurante típico venezolano que visitaba en mi vida. No tenía ni veinticuatro horas de estar en este maravilloso país y ya iba a tener mi primera experiencia gastronómica de este tipo. A modo de antesala, don Marcelino, el conductor y guía turístico designado para que me llevara y trajera por los sitios a conocer en Ciudad Guayana, un ingeniero constructor peruano, con más de cuarenta años de experiencia en construcciones civiles, dueño de una importante empresa constructora que en años pasados había tenido bajo sus designios liderar parte del diseño, planeación y construcción de gran parte de la ciudad y sus represas, y que por cosas del destino y por manejo de la política económica de un país tan próspero y lleno de oportunidades, talento humano y recursos naturales, hoy por hoy, conduce su auto por las calles que él mismo ayudó a construir, cargado de turistas que se hospedan en la Posada Merú; este carismático, amable, educado y buen señor, me había emocionado al decirme que me iba a llevar a almorzar a uno de los mejores lugares de la ciudad para probar los sabores característicos de esta región de Venezuela. Me habló de lo que iba a disfrutar con propiedad, como un venezolano más, con esa mezcla extraña de acentos reconocidos por mí de manera individual, pero que jamás había escuchado combinados —no sé si me entiendan— ese acento propio del sur con el del oriente de mi país: a ver, es un peruano que dice “cónchale vale”, “chamo no seas gafo”…   es decir, es como, para que se imaginen algo más cercano, como escuchar a un pastusito diciendo: “Qué viva el cantar del llano camarita”.

La Tomasa es como lo dije antes, un restaurante típico venezolano, y por típico me refiero a que su línea gastronómica es la de los ancestros de la región; su decoración y mueblería es muy familiar para mí, pues se compone de colores vivos combinados patrióticamente: amarillos, azules y rojos se ven en casi todas partes, y no me malentiendan, no es en la bandera, sino en líneas de diseño, bandas, pinturas y plumas de las guacamayas, ave emblemática adoptada como imagen del restaurante. Las mesas y sillas son de madera clara, desnuda y barnizada, lo que hace que el ambiente sea muy cálido y por su puesto esa calidez se apoya en el servicio y buen trato de los camareros.
En tanto me senté me atendió un señor muy amable y servicial que me entregó la carta y que al saber que yo era colombiano y que estaba de visita por su terruño, no lo pensó dos veces y me ofreció lo que me podría dar el espectro más amplio de sabores propios. El pedido pues que llegó en poco tiempo a mi mesa consistió de un plato don carne de res y de cerdo asados en vara, cachapa, queso guayanés y para pasar, un papelón:

La carne asada en vara, por supuesto propia del país hermano, es la que conocemos como “Carne a la llanera” que se asa en varas de hierro dispuestas en cono. Este tipo de asado es muy eficiente, se come a un solo término, el único que existe para los que saben de carnes en Latinoamérica, los argentinos, los uruguayos y ahora sé que los venezolanos: “Bien asado”. La carne estaba muy sabrosa, jugosa y eso es por, como les digo, la forma en la que se asa, pues al estar dispuesta en ese “árbol de hierro”, la gravedad se encarga de que los jugos bañen de arriba hacia abajo la carne. Estaba pues, ¡Deliciosa! en especial, la costilla de cerdo.

La cachapa, elemento del plato que más ansia y curiosidad tenía por conocer. Doblada a la mitad, como una empanada me dio una idea de qué era; me acerqué a olerla y todo se puso confuso, pues el olor me era familiar pero no atinaba a reconocerlo. La palpé con los cubiertos y me di cuenta de lo suave de su consistencia, se hundía y recuperaba su forma inicial fácilmente, así que llegó la hora de llevármela a la boca y entonces todo fue claro para mí, el olor se unió al concepto; maíz dulce tierno, hecho masa y asado sobre una plancha…  ya saben cómo funciona esto, el cerebro busca referentes inmediatos, relaciona la información y entonces lanzas conjeturas que pueden ser no muy apropiadas para los conocedores, pero que al igual te ayudan a procesar la información para partir desde un punto conocido. ¿A qué me supo? A arepa de choclo. Pero no lo es, pues su presentación y su consistencia no son parecidas. La cachapa es más similar a una panqueca; es grande, húmeda, delgada, esponjosa y suave, su sabor es equilibrado entre lo dulce y lo salado de una manera sutil, es deliciosa y combinada con el queso guayanés, pues bueno, juntos hacen el “casao” perfecto, es un maridaje como el de nuestra arepa de choclo con quesito.

El queso guayanés es una de esas exquisiteces que descubrí y que voy a llevar en mi corazón de comilón para toda la vida. Esta no fue la primera vez que lo comí, pues ese mismo día, al desayuno, en la Posada Merú, Grey me había dado un buen pedazo para el desayuno, por eso cuando lo vi, no hice más que sentir alegría de poder encontrarme otra vez con ese nuevo “mejor amigo”. Este queso es propio de la región oriental de Venezuela, por eso su nombre. Es un queso delicado, graso, sabroso cuya consistencia es un misterio que creo es digno de ser estudiado por la física porque no es sólido, ni tampoco líquido, es algo así como una especie de plasma deliciosa. Yo no soy experto pero no me explico cómo es que lo pueden contener en esa forma redondeada y mucho menos, como hacen para porcionarlo en tajadas, porque ustedes lo pueden ver ahí en el plato, una tajada perfecta, pero no es si no tratar de cortarlo, o ponerlo como hice en este caso dentro de mi cachapa para entender lo que acabo de tratar de explicar. A ver, yo no lo puse en mi cachapa, lo esparcí con el cuchillo como si untara mantequilla, y jamás se rompió…  se me hace agua la boca al escribir esto… ¿cuándo será que puedo volver a verte viejo amigo? Voy a ponerles un ejemplo cercano para que se lo imaginen: sabe y se parece a ese queso bogotano, el que viene en “bolita” que uno siempre compra en la terminal o en el aeropuerto para traerle a la familia del viaje; sólo que la consistencia es como cuando sumerges el queso bogotano en una taza de chocolate hirviendo…  ¿recuerdan lo que es tratar de sacarlo con una cuchara del líquido caliente?  Pues bueno, ahí tienen el queso guayanés.

Y por último, para redondear la experiencia, la bebida para pasar mi comida fue un par —porque no me conformé sólo con uno— de vasos de refrescante papelón. Esta bebida es mi favorita aquí en Colombia, sólo que la conocemos como “Güandolo”. Es simplemente panela, que los venezolanos llaman “papelón” porque al cocinar y cuajar el jugo de caña, la ponen a secar en unas hojas grandes en las que los envuelven luego, como el quesito nuestro, y de ahí viene el nombre. La panela es rayada y luego se disuelve en agua, a esto le agregan zumo de limón, combinando y equilibrando el sabor agrio con el dulce y que frío, se convierte en la bebida más energizante y refrescante del mundo. ¡Qué tremenda experiencia gastronómica! ¡QUÉ DELICIA!

Yo #Salí a almorzar a la Tomasa restaurante en Ciudad Guayana Puerto Ordaz y tuve la más profunda, sincera y deliciosa experiencia gastronómica venezolana. Yo te lo recomiendo con toda la seguridad de que si lo visitás, vas a obtener lo mismo o más que yo. Yo Salí, ahora te toca a vos, salir a comer, a viajar, a vivir.

Mira el video de mi experiencia en La Tomasa:

domingo, 19 de febrero de 2017

¿QUIERES CONOCER EL PAÍS QUE ESTARÁ DE MODA EL 2018? - SALÍ A CONOCER RUSIA

Verán, en la época de mi adolescencia pasé un muy buen período de tiempo leyendo. La timidez, más marcada en esta etapa de mi vida, me hizo refugiarme en los libros para encontrar en las letras los amigos que no tenía en la realidad y escapar a lugares lejanos con los qué soñar con visitar alguna vez en la vida. Leí todo tipo de libros, tuve aventuras increíbles en el fondo del mar y en la luna con Julio Verne, asistí a duelos mano a mano en el “Salvaje Oeste” americano con los “cowboys”, caminé por las calles de Macondo de la mano de Gabriel García Márquez, asistí a los funerales de la Mama Grande, habité la Antioquia de mis ancestros con los relatos de Tomás Carrasquilla, pero lo que más disfruté y en lo que centré con creces mis gustos, fue en las historias de espías de John Grisham, Trevanian, Sidney Sheldon y Robert Ludlum entre otros. 
Esto quiere decir que corrí, me escondí, huí y tuve mil aventuras en toda Europa, en especial en la llamada Europa del Este, o “Bloque del Este”, “enemigos del mundo libre y la democracia”, los temidos “comunistas” liderados por la poderosa Unión Soviética. Así pues que aunque no he visitado Europa aún, de alguna forma he estado allá, qué digo de alguna, de muchas y por eso a veces siento que no me son ajenas una muy buena cantidad de cosas, lugares, culturas y países.

Quiero por supuesto aclarar algo, si bien las historias que leí casi todas planteaban la típica confrontación épica entre el bien y el mal, el lado oscuro contra la iluminación, jamás creí o permití que eso influyera en mi pensamiento y me parcializara a favor o en contra de una u otra parte en la vida real, es decir, nunca creí que la CIA era la policía del mundo y que la KGB era el mal, y lo digo porque además de mis novelas también leía noticias y me llegaba información de otras latitudes en las que se demostraba que ninguno era bueno o malo, o que tal vez, ninguno era bueno… en fin; hago esta aclaración porque al final, mi alma de viajero anhela con igual ahínco conocer tanto al obelisco en honor a Washington del National Mall, como el Mausoleo de Lenin en la muralla del Kremlin de la Plaza Roja, me muero por conocer al Parque Yellowstone y a sus lobos, tanto como a las estepas de Siberia y a su emblemático y majestuoso tigre siberiano, me inquietan de igual forma el Yeti de los bosques de Alaska, como el “Almas” de Kemerovo… en fin, yo lo que quiero a fin de cuentas es comerme al mundo entero con los ojos.

Este “buen rollo” de los blogs, de escribir sobre experiencias gastronómicas y de viajes, mi programa de radio, y un espíritu aventurero que le gusta vivir cosas nuevas incluso a través de otros, me ha permitido continuar con esos viajes que inicié con los libros en la adolescencia; claro, algunos he podido emprenderlos en carne y hueso, respirar otros aires, andar por senderos que han pisado mis pies, bañarme con aguas de ríos, lagos y mares, pero también he ido más lejos con los relatos de otros seres humanos que al igual que yo, comparten ese gusto por cruzar fronteras. Así he logrado hacer muchos amigos, algunos que ni siquiera conozco en persona, es más, esto tal vez suene un poco “frikie” pero, me considero amigo de personas que tal vez no sepan que yo existo, y es que sus blogs, sus canales en youtube, sus cuentas en las redes sociales son canales abiertos para ir con ellos a descubrir lugares y personas; te conectan con sus vivencias, te permiten entrar en su mundo y vives junto con ellos sus mismas emociones a través de sus palabras y su imágenes.

¿A qué viene todo esto? seguro te preguntas, pues a que hace poco tuve la oportunidad de conocer un bloguero que me tiene simplemente enganchado a su pasión. Se llama Oriol, en sus videos se le escucha saludar romo “Yuri” o “Uri”, es un español que vive en Moscú hace algunos años y que está allá porque le tocó tomar la decisión más importante de su vida sin darse acaso cuenta, como decía Gabriel García Márquez, “las cosas importantes en la vida suceden por casualidad” y resulta que éste nuevo amigo que no conozco personalmente, en la universidad, un buen día que se fue a inscribir a un curso de inglés, terminó inscribiéndose al de ruso, porque ya no habían más puestos en el que había ido a buscar, de esa decisión dependió su vida y su futuro, pues hoy, unos años después, vive en la capital del país más grande en extensión territorial del mundo, al lado de una hermosísima mujer rusa que es su esposa y que conoció gracias a que la vida lo obligó a estudiar su idioma natal. La misión de Oriol hoy en día es pues, ser feliz al lado de su esposa y contarle al mundo hispanoparlante, cómo es vivir en Rusia.

No llevo ni dos semanas de haberme conectado con este “compañero de armas” del mundo de los blogs y ya he podido “recordar” algunas cosas de cómo es este país tan desconocido, exótico, misterioso y excitante. Por supuesto digo recordar por todo aquello que construí en mi mente con aquellos libros que me contaron de la Plaza Roja, del Kremlin, de la Catedral de San Basilio, de las “Siete Hermanas”; los rascacielos de Stalin, del tren metropolitano de Moscú, del lago Baikal; el más profundo del mundo, de las “Dachas”; fincas o granjas donde terminaban de vivir su vida los ex ̶ agentes de la KGB, en fin, no sé cómo describir el grado de conexión que he sentido con este bloguero y lo agradecido que estoy de haber tenido la oportunidad de contactarlo.

Su blog se llama russian lover (www.russianlover.net) y lo que hace básicamente es desmitificar a un país que aquí en occidente e incluso, en un occidente más cercano como España, es muy desconocido. Con sus letras y un estilo muy particular de narración en sus videos, llenos de comentarios inteligentes, a veces sarcásticos y con mucho humor, describe uno a uno, cuales son los ingredientes, circunstancias e incidentes de la vida normal del día a día de un humano en Rusia. Así pues, en poco tiempo me ha hecho estremecer de frío en sus caminatas por los impactantes bosques congelados de pinos en el Cáucaso (mira su video aquí: El baile eterno de la nieve https://www.youtube.com/watch?v=9ZtIEh7PY3w ), he redescubierto las dachas de descanso, unas granjas construidas por lo general por las manos de sus propios dueños, en las que se cultiva, se crían animales y se descansa, son los lugares donde se retiran los rusos para vivir sus últimos años de vida tranquilos y lejos de las ciudades (mira su video aquí: La dacha rusa: https://www.youtube.com/watch?v=Zi-tZnGxljI ), caminé con Oriol justo al despertar en una mañana de verano por la imponente Plaza Roja (mira su video aquí: Despertar en la Plaza Roja de Moscú: https://www.youtube.com/watch?v=_icWNR0azUs ) pero mi favorito de todos, el que más he disfrutado, el que más me ha puesto a soñar y que me sueño por vivir en carne propia es el del paseo por el museo subterráneo más grande del mundo, las estaciones del tren metropolitano de Moscú; cada estación es una obra de arte en sí, la arquitectura, las cúpulas, los murales, los mosaicos, la historia que tienen para contar, es absolutamente fascinante, por este y por supuesto por los demás videos, le doy infinitas gracias a Oriol, y lo felicito (Mira su video aquí: El Metro de Moscú: https://www.youtube.com/watch?v=dywH5uc3x30 ).

Bien, #SalíAViajar a Rusia sin moverme de casa, gracias a mi nuevo amigo Oriol, he descubierto y seguiré sin duda descubriendo más de ese país tan exuberante con el que desde ahora soñaré un poco más, y sabés qué, por eso te puedo decir a vos, Salí a conocer Rusia conmigo, bueno, con el Russian Lover, es un muy buen blog, trae muy buena información, es divertido, hay grandes imágenes para disfrutar, la propuesta es muy especial y sobre todo, da la posibilidad de conocer un país que para el año 2018 va a dar mucho de qué hablar, pues allí será donde se realice el Mundial de Fútbol y bueno, no está demás conocer unas cuantas cositas de Rusia, el país que va a estar de moda, pensá en la posibilidad de “descrestar” a más de uno de tus amigos con todo lo que podés aprender. Te invito pues a entrar al blog, a su canal de Youtube y a seguirlo en las redes sociales:

Twitter: @ORY85
Instagram: @russianloverofficial
Facebook: @Moscownocrisishere


Salí, porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.

sábado, 4 de febrero de 2017

EL PODER DE LA LLOVIZNA SOBRE MIS HOMBROS – SALÍ A HACER KAYAKING EN EL RÍO CARONÍ

Si bien el agua ha protagonizado mi primer día de visita en Venezuela al maravillarme con esa vista de ensueño en mi recorrido tranquilo por el parque La Llovizna, (ver aquí) lo que me tenía el destino guardado para el día siguiente haría que todo cobrara una dimensión de proporciones colosales.
Dicen por ahí que la mente es como un paracaídas, pues sirve sólo si se abre y la verdad es que yo, a pesar de ser muy metódico y a veces obsesionado con los detalles, he aprendido que esa frase es una certeza absoluta. Desde que compré el plan de viaje en Medellín sabía qué actividades más o menos llenarían los nueve días de mi estancia en Venezuela; Bueno, por algo se llama plan. Sin embargo, la naturaleza de las cosas es cambiante y las circunstancias hacen que todo eso para lo que estabas preparado en un principio, simplemente en cualquier momento sea susceptible de variar y se modifique. La ventaja de tener una mente abierta en este tipo de cosas es lo que termina determinando que la experiencia no se dañe e incluso, mejore.

Según la programación de mi viaje, yo debía partir hacia el Parque Nacional Canaima a mi tercer día luego del arribo. El segundo día estaba programado para hacer mi paseo en La Llovizna en la mañana y en la tarde pasear por algunos centros comerciales de la ciudad… así se cumplió. Al llegar en la noche a la posada, Grey, la encargada del lugar me dio la noticia de la modificación del plan, pues en Excusiones Kavac en el Parque Canaima no había disponibilidad para atenderme desde el miércoles, sino el jueves. Confieso que me decepcionó un poco la situación pero algo en mí me dijo que no era necesario, pues las cosas pasan por algo ¿no? —Frase de abuelita—.  Y aquí viene el “algo” del que les hablo, pues a modo de desagravio, Excursiones kavac me ofreció un día más de estadía en ese paraíso: primer punto para mí.

Ese día tres, que tendría que pasar en Puerto Ordaz era ahora necesario cubrirlo con alguna actividad, así que mi agente de viajes de Medellín: Marilyn Moscoso de Publi Travel y mis posaderos en Puerto Ordaz buscaron adelantar una opción que estaba programada para el día domingo, luego de mi llegada de conocer el Salto Ángel: la opción era un tour de navegación en catamarán por el río Orinoco y el río Caroní. Bueno, por ser miércoles y por estar atravesando por una coyuntura de orden político y económico, pues ese día debían salir de circulación los billetes de cien bolívares, que por casualidad eran los mismos que yo había llevado para solventar mis necesidades en el hermano país, pues bueno, esas circunstancias combinadas impedían que el catamarán saliera ese día. Encartados conmigo, a mis ángeles cuidadores en esta aventura se les ocurrió una opción que no habían contemplado: ¿Y qué tal si haces Kayaking en el río? Mi paracaídas se abrió entusiasmado ya a las 2 de la tarde de ese miércoles 14 de diciembre, estaba recibiendo mi chaleco salvavidas, mi remo doble y mi kayak a la ribera del río Caroní.

La excursión está disponible todos los días a las 8am y a las 2pm. Sale desde un hotel que otrora fuera de la cadena Intercontinental y que hoy es parte de Venetur, la empresa turística del Ministerio de Turismo de la República Bolivariana de Venezuela. Antes de iniciar el recorrido te dan las instrucciones y recomendaciones para hacerlo de la manera más segura posible: llevar ropa adecuada, bloqueador solar, una gorra para protegerse del sol, llevar una muda de ropa para cambiarse luego de la actividad acuática y llevar cámaras o celular a prueba de agua o protegidos por bolsas plásticas de tipo zip lock.

El sol a esa hora estaba picante y el cielo completamente despejado, las aguas oscuras del río a una temperatura muy agradable. Desde el lugar en que embarcamos se veía a lo lejos la caída de agua que me había impactado tanto el día anterior a unos dos kilómetros de distancia. Para poder realizar la experiencia era necesario que otra persona me acompañara, así que Carlos, el novio de Grey, la chica de la Posada Merú se ofreció acompañarme, gesto que agradezco porque por eso ahora tengo una gran experiencia que contar y un amigo venezolano al que siempre voy a llevar en el corazón. El guía nos ayudó a embarcar en Kayaks individuales, nos pidió que lo siguiéramos y enfiló su nave hacia el ancho río. En este lugar el Caroní crea una especie de enorme laguna y aunque circula en una dirección, en este caso a contracorriente, se ve como si el agua estuviera estática.

El ejercicio, el sol brillante y picante en un cielo que presentaba pocas nubes, el aire fresco, el agua oscura del río cuyo lecho rocoso hace que se vea más profunda y saber que me dirigía hacia ese lugar que el día anterior había hecho que me estremeciera ante su poderosa presencia, sólo con ver desde la seguridad del mirador, se combinaron todos para que con cada remada me fuera poniendo eufórico gradualmente. Cuando llegamos a los pies de la impresionante caída de agua La Llovizna, luego de que mis temores naturales al sentirme tan pequeño e indefenso se disiparon, al comprobar que al navegar tan cerca en una embarcación tan pequeña no iba a ser “tragado” por la furia de esas vigorosas aguas, cuando por fin puse los pies en las rocas que reciben el caudal y la hacen ver tan imponente y espumosa, entonces, estallé de alegría en un grito mezcla de triunfo, temor y respeto.

El guía nos mostró un camino por el cual bajar y posicionarnos debajo de la caída y bañarnos con su fuerza cayendo sobre los hombros, cabeza y espalda. ¡Qué poder brutal! ¡Qué sensación de fragilidad! ¿Saben?  Se me vino a la cabeza una expresión que tienen los locales de esta región para referirse a la naturaleza que los rodea, es un dicho que dice: “¿Tú sabes cómo queda un mojón (bollo) cuando cae al río Caroní?” por si no caen en cuenta de a qué se refieren, les voy a dar la respuesta aunque sé que chiste explicado no tiene gracia, pero…   la respuesta es que “el mojón se vuelve mierda”.
Nos adueñamos de los kayaks luego del disfrute por unos minutos más y fuimos a otra caída menor de las muchas que forma el caudaloso torrente; ésta, mucho más amable y más parecida a lo que yo estoy acostumbrado, me dejó disfrutar de sus aguas de una forma más tranquila, aunque sin previo aviso, nuestro guía nos demostró que este remanso es solo un punto dormido del río, pues cuando se crece demuestra su poder de otra manera. Me explico contándoles que este jovencito de 17 años, guía desde hade uno y medio, se subió a una roca de unos siete metros y se lanzó a un pozo de unos tres metros de diámetro pero que tiene una profundidad de unos cinco metros más o menos. Nos invitó a seguirlo, mi compañero aceptó, yo… bueno, yo ya estoy muy viejo para esas vainas tan divertidas pero tan peligrosas. Aprendí con Carlos de un poco de la historia de la ciudad, de la represa, de la región y del amor que sus habitantes sienten por Ciudad Guayana y por supuesto, por su país. Qué gente tan bonita, tan especial son los guayanenses, qué potencial tan increíble tiene Venezuela en sus habitantes… ¡Ay Venezuela! Cuando despiertes, el continente va a ser otra cosa.
#Salí con la mente abierta a buscar nuevas aventuras y logré sin duda una que recordaré con agrado toda mi vida. Fue tan emocionante y gratificante que estoy seguro, la relataré hasta que esté viejito y hasta el hartazgo. ¿Cómo la viste? ¿Te animarías? Salí a pasear, salí a conocer lugares desconocidos, a tener aventuras en lugares que ni siquiera sepás que existen, yo lo hice y he descubierto que éste es el camino. Salí, porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.

viernes, 20 de enero de 2017

LO QUE ME PASÓ A 1.903.7 KILÓMETROS DE MEDELLÍN – SALÍ AL PARQUE LA LLOVIZNA EN PUERTO ORDAZ, VENEZUELA

Estamos constituidos en un setenta por ciento de agua. Nuestra materia tiene más que ver con este líquido vital que con cualquier otro elemento. Nos sentimos atraídos por naturaleza al agua, en torno de ella gira nuestra vida como individuos y nuestra historia como civilización. Si bien el hecho de que sea tan importante en nuestro día a día puede hacer parecer que la relación que tenemos con ella es “normal” y no se note cuán atraídos y dependientes somos, sólo hace falta una pequeña falla en el suministro para que todo cobre un sentido superior. Noten por ejemplo que muchos de nosotros a la hora de planear nuestras vacaciones, tendemos a dar el primer lugar en prioridad a la presencia del agua en ellas; sea por supuesto como parte de acceso para las funciones diarias, o en la mayoría de las veces, como punto principal en el que giran las actividades a realizar en el paseo. Pronunciar las palabras piscina, quebrada, río, charco, lago, laguna, mar, hace que de inmediato el cerebro genere dopaminas por su relación directa con el descanso, el entretenimiento y la felicidad, claro está en la mayoría de casos y personas. Pues bien, las vacaciones más importantes de mi vida, hasta el día de hoy que escribo esta entrada, giran por supuesto en torno al agua; sin embargo lo que yo no me esperaba, era la dimensión del protagonismo que adquiriría todo.

Camino al Salto Ángel, que es la caída de agua más alta del mundo, visión con la que me sueño desde que era un niño, el sitio de tránsito para llegar a este maravilloso lugar es una ciudad llamada Guayana Puerto Ordaz. Esta ciudad fue considerada alguna vez como la más bonita y avanzada de Venezuela; es la segunda en orden de importancia del estado Bolívar luego de la capital que se llama Ciudad Bolívar. Este Estado, el más grande de los veintiséis que componen al hermano país, está ubicado al occidente y tiene límites inmediatos con la Guayana Inglesa y con Brasil. Por todos es sabido que Venezuela es un país rico en petróleo y poco se sabe de otros recursos naturales, pero al llegar me di cuenta de algo que casi nadie sabe por fuera y es que este sector occidental no tiene petróleo y sin embargo Bolívar es el Estado más rico de todos pues es increíblemente fecundo en oro, diamantes, hierro, aluminio, pero en especial en agua. La ciudad fue fundada estratégicamente en el lugar en el que desemboca el poderoso torrente del río Caroní, en el caudaloso río Orinoco, por lo que en Ciudad Guayana hay dos hidroeléctricas funcionales y está en construcción la tercera por una compañía china.

Esta ciudad, conformada por dos comunidades, la de San Félix con unos seiscientos mil habitantes y la de Puerto Ordaz con unos cuatrocientos mil, se creó precisamente como parte del plan de desarrollo para la región, basando su fundación en un campamento minero establecido a mediados del siglo XX por una compañía minera canadiense que explotaba el oro. Al estar ubicada en un delta y por la enorme cantidad de ramificaciones del río, los diseñadores de la ciudad, tuvieron la oportunidad de entregarles a sus habitantes un lugar de ensueño para la relajación, disfrute y entretenimiento, ese lugar se llama: Parque La Llovizna.
Este hermoso lugar se construyó en un aglomerado de pequeñas islas rocosas separadas por hilos y a veces mucho más que eso, de agua, que forman laberínticos y caprichosos recorridos a los que se tiene acceso por puentes y caminos flotantes, lo que hacen más divertido el paseo. El acceso al parque es gratuito y se llega en carro. Hay un camino principal asfaltado por el que pueden entrar vehículos grandes y sin embargo no permiten que los particulares ingresen, así que hay un parqueadero inmenso en la entrada. El camino principal por el que comienza el trayecto es muy claro, pero no más comienzas a caminar te vas encontrando con decenas de tentaciones a dejarlo. La bienvenida oficial al lugar no te la dan los guardias de la Guardia Nacional que vigilan la entrada, en realidad  esa está a cargo de los monitos ardilla que te siguen con la mirada desde los árboles, o por tierra si es que traes comida en las manos.

Enormes extensiones de praderas te dan una idea de hacer picnics, jugar a la pelota o correr como un loco solo o con la mascota. Un teatro de piedra de enormes dimensiones te hace pensar en la posibilidad de hacer eventos de ciudad de tipo musical o teatrales. Kioskos para resguardarte del clima y pasarla en familia o con amigos, y uno que otro local comercial en el que te ofrecen helados, bebidas y frutas frescas redondean la experiencia y por supuesto, el circuito pavimentado ofrece un escenario que ni pintado para trotar y hacer ejercicio en bicicleta cualquier día de la semana. Sin embargo el rasgo particular y que en mi opinión es el atractivo principal de todo esto, es aquello que le da el nombre al parque, la cascada La Llovizna, un poderoso accidente natural que te hace estremecer por su magnificencia.

Esta caída de agua tiene una altura de unos diez metros, tal vez más; la cantidad de agua que cae con estrépito y se estrella con las salientes de roca es brutal y lo hace con tanta violencia que se vaporiza colapsada por su propio peso, lo que genera una bruma espesa y que gracias al viento se esparce varios metros a la redonda haciendo parecer que cae una llovizna que lo impregna todo.

El sonido que genera el golpeteo del agua es ensordecedor, es tan grueso y bajo que lo sientes retumbar en tu pecho. El río es tan caudaloso que le alcanza para caer en esta bella monstruosidad y partirse en otras dos columnas, una más amable y armoniosa a la derecha, electrizante y estética, pero también una demoniaca y mortal a su izquierda; un tirabuzón en embudo que gira bruscamente en un ángulo de noventa grados y se traga a sí misma de manera furiosa. El mirador que queda justo sobre este recodo te permite tener una perspectiva del mismo apocalipsis, la visión, combinada con el sonido te da una idea de cómo debe ser el fin del mundo.

(mira este video tomado desde el mirador y escucha el potente rugir de sus aguas siguiendo este link: https://www.facebook.com/andres.toro.737/videos/10154933239296004/

El toque gastronómico claro, no puede faltar en esta experiencia, así que busqué redondear mi caminata con una muestra de las delicias locales, así que me acerqué a uno de los puestos de helados que hay en el parque y luego de revisar mis opciones, opté por la más extraña que me encontré...  mi espíritu aventurero me hizo señalar el sabor cuyo nombre me sonó más ajeno: helado de "PARCHITA", ese era el que quería, pagué quinientos bolívares por mi vasito, hundí la cucharita en el cremoso manjar que tenía en frente, me lo llevé a la boca esperando que me estallara en las papilas gustativas un exótico sabor desconocido y...   ahí estaba, el maracuyá, nombre con el que yo conozco a la parchita. Bueno, la experiencia fue deliciosa, tanto como para atreverme a pedir otro más, sin embargo ya todos los sabores me los conocía, sólo que no combinados como el que me entregaron al final, limón con tamarindo, rico, ácido, refrescante, apenas para completar mi caminata por este maravilloso lugar.



#Salí pues a descubrir la belleza y el poder de la naturaleza en un lugar que no sabía que existía. Tengo la sensación de que hay mil bellezas escondidas en Venezuela y en todo el mundo esperando por ser descubiertas, lugares que no se conocen por mil circunstancias distintas pero que tienen acceso sin tanto complique y es aquí donde siento el llamado…  Salí a descubrir un lugar maravilloso pero especial, salí a hacer que vos lo conocieras también, ahora te toca a vos, salir a conocer, a comer, a viajar, a vivir.


viernes, 13 de enero de 2017

SALÍ A COCINAR CON UN PROPÓSITO


Me puse de nuevo la chaquetilla de estudiante de gastronomía y me dio un vuelco el corazón.Cocinar me hace feliz, me regalo a otros cuando lo hago. Isabel Cocina con Propósito me convidó a una de sus clases en Sucrez Salez de cocina saludable de los miércoles en la mañana. ¿Qué les puedo decir? Que la pasé genial, aprendí muchas cosas y al final de la clase me pude comer todo lo que hicimos.  Gracias a Isabel Cristina Correa porque me tocó el corazón con su maravillosa clase de Cocina India. Gracias a Catherine Pinot y a su maravilloso lugar Sucrez Salez en el que volví a sentirme vivo. Y por supuesto a esas mujeres maravillosas con las que cociné en la clase. ¡Qué privilegio! 

Todos los miércoles en la mañana Isabel te enseña de gastronomía saludable. Clases 100% prácticas, son una maravilla.

Yo #salí a cocinar con propósito y me encantó, ahora te toca a vos, salí a comer, a viajar, a vivir.
Suscríbete a mi canal de Youtube y entérate de mil cosas deliciosas para comer, lugares encantadores para visitar y cosas divertidas para hacer.

See my video of this delicious experience when i learn to cook indian food in a very good kitchen school in Medellín





viernes, 6 de enero de 2017

¡BENDECIDO Y AFORTUNADO! SALÍ A SAN PASCUAL

Comer es una necesidad, comer bien es una ¡Bendición! No sé si quepa en esta discusión la definición de lo que significa esta última aseveración, porque por supuesto entraríamos en terreno peligroso y hasta tortuoso pues para algunos será lo saludable lo que define esta acción, para otros a lo mejor, lo más dañino y grasoso es la que se lo gana, —por aquello de que todo lo bueno engorda— habrá por supuesto aquel que proponga que comer bien depende de lo escasos, exóticos y costosos que sean los ingredientes y para otros, comer bien es en “Opípara Ptanza”, como los romanos en sus bacanales, es decir, mucho, bastante, hasta que harte. Así que entonces tal vez no llegaríamos a un consenso en tal definición. Por eso ha de entender mi lector que vamos a entrar en un terreno personal y que como siempre, todo lo que está aquí escrito, y con esto me refiero a todo el blog, nace de mi propia experiencia y gusto.

Verán, las hamburguesas son uno de esos alimentos que me han impactado y definido como ser. Desde que estaba pequeño, y que sólo emanaba ternura, inocencia y belleza… dúdelo quien lo dude… la cultura y los medios de comunicación se encargaron de ponerme un rayón imborrable en la cabeza con respecto a esta comida rápida. Por más que intentaron que fuera la espinaca la que se impusiera como un alimento preferido al ver que Popeye se hacía más fuerte cada vez que la comía, en realidad era a Pilón a quien miraba con envidia, por más perezoso que fuera y aunque pareciera que comerlas le hacían más fofo, pues, ¿qué les digo?  Por lo menos más suculentas sí se veían. 

Popeye es sólo un ejemplo, porque en Archie y sus amigos, el cómic que mostraba la vida de un grupo de adolescentes que tenía una banda musical, Torombolo, el que tocaba la batería en la banda, era un enfermo por las hamburguesas y por lo general se estaba comiendo una antes de cada presentación. Podría seguir por mucho rato más con ejemplos como Tom y Jerry, Los Picapiedra, pero no quiero ahondar más en mi rayón “hamburguesistico”. Así pues que cada vez que hay una buena oportunidad de comerse una buena muchachona de estas, “ni corto, ni perezoso”.

Hace poco un viejo conocido del mundo de la producción audiovisual  —en el que me desenvolví con alguna soltura por un tiempo— y que al igual que yo se cansó de llevar caprichos inverosímiles a algunos clientes, me contó que ya tenía en marcha un plan B para no volverse a ver obligado a sentarse por catorce y hasta dieciséis horas seguidas sin parar frente a un computador; me dijo que dicho plan estaba  inspirado en algo que amaba y que hasta ese momento sólo hacía para él mismo, su pareja o su familia. Con la excusa de que yo era la única persona que conocía que “sabía sobre gastronomía” —concepto generoso que le agradezco y considero muy alejado de la verdad— pues,  quería que yo comprobara y en especial probara para que le diera mi opinión, pues el plan incluía comer. ¿Y saben qué? ¡Me convenció!

Juan Fernando Criales junto con su hermano y un par de amigos le apostaron todo a un restaurante en el que quisieron desde un principio expresar lo que saben, lo que sienten, lo que les gusta, en hamburguesas de autor, arepas rellenas y en unas costillas bien hechas y jugosas, todo, con un toque muy personal y creativo.

Así pues que me fui para San Pascual, un restaurante muy acogedor y muy bien ubicado: a cuadra y media del Primer Parque de Laureles de Medellín. Si subes por la 35 desde la Avenida Nutibara, sólo debes girar a la derecha en el parque de Laureles y a mitad de la cuadra luego de la esquina de Sushi Light lo encuentras. Es un lugar muy íntimo, tiene una pequeña terraza con unas cuatro mesas y unas cuantas más adentro en dónde es más iluminado. Una barra americana separa los ambientes del salón y la cocina lo que te permite tener contacto todo el tiempo con el cocinero y quienes te atienden; este tipo de detalles para mí, son muy buenos, pues creo que la cocina abierta crea un vínculo de mayor confianza entre cocineros y comensales.

Llegué con dos personas invitadas a quienes quería que conocieran la propuesta conmigo y me dieran sus opiniones de comensales casuales. Eso haría también aterrizar tal vez mi concepción de la experiencia. Nos sentamos, fuimos bienvenidos y muy bien atendidos por los dueños, por supuesto, como atienden a todos y cada uno de sus comensales, y para que me entiendan, les voy a explicar por qué el concepto de “bendecido” se aplica en este lugar desde que llegas hasta que te vas. La bienvenida a San Pascual es con un plato que trae una mermelada de vino ¡hágame el favor! Y unas cuantas ostias. Su mercé muñeco entonces lo único que tiene que hacer es echarse la bendición y esperar a estar confesado, porque las ostias “ungidas” en esa mermelada a veces agria, a veces dulce, que sabe a vino y que embriaga pero no por el alcohol que ya migró al ser cocinado, sino por lo deliciosa que resulta la combinación, te van a hacer querer pecar…  pidiendo más, o comiendo con más gusto —iba a utilizar la palabra gula, pero algo me dijo que ya estaba bien de sacrilegios y herejía—.

En breve nos entregaron la carta y comenzó la aventura. Yo tengo que confesar que desde antes de ir ya sabía que quería pedir, pues Juan Fernando y Natalia, la otra socia, habían aceptado mi invitación para ir al programa y me habían antojado de varias maravillas que hay en el menú (Click aquí para escuchar el programa) así que sin pensarlo mucho, pero eso sí, luego de revisar el Menú por si se me antojaba complementar con algo, me pedí la hamburguesa especial de la casa una San Pascual
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150 gramos de carne seleccionada especialmente por ellos, pues su principal preocupación siempre ha sido que la carne sea de la mejor calidad y lo más magra posible, ya que consideran que con esto, le entregan al comensal una experiencia única y sincera en la que no le adicionan, a parte de las especias con la que la condimentan, ningún otro ingrediente para “hacerla rendir”, como dirían por ahí. Además de la carne trae una tajada de jamón de cerdo de alta calidad, queso, tocineta, lechuga, tomate y… aquí viene el ingrediente que me hizo venir por esta deliciosa propuesta: un baño extrañamente delicioso de la salsa de chocolate San Pascual. ¿No les parece una locura? ¡Chocolate en tu hamburguesa! Si bien estos dos alimentos son dos cosas deliciosas, el hecho de concebirlos juntos, combinados, te hace dudar un poco y sin embargo, estos magos lograron hacer que sepa absolutamente ¡rico! Otro detallazo que vale la pena mencionar es que el pan que usan para armar las hamburguesas es artesano, hecho a la medida de manera única para ellos por un panadero experto que prefiere quedarse en el anonimato y seguir haciéndolo sólo para ellos. Una buena porción de papas para acompañar y una cerveza nacional y listo el cuadro.

Mis acompañantes pidieron por un lado una hamburguesa Monje que trae 150 gramos de carne, tocineta, jamón, queso, tomate y unas ciruelas en salsa que le dan un toque agridulce muy especial y arrebatado a la hamburguesa. La otra era una Abadía que trae lo mismo que la anterior pero viene con champiñones en salsa. Ambas las probé y ambas las aprobé…  no queriendo decir que tenga el poder de desaprobarlas, sino que al hablar con mis acompañantes y contarles la historia del lugar y de mi amigo Criales, pues ellas también sintieron esa conexión especial con la comida a la que catalogaron de muy sincera y deliciosa.

En San Pascual tienen una opción que confieso, aunque no crean, no conocía y que parece que aplican en otros lugares. Se llama La Pascualita, que es una minihamburguesa hecha con todo el amor del mundo y que para que no se sienta solita viene en el plato acompañada de otra igual. Se ven divinas, parecen de juguete pero no lo son, porque el sabor es más intenso si lo puedo llamar de alguna manera. Estas hermosuritas traen el pan artesano por supuesto, unos 80 a 90 gramos de carne regordeta y jugosa, tomate, cebolla, salsa de la casa y queso en bloque… Criales me contó que para ellos, me refiero a los socios, en sus discusiones de cómo iban a abordar su negocio, siempre pensaron que en Medellín, el queso era un motivo de frustración, pues, una loncha cortada industrialmente no parecía ser suficiente, así que quisieron cortar con esa sensación en su negocio y el queso que le ponen a sus hamburguesas es cortado por ellos mismos del bloque, así se aseguran de que se sienta de verdad al comerse sus hamburguesas. Pues bien, en la pascualita, te ponen un corte grueso que se comienza a derretir por el contacto con la carne caliente, pero que aún puedes percibir en la mordida. Estas Pascualitas entonces son una muy buena opción para aquellas personas que no comen mucho, es decir, geniales para llevar a la novia con estómago de pajarito, dejarla que se coma una mientras vos te comés tu superhambuguesa normal y recibir con beneplácito ese momento glorioso en el que te diga: estoy super bien con esa hamburquesita que me comí, “cómete tú la otra”: Entran coros celestiales.


#Salí a San Pascual en el Primer Parque de Laureles y recibí la bendición de este santo tan especial, que por cierto es el santo de los cocineros, de ahí el nombre del restaurante. Me comí unas deliciosas hamburguesas con un par de toques muy creativos y coquetos que me hicieron sentir que iba al cielo. Buena atención, grandes ingredientes, excelente lugar para disfrutar y compartir. Por eso te invito a vos, Salí a San Pascual y llévate la sorpresa de la buena vida al comerte una merecida y deliciosa comida, bien preparada y con mucha sasón. No te vas a arrepentir, con toda seguridad te vas a sentir Bendecido y Afortunado como yo. Y eso porque a todos nos gusta salir a comer, a viajar, a vivir.